Sunday, July 19, 2015

EVO, FRANCISCO Y "EL CRISTO DE LOS VOTOS"

BREVE INTRODUCCIÓN:

El trabajo a continuación es resultado de la opinión solicitada por un amigo -en realidad, hermano- de tal cuenta de años que garantizan la solidez de esa relación. Él me sugirió mi opinión relacionada con la controversia desatada en torno al "obsequio" de Evo Morales al Papa Francisco en ocasión de la visita del Pontífice a Bolivia. Fue entonces que decidí elaborar, con detenimiento, mi respuesta.
 
En principio, pensé en editar, en razón de hacerlo menos extenso, el contenido; luego decidí presentarlo íntegramente y sin el menoscabo que, a la larga, cualquier edición implica. En medio de un preámbulo sobre conceptos personales que mi recipiente conoce perfectamente, va incluida mi opinión y el análisis sobre lo acontecido.
 
No pretendo, ni he pretendido antes, herir sensibilidades de ningún lector porque respeto cualquier conceptualización u opinión en la misma medida que las mías reciban el mismo tratamiento. Tampoco es mi propósito polemizar, en tanto considero que los argumentos conceptuales -y personales en cualquier sentido- ocultos, postergados o disfrazados de opiniones ajenas sólo son entendibles, al menos desde mi punto de vista, como una suerte de autocensura y algo así me parece denigrante.
 
De antemano, me excuso por la extensión, pero prefiero y siempre pretendo situar los hechos en contexto, no escribo para quienes, como el propio Evo Morales alguna vez reconoció, les cuesta leer más de dos páginas y es por ello que cualquier esfuerzo de mi parte está encaminado a los que, en discrepancia o acuerdo, desean llegar al final del resultado expuesto.
 
Gracias, José A. Arias-Frá



MI RESPUESTA A LA SUGERENCIA

Lo primero que me gustaría reafirmar puede parecer un argumento ajeno al tema, pero como verás, no lo es. Sabes que soy agnóstico y cada día me convenzo más de que tal filiación es lo que mejor me va porque me hartan y aborrezco, desde la perspectiva de un criterio filosófico, cualquier ortodoxia –término mucho más aplicable al asunto de las religiones que a otros menesteres- y, desde que leí “La Rama Dorada” de la autoría del antropólogo inglés James Frazer (algo que hice en Cuba, porque al socaire de las aberraciones materialistas y seudodialécticas de la revolución, fue publicada  allá en los tardíos 60 por “Ediciones R”) empecé a tomar conciencia de que todo lo que compromete la actitud del hombre ante la vida mediante el seguimiento de cauces basados en rituales,  termina siendo una invasión al raciocinio. Además, y casi por razones académicas también leí, aun antes, –era prácticamente un adolescente- “El Origen de las Especies” de Charles Darwin (poco más de 800 páginas de un volumen considerado como una de las teorías basales del siglo XX, aunque fuera escrito en el XIX- publicado en 1859). Hoy pueden parecer nimiedades del intelecto, pero en aquellos tiempos constituía un ejercicio homologable al de hallar la clásica “aguja en el pajar”

Como verás, mi concepción derivada en el agnosticismo no tiene una fundación ni revolucionaria, ni socialista, ni marxista; en tanto ese fue el complemento a través del cual se trató de encausar el pensamiento post-moderno en el marco del fundamento teórico del marxismo leninismo, base de la teoría revolucionaria. En un libro de Joseph A. Shumpeter –“Diez Grandes Economistas: de Marx a Keynes” encontré –también aun en Cuba, en los 70; era una edición “bolsilibro” de Alianza Editorial- una genial explicación acerca del carácter “religioso” del marxismo-leninismo; en ese volumen el economista austríaco hace una brillante comparación entre el marxismo y la religión (ensayo dedicado a Marx) y, después de argumentar al respecto, termina concluyendo que para los marxistas contemporáneos C. Marx es como un dios y su teoría, el marxismo, una religión. Creo que no tendría que argumentar demasiado al respecto –sobre todo tratándose de ti- el por qué estoy plenamente de acuerdo con semejante afirmación, más que hipótesis, tesis que la contemporaneidad se ha encargado de demostrar con creces.

