Tuesday, October 31, 2017

A PROPÓSITO DE DEFINICIONES (vinculantes o no)


 Si los procesos políticos se definen por su origen habría que colegir que fue una revolución organizada, desarrollada y triunfante bajo la amalgama de factores en su mayoría de antecedentes e implicaciones inmediatas y menos, ideológicas; a pesar de que entre sus filas y sus dirigentes principales hubiese alguno que otro vinculado a argumentos teóricos e históricos, por citar el caso luego convertido en paradigma, de la revolución bolchevique leninista de octubre en 1917 y  después del intento pequeño-burgués de  Kerenski en febrero. Tal precisión guarda ciertas similitudes a priori con la concepción revolucionaria, agrarista y pequeño burguesa de la idea de revolución nacional en Cuba, mucho antes, inclusive, de la aparición del castrismo en escena. Era evidente que pocos, así lo entendían.

Lo anterior explica la desvinculación entre los representantes del Partido Socialista Popular y la llamada Generación del Centenario, eufemísticamente encabezada por un gánster como Fidel Castro, sólo bastaría con echar una ojeada a su “pedigrí revolucionario” Aún más; sin que mediara mucho tiempo ― históricamente ― los viejos líderes del PSP (comunistas) bajo la férula del Komintern y plenamente identificados con él, habían formado parte de la plataforma de apoyo a Fulgencio Batista en vísperas de las elecciones de 1940 y condonaron su victoria en las urnas en esa ocasión. Batista los premió vinculándolos a su gobierno con varias carteras ministeriales.

Esa parte de la historia (referida al sovietismo a ultranza), muy conocida, se ha de mantener vigente hasta bien entrada la década de los 50 con ineludibles marcadores en 52, después del 56 y el desembarco del Granma y hasta la toma del poder en Enero del 59. Los indicios de que una victoria de las fuerzas rebeldes era posible; EE.UU., al retirarle apoyo a Batista y el avance de las guerrillas rebeldes en sendas columnas encabezadas por C. Cienfuegos y el Ché Guevara de oriente a occidente, parecían confirmarlo; la dirigencia partidista de los comunistas ( de vuelta al clandestinaje) decidió el envío de Carlos Rafael Rodríguez al encuentro de la heterodoxa guerrilla castrista en el verano del 58; en ella se agrupaban integrantes de muy diversos orígenes que transitaban desde la finiquitada Ortodoxia, la juventud socialista y algunas organizaciones de visos fascistoides por sus métodos y vinculadas al quehacer y la violencia de grupo. Todos, en el movimiento guerrillero y desde diferentes áreas, habían bebido del mismo cáliz, cabalgando sobre la saturada idiosincrasia política nacional y bajo el insano ambiente de los alegres gatilleros de la revolución gloriosa y auténtica del caudillo civilista más popular de la historia nacional republicana: Ramón Grau San Martín y después del hiato cronológico entre 1944 y 1952.

Puristas martianos que se decían, imagen con la que el propio Castro se vendía, sobre todo después de la salida en libertad en 1955 y en consecuencia de la amnistía general decretada y el exilio en México, conformaban la mayoría de los integrantes del núcleo, otrora fundacional del 26 de Julio. Tal coincidencia de ideas dispersas entre los seguidores de Castro es el origen de las marcadas diferencias que prosperaron tras el triunfo de enero. Fue entonces, nunca antes, que el marxismo-leninismo, el argumento que como leña atizó el fuego, proporcionó la posibilidad de una estructuración ideológica. Tan pronto como se dictaron las primeras “leyes revolucionarias”, sobre todo la de reforma agraria, fue creado el INRA y se nombró como su director a Carlos Rafael Rodríguez, la fractura se hizo evidente, la reconciliación imposible y la implantación del totalitarismo un hecho. Sólo era necesario declararlo y ello se produjo en abril de 1961.


De lo anterior es fácil inferir que la revolución de Castro no tuvo nada que ver con los conceptos de socialismo, socialismo marxista, leninismo y ―originalmente ― inclusive, con el concepto estalinista de marxismo-leninismo. Evaluar los hechos bajo la perspectiva de la influencia aislada de algunos protagonistas es, sin duda, erróneo. Si seguimos el patrón de los hechos acaecidos entre 1960 y 1968 y la manera en que se van vinculando e integrándose como manifestaciones argumentales a través de la discursiva del líder, queda claro que la integración al esquema ideológico estalinista se produce por dos razones concomitantes: 1) el temprano enfrentamiento con los EE.UU. 2) la decantación ideológica a la órbita soviética en el escenario de la guerra fría como único recurso de alianza política posible, pero a la vez erróneamente calculada.

Ni Castro era un teórico marxista (ni siquiera era un líder como muchos de los dirigentes euro-orientales en sus momentos respectivos, con una formación en los ámbitos del sovietismo después de la muerte de Lenin y el arribo al poder de Stalin con posterioridad, o herederos de esa tradición) De seguro, los soviéticos se percataron tan pronto como en octubre del 62 (por sus acciones durante la Crisis de los misiles), de la vocación de poder absolutista y totalitaria de Fidel Castro y entendieron que estaba llamado (entre potenciales virtudes y manifiestos defectos) a ser su hombre en Occidente. Para ello, contarían con el entourage de viejos comunistas (marxistas-leninistas ortodoxos) capaces de someterse a la voluntad del máximo líder y servirle a la vez de contrapeso. Excepción a la regla, los que en teoría habían estado vinculados a la idea trotskista de la revolución permanente y se decantaban del absurdo socialismo, no proletario, ni vinculado al paradigma de la lucha de clases del estatismo totalitario estalinista. A la mayoría, Castro terminó por meterlos en un saco y colgarles la etiqueta de micro fracción (1968) para inhabilitarlos políticamente y seguir el camino de la estatización calcada del modelo soviético, eufemísticamente matizada por la designación de un término genérico, “despegue” que en el argot nacional adquiría, sin embargo, una connotación gloriosamente sustancial…a la larga, intrascendente. El despegue se vio convertido en atasco.

