Sunday, July 19, 2015

EVO, FRANCISCO Y "EL CRISTO DE LOS VOTOS"

BREVE INTRODUCCIÓN:

El trabajo a continuación es resultado de la opinión solicitada por un amigo -en realidad, hermano- de tal cuenta de años que garantizan la solidez de esa relación. Él me sugirió mi opinión relacionada con la controversia desatada en torno al "obsequio" de Evo Morales al Papa Francisco en ocasión de la visita del Pontífice a Bolivia. Fue entonces que decidí elaborar, con detenimiento, mi respuesta.
 
En principio, pensé en editar, en razón de hacerlo menos extenso, el contenido; luego decidí presentarlo íntegramente y sin el menoscabo que, a la larga, cualquier edición implica. En medio de un preámbulo sobre conceptos personales que mi recipiente conoce perfectamente, va incluida mi opinión y el análisis sobre lo acontecido.
 
No pretendo, ni he pretendido antes, herir sensibilidades de ningún lector porque respeto cualquier conceptualización u opinión en la misma medida que las mías reciban el mismo tratamiento. Tampoco es mi propósito polemizar, en tanto considero que los argumentos conceptuales -y personales en cualquier sentido- ocultos, postergados o disfrazados de opiniones ajenas sólo son entendibles, al menos desde mi punto de vista, como una suerte de autocensura y algo así me parece denigrante.
 
De antemano, me excuso por la extensión, pero prefiero y siempre pretendo situar los hechos en contexto, no escribo para quienes, como el propio Evo Morales alguna vez reconoció, les cuesta leer más de dos páginas y es por ello que cualquier esfuerzo de mi parte está encaminado a los que, en discrepancia o acuerdo, desean llegar al final del resultado expuesto.
 
Gracias, José A. Arias-Frá



MI RESPUESTA A LA SUGERENCIA

Lo primero que me gustaría reafirmar puede parecer un argumento ajeno al tema, pero como verás, no lo es. Sabes que soy agnóstico y cada día me convenzo más de que tal filiación es lo que mejor me va porque me hartan y aborrezco, desde la perspectiva de un criterio filosófico, cualquier ortodoxia –término mucho más aplicable al asunto de las religiones que a otros menesteres- y, desde que leí “La Rama Dorada” de la autoría del antropólogo inglés James Frazer (algo que hice en Cuba, porque al socaire de las aberraciones materialistas y seudodialécticas de la revolución, fue publicada  allá en los tardíos 60 por “Ediciones R”) empecé a tomar conciencia de que todo lo que compromete la actitud del hombre ante la vida mediante el seguimiento de cauces basados en rituales,  termina siendo una invasión al raciocinio. Además, y casi por razones académicas también leí, aun antes, –era prácticamente un adolescente- “El Origen de las Especies” de Charles Darwin (poco más de 800 páginas de un volumen considerado como una de las teorías basales del siglo XX, aunque fuera escrito en el XIX- publicado en 1859). Hoy pueden parecer nimiedades del intelecto, pero en aquellos tiempos constituía un ejercicio homologable al de hallar la clásica “aguja en el pajar”

Como verás, mi concepción derivada en el agnosticismo no tiene una fundación ni revolucionaria, ni socialista, ni marxista; en tanto ese fue el complemento a través del cual se trató de encausar el pensamiento post-moderno en el marco del fundamento teórico del marxismo leninismo, base de la teoría revolucionaria. En un libro de Joseph A. Shumpeter –“Diez Grandes Economistas: de Marx a Keynes” encontré –también aun en Cuba, en los 70; era una edición “bolsilibro” de Alianza Editorial- una genial explicación acerca del carácter “religioso” del marxismo-leninismo; en ese volumen el economista austríaco hace una brillante comparación entre el marxismo y la religión (ensayo dedicado a Marx) y, después de argumentar al respecto, termina concluyendo que para los marxistas contemporáneos C. Marx es como un dios y su teoría, el marxismo, una religión. Creo que no tendría que argumentar demasiado al respecto –sobre todo tratándose de ti- el por qué estoy plenamente de acuerdo con semejante afirmación, más que hipótesis, tesis que la contemporaneidad se ha encargado de demostrar con creces.

De lo anterior se intuye fácilmente que el marxismo –y sus derivaciones, todas- constituyen una ortodoxia, por añadidura, contrapuesta a mis principios político-religiosos (debo recordarte que el agnóstico profesa su propia fe basada nada menos, que en la máxima de un Santo apóstol que no carecía de fe; Santo Tomás: “hasta no ver no creer” y que no somos ateos, prerrogativa de la que nos separa una concepción mucho más elaborada y menos simplista) al identificarse con lo que desde mi posición critico. Yo me considero un liberal –más bien al estilo europeo que, aclaro, no es lo mismo que un socialdemócrata o un socialcristiano- y soy además un libre-pensador, no como los que optan por esta tendencia del pensamiento como una manera de ubicarse en “la cerca” para, según sople el viento, asumir cómodas posiciones políticas. El paso de los años y las ineludibles experiencias personales me han conducido por la senda de otra bibliografía aun mucho más explícita al respecto y leyendo, por ejemplo, a Nietzsche me he encontrado con cosas tan interesantes como convincentes: “Aquí se anuncia, acaso por vez primera un pesimismo más allá del bien y del mal, aquí se anuncia aquella perversidad de los sentimientos contra la que Shopenhauer no se cansó de disparar de antemano sus más coléricas maldiciones y piedras de rayo –una filosofía que osa situar, rebajar la moral misma al mundo de las apariencias (en el sentido de ese terminus technicus idealista- sino entre los “engaños”, como apariencia, ilusión, error, interpretación, aderezamiento, arte. Acaso donde mejor pueda medirse la profundidad de esta tendencia antimoral es en el precavido y hostil silencio con que en el libro entero se trata al cristianismo, -el cristianismo en cuanto es la más aberrante variación sobre el tema moral que la humanidad ha llegado a escuchar hasta este momento. En verdad, no existe antítesis más grande de la interpretación y justificación puramente estéticas del mundo, tal como en ese libro se las enseña, que la doctrina cristiana, la cual es y quiere ser sólo moral, y con sus normas absolutas, ya con su veracidad de Dios por ejemplo, relega el arte, todo arte, al reino de la mentira, -es decir, lo niega, lo reprueba, lo condena” (1).

En otra parte de la misma obra Nietzsche se expresa por sí mismo –no solo comentando a Shopenhauer- y expone su criterio: No hay nada más terrible que un estamento bárbaro de esclavos que haya aprendido a considerar su existencia como una injusticia y que se disponga a tomar venganza no sólo para sí, sino para todas las generaciones (creo que te parecerá obvio el por qué de las “negritas” n. de a.) Frente a tales amenazadoras tempestades, quién se atreverá a apelar con ánimo seguro a nuestras pálidas y fatigadas religiones, las cuales han degenerado en sus fundamentos hasta convertirse en religiones doctas: de tal modo que el mito, presupuesto necesario de toda religión, está ya en todas partes tullido, y hasta en este campo ha conseguido imponerse aquel espíritu optimista del que acabamos de decir que es el germen de aniquilamiento de nuestra sociedad” (2)

De tal suerte, la identificación desde una supuesta antípoda del marxismo y su consumación leninista –en sí misma y por otras razones, puramente económicas, contradictoria- es también un mito. La conocida frase: “la religión es el opio de los pueblos” (3) no se separa en esencia del carácter mítico del marxismo como una ideología ortodoxa y excluyente que, haciendo un uso desafortunado de la dialéctica hegeliana, convierte a sus seguidores en fieles, e hiperboliza un dios mundano y terrenal como lo fue Carlos Marx para sus seguidores. ¿Por qué la necesidad de “revisar” el marxismo y hacerlo accesible a una especie de interpretación más apegada al uso y los menesteres populares? Los propios alemanes, Adorno, Habermas, Marcuse y compañía se encargaron de la renovación del mito, adecuándolo a las necesidades de la contemporaneidad en la post-guerra (Escuela de Frankfurt -en su última etapa) pero olvidaron, quizás, que el estalinismo era demasiado poderoso y su malsana influencia tan basta, que en el apogeo de la Guerra Fría alcanzó las playas de una pequeña isla en el Caribe en la que, obviamente, nadie estaba preparado para esa especie de tsunami socio-político mediante la aplicación de una concepción basada en la imperatividad de una ideología de la que, ni siquiera sus propiciadores, tenían conciencia plena de su alcance. Entonces comenzó la historia y aunque te pueda parecer una exageración; está en ello la respuesta de su “fortaleza” y su duración; la idea es: la persistencia, más allá del derrumbe estrepitoso del socialismo marxista, se basa en la relación directamente proporcional entre ignorancia y comunismo, influencia ideológica y, por qué no; una especie de ortodoxia genéricamente religiosa. Si no, ¿cómo entender la larga vida de un mito, por demás, carente de bases filosóficas in situ, en su momento y, extraterritorialmente superado? Los propios revisionistas, aclamados como estulticios voceros de lo aplicable sin ser explicable entre ajenos, terminaron siendo injustamente refrendados como “enemigos de la tradición” –al menos para los millones de seres que padecían los horrores del comunismo- en tanto; han pasado de moda y dejado de ser paradigma, excepto para quien se empeñe en defender lo indefendible tratando de congeniar falacias, sofismas e inexactitudes motivadas por sus propias especulaciones (ergo: los intelectuales cubanos marxistas, defensores de la revolución, “sus conquistas” y de Fidel –el mito que encarna relativos estadios conceptuales como patria, nación y una larga lista de adjetivos alabanciosos.