De lo anterior se intuye fácilmente que el marxismo –y sus derivaciones, todas- constituyen una ortodoxia, por añadidura, contrapuesta a mis principios político-religiosos (debo recordarte que el agnóstico profesa su propia fe basada nada menos, que en la máxima de un Santo apóstol que no carecía de fe; Santo Tomás: “hasta no ver no creer” y que no somos ateos, prerrogativa de la que nos separa una concepción mucho más elaborada y menos simplista) al identificarse con lo que desde mi posición critico. Yo me considero un liberal –más bien al estilo europeo que, aclaro, no es lo mismo que un socialdemócrata o un socialcristiano- y soy además un libre-pensador, no como los que optan por esta tendencia del pensamiento como una manera de ubicarse en “la cerca” para, según sople el viento, asumir cómodas posiciones políticas. El paso de los años y las ineludibles experiencias personales me han conducido por la senda de otra bibliografía aun mucho más explícita al respecto y leyendo, por ejemplo, a Nietzsche me he encontrado con cosas tan interesantes como convincentes: “Aquí se anuncia, acaso por vez primera un pesimismo más allá del bien y del mal, aquí se anuncia aquella perversidad de los sentimientos contra la que Shopenhauer no se cansó de disparar de antemano sus más coléricas maldiciones y piedras de rayo –una filosofía que osa situar, rebajar la moral misma al mundo de las apariencias (en el sentido de ese terminus technicus idealista- sino entre los “engaños”, como apariencia, ilusión, error, interpretación, aderezamiento, arte. Acaso donde mejor pueda medirse la profundidad de esta tendencia antimoral es en el precavido y hostil silencio con que en el libro entero se trata al cristianismo, -el cristianismo en cuanto es la más aberrante variación sobre el tema moral que la humanidad ha llegado a escuchar hasta este momento. En verdad, no existe antítesis más grande de la interpretación y justificación puramente estéticas del mundo, tal como en ese libro se las enseña, que la doctrina cristiana, la cual es y quiere ser sólo moral, y con sus normas absolutas, ya con su veracidad de Dios por ejemplo, relega el arte, todo arte, al reino de la mentira, -es decir, lo niega, lo reprueba, lo condena” (1).

En otra parte de la misma obra Nietzsche se expresa por sí mismo –no solo comentando a Shopenhauer- y expone su criterio: No hay nada más terrible que un estamento bárbaro de esclavos que haya aprendido a considerar su existencia como una injusticia y que se disponga a tomar venganza no sólo para sí, sino para todas las generaciones (creo que te parecerá obvio el por qué de las “negritas” n. de a.) Frente a tales amenazadoras tempestades, quién se atreverá a apelar con ánimo seguro a nuestras pálidas y fatigadas religiones, las cuales han degenerado en sus fundamentos hasta convertirse en religiones doctas: de tal modo que el mito, presupuesto necesario de toda religión, está ya en todas partes tullido, y hasta en este campo ha conseguido imponerse aquel espíritu optimista del que acabamos de decir que es el germen de aniquilamiento de nuestra sociedad” (2)

De tal suerte, la identificación desde una supuesta antípoda del marxismo y su consumación leninista –en sí misma y por otras razones, puramente económicas, contradictoria- es también un mito. La conocida frase: “la religión es el opio de los pueblos” (3) no se separa en esencia del carácter mítico del marxismo como una ideología ortodoxa y excluyente que, haciendo un uso desafortunado de la dialéctica hegeliana, convierte a sus seguidores en fieles, e hiperboliza un dios mundano y terrenal como lo fue Carlos Marx para sus seguidores. ¿Por qué la necesidad de “revisar” el marxismo y hacerlo accesible a una especie de interpretación más apegada al uso y los menesteres populares? Los propios alemanes, Adorno, Habermas, Marcuse y compañía se encargaron de la renovación del mito, adecuándolo a las necesidades de la contemporaneidad en la post-guerra (Escuela de Frankfurt -en su última etapa) pero olvidaron, quizás, que el estalinismo era demasiado poderoso y su malsana influencia tan basta, que en el apogeo de la Guerra Fría alcanzó las playas de una pequeña isla en el Caribe en la que, obviamente, nadie estaba preparado para esa especie de tsunami socio-político mediante la aplicación de una concepción basada en la imperatividad de una ideología de la que, ni siquiera sus propiciadores, tenían conciencia plena de su alcance. Entonces comenzó la historia y aunque te pueda parecer una exageración; está en ello la respuesta de su “fortaleza” y su duración; la idea es: la persistencia, más allá del derrumbe estrepitoso del socialismo marxista, se basa en la relación directamente proporcional entre ignorancia y comunismo, influencia ideológica y, por qué no; una especie de ortodoxia genéricamente religiosa. Si no, ¿cómo entender la larga vida de un mito, por demás, carente de bases filosóficas in situ, en su momento y, extraterritorialmente superado? Los propios revisionistas, aclamados como estulticios voceros de lo aplicable sin ser explicable entre ajenos, terminaron siendo injustamente refrendados como “enemigos de la tradición” –al menos para los millones de seres que padecían los horrores del comunismo- en tanto; han pasado de moda y dejado de ser paradigma, excepto para quien se empeñe en defender lo indefendible tratando de congeniar falacias, sofismas e inexactitudes motivadas por sus propias especulaciones (ergo: los intelectuales cubanos marxistas, defensores de la revolución, “sus conquistas” y de Fidel –el mito que encarna relativos estadios conceptuales como patria, nación y una larga lista de adjetivos alabanciosos.