Pero los encontronazos con la realidad y en consecuencia con la falta de previsión que se fueron sucediendo uno tras otro, la estatización casi absoluta de la industria agropecuaria después de la segunda ley de reforma agraria, la eliminación de la pequeña y mediana propiedad mediante la ofensiva revolucionaria del 68 y la eslabonada cadena de errores antes y después del fracaso de la zafra de los diez millones en 1970, lejos de servir como experiencias técnicamente redituables en lo económico, dieron pie a slogans absurdos como eso de “convertir reveses en victorias” algo que suena a tautología o cuando menos a una alienación polisémica.

De manera que el tiempo tampoco se convirtió en aliado de Cuba y los cubanos y el resultado en lo político no tiene otras manifestaciones que esas que acercan los mecanismos puestos en práctica por el régimen al fascismo. Sí, si se mira desde el punto de vista conceptual, hay más de fascismo en la represión ejercida por el poder de los totalitarismos de izquierda que de socialismo democrático, marxismo e inclusive comunismo según la teoría filosófica esbozada en la interpretación hegeliana de Marx, Engels y hasta el propio Lenin.

Definir la estrategia económica del fascismo resulta, hasta hoy, cuesta arriba; primero porque si bien el fascismo es un producto del capitalismo monopolista de estado, nada tiene que ver con la concepción liberal (o neo) del capitalismo más o menos clásico y hasta hoy, segundo, porque en la Italia de los años 20 y en medio de una aparente contradicción, es un movimiento que crece entre sectores productivos que se identificaban más con el proletariado que con la burguesía urbana y menos, rural. Mussolini y su mentor ideológico Geovanni Gentile, no se cansaban de reiterar el carácter popular del movimiento que terminó con la Marcha sobre Roma bajo la ¿casual? distinción de una frase que en términos y circunstancias muy parecidas hubo de parafrasear Fidel Castro. Según Gentile: “…dentro del estado todo, fuera de él nada” Es además sintomático, que Castro advirtiera tempranamente a los intelectuales (ese grupo tan incómodo a los revolucionarios profesionales) que: “dentro de la revolución todo, fuera de la revolución nada” (junio, 1961)

Luego en la elaboración y aplicación de mecanismos represivos el Fascio de Combattimento, el nazi-fascismo y el estalinismo configuran y manifiestan una estrecha relación. “Yo creo que Stalin es peor que Hitler. Este era un asesino frío, pero aquel se recreaba en la crueldad”, ha dicho Esteban Volkov Bronstein (92), único nieto vivo de León Trostki, guardián y custodio de la herencia y museo del líder bolchevique, asesinado en 1940 por orden de Stalin en su refugio de la colonia Coyoacán en Ciudad México por el sicario Ramón Mercader (comunista español) De tal suerte, ¿qué separa al Gulag y los campos de exterminio nazi-fascistas desperdigados en la geografía europea antes y durante la Guerra?, ¿qué a las víctimas del exterminio de millones de campesinos georgianos, mediante el mortal efecto de la combinación hambre-frío en los tiempos de la colectivización impuesta a ultranza por el “padrecito” Iosef y los crímenes de millones de judíos después de ser utilizados en experimentos de eugenesia para luego ser exterminados?

De las jerarquías del estado totalitario y amén de su comportamiento ideológico, donde los extremos se tocan y hay evidencias que se inscriben claramente en la indagación y recomendación de académicos y teóricos, tampoco se desprenden diferencias muy notorias. En eso de sometimiento a la voluntad ―centralismo democrático según el marxismo-leninismo ― y el culto irrestricto a la personalidad del líder hay, casi, una tradición común.  Ciertamente, bastaría con desempolvar a H. Arendt, K. Schmitt, también digo, reencontrarse con lo que nos cuentan, desde ópticas disímiles, Paz, Russel y hasta el mismo S. Zizek sobre la ideología y su influencia.

De tal suerte, y si pretendemos llegar a un destino transitorio aún, pero que nos permita arribar a conclusiones, por la misma razón ― temporalmente indefinida―, hay que decir que el estadío real de la situación política y social del Estado cubano de hoy, no responde a ninguna definición teórica conocida. Quizás sea por eso que los que allí gobiernan y sus adláteres, hallan creado esa categoría de Socialismo del Siglo XXI, capaz de complacer el ego en extinción de un “líder” y satisfacer, a la vez, la egolatría de otros cuya perspectiva y sin denuestos mediante, se ajusta a una muy limitada argumentación incapaz de enfrentar otros retos más allá del pulso de la fuerza. Parece que el destino de hoy, venía ya en andas de la improvisación conveniente; es el plausible argumento para cualquier interpretación torcida de la Historia.

José A. Arias-Frá.
Octubre 31/17  












Tuesday, October 10, 2017

VENEZUELA: UNA VEZ MAS FRENTE A LAS URNAS.

El próximo 15 de octubre habrá elecciones regionales en Venezuela. Esta vez, limitadas a elegir gobernadores de las 23 gubernaturas existentes nacionalmente y de las que hasta ahora y después de los últimos comicios celebrados en 2012, 21 gobernadores chavistas ocupan el cargo al frente del mismo número de magistraturas. Todo parece indicar que las perspectivas de un cambio son inminentes. Pero, ¿existe garantía de tal previsión?

Aunque ya se conocía de la gravedad de su dolencia para ese entonces (2012), Hugo Chávez aún estaba vivo (su fallecimiento ocurrió en marzo del 2013 según fue anunciado) y eso le daba ciertos visos de autenticidad al proceso político que en medio de una tenaz propaganda del PSUV se verificaba. No obstante, la oposición al chavismo había ido ganando terreno y desde 2008 logró consolidarse como entidad aglutinante de diversas agrupaciones y partidos políticos bajo el esfuerzo de la MUD, algo que desde 2006 venía gestándose.

La irrefrenable crisis nacional ocurrida durante la gestión de Nicolás Maduro permitió que bajo el efecto degenerativo de diversos vectores de influencia económica, política y social las cosas hayan ido cambiando hasta llegar a la crisis que hoy enfrenta a Venezuela como nación y a su población, a un momento en que cualquier decisión puede parecer y resultar, crucial (1)

En virtud de que la decisión mayoritariamente consensuada de acudir a elecciones terminó prevaleciendo esta vez, lo que habrá de ocurrir tras los resultados del 15 de octubre de 2017, será también definitorio para el derrotero a corto plazo de la vida política nacional.