Si hasta aquí estamos “en concordia” –y nos entendemos- entonces podemos abordar el problema del dogma religioso en Latinoamérica. Absolutamente en todos los países del continente (Méjico y Centroamérica incluidos) con excepción de Guyana, donde entre cristianos protestantes e hinduistas, desplazan a los católicos- la religión predominante es el catolicismo –el rasgo más indeleble, junto a la distribución de la propiedad territorial, de la herencia colonial lusa y española. Habría que recordar que los conquistadores para amparar el latrocinio consistente en la usurpación de la riqueza, lo revistieron con el manto de la catequización y para ello, hasta los más eximios representantes de la Iglesia Católica –apostólica y romana- se vieron sometidos al marasmo de la confusión (la cruz de la fe al lado de la espada y la Inquisición, que ya en Europa contaba con una larga data de funestos acontecimientos en su haber) Tropezaron además, con una mitología aborigen basada en el politeísmo –mundano y censurable desde el punto de vista de los católicos- y tratando de eliminar la tradición, le pasaron por arriba mediante la catequización. Pero ha supervivido hasta hoy la tradición indígena –el propio Evo es un ejemplo- y desde que las ideas filosóficas del Iluminismo empezaron a invadir a la América Española, los vectores sociales que de tal situación se desgajaron trataron de arrimar la sardina al bracero para conseguir la independencia –la inmensa mayoría de los líderes revolucionarios anticoloniales eran masones y la conspiración en contra de España, se gestó en las logias; algo demasiado evidente para ser casual.
De manera que una vez conseguida la independencia (1826 –como fecha general) el indigenismo siguió, y sigue siendo, un “estandarte” de la lucha de los desposeídos contra los poderosos, –y es aquí cuando se vierte, sobre el acrisolado mejunje, la pócima envenenada que los marxistas ofrecen como parte de su filosofía política: la teoría de la lucha de clases- pobres contra ricos, oprimidos versus poderosos y el colofón: la reconquista del poder para los “desclasados” –término que asumido en su valor polisémico, tiene un significado bastante limitado. Que mejor manera que tratar de aunar los mitos (catolicismo, politeísmo indigenista) con la realidad en cada caso. Los “pensadores” de izquierda –socialistas- en los albores del siglo XX, sabían más de estas cosas que propiamente de marxismo, pero al cabo se percataron que existía un hito comunicativo propiciado por la fe en las doctrinas y, su práctica social, encontró un fuerte asidero en las circunstancias históricas inmediatas; el peruano José Carlos Mariátegui, el uruguayo José Enrique Rodó (recordar El Ariel) y de cierta manera y poco después, el otro peruano creador del APRA, Víctor Raúl Haya de La Torre.

Pero eso todavía persiste y las evidencias de la Historia no pueden ser borradas. Como una suerte de hilo conductor de corrientes de alto voltaje, en la segunda mitad del siglo XX, aparecen los curas arropando bajo sus sotanas revoluciones, alzamientos y cualquier cantidad de reyertas que lanzan a sus seguidores (católicos, indígenas, chamanes y folclóricos personajes de ocasión) a la “conquista de sus derechos bajo el influjo de otro mito: la religión (aquí con apellidos) católica, apostólica y romana, bajo el sui generis apelativo de “Teología de la Liberación” originada en el Perú (4) y canonizada por el cura guerrillero colombiano Camilo Torres, que, si bien recuerdas, murió “como un héroe” aferrado a un AK-47. El cardenal Jorge Mario Bergoglio –el otro personaje, junto a Evo de esta historia del crucifijo - es el primer Papa no europeo, latinoamericano y, más allá de su investidura, “los fieles” en esta parte del mundo lo ven como una especie de redentor, aunque…siempre no fue así; cuando era cardenal en su Argentina natal, estaba conceptualizado como un conservador y algunos recuerdan sus vetos institucionales y sus diferendos con algunas políticas públicas, pero Bergoglio, era, además; un defensor de los mapuches –indígenas de la pampa suramericana.

De manera que para la jerarquía de Roma –vaticana- Bergoglio no es, ni ha resultado ser del todo Francisco y, para mí, está claro que el erudito de Benedicto –ahora bajo la extraña categoría de “Papa Emérito” tras seis siglos de interdicto- le dejó al resto de sus colegas en el concilio cardenalicio una verdadera papa caliente. Ni tan enfermo estaba Benedicto, aún sigue ahí en su retiro monacal vivito y coleando, pero comprendió, más bien avizoró; que los urgentes problemas que estaba confrontando e iba a confrontar la Iglesia, escapaban de sus posibles empeños y virtuales compromisos para poder resolverlos; el papa Joseph Ratzintger (primero alemán y no italiano en la contemporaneidad) se escapó de lo que le venía encima y, un purpurado como él que había estado al frente, nada menos que de la Congregación para la Doctrina de la Fe, no era el más indicado para sentenciar curas pedófilos, enfrentarse al asunto de los matrimonios gay y explicar por qué las monjas son víctimas de ese machismo eclesiástico que las condena a ejercer la piedad cuidando viejitos, huérfanos, leprosos y ejercer los peores oficios como parte de la caridad católica institucionalmente amparada y justificada.

Para los latinoamericanos, sobre todo, aunque no exclusivamente; Francisco es un Papa revolucionario y en consecuencia muchos tienden a verle como a un político, sin que a él, la idea parezca desagradarle. Ya lo ha demostrado en múltiples ocasiones cuando transgrede los límites del discurso pontificio y se mete en temas que no le conciernen a la Iglesia (en su discurso en Bolivia –creo que en la homilía de una de las misas- defendió “el derecho” de Bolivia a encontrar una salida al mar poniéndose de ese lado y ante los intereses chilenos (la respuesta de la cancillería chilena no se hizo esperar y fue explícita en el sentido de aludir que tal asunto no debía ser de la incumbencia de “Su Santidad” Pero fue más lejos, la historia del crucifijo –rápidamente improvisada- comenzó el día anterior al que Evo le colgara todas las gangarrias que lucía en el momento que la prensa recogió lo sucedido. Con la euforia que hoy caracteriza a los medios de comunicación, casi siempre matizada de una dosis de inmediatez que tiende frecuentemente al hierro y que antepone “el palo periodístico” a la noticia tamizada más allá de lo visible, palideció la esencia ante las apariencias refrendadas a través de lo ignaro. El día antes de la ceremonia el Papa visitó la serranía en que fue hallado el cadáver del sacerdote jesuita –la misma orden a la que pertenece Francisco- víctima de 14 disparos y con visibles huellas de tortura y cuya historia, sin dudas conocía. Luis Espinal Camps, español de origen y catequizador de fieles indígenas, que dicen ser creyentes sin que entiendan propiamente el castellano. Para ellos la misa, me imagino, debe ser un ritual sin sentido porque hasta donde sé, si no es en español –dejó de ser en latín hace tiempo- y los sacerdotes no pueden expresar sus conceptos litúrgicos y sus homilías en dialectos aborígenes, estos fieles adoradores de la pachamama –madre tierra- no entienden absolutamente nada y solo la imaginería religiosa hará presa de su moldeable y por naturaleza místico espíritu; ello también es parte de cualquier ceremonial en que el mimetismo de las cosas, resulta antepuesto a una realidad basada en la interpretación de los hechos.

Espinal Camps fue víctima de las hordas paramilitares en los ochenta cuando en el país –Bolivia- se inició de nueva cuenta el sinuoso período de las dictaduras militares (en su segunda versión, la primera había tenido lugar a finales de los sesenta bajo la férula de generales que en algunos casos repitieron el asalto al poder aprovechándose de la inestabilidad política –río revuelto, ganancia de pescadores y, amén de que en el 68 “El Ché” –a quienes muchos aun “veneran” por esos lares, naufragó en el “río”; su socio político Castro no le ayudó a achicar el agua de la barca- y del apoyo norteamericano a través de la CIA mediante la formulación de aquella macabra estrategia denominada el “Plan Cóndor” –recuerdas la película de los Tupamaros, el caso del agente CIA Dan Mitrioni en Uruguay y su “ajusticiamiento” Fue una producción bajo los auspicios del llamado “cinema-nuovo” también para reivindicar la “justicia” contra los “desmanes del imperialismo” que había comenzado a confundir los avatares de La Alianza para El Progreso con el ejercicio de la represión. El State Deparment pagó por ello un elevado precio en una coyuntura en que la correlación de fuerzas a nivel internacional se dirimía aún en el contexto de la Guerra Fría. Lo cierto es que Francisco, fue al lugar del hallazgo del mítico cadáver y allí, según era de esperarse, hizo unos rezos, esparció bendiciones y pensó que era suficiente.

Evo, seguramente bien asesorado, se propuso dar una especie de golpe de efecto que, fuera de la propaganda y lo que los neófitos puedan considerar, le dio resultado, el muertito jesuita, estando en cautiverio había tenido la idea de crear un crucifijo controversial, único, pero que según pensaba debía promover el diálogo entre todos los sectores políticos de la sociedad boliviana, marxistas incluidos y por ello se sintió iluminado y profeta al tallar en un pedazo de tronco lo que Evo le entregó a Francisco, que no es el original –este se halla en posesión de un amigo (otro cura jesuita, llamado Xavier Albó y que no quiso deshacerse de lo que considera una reliquia heredada de su difunto amigo) Hasta ahí la historia es creíble y puede parecer justificada desde el punto de vista sentimental, pero; ¡El Cristo de los Votos –nombre por el que se conoce la talla original, forma parte de una condecoración que el Estado Boliviano otorga a quienes cree merecedores de tan alta distinción! De manera que cuando Evo le entregó la réplica que mandó construir para la ocasión, ya Francisco tenía colgado en el pecho el mismo objeto, en otra perspectiva y otra dimensión. Luego, antes de despedirse de los bolivianos y en ceremonia privada, dejo todos los presentes a los pies de la virgen de Copacabana, patrona del pueblo boliviano. Algo que si constituyó un desacierto, propio de la acostumbrada e impúdica ignorancia, fue que Evo le entregara condecoraciones a Francisco, desconociendo –aparentemente- que los Papas no las reciben de ningún Estado.