Si hasta aquí estamos “en concordia” –y nos entendemos- entonces podemos abordar el problema del dogma religioso en Latinoamérica. Absolutamente en todos los países del continente (Méjico y Centroamérica incluidos) con excepción de Guyana, donde entre cristianos protestantes e hinduistas, desplazan a los católicos- la religión predominante es el catolicismo –el rasgo más indeleble, junto a la distribución de la propiedad territorial, de la herencia colonial lusa y española. Habría que recordar que los conquistadores para amparar el latrocinio consistente en la usurpación de la riqueza, lo revistieron con el manto de la catequización y para ello, hasta los más eximios representantes de la Iglesia Católica –apostólica y romana- se vieron sometidos al marasmo de la confusión (la cruz de la fe al lado de la espada y la Inquisición, que ya en Europa contaba con una larga data de funestos acontecimientos en su haber) Tropezaron además, con una mitología aborigen basada en el politeísmo –mundano y censurable desde el punto de vista de los católicos- y tratando de eliminar la tradición, le pasaron por arriba mediante la catequización. Pero ha supervivido hasta hoy la tradición indígena –el propio Evo es un ejemplo- y desde que las ideas filosóficas del Iluminismo empezaron a invadir a la América Española, los vectores sociales que de tal situación se desgajaron trataron de arrimar la sardina al bracero para conseguir la independencia –la inmensa mayoría de los líderes revolucionarios anticoloniales eran masones y la conspiración en contra de España, se gestó en las logias; algo demasiado evidente para ser casual.
De manera que una vez conseguida la independencia (1826 –como fecha general) el indigenismo siguió, y sigue siendo, un “estandarte” de la lucha de los desposeídos contra los poderosos, –y es aquí cuando se vierte, sobre el acrisolado mejunje, la pócima envenenada que los marxistas ofrecen como parte de su filosofía política: la teoría de la lucha de clases- pobres contra ricos, oprimidos versus poderosos y el colofón: la reconquista del poder para los “desclasados” –término que asumido en su valor polisémico, tiene un significado bastante limitado. Que mejor manera que tratar de aunar los mitos (catolicismo, politeísmo indigenista) con la realidad en cada caso. Los “pensadores” de izquierda –socialistas- en los albores del siglo XX, sabían más de estas cosas que propiamente de marxismo, pero al cabo se percataron que existía un hito comunicativo propiciado por la fe en las doctrinas y, su práctica social, encontró un fuerte asidero en las circunstancias históricas inmediatas; el peruano José Carlos Mariátegui, el uruguayo José Enrique Rodó (recordar El Ariel) y de cierta manera y poco después, el otro peruano creador del APRA, Víctor Raúl Haya de La Torre.