La oposición tiene sus previsiones basadas en cálculos y números que apuntan las encuestas (2) y que, según afirman, los llevarían a conseguir entre 15 y 18 gobernaciones a pesar de los empeños que ha puesto el gobierno a través de dos de las entidades que mantiene bajo su control: el CNE y el TSJ y que, a fin de manipular los resultados previamente y antes de que el proceso tenga lugar, no han tenido reparo en demostrar su parcialidad obedeciendo órdenes del ejecutivo bajo la falaz apariencia de recomendaciones “en virtud de salvaguardar la pureza del proceso”

Se ha hecho todo lo posible por limitar la participación de candidatos de la oposición, impedido la sustitución de aspirantes tras haberlos hecho renunciar o mediante otros espurios subterfugios, cambiado la capacidad de las mesas de votación reduciendo su número a fin de  crear retrasos en los procedimientos, se ha establecido un nuevo sistema de votación (en remplazo de Smart Matic, por uno de propiedad de empresarios vinculados al chavismo) e inclusive, eliminado el uso de la tinta indeleble para controlar fraudes potenciales.

El grupo oposicionista que se ha opuesto a la participación en los comicios y donde ocupa una posición descollante Vente Venezuela de la dirigente oposicionista María Corina Machado, ha expresado su desacuerdo basándose en el origen comprometido, que, para ellos, tiene el propio proceso que se ha convocado. Primero, porque la convocatoria se verifica por funcionarios del CNE que tienen su período de ejercicio vencido y lo más importante; porque la Constituyente madurista de 30 de julio y que, de facto, tomó como una de sus primeras decisiones desconocer a la Asamblea Nacional Constituyente de mayoría opositora electa en diciembre de 2015, es la principal convocante del proceso electoral. Según el criterio de los que se abstienen y recomiendan no participar, el hecho de hacerlo es, prácticamente, un acto de traición y de confabulación con el régimen dictatorial de Nicolás Maduro.

Pero como se sabe y ha quedado demostrado, la insistencia de la mayoría opositora pone el énfasis de las posibilidades para el cambio en el ejercicio del voto y el uso de las urnas como única contingencia posible frente al totalitarismo, que trata de aparentar por su ya remoto y contradictorio origen, seguir siendo un proceso legal fincado en mecanismos democráticos. Parece irrefutable que después de los muertos, primero en 2014 y luego de más de un centenar recientemente, alguien que no milite entre acólitos y cómplices sea capaz de refrendar el argumento democrático para tratar de paliar el efecto manifiesto de un régimen dictatorial esencialmente antidemocrático.

Se sabe cómo concluyó esta última oleada represiva desenvuelta por el régimen frente al intento popular de permanecer en las calles enfrentando la represión. Era de esperar que faltando el apoyo del estamento militar adherido y confabulado con el gobierno, comprometido con él mediante el soborno y el co-hecho, el esfuerzo de los movilizados fuera decayendo hasta desaparecer.

Es ese, el punto de inflexión en la estrategia oposicionista que responde a una implementación presuntamente lógica de los argumentos y que no tiene otro derrotero que defender la posición de participar en la confrontación electoral y los resultados que de ella puedan provenir; salidos de las urnas como máxima expresión de la voluntad popular y a fin de alcanzar una definición ulterior.

Hay, aún, otro presupuesto que los electoralistas defienden. Ellos estiman que otra contundente victoria en contra del oficialismo los sitúa automáticamente ante la posibilidad de enfrentar a Maduro en absoluta ventaja en los próximos comicios para presidente que según el propio Maduro “…llueva, truene o relampagueé tendrán lugar en 2018” Algo que, sin embargo, y dado el récord de violaciones que tienen los órganos de poder encargados de garantizarlas, muchos ponen en duda, máxime, después de haberse verificado la puesta en práctica de la estrategia de la Constituyente Comunal con poderes y facultades ilimitadas en el ejercicio de sus funciones.

ALGUNAS VALORACIONES

Argumentos como los que siguen, se escuchan a diario:

― Nadie dijo que esto iba a ser fácil ― expresó un dirigente político entrevistado por un periodista ―, aquí en Venezuela, todos queremos un cambio, mantengamos la vigilancia sobre el ejercicio del pueblo en las urnas (sic) y sobre los resultados.

El derecho del pueblo a participar es sagrado y no debe ser desconocido, el estado no decide (¿?), sólo representa el poder electoral y si determina desconocer la voluntad popular terminará de descaracterizarse.

― Éste de ahora es un voto de rebeldía ― continúo diciendo ― el proceso es muy local, pero a pesar de ello el mundo tiene sus ojos puestos en él y será el primer paso para elegir un presidente que saque a Maduro del poder.

― Estoy convencido de que irán muchos venezolanos a votar contra el régimen, el problema es que el gobierno lo acepte. Concluyó.

La anterior, es la visión aparentemente optimista y en cierto sentido triunfalista de un asambleista al que, ese mismo tirano que es Maduro, junto a sus cómplices, lleva dos años impidiéndole el ejercicio de sus funciones a pesar de haber sido electo, basándose en una acusación tan infundada, absurda y pueril como la de ser “pro-yanqui, oligarca y burgués”

Si la evidencia es la prueba fehaciente para lograr establecer la certidumbre del análisis, ¿qué debería concluirse con respecto al caso venezolano en el que tantas veces ha sobrevenido la frustración tras el fracaso a consecuencia del intento y las argucias de un régimen carente de pudor a la hora de subvertir y mentir?

¿A qué tipo de construcción políticamente viable aspira la oposición venezolana, aún en el caso de los que recomiendan la abstención? ¿Existirá la idea de la compartimentación del poder con un régimen excluyente? ¿Qué conversión puede esperarse en términos de democracia verdadera proveniente de cualquier alianza con el actual poder fáctico de la dictadura? En perspectiva inmediata todos los cuestionamientos parecen válidos y no es casual que, desde el poder, algunos de sus voceros más conocidos argumenten al respecto mintiendo exprofeso al propalar versiones sobre nuevos diálogos entre gobierno y oposición en terceros países. 