Esa es la verdadera versión de lo acontecido, allende la tormenta desatada en la que Evo, presidente de un país con un 78% de católicos (en ese medio, crisol de numerosas vocaciones vinculadas al integrismo forzado por eso tan antiguo y manido que llaman sincretismo), además socialista (del siglo XXI), adorador del difunto Chávez –otro bonzo del sincretismo indígena-religioso que perdona a los odiadores de oficio según lo que sean capaces de expresar en determinadas circunstancias, acertó con su regalito; o ¿acaso el cura muerto por los paramilitares no defendía una noble causa por la que entregó su vida siendo un guerrero jesuita, hijo de San Ignacio de Loyola, preboste y fundador de la orden a la que también Francisco pertenece?. Ojo con lo que superficialmente se analiza; en cierto sentido, Francisco se lo buscó y el diletante oportunista de Evo, bien asesorado –sin dudas- supo aprovechar la oportunidad. Creo que con lo que le importa a estos personajes (los “líderes…y lideresas de los países del socialismo del siglo XXI) la opinión pública en general, consiguió el objetivo de mostrarse desafiante ante sus carnales aimaras del altiplano y aunque no sé si llegó a conseguir que Francisco mascara hojas de Coca, lo primero que hizo cuando el Pontífice se bajo del avión fue colgarle una carterita en que los indígenas acarrean su dotación diaria de hojitas de la medicinal plantica con que se han hecho santos, Escobar Gaviria, los Arellano Félix, Amado Carrillo, Servando el de los Caballeros Templarios –por el momento preso hasta que consiga quien le cave un buen túnel –algo más difícil que pagarle a los funcionarios políticos y de prisiones que, ante la demanda de los traficantes, deben estar bajando su cotización personal. El tuti di capo del Chapo Guzmán –para muchos, en el mismo camino de la herejética santidad de sus colegas- no solo ha puesto a los políticos en ridículo, los ha descaracterizado y puesto en vilo su verborrea sentenciosa y para nada fiable de “haz lo que digo pero no lo que hago” Tocante a este último comentario no creo que resulte discutible lo que representa la imagen de estos narcos, vivos o muertos, presos o en fuga; entre amplios sectores de una sociedad en que el concepto de justicia social adolece de una degeneración interpretativa que termina por coincidir con otras interpretaciones tradicionales a ese mismo nivel. Es de notar que importantes medios televisivos contribuyen a través de seriales, telenovelas, reportajes y la inmunda bagatela proyectada en función de los “raitings” al refuerzo de lo que afirmo. ¿De quién, quienes ven todo esto?, me pregunto.

Concluyendo, mi querido hermano, creo que entenderás lo difícil de mi posición. Para los neófitos de derecha, beatos y santurrones por naturaleza, soy un hereje y para mis enemigos que hace un montón de años me endilgaron el mote de traidor, ¡también lo soy! ¿Entonces, dónde me pongo –como decía Pepe Biondi? Entiendo que mi discurso, y mis cavilaciones, no son aptos para las supercherías convencionalistas de uno u otro bando. Imagínate: entre la derecha extrema, catalogar a Francisco de revolucionario y socialistoide (esto no lo estimo yo solamente –hace poco Montaner, pluma conocida, escribió sobre ello) y; con el agregado de que esa derecha ultraconservadora va a misa de domingo como si se tratara de un cónclave sectario y hasta algunos pertenecen al Opus Dei –con flagelación, grilletes de púas y toda la parafernalia imaginable que según estiman, les concede el derecho de encasillar el pensamiento ajeno y; del otro lado, donde tengo prohibida la entrada –algo que no me interesa- por no haber querido “comulgar” con las ruedas de carreta, que el papá –no Papa- Fidel y su cohorte nos ofrecían y con la que tantos a lo largo de tantos años se atragantaron y aun se atragantan, parezco estar sometido a una especie de “vil garrote” que se encarga de descoyuntarme intelectualmente. Creo que aquello del chino Kuchilán puede ser, para mí, la mejor opción: seguiré pensando igual; “…si dios quiere y el diablo no se interpone…”

Un comentario necesario:

Creo que te quedará claro el por qué de todo el largo preámbulo. Podía haberme ceñido a los hechos y responder a tú escueta encuesta. Después de leerme, y si llegas al final sin que el sueño propiciado por la “pereza mental” te venza, entenderás las razones. ¡Ah!, muy importante; aun está por ver como el Papa de las multitudes (como algunos comienzan a llamarle) y además revolucionario –en el concepto más genérico del término- se proyectará en su próxima visita a Cuba. No olvidemos que en su último encuentro con Raúl, éste le prometió volver a rezar…me imagino que para pedirle a Dios y a la virgencita que Obama le resuelva los problemas antes de las elecciones del 16; lo cual no significa que el nuevo presidente (a) USA vaya a cambiar nada, al final los Papas son vitalicios…como los Castro (mera coincidencia de los destinos para uso y disfrute de cualquier categoría que se vea reforzada mediante pretensiones ideológicas: léase religión –aquí también entran los musulmanes, por supuesto- socialismo marxista –disfrazado o desembozado- o cualquier manifestación tendenciosa que le ponga, como decía Octavio Paz, un corsé al pensamiento.

Notas.-

(1).-Nietszche, Frederick.-El Nacimiento de la Tragedia. Alianza Editorial, Madrid, 1973. Pag. 32

(2).-Nietszche, Frederick.- Ob. Cit. Pag. 147

(3).-La frase no es de “Das Kapital” –El Capital- como muchos creen, o del Manifiesto Comunista, fue mencionada en “La Contribución a la Crítica del Derecho de Hegel” (1844) y ya tenía antecedentes con implicaciones similares en Bauer y Feuerbach.

(4).-El autor intelectual de la “Teología de la Liberación” es el sacerdote y teólogo peruano Gustavo Gutiérrez Merino, además, Premio Príncipe de Asturias 2003 de “Comunicación y Humanidades”



 

Saturday, June 27, 2015

LEONARDO PADURA Y EL PREMIO PRINCESA DE ASTURIAS.


No se trata de hacer crítica, porque si bien el ejercer el derecho a opinar puede ser demoledor o alabancioso, suele estar permeado de sentimientos e intereses que nada tienen que ver con lo absolutamente literario; al menos en lo relacionado con cualquier asunto fuera de la escolástica. Referirse a la indisoluble relación genérica “escritor-ser humano” no debe ser usado como un canon para interpretar el valor de la creación y aún, para los que escriben, no resulta fácil separarse de tales interpretaciones. Nadie como Padura lo ha conseguido en un contexto adverso y del que por propia decisión ha decidido no desentenderse en lo situacional. De esa manera, se hace justicia a sí mismo y contribuye a una interpretación que hace o, al menos propone, esa misma justicia para sus iguales.

La calidad literaria de su obra, su laboriosidad, la tenaz y profunda labor investigativa en su vinculación y uso de la Historia verdadera lo han hecho acreedor del Premio Princesa de Asturias que acaba de obtener y que bien ha merecido. Creo que nadie que pretenda contarse entre los que hacen de la crítica un argumento justiciero, podría dejar de reconocer que Leonardo Padura es el mejor escritor de los últimos cincuenta y seis años dentro de la oferta de las letras cubanas in situ porque ha conseguido algo muy difícil: mantenerse fiel a su propio origen como hombre, como ser humano y regalarnos a su vez una obra cuyo contenido no está permeado del desaguisado panfletario –abyecto u opuesto- de la politiquería.

Nada de ello es casual porque el escritor, como ser humano, debe vivir en su tiempo y en la búsqueda de sus raíces y en su interpretación, encontrar la manera idónea de expresar sus inquietudes a futuro que lo hagan trascender; ello es siempre difícil y tarea cuesta arriba. Quien, como Padura, busca en la Historia acercarse a la verdad, se conduce por el camino más difícil e intrincado; máxime cuando desde el punto de vista literario y a un escritor de su origen y su generación, las interpretaciones de la historia deben haberle sugerido tantos momentos difíciles. La historia de la literatura, humanísticamente concebida fuera de las situaciones coyunturales de la política, nos permite contar con muchos buenos y convincentes ejemplos; también, en algunos momentos de oscurantismo, con otros de ingrata impronta. Pero aún en el caso de que los peores hayan trascendido, constituyen evidencia de que el juicio político per se, nunca es conveniente. Recordemos que la era soviética tuvo sus nóbeles: Gorki y Sholojov y que también he escrito –en éste mismo blog- lo que pienso del Realismo Socialista.

Creo que filosóficamente quedó demostrado desde que Nietzsche publicó su ensayo “El Nacimiento de la Tragedia” y concluyó lo pernicioso que puede resultar, sobre todo desde el punto de vista de la trascendencia, que el artista –que sale del pueblo y se debe a él- se convierta en vocero y expositor de una u otra tendencia ajena al arte –la literatura lo es en un sentido profundo e inmediato más allá de las artes visuales aunque no lo parezca. No habría que remontarse al XIX para comprenderlo; en pleno siglo XX, la validez del argumento también es plenamente justificable. Borges, quien fue una víctima de las sucias artimañas del populismo peronista en su propio país, estuvo siempre muy por encima de tales efectos al concebir su extraordinaria obra y Octavio Paz, a quien como a muchos de sus colegas le tocó vivir un tiempo efervescentemente político, prefirió asumir en sus ensayos la crítica, como hombre y ciudadano, de una infraestructura de la que, inclusive, llegó a formar parte; su obra literaria es literatura y nada más (El Laberinto de la Soledad, por ej.)  aunque en sus ensayos advierta, a mi juicio y como pocos lo hicieron en su tiempo, acerca del peligro de la ideología. Es más, en "Sor Juana y Las Trampas de la Fe", Paz pontifica en el sentido de lo que puede ser la religión para el que escribe y deshace los argumentos de la ritualidad y la ortodoxia mediante las concepciones que siempre tuvo al respecto. Los límites existen y deben ser respetados, quizás sin que históricamente deban ser condenados al ridículo como hace Sánchez Dragó a quien, de vuelta de todo, no le falta en ocasiones la razón (Gargoris y Habides). 