Pero eso todavía persiste y las evidencias de la Historia no pueden ser borradas. Como una suerte de hilo conductor de corrientes de alto voltaje, en la segunda mitad del siglo XX, aparecen los curas arropando bajo sus sotanas revoluciones, alzamientos y cualquier cantidad de reyertas que lanzan a sus seguidores (católicos, indígenas, chamanes y folclóricos personajes de ocasión) a la “conquista de sus derechos bajo el influjo de otro mito: la religión (aquí con apellidos) católica, apostólica y romana, bajo el sui generis apelativo de “Teología de la Liberación” originada en el Perú (4) y canonizada por el cura guerrillero colombiano Camilo Torres, que, si bien recuerdas, murió “como un héroe” aferrado a un AK-47. El cardenal Jorge Mario Bergoglio –el otro personaje, junto a Evo de esta historia del crucifijo - es el primer Papa no europeo, latinoamericano y, más allá de su investidura, “los fieles” en esta parte del mundo lo ven como una especie de redentor, aunque…siempre no fue así; cuando era cardenal en su Argentina natal, estaba conceptualizado como un conservador y algunos recuerdan sus vetos institucionales y sus diferendos con algunas políticas públicas, pero Bergoglio, era, además; un defensor de los mapuches –indígenas de la pampa suramericana.

De manera que para la jerarquía de Roma –vaticana- Bergoglio no es, ni ha resultado ser del todo Francisco y, para mí, está claro que el erudito de Benedicto –ahora bajo la extraña categoría de “Papa Emérito” tras seis siglos de interdicto- le dejó al resto de sus colegas en el concilio cardenalicio una verdadera papa caliente. Ni tan enfermo estaba Benedicto, aún sigue ahí en su retiro monacal vivito y coleando, pero comprendió, más bien avizoró; que los urgentes problemas que estaba confrontando e iba a confrontar la Iglesia, escapaban de sus posibles empeños y virtuales compromisos para poder resolverlos; el papa Joseph Ratzintger (primero alemán y no italiano en la contemporaneidad) se escapó de lo que le venía encima y, un purpurado como él que había estado al frente, nada menos que de la Congregación para la Doctrina de la Fe, no era el más indicado para sentenciar curas pedófilos, enfrentarse al asunto de los matrimonios gay y explicar por qué las monjas son víctimas de ese machismo eclesiástico que las condena a ejercer la piedad cuidando viejitos, huérfanos, leprosos y ejercer los peores oficios como parte de la caridad católica institucionalmente amparada y justificada.

Para los latinoamericanos, sobre todo, aunque no exclusivamente; Francisco es un Papa revolucionario y en consecuencia muchos tienden a verle como a un político, sin que a él, la idea parezca desagradarle. Ya lo ha demostrado en múltiples ocasiones cuando transgrede los límites del discurso pontificio y se mete en temas que no le conciernen a la Iglesia (en su discurso en Bolivia –creo que en la homilía de una de las misas- defendió “el derecho” de Bolivia a encontrar una salida al mar poniéndose de ese lado y ante los intereses chilenos (la respuesta de la cancillería chilena no se hizo esperar y fue explícita en el sentido de aludir que tal asunto no debía ser de la incumbencia de “Su Santidad” Pero fue más lejos, la historia del crucifijo –rápidamente improvisada- comenzó el día anterior al que Evo le colgara todas las gangarrias que lucía en el momento que la prensa recogió lo sucedido. Con la euforia que hoy caracteriza a los medios de comunicación, casi siempre matizada de una dosis de inmediatez que tiende frecuentemente al hierro y que antepone “el palo periodístico” a la noticia tamizada más allá de lo visible, palideció la esencia ante las apariencias refrendadas a través de lo ignaro. El día antes de la ceremonia el Papa visitó la serranía en que fue hallado el cadáver del sacerdote jesuita –la misma orden a la que pertenece Francisco- víctima de 14 disparos y con visibles huellas de tortura y cuya historia, sin dudas conocía. Luis Espinal Camps, español de origen y catequizador de fieles indígenas, que dicen ser creyentes sin que entiendan propiamente el castellano. Para ellos la misa, me imagino, debe ser un ritual sin sentido porque hasta donde sé, si no es en español –dejó de ser en latín hace tiempo- y los sacerdotes no pueden expresar sus conceptos litúrgicos y sus homilías en dialectos aborígenes, estos fieles adoradores de la pachamama –madre tierra- no entienden absolutamente nada y solo la imaginería religiosa hará presa de su moldeable y por naturaleza místico espíritu; ello también es parte de cualquier ceremonial en que el mimetismo de las cosas, resulta antepuesto a una realidad basada en la interpretación de los hechos.