De seguro una situación tan seria, por grave, como la que existe hoy en Venezuela no puede ser objeto de divertimentos que garanticen la consecución de lo que más necesita el régimen: ganar tiempo.

Voten, velen, protejan su decisión; el discurso se repite y las razones son obvias. Nunca existió un consenso internacional mayoritario y coyunturalmente favorable como ahora, ni el madurismo se vio enfrentado a una situación económicamente peor; pero aún cuentan con el poder de la fuerza y de las armas y en tal caso, poco les importa la razón. La historia se repite con demasiada frecuencia y hacer hábito de la conformidad y el inmovilismo no produce buenos resultados.

José A. Arias-Frá.
10/10/17

Notas:

(1)  Todos los índices estadísticos apuntan a una agudización de la crisis venezolana. Baste mencionar que los niveles de inflación calculados por el FMI para 2018 alcanzaran la cifra sin precedentes de ¡2349.3%! y la disminución del PBI deberá estar entre un 10 y 12% en el mismo período (fuente: FMI) Venezuela es, además, el único país que no ha generado un decrecimiento en el índice de criminalidad en el área y se reporta un 91.8 (2016) de personas fallecidas por cada 100 000 habitantes en un país cuya población es de 31.5 millones. Tanto los índices de alimentación como los relacionados con cuidados de salud se han mantenido en niveles críticos.

(2)    Previsiones relacionadas con las próximas elecciones:
            Encuestadora: HERCON
            Fuente: La Patilla
            Fecha de publicación: marzo 2017
            MUD: 63.3%
            PSUV: 16.9%
            Indecisos: 19.7%
            Hasta el presente los números pueden mostrar cambios, pero no    alteran la correlación.


Tuesday, August 8, 2017

VENEZUELA EN PERSPECTIVA INMEDIATA (2)

Son términos contradictorios; no se puede interpretar en la práctica lo que la teoría no respalda. No hay que ser un entendido, ni un especialista en jurisprudencia, para observar la intrínseca descalificación de la Constituyente madurista. Y, precisamente, por la inconsistencia del argumento hay que empezar a desentrañar la condición del carácter dictatorial del régimen que la promueve.

Hasta ahora nos hemos cansado de presenciar esa ridícula imagen de funcionarios chavistas exhibiendo el librito ― constitución de bolsillo o “bolsiconstitución” ― para avalar cualquier planteamiento a cualquier nivel. Inclusive, tratándose de miembros de la llamada oposición cuya insistencia en la actuación dentro de los parámetros legalmente constitucionales los ha hecho adoptar similar actitud en la antípoda.

En el marco del soporte político y legal que la Constitución de 1999 le da al chavismo y que el propio Hugo Chávez definió como “blindada”, sobre todo ante cualquier alternativa de voluntarismo, teóricamente quedaba establecido “el protagonismo del pueblo en la conducción de su destino”

“Al hablar de pueblo soberano ― algo que se enfatiza ―, ello no puede significar sino el conjunto de venezolanos de ambos sexos, mayores de edad y en plenitud de derechos. Ese es el único sentido admisible de protagonismo popular” (1)

¿Qué representa el engendro madurista de la llamada Constituyente Comunal?

“La Constitución del 1999 es una previsión explícita de la explicación de motivos, la exigencia de evitar y desterrar el sistema de cónclaves que decidan los destinos del país a espaldas de la sociedad.

“Justamente (ahora -n.a.) se ha optado por eso, por un cónclave configurado por un sistema mixto de voto directo y voto en corporaciones locales, empresariales y oficiales, que no puede identificarse bajo ningún concepto con el poder soberano del pueblo basado en el principio de un ser humano un voto” (2)

La dictadura maniobra con éxito en el sentido de su radicalización y Maduro decide terminar de enterrar al chavismo a pesar de las consecuencias inmediatas de lo que acontece y lo hace implosionar dentro del límite de la propia constitución chavista. Para esa tropa de choque que desconoce la legalidad vigente y refuerza la actitud de los poderes estatales de espuria raigambre (TSJ y CNE) no existen límites y ya venía anunciándose, todo lo que necesitaba y, parece haber conseguido, era un formato organizativo que les permitiera operar sin medro, abierta y profusamente. Eso es la Asamblea Constituyente del 7/30, nada más y más allá de las comparaciones.

Al frente, en una trinchera que ha pretendido ser evidencia de la verdadera democracia, en ocasiones sin llegar a conseguirlo, parece entronizarse con demasiada fuerza el elemento de la discordia. Democracia es consenso y no instigar guerras por el poder que se ha perdido o no ha sido alcanzado; ello sólo puede producir bajas por “fuego amigo”

La estrategia madurista de promover la desunión entre la principal entidad opositora, la MUD, es evidente; a sólo cuatro días de promover fraudulentamente la Constituyente, el CNE anuncia la apertura del proceso de inscripción para las elecciones regionales y de gobernadores que debe tener lugar en diciembre próximo. Un desgobierno que no había movido un músculo para que se celebraran el pasado año y al que cualquier recurso que mantuviera a sus acólitos alejados de las urnas y actuando en favor del poder, constituyó una obsesión.

Con la falsa aprobación de la constituyente queda abierto el camino para el fraude a perpetuidad. Eso, es un problema y como tal, tiende a fracturar a la oposición que entre criterios encontrados sufre los efectos. O participas en el juego (que no es democrático) o simplemente no juegas, pero si decides hacerlo, tendrá que ser con guante prestado o a mano limpia ¿cómo entenderlo y brindarle una apariencia de justificación?

Con la reiteración del esquema de censura de muy vieja data bajo los regímenes totalitarios que pretenden enmascarar propósitos ya el CNE, brazo electorero del madurismo, se adelanta a realizar el anuncio (8/7) de la lista de partidos políticos que podrán inscribirse en las elecciones regionales de diciembre. Deja claro que no permitirá presentarse a la coalición opositora MUD en siete de los 23 estados del país: Zulia, Apure, Monagas, Bolívar, Trujillo, Aragua y Carabobo.