No se trata de hacer comparaciones, por eso lo advierto para evitar confusiones; pero como seguramente, los escritores tienen y siguen sus paradigmas, es obligado referirse a los que caben dentro de tal categorización. ¿O es que acaso Don Mario, pudo convertirse en un gran político, al tratar de conseguirlo y ser derrotado por un convicto, hoy entre rejas y en su momento? Cuando era un apasionado defensor de las izquierdas en Latinoamérica y pronunció aquel famoso discurso, “La Literatura es Fuego”, al recibir el premio Rómulo Gallegos allá por el 1967 en la misma Caracas que hoy se ve convertida, por obra y gracia de los ajetreos políticos de populistas inescrupulosos, en una de las capitales del Socialismo del Siglo XXI, Don Mario –uno de mis escritores preferidos- no era, ni podía ser, el “Don” ganador del Premio Nobel. Quizás su ego –hasta cierto punto justificado- no le permita aceptarlo del todo; pero como simple lector, el Vargas Llosa que prefiero es el de “El Paraíso en la Otra Esquina”, “Los Cuadernos de Don Rigoberto” o “La Tía Julia y el Escribidor” Ese, el escritor que nos arroba y nos conduce de su mano a través de una trama argumental cuya envergadura muy pocos han sido capaces de alcanzar, es el que me complace y enaltece mi espíritu al expandir mis propios horizontes. El juicio del lector, no está representado por himnos, banderas o escudos y de ser así, padece de crónica y lacerante enfermedad; recuerdo cuando leí “Ensayo sobre la Ceguera” de José Saramago o sentado en un banco de Ezeisa y en el preludio de un viaje largo, me tropecé con “El Alep” de Borges; salvando la distancia entre género y contenido (ficción y realidad) volví a reiterar en mí la convicción de que hay textos que deben leerse acreditándole el valor de una visión humana pero sin afectación del profundo y trascendental valor literario donde lo artístico y lo humano se funden a través de la creación por el autor. Sólo en ese sentido, la literatura puede ser fuego y mantener viva la llama que desde el ágora ilumina el intelecto y la sana curiosidad de los hombres.

Para dejar aclarado mi punto de vista debo referirme al caso de algunos escritores que sin haber sido victimizados; pero si usados, han sido maltratados mediante la interpretación de su obra a través y mediante el concurso de las opiniones políticas. No es casual que en el contexto latinoamericano nombres como los de José Lezama Lima, Alejo Carpentier o Guillermo Cabrera Infante tengan el mismo origen o, al menos, una filiación territorial común y se les haya denostado por ello. Está de más referirse al fuerte contenido ideológico que en su entorno y en cada caso hace el común de frases tan desdichadas como aquella de que “un intelectual es un obrero de las letras”, pero lo que se me hace difícil entender es que quienes salgan en su defensa –o la combatan- se dejen arrastrar por las bajas pasiones y se digan, o se crean, entendedores del intelecto, aún desde posiciones políticas en la antípoda y donde en muchas ocasiones el pseudo-argumento “político-literario”, les hace coincidir fatalmente.

En los casos que he citado, los nombres se inscriben por derecho propio porque han logrado separar y a la vez congeniar el juicio personal basado en la Historia verdadera  mediante la creación de sus argumentos y personajes que no siempre son tendenciosa, magnífica y convenientemente ganadores en su pulso con la vida y su razón estriba en el propio fracaso de su desempeño, descrito mediante el empleo de un profundo y cuidadoso tratamiento psicológico (Ergo: el caso de un personaje auténtico como la fabiana Flora Tristán, en la novela de Vargas Llosa "El Paraíso en la Otra Esquina"). Cabrera, disidente temprano, trasciende como escritor justamente cuando deja de ser político y aunque hasta su muerte fue un severo crítico de lo que impera en su país de origen, su obra no está marcada por el énfasis en lo que para él fue, sin dudas, una gran frustración. En su visión retrospectiva y cinematográfica –algo siempre presente en él- bordea el costumbrismo cercano a una fuerte dosis de categorización sociológica del tema, que pretende abarcar épocas y contextos desde una dimensión y perspectiva horizontales y en la que prevalece el juicio del pueblo y en consecuencia de la sociedad, basados en la idiosincrasia que de política no tiene nada y, en el mejor de los casos, la visualización del “choteo” referida por Mañach en su conocido ensayo; de ahí y que por su ruptura temprana, haya tenido que pagar el precio que pagó: un Premio Cervantes  que por su valía como escritor, no consiguió ser profeta en su propia tierra. ¿O acaso el reconocimiento literario de Dulce María Loynaz o Alejo Carpentier –tildado de afrancesado peyorativamente- y por supuesto, fuera de círculos muy limitados,  para quienes esconden bibliotecas en cajas de fósforo (crédito a Montaner al referirse a la biblioteca de R. Castro) y que son mayoría, supera el que se hace a Guillén, Barnet o Pablo A. Fernández por citar sólo unos pocos?

No, ahora al influjo o bajo el efecto del éxito de Padura, no todos quieren ser lezamianos (sic), acordarse de Virgilio (Piñera) o del malogrado Reinaldo Arenas –que vivió como murió y murió sin plegarse a los bastardos discernimientos de la politiquería. Ello me parece acusación más merecida y ha lugar para una barra de fanáticos del fútbol, una hinchada. Inclusive, un hombre y un nombre como el de Heberto Padilla (La Mala Memoria y En mi Jardín Pastan los Héroes), víctima de circunstancias similares, creció como poeta y escritor al amparo de su desacato de las “normas y los parámetros” para alcanzar la dimensión justa que a la larga ha merecido y cuando decidió renunciar a todo el lastre que tales circunstancias le imponían. Me alarma que alguien (o algunos) desde cualquier trinchera, pretendan erigirse en críticos expositores de la obra de cualquier escritor por el lugar donde estuvo, lo que haya expresado o pueda expresar (muchas veces tergiversado) y anatematizarle porque no esté donde ellos están y lo quieran meter en la bolsa de la relación amor-odio, intransigencia-perdón y otras freudianas dicotomías conducentes a una falta de eclecticismo totalmente ajeno a la literatura. Por ese camino no se llega a ninguna parte.

He leído a Padura y escuchado sus argumentos en varias ocasiones y ante diferentes foros de conformación plural. En consecuencia, he llegado a concluir que ha sabido sortear su propia historia y su destino, simplemente como lo que es, un magnífico escritor y un hombre sincero. Sería lógico pensar que por ello ha recibido el premio que le han otorgado y lo que, de seguro, para él es más importante: el reconocimiento y el logro de conseguir lo que otros, a pesar de su nombre y su valía, aún están por lograr: que sus compatriotas hablen de él, lo lean, lo conozcan, lo analicen y empiecen a verse a través de sus historias como seres humanos para sentirse alentados a dirimir y dirigir sus destinos fuera de los cánones ideológicos del “zoon politikon” y el “hombre nuevo”

José A. Arias-Frá.

Junio 27/2015.

 

Tuesday, June 9, 2015

EDUCACION VS. ADOCTRINAMIENTO.


Aunque desde tiempos ya remotos y superados, fue siempre igual; la ignorancia de lo que bajo ciertas circunstancias políticas se define como “masas” al tratar de equiparar el concepto con el de pueblo, ha sido un pecado de apreciación de los llamados socialistas marxistas y todos los que pretenden parecérseles. Por esa vía sólo es posible alcanzar la insensatez que a muchos les causa estupor e inexplicablemente motiva la hilaridad como parte de la crítica cuando las consecuencias pueden ser muy preocupantes y las razones, aún más.

Al hablar de “masas” el entorno en el uso del concepto suele tener cabida y amplia aplicación entre los que se conciben y se ven a sí mismos como redentores a la vez que gestores de una “justicia” que no pervive en la realidad, siempre estructurada ventajosamente tras hacerse con el poder. Es el caso de los socialistas marxistas y de los comunistas, pero no solamente en esas circunstancias “las masas” son engañadas por imberbes que toman ventaja de las coyunturas –absolutas o relativas- y en el caso de los dictadores de derecha, el mecanismo sociológico de la coerción a partir de la ignorancia, es premisa capaz de determinar resultados semejantes. A veces, dependiendo de las circunstancias, algunos gobernantes que dicen ser demócratas se valen de la demagogia para llevar a cabo sus propósitos. Sobraría citar los ejemplos de quienes se amparan en el populismo para cebarse en la corrupción sin ambages, ni pudor.

De manera que si enfocamos el análisis de la situación como una simple ecuación en la que se hace posible cancelar algunos términos, llegamos a la conclusión de que la ignorancia colectiva y la superficialidad en el entendimiento –o su ausencia absoluta- son un producto inmediato de la falta de educación que, de no existir o ser mal interpretada como parte del adoctrinamiento colectivo, siempre e invariablemente tendrá las mismas consecuencias.

Una simple observación de las evidencias nos permite la afirmación anterior. En medio de regímenes dictatoriales y totalitarios de izquierda o derecha, hay solo tres tipos de ejecutantes: (1).-aquellos que gobiernan y alegan proceder de ese sector que constituye una amalgama conceptual a partir de la que suelen acumular ventajas y no sin cierta osadía que les es característica y común, alegan representar, (2).-los oportunistas de ocasión que distinguen entre las ventajas del uso y disfrute del poder absoluto y terminan por darle prioridad, a contrapelo de lo difícil que resulta alcanzar objetivos personales a corto plazo en medio de la competencia verdaderamente democrática y (3).-las víctimas, que como pedestal para su ascenso y la consecución de espurios objetivos le sirven de plataforma y sostén a los dos grupos anteriores. Desgraciadamente, el último grupo interactúa sin conciencia de los efectos de su incapacidad.

A veces y con bastante frecuencia el adoctrinamiento se confunde con educación y suele ser aceptado como una ventaja loable en sociedades de corte social-marxista y totalitario. Para evadir los peligros de esa trampa habría que distinguir entre educación, liberalmente interpretada –uso el término fuera de cualquier contexto político- y educación de “las masas”, no por casualidad encarada como el instrumento que las haga capaces de responder en una sola dirección. Para quienes saben de lo que se trata, es absolutamente explicable esa supuesta gratuidad de que tanto blasonan los regímenes totalitarios porque en la interpretación de quienes gobiernan es la única manera de crear una infraestructura educativa que responda a sus intereses y descarte como insustancial, por ejemplo, el ejercicio de la libre cátedra en las universidades. Aquí, la falta de una verdadera educación se pone de manifiesto como parte de una cadena de efectos que van estableciendo sus límites e imponiendo sus conceptos: el sujeto, no es educado intelectualmente para ser capaz de llevar a cabo una interpretación; es adoctrinado para que responda a criterios pre-establecidos sin dejarle la más mínima opción.