Espinal Camps fue víctima de las hordas paramilitares en los ochenta cuando en el país –Bolivia- se inició de nueva cuenta el sinuoso período de las dictaduras militares (en su segunda versión, la primera había tenido lugar a finales de los sesenta bajo la férula de generales que en algunos casos repitieron el asalto al poder aprovechándose de la inestabilidad política –río revuelto, ganancia de pescadores y, amén de que en el 68 “El Ché” –a quienes muchos aun “veneran” por esos lares, naufragó en el “río”; su socio político Castro no le ayudó a achicar el agua de la barca- y del apoyo norteamericano a través de la CIA mediante la formulación de aquella macabra estrategia denominada el “Plan Cóndor” –recuerdas la película de los Tupamaros, el caso del agente CIA Dan Mitrioni en Uruguay y su “ajusticiamiento” Fue una producción bajo los auspicios del llamado “cinema-nuovo” también para reivindicar la “justicia” contra los “desmanes del imperialismo” que había comenzado a confundir los avatares de La Alianza para El Progreso con el ejercicio de la represión. El State Deparment pagó por ello un elevado precio en una coyuntura en que la correlación de fuerzas a nivel internacional se dirimía aún en el contexto de la Guerra Fría. Lo cierto es que Francisco, fue al lugar del hallazgo del mítico cadáver y allí, según era de esperarse, hizo unos rezos, esparció bendiciones y pensó que era suficiente.

Evo, seguramente bien asesorado, se propuso dar una especie de golpe de efecto que, fuera de la propaganda y lo que los neófitos puedan considerar, le dio resultado, el muertito jesuita, estando en cautiverio había tenido la idea de crear un crucifijo controversial, único, pero que según pensaba debía promover el diálogo entre todos los sectores políticos de la sociedad boliviana, marxistas incluidos y por ello se sintió iluminado y profeta al tallar en un pedazo de tronco lo que Evo le entregó a Francisco, que no es el original –este se halla en posesión de un amigo (otro cura jesuita, llamado Xavier Albó y que no quiso deshacerse de lo que considera una reliquia heredada de su difunto amigo) Hasta ahí la historia es creíble y puede parecer justificada desde el punto de vista sentimental, pero; ¡El Cristo de los Votos –nombre por el que se conoce la talla original, forma parte de una condecoración que el Estado Boliviano otorga a quienes cree merecedores de tan alta distinción! De manera que cuando Evo le entregó la réplica que mandó construir para la ocasión, ya Francisco tenía colgado en el pecho el mismo objeto, en otra perspectiva y otra dimensión. Luego, antes de despedirse de los bolivianos y en ceremonia privada, dejo todos los presentes a los pies de la virgen de Copacabana, patrona del pueblo boliviano. Algo que si constituyó un desacierto, propio de la acostumbrada e impúdica ignorancia, fue que Evo le entregara condecoraciones a Francisco, desconociendo –aparentemente- que los Papas no las reciben de ningún Estado.

Esa es la verdadera versión de lo acontecido, allende la tormenta desatada en la que Evo, presidente de un país con un 78% de católicos (en ese medio, crisol de numerosas vocaciones vinculadas al integrismo forzado por eso tan antiguo y manido que llaman sincretismo), además socialista (del siglo XXI), adorador del difunto Chávez –otro bonzo del sincretismo indígena-religioso que perdona a los odiadores de oficio según lo que sean capaces de expresar en determinadas circunstancias, acertó con su regalito; o ¿acaso el cura muerto por los paramilitares no defendía una noble causa por la que entregó su vida siendo un guerrero jesuita, hijo de San Ignacio de Loyola, preboste y fundador de la orden a la que también Francisco pertenece?. Ojo con lo que superficialmente se analiza; en cierto sentido, Francisco se lo buscó y el diletante oportunista de Evo, bien asesorado –sin dudas- supo aprovechar la oportunidad. Creo que con lo que le importa a estos personajes (los “líderes…y lideresas de los países del socialismo del siglo XXI) la opinión pública en general, consiguió el objetivo de mostrarse desafiante ante sus carnales aimaras del altiplano y aunque no sé si llegó a conseguir que Francisco mascara hojas de Coca, lo primero que hizo cuando el Pontífice se bajo del avión fue colgarle una carterita en que los indígenas acarrean su dotación diaria de hojitas de la medicinal plantica con que se han hecho santos, Escobar Gaviria, los Arellano Félix, Amado Carrillo, Servando el de los Caballeros Templarios –por el momento preso hasta que consiga quien le cave un buen túnel –algo más difícil que pagarle a los funcionarios políticos y de prisiones que, ante la demanda de los traficantes, deben estar bajando su cotización personal. El tuti di capo del Chapo Guzmán –para muchos, en el mismo camino de la herejética santidad de sus colegas- no solo ha puesto a los políticos en ridículo, los ha descaracterizado y puesto en vilo su verborrea sentenciosa y para nada fiable de “haz lo que digo pero no lo que hago” Tocante a este último comentario no creo que resulte discutible lo que representa la imagen de estos narcos, vivos o muertos, presos o en fuga; entre amplios sectores de una sociedad en que el concepto de justicia social adolece de una degeneración interpretativa que termina por coincidir con otras interpretaciones tradicionales a ese mismo nivel. Es de notar que importantes medios televisivos contribuyen a través de seriales, telenovelas, reportajes y la inmunda bagatela proyectada en función de los “raitings” al refuerzo de lo que afirmo. ¿De quién, quienes ven todo esto?, me pregunto.