Lo que pueda suceder en los cuatro meses por venir es impredecible en el orden de las consecuencias. El debate seguirá entre políticos más avezados, acostumbrados al manoseo de las circunstancias entre diálogos e intrigas y en la mayoría de los casos reforzadas por conveniencias personales en el sustrato. Otros, más inexpertos, pensando en que se convierten en la expresión de la voluntad popular con la que del todo no acaban de encontrarse, se opondrán ― o no ― a los primeros desde perspectivas diferentes y la unidad, difícilmente podrá ser alcanzada. Tal imposibilidad seguirá interpretándose como una manifestación democrática, en la práctica, esencialmente desvirtuada. En eso no hay vaticinio, ha sido un hecho.

Bajo la influencia del flujo de información acrecentado por el ritmo y el tono de los acontecimientos en el país durante los últimos meses, parece especulativo aplicar esquemas, hablar de transiciones, establecer comparaciones y tratar de entender un proceso que va, trabajosa y penosamente definiéndose día a día, como derrota o victoria en cualquier sentido, por La Calle. Sería, según creo, prematuro y en el caso, existe sólo un sector que no puede equivocarse, la oposición, porque los que actúan desde el poder pudieran imponerse a pesar de estar equivocados.

José A. Arias-Frá.

Notas.- 

(1)  – Villacañas, José Luis.  El Final del Chavismo (opinión) En: https://amp.levante-emv.com/ 

2(2).- Villacañas, J.Luis.- Artículo citado.


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Monday, July 31, 2017

VENEZUELA: UN DIA DESPUÉS DE LA ESTAFA.

Evadiendo evidencias, sin observadores internacionales, sin prensa no oficial, sin vergüenza y en ademán característico de un absoluto cinismo, el CNE anuncia su mentira. Calificarla está demás; “aplastante victoria, lección de amor del pueblo a su revolución”, dijo Diosdado Cabello, mientras adláteres y corifeos le reían la gracia y se inventaban sus propias diatribas con el afán de echar leña al fuego entre usurpadores vistos, por ver y cuya maledicencia conocemos.

¿Y el país destrozado bajo los efectos de una protesta que no amaina?

¿Y los muertos, los heridos, los desaparecidos y los presos? ¿Son acaso ficción?

Como se sabe, al argumento final de los números siempre le antecede el suspenso, aquí, es un acto de alevosa premeditación agravado por el efecto de la nocturnidad. Es una conjura entre delincuentes, siempre taimados y dispuestos a agredir voluntades ajenas.

Se dice que hablarán de entre 8 y 8.5 millones de votantes; pero lo único cierto es que tras el anuncio y en un plazo de 72 horas, la Asamblea Comunal se habrá instalado para cumplir el urgente cometido de defenestrar a la Asamblea Constituyente electa en diciembre del 2015, fecha en que el oficialismo se vio obligado a reconocer el duro revés que la oposición hubo de propinarle. Espina clavada en el costado del autoritarismo desde entonces.

Tras lo visto durante la jornada del 30 de julio/2017 debe colegirse que cada hora transcurrida después de la insolente actitud de quienes quieren hacer su día viéndole la cara a los venezolanos y a la opinión pública de otros orígenes, ello constituye una vergüenza de la que no es posible desentenderse.

Si de cualquier manera Maduro impone su voluntad y la del círculo de beneficiarios de su gestión personal, cualquier argumento después de lo que se vive en el país se habrá de convertir en mácula de conciencia irreparable. Ya, no habrá nada que decir; los teóricos se convertirán en diletantes y utilizaran la siniestra mano izquierda para tapar la Luna, que el Sol, ya lo habrá estado. Sobrevendrá entonces la oscuridad que conocemos.

HUELLAS DE LA TRAMPA

Hace sólo quince días, alrededor de 7 460 000 electores votaron para oponerse a la Constituyente Comunal propuesta por Maduro.

Ahora, se inventan los números aunque siempre con la suspicacia de que los falsos resultados sobrepasen los del referendo del 16 de julio (8 000 000, más de 500 000 que los que consiguió la MUD hace sólo 15 días, alegan) Trayendo a colación un argumento, uno sólo, se puede descubrir la mentira. Según el CNE Maduro obtuvo más votos para su propuesta en esta ocasión que los que sacó frente a Capriles para la presidencia que hoy ocupa; entonces, tenía un porcentaje de aprobación popular mayor por ser el heredero designado por Chávez, que el que tiene ahora tras todo el desgaste de casi cuatro años de desgobierno y la crisis de 2014, además de la actual, que no es otra cosa que la reedición de la permanente, funcional y de gobernabilidad del estado fallido bajo el mandato del PSUV. ¿Puede parecer medianamente lógico lo anterior?

El régimen acepta 10 muertes ocurridas durante la jornada de ayer (30/07/2017) frente a una cifra superior dada por la oposición. Indolente parece la actitud de quienes condonan la culpa mediante el inocuo regateo de cifras, o; ¿acaso el criminal deja de serlo por reconocerse autor de menos víctimas?

Más allá de la represión y esta estafa de la Constitución Comunal, ¿cuál es el plan del gobierno para sacar al país del estado en que se encuentra?, ¿es posible que un seudo-gobierno como el actual pueda restablecer el orden y encarrilar al país en la implementación de cualquier modelo de participación popular verdaderamente democrático?

Cualquier elemental proposición en el contexto de una genérica relación causa-efecto, parece coincidir con la respuesta: No.

De insistir en la impoluta y perfecta ― y no la actual ― solución a través de las urnas, ello sólo sería posible mediante la celebración de unas elecciones generales transparentes y bajo observancia de la comunidad internacional, sin los órganos de poder bajo el control del ejecutivo (CNE y TSJ). Ello, sugiere un planteamiento político donde Maduro y sus personeros no pueden estar presentes por razones obvias.

Otros argumentos deberán estar relacionados con la conjunción de la crisis venezolana y su relación a corto plazo con la comunidad internacional. En ello, son varios y alternativos los vectores y por obvias que puedan parecer, las opiniones caen en el terreno de la especulación. No obstante, habrá que ver los efectos de lo que se propone y se proyecta y lo que a la larga ocurre. Es lógico pensar que de ello pueden depender muchas cosas.