El arquetipo puede aparecer bajo el concepto de una “formación” teóricamente austera e intelectualmente amañada y el cerco sobre el individuo comienza a establecerse a partir de argumentos netamente políticos como la falta de libertad de expresión concomitante con la falta de información y la carencia de libertad de prensa, por ejemplo; de ahí el afán de comenzar por la aplicación de un férreo y estricto control sobre los medios, común a todos los regímenes totalitarios. De ello, y como cura de una enfermedad crónica que suelen atribuir a la democracia, la cuidadosa dosificación en las políticas de publicación de lo que las personas puedan leer, decir, mirar, escuchar y aún pensar; constituye un caro objetivo del adoctrinamiento a cualquier nivel. Aunque cuestiones como aquello del “hombre nuevo” y otras entelequias por el estilo que parecen hoy parte de la pre-historia de la post- modernidad no se tomen al pie de la letra, no significa que pueda dejar de ser el propósito cardinal que se persigue y que tales afanes hayan dejado de constituir el aliento de quienes ejercen el poder (siempre agrupados en los dos primeros sectores que anteriormente acotaba)

Desde épocas remotas el advenimiento y aplicación de la democracia, entró en contradicción con el ejercicio del poder totalitario –baste echar una mirada a la historia de Grecia en tiempos de la polis y la democracia ateniense, contrapuesta a los afanes totalitarios del militarismo espartano y la dictadura de Solón. Aunque no es necesario historiar al respecto, el efecto de los cambios y desde aquellos tiempos, condujo a un deterioro del desarrollo cultural que puso en vilo sus conquistas. Luego, el oscurantismo medieval -concepto amañado y muy relativo- caracterizó una buena parte del Medioevo europeo y no fue hasta que se liberaron del oprobio cultural las fuerzas productivas con el advenimiento del capitalismo, que las cosas empezaron a cambiar. En consecuencia, si seguimos con la propuesta de concebir y conducir el análisis cancelando los términos de una ecuación que en teoría es cultural y socialmente válida; llegamos a la conclusión de que el adoctrinamiento es a su vez, premisa y resultado para el ejercicio del control de “las masas”

¿Es acaso casual que el pensamiento expresado en otras direcciones dentro de estas sociedades se considere pecaminoso e inviable? Por supuesto que no. El que disiente paga muy caro su osadía al trascender los límites –ahora sí, políticos- de lo conceptualmente delimitado y permitido y llega a ser y parecer tan soez la oposición a la discusión y el diálogo, que ambos efectos –posibles y plausibles en cualquier otro contexto- quedan sepultados bajo la soberbia –siempre abyecta e ilimitada- de los conculcadores del derecho, otro concepto que no ha lugar sin que se halle complementado por una caterva de adjetivos incongruentes que nada tienen que ver con su significado real. ¿Es posible explicar la virulenta oposición a la expansión mediática –entre defectos y virtudes- que los avances tecnológicos han favorecido en la contemporaneidad inmediata? Por supuesto que sí, todo ello se traduce en un recurso muy difícil de neutralizar para los “comisarios”, artífices del adoctrinamiento.

Por último creo necesario considerar el doble efecto negativo que causa confundir educación y adoctrinamiento. Lo primero predispone y arma al hombre de argumentos comparativos comprobables y factibles de ser corroborados o descartados –ello representa la validez intangible del concepto sociológico, ontológico; de la interpretación en las sociedades abiertas y democráticas. Lo segundo, es degenerativo y tiende a la involución; como es el caso y resulta observable, en el deterioro absoluto de la verdadera educación como contraparte del adoctrinamiento en sociedades estructuradas sobre la base del ejercicio totalitario del poder. La degeneración de las costumbres, la falta de valores y la minimización inconsciente de su importancia en las sociedades víctimas del adoctrinamiento, son la imagen única que puede ser capaz de ofrecer el empecinado esfuerzo de limitar el pensamiento y conducirlo en unívoca, amañada y equivocada dirección.

El asunto, por momentos, llega a parecer ridículo e inexplicable por el hecho de que ignorantes oportunistas ejerzan el poder; pero, sin dudas, es más preocupante de lo que parece; denota muchas lagunas en la formación de nuestros pueblos que han debido padecer, o aún padecen, la voluntad de histriones de escasa talla intelectual, pero; ¿y qué con los que los apoyan? No debe ser normal que la ignorancia se expanda como la verdolaga en un potrero y “las masas” pierdan la capacidad de distinguir entre ser víctimas y liberarse. Ello es precisamente lo que pretenden los adoctrinadores de oficio. Los pueblos no conforman una masa maleable y manoseada que termina convertida en hogaza de pan digerible por el apetito de los ignorantes; tienen su historia, su identidad, su folclor y sobre todo, deben tener principios que no pueden ni deben olvidar.

José Antonio Arias-Frá.

Junio 09/2015.

        

Sunday, April 12, 2015

LA CUMBRE DE LAS CONTRADICCIONES


Ha llegado a su final la VII Cumbre de Las Américas, fue escalándose a sí misma entre la morbosa curiosidad de la opinión pública y el desenfreno de la prensa que priorizó la “noticia que vende” más allá de otras cosas importantes que debieron contribuir a que cumpliera con sus objetivos.

Pero no podía ser de otra manera y, en cierto modo y al ejercer mi derecho a opinar, haré lo mismo. En mi criterio vale más analizar resultados que hacer vaticinios; por eso he esperado que, sin penas ni glorias –obvio: más de lo primero que de lo segundo- cayera el telón.

Ateniéndonos estrictamente al seguimiento de los hechos y evitando la parcialidad en aras de la objetividad, se produjeron situaciones que motivan el comentario y es dable que esta cumbre puede ser calificada como la “cumbre de las contradicciones”

Para mí, que creo saber a lo que me refiero, Cuba planeó muy bien su debut en el evento; la idea era, es y seguirá siendo, mantener el diferendo con Estados Unidos como aspecto prioritario a la vez que desconocer dónde se enquista el problema que se manifiesta, hoy más que nunca, tras más de medio siglo del mismo gobierno en el poder y cuyas características no es necesario consignar; todos, defensores incluidos, saben bien como funciona.

En realidad y ex profeso los cubanos llevaron dos delegaciones, la gubernamental encabezada por el general-presidente y la integrada por la tropa de choque disfrazada bajo el ropaje de “organización no gubernamental” Prefirieron correr el riesgo, pero en mi parecer, o se les fue la mano al improvisar en demasía sobre el libreto original, o han perdido la noción del más elemental equilibrio que la lógica reclama, aún al tratarse de argucias preconcebidas.

Esas personas que gritaban consignas antimperialistas de tiempos de la guerra fría se erigieron, en la práctica, en los principales conspiradores contra la política del gobierno que según ellos y sus cabecillas estaban defendiendo y al cierre, colofón esperado, Obama y Castro se dieron la mano y el general además, se dedicó a ensalzar lo que considera acrisoladas virtudes personales del presidente norteamericano, llegando a ofrecerle disculpas. ¿Estaría su hermano observándolo desde Punto Cero y, a lo mejor hasta nos sorprende con alguna “reflexión”?

¿Dónde queda entonces el incontrolable afán de menoscabar todo lo que representa al “imperio”? Para mí la respuesta es evidente: el problema de Cuba, según su gobierno, hay que resolverlo con los norteamericanos desconociendo a la vez todo lo que representan la oposición, la disidencia y las manifestaciones de inconformidad de la población, menos aleatorias y que, con el rigor de la estadística, fueron mostradas por la encuesta de opinión al interior de la Isla, llevada a cabo por la empresa "Bendixen, Amandi y Asociados" para Univisión y el Washington Post y que Abel Prieto calificó festinadamente de “chiste de mal gusto” No es necesario elaborar en torno a mi opinión, Prieto me da la razón al afirmar en su entrevista para El Nuevo Herald que “Cuba no dialoga con títeres de los Estados Unidos” y asegurarle a varios periodistas que “en Cuba existen más de ¡2 200! organizaciones no gubernamentales que actúan y se desenvuelven libremente. Según entiendo, y sin agregar –algo que bien sabe- que; vaya casualidad, siempre; y como debió resultar evidente en el desempeño de los foros colaterales de la cumbre, se atengan al mismo libreto vigente durante los últimos 56 años.

Pero las contradicciones rebasaron la lógica cuando el mismo Prieto consideró como “normal” que cualquiera que actúe financiado por un gobierno extranjero deberá ser considerado ilegal y por seguro ir a parar a prisión. Me pregunto: ¿olvidó el señor Prieto que eso era precisamente lo que hacían sus "5 héroes" cuando crearon, a instancias de su gobierno, una red de espionaje dentro de los Estados Unidos?, ¿no parece incongruente que le permitieran llegar a Panamá a representantes de la disidencia interna –que si bien y a contrapelo de su voluntad, fueron escogidos- terminaron siendo acallados y vituperados de la misma manera en que suelen hacerles en Cuba? El propósito de la selectividad quedó sepultado bajo la fuerza de la soberbia; justificante de cualquier exceso y al parecer, la improvisación sobre el libreto terminó por adelantar la pasión a una aparente razón preconcebida y malsana. ¿Acaso les asistía el derecho de sabotear la participación de otras entidades que fueron allí, amparadas bajo su propio esfuerzo, a presentar y discutir sus propuestas?

No es mi interés analizar el tema porque en democracia todos tienen el derecho de defender su criterio, pero creo que más allá de discutir, condenar y criticar lo que el propio gobierno norteamericano define como su política de estado hay que poner el énfasis en la manera en que Cuba practica la suya y que parece ser la que no cambia: “…estamos dispuestos a discutir algunas cosas, afirmó Castro, aunque eso pueda llevar mucho tiempo” –debe leerse como: el que necesitamos para improvisar el día a día- por lo pronto y aunque ello promueva la desazón y mueva a la preocupación, en el marco de lo que llaman “real politik” lo único verdadero es la opción norteamericana plasmada en las negociaciones vigentes.