Concluyendo, mi querido hermano, creo que entenderás lo difícil de mi posición. Para los neófitos de derecha, beatos y santurrones por naturaleza, soy un hereje y para mis enemigos que hace un montón de años me endilgaron el mote de traidor, ¡también lo soy! ¿Entonces, dónde me pongo –como decía Pepe Biondi? Entiendo que mi discurso, y mis cavilaciones, no son aptos para las supercherías convencionalistas de uno u otro bando. Imagínate: entre la derecha extrema, catalogar a Francisco de revolucionario y socialistoide (esto no lo estimo yo solamente –hace poco Montaner, pluma conocida, escribió sobre ello) y; con el agregado de que esa derecha ultraconservadora va a misa de domingo como si se tratara de un cónclave sectario y hasta algunos pertenecen al Opus Dei –con flagelación, grilletes de púas y toda la parafernalia imaginable que según estiman, les concede el derecho de encasillar el pensamiento ajeno y; del otro lado, donde tengo prohibida la entrada –algo que no me interesa- por no haber querido “comulgar” con las ruedas de carreta, que el papá –no Papa- Fidel y su cohorte nos ofrecían y con la que tantos a lo largo de tantos años se atragantaron y aun se atragantan, parezco estar sometido a una especie de “vil garrote” que se encarga de descoyuntarme intelectualmente. Creo que aquello del chino Kuchilán puede ser, para mí, la mejor opción: seguiré pensando igual; “…si dios quiere y el diablo no se interpone…”

Un comentario necesario:

Creo que te quedará claro el por qué de todo el largo preámbulo. Podía haberme ceñido a los hechos y responder a tú escueta encuesta. Después de leerme, y si llegas al final sin que el sueño propiciado por la “pereza mental” te venza, entenderás las razones. ¡Ah!, muy importante; aun está por ver como el Papa de las multitudes (como algunos comienzan a llamarle) y además revolucionario –en el concepto más genérico del término- se proyectará en su próxima visita a Cuba. No olvidemos que en su último encuentro con Raúl, éste le prometió volver a rezar…me imagino que para pedirle a Dios y a la virgencita que Obama le resuelva los problemas antes de las elecciones del 16; lo cual no significa que el nuevo presidente (a) USA vaya a cambiar nada, al final los Papas son vitalicios…como los Castro (mera coincidencia de los destinos para uso y disfrute de cualquier categoría que se vea reforzada mediante pretensiones ideológicas: léase religión –aquí también entran los musulmanes, por supuesto- socialismo marxista –disfrazado o desembozado- o cualquier manifestación tendenciosa que le ponga, como decía Octavio Paz, un corsé al pensamiento.

Notas.-

(1).-Nietszche, Frederick.-El Nacimiento de la Tragedia. Alianza Editorial, Madrid, 1973. Pag. 32

(2).-Nietszche, Frederick.- Ob. Cit. Pag. 147

(3).-La frase no es de “Das Kapital” –El Capital- como muchos creen, o del Manifiesto Comunista, fue mencionada en “La Contribución a la Crítica del Derecho de Hegel” (1844) y ya tenía antecedentes con implicaciones similares en Bauer y Feuerbach.

(4).-El autor intelectual de la “Teología de la Liberación” es el sacerdote y teólogo peruano Gustavo Gutiérrez Merino, además, Premio Príncipe de Asturias 2003 de “Comunicación y Humanidades”



 

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