José A. Arias-Frá.
07/31/2017

Tuesday, July 11, 2017

UNA COMPARACIÓN PUERIL


Escuchaba un “profesor de estudios internacionales” (así fue presentado) atribuirse la idea de lo que considera una hipótesis personal: para entender ― decía ― cuan peligrosa es la situación que se genera a partir de las continuas amenazas de Corea del Norte y de su líder Kim Jong Un, es necesario compararla con lo que se vivió durante la crisis de los misiles   entre Estados Unidos y La URSS en 1962 y que tuvo como escenario de confrontación la Isla de Cuba.

Explicaba, además, que Estados Unidos debe aplicar toda la presión posible (se entiende que diplomática) sobre China, que no es precisamente un aliado estratégico de los Estados Unidos, para que influya sobre el gobierno norcoreano a fin de que abandone su actual política de confrontación.

Primero. – Si bien es cierto que, durante la Crisis de los misiles en octubre del 62, el Mundo estuvo al borde de una confrontación nuclear, fueron los soviéticos los que, en última instancia, decidieron establecer las rampas de lanzamiento en diferentes puntos de la geografía insular y luego, bajo acuerdo (Pacto Kennedy-Jruschov), retirar los misiles que habían sido trasladados al territorio mediante negociaciones en que F. Castro jamás tuvo nivel de decisión. En el vórtice de aquella tormenta, Cuba había comenzado a desempeñar el triste papel de base soviética a 90 millas de las costas del sur de La Florida, entre otros menesteres.

Segundo. -La supuesta presión de China sobre el régimen de Pyongyang tiene límites que no van más allá de argumentos comerciales (el asunto de la compra de carbón por China, algo que por cierto no se ha visto muy limitado) y el acceso de ciertos componentes de alta tecnología que norcorea, supuestamente, utiliza en la fabricación de armamento con cierto nivel de sofisticación. Se sabe que tales componentes no proceden sólo de China, también de Rusia e Irán y que el uso de la tecnología nuclear con fines armamentísticos no es nada nuevo en Corea del Norte. Entre surcorea y su propio territorio, norcorea es un estado colchón de presencia consecuentemente conveniente.

Tercero. - ¿Cómo poner presión a un régimen que por décadas ha comprometido los niveles de vida de su pueblo a la inopia absoluta y a un nivel de subsistencia al límite de la supervivencia? Kim, rodeado de su generalato y de sus fieles acólitos (no pueden equivocarse en el ejercicio de la fidelidad, en ello, tácitamente, les va la vida), no necesita cubrirse las espaldas de una potencial protesta popular. En ese escenario, se sabe de sobra, nada de eso sucede. Se trata de un régimen cerrado y en función de su propia naturaleza represiva a todos los niveles.

Cuarto. -Al elevado costo del contraste entre hambrunas mínimamente paliadas en crisis anteriores y con la ayuda de la comunidad internacional y de los Estados Unidos, el régimen ha insistido en hacer crecer su arsenal nuclear, que, si bien se juzga mínimo y limitado cuantitativamente, no deja de ser un peligro. Kim ha insistido en el desarrollo de la cohetería de medio alcance y definitivamente ha presentado la versión de un cohete balístico de alcance intercontinental (Hwasong -14) El arsenal bélico en el caso no es propiedad de terceros, pertenece a un estado hostil que cuenta con nivel de decisión directamente vinculado a la paranoia de su impredecible, arrogante y patético líder. Justamente, el peor de la dinastía. Los efectivos regulares del ejército norcoreano se calculan entre 1.2 y 1.4 millones de hombres y mujeres sobre las armas frente a 650 000 en Corea del Sur (relación 2:1)

Quinto. -El escenario del conflicto es sustancialmente diferente al elemento de comparación que se menciona inicialmente. Aquí se trata de un territorio peninsular que separa, mediante el trazado de la fina línea de un paralelo (el 38), a las dos Coreas y donde la cercanía de esa línea divisoria a Seúl es crítica desde el punto de vista de la posibilidad de un masivo fuego de artillería proveniente de Corea del Norte. Ello, sin contar con el acantonamiento de fuertes contingentes de tropas norteamericanas en el territorio surcoreano (se calculan en cerca de 28 000 los efectivos) y los importantes centros urbanos que caracterizan el desarrollo socioeconómico de la economía 12 a nivel mundial.

Las diferencias son muchas y notables. Probablemente desde el punto de vista del riesgo como elemento, la comparación es posible. Desde la perspectiva del peligro potencial esto parece ser mucho peor, aunque por momentos no lo aparente. La bipolaridad que signó la guerra fría entre dos potencias de signos políticos contrapuestos hoy no existe, tampoco la llamada política de contención que contrarrestó y evitó la confrontación en esos tiempos. De manera que no hay enemigo pequeño, aunque pueda parecerlo. Estos atribulados personajes que las circunstancias ponen en el camino de la humanidad de cuando en cuando suelen ser atípicos e impredecibles.

José A. Arias-Frá


Sunday, May 21, 2017

VENEZUELA: EL SIGNIFICADO DE LA ACCIÓN POPULAR

La situación de Venezuela es preocupante; más allá de lo que puede concluirse de las imágenes que vemos y con el devenir de los días, se enquista y produce el peor de los resultados, muertos que contados en números no se justifican. Algo así, nunca debe suceder sin que tenga consecuencias fundadas en la vergüenza colectiva, propia y ajena.

En ocasiones, la discreción producto del origen nacional obliga al silencio aunque ese no deba ser el resultado. La causa de la preocupación no es singular y debe reiterarse: ¿qué puede suceder en el país en un plazo inmediato?

Se trata de un gobierno que se dice revolucionario y socialista (por supuesto, a la cubana, y en ese sentido bien se sabe el significado) Los antecedentes de una situación como la que allí se verifica andan más cerca de Hungría 1956 y Checoslovaquia 1968, casos en que la rebelión popular anticomunista fue directamente reprimida por la intervención soviética apoyada por acólitos locales. Lo que aconteció años después tras el derrumbe del Muro de Berlín en el 1989 fue la evidencia de que, de no haber existido un bloque estalinista, las cosas hubieran podido ser diferentes.

