Friday, December 19, 2014

EL DESHIELO: ¿DESACIERTO O EL PRESAGIO DE UNA TORMENTA?


Es imposible sustraerse al propósito de emitir una opinión sobre la noticia de las conversaciones Cuba-Estados Unidos, el asunto del restablecimiento de las relaciones diplomáticas y lo que, según se estima, serán sus resultados. Tras la avalancha de opiniones, hay poco que decir y nada nuevo que informar. Se impone entonces interpretar aquellos criterios que parecen lógicos, mejor hilvanados, e imparciales hasta donde es posible.

Después de los dos días transcurridos a partir de la noticia y las respectivas comparecencias públicas de sus protagonistas principales – Barack Obama y Raúl Castro- hoy escuché tres análisis, que sin ser coincidentes, me parecieron convincentes. Sus expositores: Guillermo Cochez, ex embajador de Panamá ante la OEA, Sebastián Arcos Cazabón, Director adjunto del Centro de Investigaciones sobre Cuba en la FIU (Florida Internacional University) y el periodista venezolano Rafael Poleo. En ningún caso se trata de personas a las que pueda atribuírsele parcialidad, al menos, si la mala intención de denostar no preside el propósito y se tiene en cuenta el historial de cada uno de ellos.

De lo que le escuché decir a Cochez, me pareció certero su juicio sobre lo que él considera que gana Estados Unidos al minimizar, mediante la iniciativa tomada por Obama, la opinión negativa y de imagen, injustificada; pero constantemente reforzada por los representantes de la izquierda latinoamericana en el poder y allí donde ello sucede, sobre el papel de los Estados Unidos en sus relaciones con América Latina.

Cubano de origen, hijo de un conspicuo disidente y sobrino de otro no menos importante, ambos fallecidos y exponente en sí mismo de lo que significa vivir bajo la multiforme y omnímoda estrechez de una tiranía, Arcos Cazabón expuso su criterio radialmente argumentado  desde una consecuente óptica cubana. Coincido con su interpretación de que, si para el gobierno de Raúl Castro, la tabla de salvación es buscar un acercamiento con el gobierno norteamericano; ello viene a ser como firmar el acta de defunción de la Revolución, al menos, eso fue lo que me pareció entender ¿Es posible imaginar qué pasa por la mente de los defensores a ultranza del semisecular socialismo cubano? Todo lo que defendieron a capa y espada, puede tener un final inesperado y abrupto ante la puerta de las respectivas embajadas por abrirse y lo que puede sobrevenir en consecuencia, aún a pesar del “oxígeno” de que hablan los que asumen una actitud crítica y, en ámbito democrático, no menos respetable.

La opinión de Poleo, a quien he escuchado varias veces emitir juicios  muy certeros, no parece festinada; más bien lógica, porque al incluir el argumento de lo que sí representa verdaderamente una traición: la de Raúl Castro a sus acólitos del ALBA, pone el dedo en la yaga. Allá en Cuba, solía utilizarse uno de esos sarcásticos apotegmas generados en el ingenio popular y que define muy bien la situación; sobre todo la de Maduro, inmerso como de costumbre entre diatribas y frustraciones en contra del “imperialismo yanqui” “Agárrate de la brocha, que se cayó la escalera”, decíamos para graficar las peores circunstancias de una situación embarazosa y comprometedora y es simpático, por decir poco, que Evo haya declarado que “los yanquis, al fin rectificaron, al darse cuenta de que se estaban quedando solos” Es evidente que de lo anterior se infiere que entre la realidad de la noticia y la perplejidad de sus receptores, el efecto no fue muy positivo para estos últimos.

Combinando estos tres argumentos ofrezco mi opinión que, ni aspira a ser definitiva, ni abarca todos los vectores del tema y mucho menos me sitúa como simpatizante o adepto, adscripto a un partido político o seguidor de  un líder, hace mucho y por voluntad propia, concluí que tal término –líder- dejó de ser afín a mis ideas y como ahora, sólo lo empleo para dejar saber a los demás que es así.

Ante todo, los Estados Unidos no son dueños del mundo, más bien es al revés (aclaro que le he tomado la frase a Poleo, irónico, pero certero) y en consecuencia es el mundo quien exige y determina una actitud consecuente, que no se haga fácilmente vulnerable mediante diatribas de escandalosos y perogrullos de ocasión. Decía Poleo que Obama fue “fino y sagaz”, creo que tiene razón. Cochez, por ejemplo, dejó entrever lo mismo y si queremos hacer gala de patriotismo e imparcialidad es necesario entender que la actitud de los Estados Unidos no puede definirse en los términos de un conflicto bilateral que parece interminable y donde durante el tiempo transcurrido, Cuba llevó la mejor parte utilizando el antiimperialismo como bandera. Claro, no van a dejar de hacerlo; pero ahora el asunto es, encontrar quién les crea.

El resto, lo defino mediante aquello de, “en que parte de la cancha está el balón” ¿Pueden imaginarse –críticos y simpatizantes, todos- el nivel de expectativa que la noticia de las relaciones crea entre la población cubana? Si como afirmó Arcos Cazabón, en Cuba nada cambia, algo que parece probable, ¿cuál será la reacción del común? El que nació antes de 1961, cuando sobrevino la ruptura y Cuba entró en especie de glaciación antediluviana, o el joven “underground” que se declara abiertamente anti-revolucionario (que no es lo mismo que contrarrevolucionario, vocablo fuera de contexto y quizás, únicamente aplicable hoy con toda racionalidad, a los Castro, sus ministros, los “históricos” y  los miembros del Buró Político y el Comité Central del PCC) Ya Mariela, la hija del General, se adelantó a declarar que los que piensen en el regreso del capitalismo a Cuba, están soñando. De ser así su papel ha sido muy parecido al de La Bella Durmiente, porque hasta donde puede colegirse, personalmente nunca ha vivido fuera del capitalismo y con la gran ventaja que semejante circunstancia representa para la exigua y selecta minoría de quienes consiguen hacerlo dentro del socialismo.

Entretanto y retomando el asunto del balón, tan cerca de “la puerta” del “cancerbero Raúl” (me permito citar a Ramiro Valdés, que utilizó esas mismas palabras durante un discurso en Santiago de Cuba en celebración del 26 de Julio al expresar que: “…el compañero Raúl era el mejor cancerbero de Fidel”) el general tiene que tener mucho cuidado y que; entre seducidos, abandonados, frustrados y hasta opositores y académicos, cuyos enjundiosos y profundos análisis aún estamos por recibir, no le vayan a marcar un autogol.

Mientras, los rebullones –se acuerdan de Juan Primito, el fiel servidor de Doña Bárbara que solía evocarlos en la novela de Gallegos- parecen empeñados en mantenerse en vuelo sobre Punto Cero. Fatídico presagio ante la paradoja de que los yanquis estén intentado regresar y el can cerbero (separo las palabras con toda la intención) le esté abriendo la puerta y a la vez, tenga que cerrar alguna bóveda importante.

¿Quién gana?, ¿quién pierde? Eso sólo el tiempo lo dirá.

José A. Arias Frá

12/20/2014.

 

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