No, no voy a caer en lo que critico; Estados Unidos es un interlocutor válido. Pero no, como parece y muchos creen, el más importante. Para los que alegan que la historia se repite, el reto consiste en sacar de la experiencia el partido apropiado para no caer en errores pasados y elementales. Obama se reunió con algunos disidentes y enfatizó que el tema de los derechos humanos está en el centro de la cuestión y si esa posición se mantiene deberá ser abordada para poner sobre la mesa esa “sui generis” versión a la cubana del cocotazo y el tententiezo que le aplican a quien discrepe de su propia puesta en escena.

En previsión de posibles resultados ya se han adelantado a recurrir a hechos que, según estiman, les hacen dudar del respeto evidenciado a tales derechos en los Estados Unidos. Recuerden, “compañeros”, que la gran diferencia está en el tratamiento consecuente de las circunstancias, sólo en parte, vinculadas al tema: la cuestión de los derechos civiles. ¿O es que acaso pretenden obviar a conveniencia la lucha de Martín Luther King por reivindicarlos y el lugar que ocupa en la historia de los Estados Unidos? En tanto, ustedes se envuelven en la bandera y usan el mástil para romperle la cabeza a quienes se les oponen.

Creo que han llegado a comprender que son malos en lo tocante a la discusión de ideas y la experiencia histórica, de la que tanto les gusta hablar, no les favorece. Basten solo dos ejemplos: ¿recuerdan aquel encuentro entre Alarcón y Mas Canosa, o el careo entre ese mismo personaje –flamante vocero por aquel entonces, luego venido a menos hasta parar en el anonimato- y el desconocido, aún estudiante de la UCI, Eliecer Avila? Sería bueno que buscaran asesores presidenciales de mayor enjundia y talante que Abel Prieto y Miguel Barnet. Sé que entre aparachitks eso es difícil, sino imposible y ustedes saben que entre la oposición y la disidencia hay gente jóven, capaz e inteligente. ¿Por qué impidieron que Antonio Rodiles de “Estado de SAT” fuera a  la cumbre? ¿Por qué metieron presa a Tanya Bruguera cuando pretendió llevar a cabo su última performance en La Plaza? Tampoco dejaron que fueran miembros del grupo de los 75, que según afirman, no llenaban los requisitos para ser acreditados, ¿por qué?; ¡ah, porque para ustedes, son delincuentes que aún se mantienen bajo “licencia extrapenal”! No digo que otros les sean indiferentes, pero estoy seguro que los consideran peligrosos y por seguro, preferirían verlos a todos tras las rejas como ha terminado haciendo Maduro con Leopoldo López y Antonio Ledesma. Al menos, buen aprendiz de carcelero ha resultado.

Por cierto, no quiero concluir sin referirme a los discursos de los “socialistas del siglo XXI” y sus acólitos. Fueron allí, como de costumbre, a boicotear la cumbre. Creo que no dejarían de sorprenderse por los halagos personales de Castro a Obama porque, según parece, no hay forma de cotejarlos con sus propias opiniones manifiestas. A un periodista, Evo le espetó sin ambages que no le interesaba reunirse con representantes “del imperio”, mientras Maduro, que no encontró cabida en su equipaje y el de su numerosa delegación para todas las firmas que recogió, debió conformarse con dirigirse en los consabidos términos y para la balconada, a la silla vacía de un interlocutor ausente. En Panamá, y tras los balaustres de otros balcones, las cacerolas debieron sonarle fuerte, a él y a sus “no gubernamentales”, porque esos que desde los balcones prefirieron sacrificar sus calderos hasta hacerlos inservibles; sí que lo son, ¿o, también el imperio les pagará por sus cazuelas?

Parafraseando al señor A.Oppenhaimer, a quien sigo porque me convence su objetividad, esta es mi opinión:

Posiblemente de todas las cumbres y después de haber sido la que más expectativas produjo, nada importante sucedió. Ahora que América Latina ve reducidos los precios de sus rubros de exportación, petróleo incluido, que los problemas migratorios se vuelven acuciantes para muchos países del hemisferio y que en un evento de esta magnitud pudieran haberse escuchado los criterios de entidades y organizaciones verdaderamente representativas de lo que los pueblos, al menos, esperan; nada de ello ocurrió. Por el contrario; andanadas contra la libertad de expresión, obsesión particularmente molesta para el presidente Correa y la taimada actitud de D.Rousseff al hacer votos por la asunción de un relativismo político que al tiempo y los hechos sus propios electores no parecen respaldar. 

Y, ¿quiénes fueron los culpables? Para mí, está claro: los que se presentaron para robarse el show entre las andanzas del único "presidente" que representó a un “gobierno” de 56 años y de origen aleatorio, aún si se le compara con algunos de sus amigos y la turba-multa que fue, según algunos crédulos pensaban, a discutir ideas (¿cuáles?) y terminó gritando: “pin pon fuera, abajo la gusanera” y acusando de apátridas, mercenarios y traidores a sus potenciales interlocutores que según repiten, forman una gavilla de admiradores del “hombre honorable” y al que “por su origen humilde” su jefe alega admirar. ¿No parece esto demasiado incongruente? Habría que preguntarle a Prieto si lo mismo que piensa de la encuesta es lo que opina sobre los criterios de su jefe.

Saben, una vez le escuché decir a un amigo que para los que ensombrecen su inteligencia bajo la férula de las revoluciones, todo termina donde comienzan “sus principios” y como no existen, decía, la discusión y el razonamiento no es para ellos; cuanta razón tenía al afirmarlo. Lo primero que hacen es pervertir el significado de la palabra diálogo que tanta humanidad entraña y es de esas cuyo amplio valor polisémico, no está a discusión. No son más que especie de sans-cullottes que en la modernidad, van contentos e ilusos a la guillotina, tras estos aspirantes a Robespierre que medran tratando de infiltrarse en el ambiente de otros tiempos en los que no encuentran cabida y que, sin dudas, no son los del terror jacobino; al menos y por lo pronto, en nuestras latitudes.

José Antonio Arias Frá.

Abril 12, 2015  

 

Sunday, March 1, 2015

¿TECNOLOGÍA Y GLOBALIZACIÓN O EGOCENTRISMO MEDIÁTICO?


Leer para informarnos sobre los acontecimientos importantes que a diario suceden en el Planeta no siempre es tarea fácil. Primero porque suelen ser demasiados, luego porque al tratar de perseguir, desmenuzar y contextuar una noticia, eso que los periodistas llaman “seguimiento” o que a veces denominan “saga”, no siempre se ve reflejado en resultados consecuentes.

Las razones van desde la incapacidad de la clásica prensa plana para competir con las redes informáticas, su velocidad y la diversidad de criterios que suelen exponerse. Hoy se hace más fácil opinar sobre un tema, que informarse concienzudamente acerca de él con prioridad. Desde jefes de estado hasta anodinos personajes, cualquiera engrana una andanada de versiones que en ocasiones nos dejan en el aire y los ponen a ellos en ridículo. Donde todos opinan, el efecto de las tendencias a contrapelo, puede convertirse en especie de caleidoscopio con resultados enajenantes. Ejemplos sobran y no viene al caso citarlos.

¿Cuál es el problema? Para mí, y según pienso: encontrar lo que más se acerca a la verdad. Desde el punto de vista de la diversidad de criterios no suele haber una sola, tampoco una mentira, capaz de descarrilar hechos para ser expuesta como una versión amañada de los acontecimientos y hacer válido aquello de que todo es según del color del cristal con que se mira, ello para nada, es afín con la tan mencionada objetividad.

Como cada vez el periodismo de opinión se hace más difícil, sobre todo por las dificultades que puede acarrear a quienes lo practican, los contenidos en los famosos 140 caracteres del Twitter, las opiniones manifiestas en la red social Facebook y eso que llaman el mundo de la “blogósfera” –en el que debo incluirme- están terminando `por imponerse y ganarle la batalla al sentido común en muchos casos. El peor resultado que se obtiene, es dejar a un lado la alternativa de encontrar en el contenido aquello que educa al que pretende informarse, desconociendo tal propósito para sepultarlo bajo el afán de la inmediatez y la popularidad. No debe olvidarse que informar es, en gran medida, contribuir a la educación de los lectores potenciales.

Tanto así, que la inmediatez gráfica en las redes llega a conformar criterios colectivos que desplazan el tratamiento en profundidad de algunos temas y quienes se mantienen al tanto de ello han sabido aprovechar muy bien la circunstancia. Recientemente, por ejemplo, leí un extenso trabajo sobre el desplazamiento de la crisis en Siria con su trágico aporte de más de 250 000 muertos y 2 millones de desplazados, por el efecto del terror colectivo que las visiones de decapitados, quemados vivos, cristianos crucificados y otras terribles expresiones del terror nos proporcionan en versión bajo el efecto de depuradas técnicas cinematográficas; el autor llegaba a la conclusión, al criticar el hecho, de que Bashar al-Asad hoy puede parecer un elemento disuasivo en el cual apoyarse como parte de la estrategia para enfrentarse al Estado Islámico; un personaje “medio bueno y medio malo” y al que sólo se le menciona ocasionalmente, mientras su ministro de relaciones exteriores se digna a recibir a un nuevo “enviado de paz” de las Naciones Unidas.

El consumismo informático es en consecuencia el verdadero “trending topping” oculto tras la disímil y a veces inexacta información que las personas suelen cargar en sus bolsillos y a la que por su innegable y absoluta fluidez nadie escapa: ni creadores –que compiten por el liderazgo- ni consumidores que pagan, mediante una cuenta telefónica, un festinado nivel de información. No debe malentenderse la importancia de tales vías de acceso, ni su necesidad; tecnología y globalización van de la mano, pero a mi entender hacen que las personas, cada vez más identificadas con la modernidad, se alejen de la opinión sabia, cabal y concienzuda de verdaderos expertos, brillantes comunicadores que solían practicar el periodismo de opinión hoy en extinción, haciéndose común que, en calidad de dádiva, llegue a ofrecerse sin que le importe demasiado a alguien. Leí un artículo firmado por un brillante escritor y periodista que, sin ser precisamente sobre el tema, lo pone en evidencia. La retribución económica dicta la pauta a seguir y nadie “por amor al arte” está dispuesto a sacrificarse al extremo de contraer riesgos personales ¿No es eso un disparate?