No existe paradigma, es evidente. El mundo bipolar de la post-guerra se debatía entre los avatares de la guerra fría y, en el ámbito de Latinoamérica, el poder se dilucidaba entre dictaduras de derecha, irredentos populismos, oligarquías afiliadas a la tradición del autoritarismo político y la excepción cubana, que no por casualidad trató de vincular sus propósitos al expansionismo soviético, del que era su único y principal representante en esta parte del Planeta. Por cierto,  mediante una visión un tanto ilusoria, pero marcadamente interesada con relación a Venezuela. Así, quedó demostrado al llevar a cabo dos diferentes intentos de intervenir en ese país.

El estado de cosas al que se ha llegado, ha sido revisado y evaluado de acuerdo a los cánones del efecto causado por una situación prolongada de diecisiete años, capaz de fluctuar entre el reconocimiento político de un gobierno de corte popular que para muchos se justificaba y que consiguió el respaldo en las urnas de sus connacionales, para llevar a Hugo Chávez (un exmilitar golpista y convicto) al poder. Eso es historia, y lo es, en cualquier sentido. Hoy, el mismo partido, el mismo populismo desordenado e indolente, se ha trocado en una desfachatada dictadura que arremete contra los que se le oponen sin limitación y absoluta carencia de escrúpulos.

En el sentido de tal afirmación, se han despejado muchas incógnitas; una muy importante, aquella referida al hecho de cuál sería la respuesta de las instituciones armadas, si masivamente los que ya no aguantan, los que se oponen al gobierno, se lanzan a la calle a protestar (pacíficamente o, ni tanto ―lo que en cualquier caso se justifica, cuando no es el control de las acciones individuales, lo que resulta procedente entre la población)

En un ambiente de violencia total como el que hoy prevalece en muchas calles de importantes ciudades del país, ya es un hecho que los representantes de los diferentes cuerpos armados sí tiran y además, tiran a matar ¿Cómo, si no, se explican los muertos habidos hasta ahora?, los que ya se produjeron antes en 2014, cuando las revueltas de febrero, a las que el gobierno llamó y continúa llamando  “guarimbas” y les atribuye el ser apoyadas por “el imperialismo yanqui”, otrora representado por Obama y ahora por Trump y en improcedente afán de reiterar el desgastado argumento ¿Qué más puede alegar un grupo de personas agavilladas para tratar de ejercer el control de un Estado fallido incapaz de resolver las necesidades más acuciantes de su población y cuya propia acción los condena? No es factible pensar en términos de una lógica elemental; porque de lo que se trata es de transitar de lo pretendidamente sublime a lo efectivamente ridículo mediante la asunción de una posición de fuerza.

No es de dudar que así sea. Bajo variantes específicas y determinadas por la causalidad de los hechos, ha sucedido en China comunista (Tianamen) y en Cuba (maleconazo en el 1994) Aquí, la diferencia radica en dos aspectos específicos y relevantes: para las actuales manifestaciones en Venezuela, la duración en tiempo resulta muy prolongada y los muertos demasiados en una confrontación entre civiles que no poseen armas y policías, guardias nacionales y fuerzas antimotines equipadas para el ejercicio de la represión.

Al parecer, ninguno de los dos bandos está dispuesto a ceder pero la fuerza, factor de importancia en cualquier pulso, está de parte del autoritarismo de los sectores más radicales del PSUV encabezados por Maduro, Cabello y compañía. Cualquier estrategia inmediata de la oposición, ahora en la calle y a la zaga de los designios populares, debe incluir la evitación del desgaste al que, sin dudas, está apostando el gobierno.

La pregunta, aún sin respuesta, sigue siendo: ¿cómo se ha de manejar la oposición integrada en las variopintas entidades políticas que la representan ― a partir, inclusive, de su participación en la Asamblea Nacional? Hay más aún; ¿cómo puede desempeñarse un gobierno como el encabezado por Maduro y su gente, contando con un benévolo 20% de la opinión popular en su respaldo y en medio del descrédito de haber masacrado sin contemplaciones al 80% restante entre los que se le oponen?

Tales cuestionamientos crean un ambiente inédito, porque aquí, no se trata de egipcios, coptos y musulmanes, acampados en la Plaza Tarek de El Cairo pidiendo la salida de Mubarak tras largos años gobernando en contubernio y con mano de hierro y, en añadidura, aquejado de la salud y diezmado por el desgaste del poder. La acotación es válida, porque más de uno quiere forzar similitudes que no existen por intermedio de comparaciones que no vienen al caso y cuestionamientos improcedentes. Aquí, las primaveras quedaron atrás y diluidas entre promesas incumplidas, se producen los embates de un clima que sofoca y destruye las esperanzas de cualquier mejora.

Las dos interrogantes principales definen, en los límites de la evaluación del conflicto, lo que de inédito tiene. En gran medida, quien sea capaz de encontrar las mejores alternativas y dar una respuesta consecuente, se verá enfrentado a los pormenores de una posterior definición de las circunstancias políticas. Parece evidente que, en tal coyuntura, el desgaste de los que gobiernan junto a la culposa actitud que asumen, y a la larga, los hará llevar la peor parte que debe incluir la desaparición definitiva de su influencia. Eso, parece que hasta los que se empeñan en defenderlos, lo saben.

Lo único cierto es que todos los dilusivos propósitos relativos a que el gobierno ejerce un mandato popular, que sus instituciones son una representación fidedigna de sus intereses, que los cuerpos armados están para defender a la población de la delincuencia y por el establecimiento del orden y la disciplina social; son evidencia de una estafa colectiva nunca antes evidenciada de manera tan fehaciente.