El escalafón en que el uso y abuso de la tecnología sitúa a la información noticiosa suele concederle plazos muy breves entre lo sucedáneo y es ahí donde aquello del “seguimiento” y la “saga” se difuminan entre el abrumador caudal de acontecimientos para darle prioridad a lo que no siempre debe tenerla. Todos pretenden saberlo todo y nadie, absolutamente, sabe realmente nada. Ese es el corolario que observo aun en mi medio aledaño y cotidiano. Cada cual “siguiendo” –más bien persiguiendo- lo que otros dicen para perderse en el oscurantismo de la popularidad del informante sin parar mientes en la veracidad, el conocimiento y la investigación. Ello procura que eso que los periodistas citan como “fuentes” puedan ser más torvas, aleatorias e inconsistentes; algo muy preocupante y que también ha hecho decaer otra de las manifestaciones importantes del periodismo; la investigación en sus dos versiones complementarias: in situ y en teoría, vinculada al conocimiento de los hechos que avalan la noticia. En términos que más bien parecen bursátiles, se alude a que resulta caro e incosteable.

Parece que se acerca el momento en que se hace necesario que los “nuevos medios” desarrollen una estrategia capaz de hacer que las personas estén mejor y más cabalmente informadas con respecto al mundo en que viven y, en el caso de asumir que dicha estrategia exista, deje de ser la menos socorrida para quienes piensan que el “glamour informático” radica en lo que a alguien se le ocurrió decir en la WEB y mediante el uso de sus instrumentos. Si en la vida moderna el tiempo apremia, es también apremiante evitar el malicioso y negativo efecto de la desinformación.

José A.Arias Frá.

Friday, December 19, 2014

EL DESHIELO: ¿DESACIERTO O EL PRESAGIO DE UNA TORMENTA?


Es imposible sustraerse al propósito de emitir una opinión sobre la noticia de las conversaciones Cuba-Estados Unidos, el asunto del restablecimiento de las relaciones diplomáticas y lo que, según se estima, serán sus resultados. Tras la avalancha de opiniones, hay poco que decir y nada nuevo que informar. Se impone entonces interpretar aquellos criterios que parecen lógicos, mejor hilvanados, e imparciales hasta donde es posible.

Después de los dos días transcurridos a partir de la noticia y las respectivas comparecencias públicas de sus protagonistas principales – Barack Obama y Raúl Castro- hoy escuché tres análisis, que sin ser coincidentes, me parecieron convincentes. Sus expositores: Guillermo Cochez, ex embajador de Panamá ante la OEA, Sebastián Arcos Cazabón, Director adjunto del Centro de Investigaciones sobre Cuba en la FIU (Florida Internacional University) y el periodista venezolano Rafael Poleo. En ningún caso se trata de personas a las que pueda atribuírsele parcialidad, al menos, si la mala intención de denostar no preside el propósito y se tiene en cuenta el historial de cada uno de ellos.

De lo que le escuché decir a Cochez, me pareció certero su juicio sobre lo que él considera que gana Estados Unidos al minimizar, mediante la iniciativa tomada por Obama, la opinión negativa y de imagen, injustificada; pero constantemente reforzada por los representantes de la izquierda latinoamericana en el poder y allí donde ello sucede, sobre el papel de los Estados Unidos en sus relaciones con América Latina.

Cubano de origen, hijo de un conspicuo disidente y sobrino de otro no menos importante, ambos fallecidos y exponente en sí mismo de lo que significa vivir bajo la multiforme y omnímoda estrechez de una tiranía, Arcos Cazabón expuso su criterio radialmente argumentado  desde una consecuente óptica cubana. Coincido con su interpretación de que, si para el gobierno de Raúl Castro, la tabla de salvación es buscar un acercamiento con el gobierno norteamericano; ello viene a ser como firmar el acta de defunción de la Revolución, al menos, eso fue lo que me pareció entender ¿Es posible imaginar qué pasa por la mente de los defensores a ultranza del semisecular socialismo cubano? Todo lo que defendieron a capa y espada, puede tener un final inesperado y abrupto ante la puerta de las respectivas embajadas por abrirse y lo que puede sobrevenir en consecuencia, aún a pesar del “oxígeno” de que hablan los que asumen una actitud crítica y, en ámbito democrático, no menos respetable.

La opinión de Poleo, a quien he escuchado varias veces emitir juicios  muy certeros, no parece festinada; más bien lógica, porque al incluir el argumento de lo que sí representa verdaderamente una traición: la de Raúl Castro a sus acólitos del ALBA, pone el dedo en la yaga. Allá en Cuba, solía utilizarse uno de esos sarcásticos apotegmas generados en el ingenio popular y que define muy bien la situación; sobre todo la de Maduro, inmerso como de costumbre entre diatribas y frustraciones en contra del “imperialismo yanqui” “Agárrate de la brocha, que se cayó la escalera”, decíamos para graficar las peores circunstancias de una situación embarazosa y comprometedora y es simpático, por decir poco, que Evo haya declarado que “los yanquis, al fin rectificaron, al darse cuenta de que se estaban quedando solos” Es evidente que de lo anterior se infiere que entre la realidad de la noticia y la perplejidad de sus receptores, el efecto no fue muy positivo para estos últimos.

Combinando estos tres argumentos ofrezco mi opinión que, ni aspira a ser definitiva, ni abarca todos los vectores del tema y mucho menos me sitúa como simpatizante o adepto, adscripto a un partido político o seguidor de  un líder, hace mucho y por voluntad propia, concluí que tal término –líder- dejó de ser afín a mis ideas y como ahora, sólo lo empleo para dejar saber a los demás que es así.

Ante todo, los Estados Unidos no son dueños del mundo, más bien es al revés (aclaro que le he tomado la frase a Poleo, irónico, pero certero) y en consecuencia es el mundo quien exige y determina una actitud consecuente, que no se haga fácilmente vulnerable mediante diatribas de escandalosos y perogrullos de ocasión. Decía Poleo que Obama fue “fino y sagaz”, creo que tiene razón. Cochez, por ejemplo, dejó entrever lo mismo y si queremos hacer gala de patriotismo e imparcialidad es necesario entender que la actitud de los Estados Unidos no puede definirse en los términos de un conflicto bilateral que parece interminable y donde durante el tiempo transcurrido, Cuba llevó la mejor parte utilizando el antiimperialismo como bandera. Claro, no van a dejar de hacerlo; pero ahora el asunto es, encontrar quién les crea.

El resto, lo defino mediante aquello de, “en que parte de la cancha está el balón” ¿Pueden imaginarse –críticos y simpatizantes, todos- el nivel de expectativa que la noticia de las relaciones crea entre la población cubana? Si como afirmó Arcos Cazabón, en Cuba nada cambia, algo que parece probable, ¿cuál será la reacción del común? El que nació antes de 1961, cuando sobrevino la ruptura y Cuba entró en especie de glaciación antediluviana, o el joven “underground” que se declara abiertamente anti-revolucionario (que no es lo mismo que contrarrevolucionario, vocablo fuera de contexto y quizás, únicamente aplicable hoy con toda racionalidad, a los Castro, sus ministros, los “históricos” y  los miembros del Buró Político y el Comité Central del PCC) Ya Mariela, la hija del General, se adelantó a declarar que los que piensen en el regreso del capitalismo a Cuba, están soñando. De ser así su papel ha sido muy parecido al de La Bella Durmiente, porque hasta donde puede colegirse, personalmente nunca ha vivido fuera del capitalismo y con la gran ventaja que semejante circunstancia representa para la exigua y selecta minoría de quienes consiguen hacerlo dentro del socialismo.

Entretanto y retomando el asunto del balón, tan cerca de “la puerta” del “cancerbero Raúl” (me permito citar a Ramiro Valdés, que utilizó esas mismas palabras durante un discurso en Santiago de Cuba en celebración del 26 de Julio al expresar que: “…el compañero Raúl era el mejor cancerbero de Fidel”) el general tiene que tener mucho cuidado y que; entre seducidos, abandonados, frustrados y hasta opositores y académicos, cuyos enjundiosos y profundos análisis aún estamos por recibir, no le vayan a marcar un autogol.

Mientras, los rebullones –se acuerdan de Juan Primito, el fiel servidor de Doña Bárbara que solía evocarlos en la novela de Gallegos- parecen empeñados en mantenerse en vuelo sobre Punto Cero. Fatídico presagio ante la paradoja de que los yanquis estén intentado regresar y el can cerbero (separo las palabras con toda la intención) le esté abriendo la puerta y a la vez, tenga que cerrar alguna bóveda importante.

¿Quién gana?, ¿quién pierde? Eso sólo el tiempo lo dirá.

José A. Arias Frá

12/20/2014.

 

Wednesday, November 19, 2014

LAS NOTICIAS EN CONTEXTO Y LOS PROBLEMAS DEL MUNDO ACTUAL.


Al enfrentarnos a la realidad por intermedio de la información de lo que acontece cotidianamente, la interpretación puede parecer tarea cuesta arriba. Es evidente que la inmediatez de la noticia debe estar limitada a la exposición de los hechos y cuando entra en el juego la opinión todo comienza a cambiar.

A quien le interesa el periodismo de opinión se le hace ineludible enfrentarse al análisis de los hechos y llegar a conclusiones que no siempre  son coincidentes. Ello no implica que la especulación –especie de vicio carente de sentido, pero no de culpa- tenga cabida como parte de un análisis serio y mesurado. La superficialidad, atributo del desconocimiento, es hoy algo como “la ganga” –materia inservible- en el mineral, difícil de purificar y sólo a través del proceso que lo hace técnicamente posible en la comparación aludida.

Voy a referirme a tres hechos que han hecho titulares importantes recientemente y los siguen generando: 1.-La matanza de Iguala, 2.-El Estado Islámico y el asunto de las decapitaciones, 3.-La vinculación entre corrupción y narcotráfico. En cualquier caso, la afectación de las noticias en su ámbito de consumo inmediato, parecen ser hechos aislados. En la práctica el análisis obliga a establecer una vinculación entre los tres problemas principales del mundo actual: narcoterrorismo, religión y corrupción.

Al incluir la religión, la interpretación etimológica no es el problema. Todos los efectos negativos comienzan a manifestarse cuando se deja de lado la relatividad del concepto canónico e incluyente, para hacer del mismo alimento de la ortodoxia agresiva y excluyente. Aunque puede parecer algo punible, injustificado y hasta sacrílego que sectores radicales dentro de distintos grupos religiosos asuman determinadas actitudes es, sin embargo, inevitable. Sólo en ese sentido el asunto religioso se convierte en problema cuya solución no parece alcanzable y no debe inducir a poner el grito en el cielo y rasgarse las vestiduras. La cuestión no es en blanco y negro, aunque los grises tampoco suelen colorear el panorama.

En occidente parece existir el consenso de que el Islam es el ejemplo más evidente de lo anterior y en efecto teólogos y teósofos, independientemente de su filiación, dan argumentos válidos que, unidos al testimonio de la noticia in situ, refuerzan sus conclusiones. Pero los problemas que se derivan del enfrentamiento entre religiones de diverso origen cultural y por añadidura ancestral; no pueden considerarse zanjados por la coexistencia de cultos aún dentro de un mismo escenario. La coexistencia anima la convivencia pero no incluye la aceptación conceptual que, quiérase o no, sigue siendo esencialmente excluyente. Sin hacer comparaciones, baste decir que entre fieles católicos hay diversidad de criterios que los enfrentan desde su perspectiva con relación a lo que debe ser posible o no en la visión a futuro de su Iglesia.

En el mundo actual, paradójicamente atribulado por el caudal de la información y su fluidez, parece posible afirmar que lejos de resolverse cualquier asunto relacionado con la concomitante religiosidad de los hombres, ello es un problema que se agrava al poner distancia entre las diferentes concepciones de la deidad absoluta y diversa, dicotomía original que subyace en la historia de las religiones y cuyos efectos no ha sido posible atenuar y sólo circunstancialmente parece ser paliada mediante la asunción de una actitud, cuando menos melifluamente hipócrita.

Hoy el extremismo de la ortodoxia con el que se abanderan los sectores más radicales del Islam enfrenta a los musulmanes entre si y a su vez y sin ambages, a otros grupos humanos practicantes de otras religiones cuyo consenso no es intrínsecamente coincidente. Parece ser que los teólogos –expertos en explicar estas contradicciones- están en acuerdo en cuanto a las raíces históricas e insolubles del problema, en tanto lo es y da origen al hecho matizado con el terror, en un mundo global y formando parte de una “red” (informática) en la que en gran medida está capturado por la imagen, argumento básico de la información y testimonio de su inmediatez.

Lo expresado puede ser graficado con cientos de ejemplos que rebasan las posibilidades del objetivo de éste trabajo, pero pensar en las razones subyacentes en el enfrentamiento entre el radicalismo musulmán y el resto de la visión amparada en la diversidad religiosa del resto del mundo, no parece descartable ni discutible. Únicamente en ese sentido la religión se torna en el principal avatar de un problema que, en el nombre de Dios (dioses) los hombres –fieles- no parecen querer resolver, mientras, se agrava bajo los efectos de su propia y mundana falta de ética y amoralidad. Como en ecuación, la cancelación de tales factores engendra la antítesis de la religiosidad: el vil asesinato que degenera en la guerra y en el meollo, el problema de las religiones que ha hecho correr ríos de sangre a través de los tiempos y en el que la civilidad no parece haber propiciado grandes cambios, más bien, ha introducido argumentos que hacen la crueldad más evidente.

Los otros dos asuntos a los que se hace inevitable considerar como problemas que desencadenan sus secuelas y durante un tiempo que es difícil precisar cronológicamente, tienen una correlación manifiesta.

La incidencia nefasta de su vinculación se ha desenvuelto de la mano de coyunturas políticas y económicas que han variado en apariencia pero en las que corrupción, narcotráfico y narcoterrorismo (su peor secuela) siempre han encontrado los mecanismos de imbricación apropiados. Sin ser exclusivo de territorios del denominado tercer mundo el “clandestinaje” del cultivo, la elaboración y producción de narcóticos en ese ámbito geopolítico han sido y son, un secreto a voces. El poder del dinero crea los mercados y de la misma manera financia la producción, mientras la entronización de la corrupción se encarga de completar un panorama funcional de los carteles que proyectan, promueven, magnifican y controlan la producción y los mercados de drogas y estupefacientes.

En versión que denota el éxito y a su vez el fracaso de limitar el negocio, los carteles de la droga han expandido sus redes de influencia hacia otros sectores dentro de la economía conceptualizada como normal. En esto último el poder corrosivo y corruptor del dinero que se filtra a través de operaciones de “lavado y limpieza” contribuye a ampliar los niveles de corrupción, incluidos amplios sectores de grupos bancarios, industriales, comerciales y estratégicamente políticos.

Todo lo anterior se ha hecho tan evidente que ponerle freno recuerda la imagen de echar agua al canasto y, en lo tocante a lo que pueden hacer las autoridades para evitar el crecimiento, es ostensiblemente paradójico que quienes pueden obtener y han obtenido dividendos de tales circunstancias, pretendan ser los mismos que intenten ponerle freno. No se trata de una generalización que pueda involucrar gobiernos permisivos y tolerantes, pero sí de poner en evidencia que quienes se mueven tras los elementos representativos del poder están, al menos, bajo la amenaza permanente del narcoterrorismo. ¿De no ser así, cómo entender que los cabecillas puedan actuar con la impunidad que les caracteriza?

La matanza de los cuarenta y tres estudiantes de Ayotzinapa incluye todos los ingredientes que pueden conjuntarse para demostrar lo argumentado: abusos reiterados de autoridades militares y policiales que no son excepción del empobrecido estado de Guerrero, participación de operativos de un cartel hasta el presente considerado de menor envergadura pero que fue en su momento ejecutante de otro muy poderoso el de los Beltrán Leyva y cuyo nombre está en el centro de la matanza: los Guerreros Unidos, la vinculación de las autoridades municipales por intermedio de la pareja conformada por el alcalde pederreísta y su mujer y la timorata y dilatada gestión de las autoridades federales en la actuación llevada a cabo para encontrar respuesta a un hecho de semejante envergadura.

Lo más preocupante al respecto, es que durante las labores de investigación hayan sido descubiertas más de treinta fosas comunes conteniendo restos de personas asesinadas a mansalva mediante ejecuciones masivas y cuya desaparición no parece haber sido investigada consecuentemente. Entre la política del estado mediante la llamada guerra contra el narcotráfico, primero de Calderón y ahora, según se afirma, bajo diferentes presupuestos anunciados por Peña Nieto, la categorización de los resultados en materia de salvaguarda de los derechos humanos desciende a los pormenores de una evaluación en la escala negativa. Frente a ello, la respuesta de la autoridad aparece festinadamente envuelta en argumentos de carácter ineficaz, mientras la proporción entre el terror y el crimen y la incapacidad de los funcionarios adquiere un carácter inversamente proporcional: a más terror, menos límites operativos y el desplazamiento de los carteles a actividades que en el marco de la permeada legalidad les está permitiendo operar nuevos negocios. De ello hay evidencias alarmantes.

No hay necesidad de graficar los hechos con cifras, son terribles y sólo desde las tribunas, “absolutamente inaceptables” respuesta de políticos que no pueden actuar en consecuencia por arrastrar un  nivel de compromiso que permea hoy a los principales partidos que representan una democracia gravemente dañada y enferma por una tradición de corruptela y compadrazgo que viene de muy lejos; de ahí que la nimiedad de la respuesta: “no es aceptable e investigaremos hasta las últimas consecuencias, caiga quien caiga” enfrenta otra directa, certera y elemental de la población que sufre las consecuencias: “estamos cansados, ni un crimen más, queremos soluciones” Entre los sectores que no son beneficiarios pero si victimizados, la reacción representada en actos de violencia inmediata es, si no justificada, lógica; una respuesta a la concupiscencia y la complicidad de las autoridades.

Es cierto que cualquier producto capaz de crear mercado redituable y aún más, uno como el que nos ocupa, mercado cautivo a través de la dependencia; promueve altos incentivos para su creación y desarrollo. El asunto del narcotráfico ha servido a muchos propósitos, todos de naturaleza espuria; desde fomentar la desestabilización política en gran escala como ha sido en el caso colombiano, hasta promover el deterioro social en países del primer mundo en que el poder de compra alienta el interés por el negocio de la comercialización. Siendo justo al evaluar el resultado, habría que concluir que los mecanismos puestos en funcionamiento para lidiar con el problema han fracasado y aunque algunos traten de justificar el crecimiento de la producción y su secuela mediante el alegato de que el consumo lo alienta, el resultado de la interacción es, hasta hoy, inefectivo e incapaz siquiera de paliar los peculiares efectos colaterales manifiestos en el caso mejicano.

Revisando toda la información brindada sobre esta última masacre se hace fácil encontrar los elementos que han desembocado en los hechos y hay en ellos argumentos que el propio Estado hace valer como pertinentes de su soberanía, siendo así, algo que no debería ponerse en tela de juicio; habría que preguntarse: ¿debe ser defendida la soberanía entendida como autoestima y jerarquía máxima del poder del Estado frente a la ilegalidad, la corrupción y el compadrazgo? Si la respuesta es afirmativa, según se infiere, entonces habría que concluir que en el caso, exabrupto de la norma, la soberanía ha devenido en escudo del chauvinismo, la demagogia y el populismo.

En lo relativo al análisis de los flagelos más acuciantes para la humanidad hasta hoy, es indudable que hay demasiadas preguntas sin respuesta; mientras, seguimos amparándonos en logros que parecen producir un regocijo demasiado pírrico. Es como quien compra al crédito sin haber pensado como pagará.

José A. Arias Frá.