Al pretendido gobierno, la población le pide cuentas y lo viene haciendo de manera consecuente y convincente. ¿Quiénes deben convertirse por fuerza en la resonancia y la amplificación de la protesta que sin dudas conforma un movimiento social y político? La respuesta es obvia y deberá ser la que sea capaz de dar la opinión pública internacional, los gobiernos democráticos y las instituciones que junto a las organizaciones que dicen defenderla, deberán fomentar la formación de un bloque de presión permanente cuya magnitud no pueda ser vulnerada por un gobierno abusivo, encabezado por vulgares delincuentes ―algo que no parece estar a discusión― e incapaz de encausar, ya, bajo cualquier circunstancia, los destinos de una nación como Venezuela. Esa es la verdadera lucha por la libertad y con las diferencias coyunturales del caso, debe verificarse aquí a la mayor brevedad posible. De lo contrario, no sólo perderán los venezolanos.

José A. Arias-Frá.


Friday, April 21, 2017

LA TRAGEDIA DE VENEZUELA

La gran tragedia de Venezuela es que constituye una fidedigna representación de eso que hoy se define como “Estado fallido”

Lo es, porque, aunque el gobierno consiga conjurar este nuevo pico de la crisis, no es capaz de solventar las razones que la motivan y sería sólo cuestión de tiempo para que se produjera una situación similar en medio de un ambiente de luctuosa e injustificable redundancia. En tales condiciones, ningún Estado puede ser, mínimamente funcional.

La crisis sistémica, estructural, además, no es solamente la evidencia de un desencuentro político entre sectores opuestos de la sociedad; es el resultado de la injustificada prepotencia de una administración incapaz, conformada por funcionarios que priorizan argumentos ideológicos amalgamados en la insensatez, bajo la influencia crónica de la dependencia económica fundada en la mono-producción petrolera. Algo que no es nuevo y en cierto sentido, un antecedente negativo de vieja data. Ya Arturo Uslar-Pietri (1906-2001) lo había advertido en 1938: “debemos sembrar el petróleo”, dijo, y nadie le hizo caso.

Si bien bajo condiciones de relativa solvencia y en el contexto de un desenvolvimiento político atenido a las alternativas vigentes en los límites de la multilateral representación partidista ― civilista además con excepción del régimen de Marcos Pérez Jimenez en tiempos más recientes ―, los argumentos de la democracia lograron supervivir; llegado el momento en que las limitaciones a la verdadera democracia (1998), desembocaron en la conjunción con el experimento político del chavismo, todo lo que ha venido sucediendo hasta hoy ha dado lugar a la existencia de la peor de las recetas. Tanto así, que los propios seguidores, incondicionales socios iniciales del presupuesto chavista sostenido a punto de chequera, han tomado distancia con disimulada discreción del experimento. Otros, es evidente, sólo lo han apoyado por conveniencia y/o la crónica y necesaria costumbre del parasitismo coyuntural e indefectiblemente concebido.

El Estado (pretendido gobierno) venezolano, llegado al punto en que se encuentra y bajo las actuales circunstancias (internas y externas), es incapaz de recuperar la representatividad necesaria para gobernar debido a que su imagen fracturada es, políticamente, un hecho sobreseído. Su único posible desempeño en el contexto es mediante el ejercicio de una dictadura, lo que, precisamente, ha sucedido y hará que cada vez, sean más frecuentes y críticos los argumentos de la crisis.

¿Qué es lo nuevo en este caso? Primero: se trata (ahora manifiestamente) de una dictadura que se dice socialista, de izquierda y revolucionaria, pero no es producto de un proceso típico y de desmonte de las instituciones por la fuerza de las armas o de la imposición de un régimen factual a cualquier plazo. Tampoco el de la victoria en las urnas de una coalición partidista, más bien del éxito personal de un caudillo, ex-militar y golpista. De ello se infieren sus limitaciones en el pulso social, que han limitado el ejercicio del poder totalitario o la han puesto en evidencia cuando, como bajo Maduro, ha pretendido imponerse sin ambages.

Lo que ya se avizoraba desde los primeros años de Chávez en el poder, ha desembocado en un proceso de radicalización cuyo elevado costo el país, a pesar de los recursos en hidrocarburos y los elevados precios durante la bonanza petrolera, no ha podido pagar y, terriblemente administrado por una cuerda de incapaces y corruptos sin escrúpulos, ha terminado por ser conducido a la situación en que se encuentra; algo que hubiese costado imaginar, aún para los que pueden entender las consecuencias del poder ejercido por los operadores políticos del populismo instigado por la autodenominada izquierda socialista, ortodoxa y radical e incubado en las mentes mesiánicas de sus representantes.

Segundo: el desenlace, que en algún momento tendrá que sobrevenir, ha venido dándose en condiciones también novedosas. Parece evidente que el alto grado de compromiso de los militares de alto rango y nivel de decisión, con el ala civil de los elementos que militan en el PSUV, a cualquier nivel y hasta el ejecutivo, les impide tomar posiciones en cualquier sentido contra sus acólitos y en función del malsano compromiso aludido.

En el sentido de lo anterior, el desenvolvimiento de los hechos está marcado por la influencia de la participación popular, que aquí es paradigmática en tanto tiene que incluir a los sectores, cada vez más numerosos, de ex militantes chavistas desengañados por lo que a la larga ha venido a convertirse en una verdadera frustración, inclusive, en el plano inmediato e irreversible de la factual materialidad. El hambre, no “tumba” regímenes, cierto, pero bien puede acelerar su caída en circunstancias como las de Venezuela donde, aún, las personas pueden demostrar su inconformidad con los factores que la generan y desencadenar una reacción inédita en función de su propio origen.

Hoy escuchaba a Freddy Guevara, joven asambleísta (vicepresidente de la Asamblea Nacional) en representación de Voluntad Popular, referirse a la estrategia que debe seguirse y su conclusión al respecto me pareció lucidamente lógica. Tenemos que apostar ― dijo ― a que el gobierno se desgaste en el enfrentamiento a nivel de calle frente a los que nos le oponemos, sólo así conseguiremos que cada vez sean más los que se convenzan que han defendido una causa equivocada y pasen a engrosar nuestras filas. El lapsus temporal es directamente proporcional al empleo de la represión por parte del gobierno.

No sería la primera vez que esto sucede, agrego, y aunque cada caso tiene sus particularidades, los comprometidos sin opción de arrepentimiento están condenados, de una forma u otra, a quedarse solos. Lo que les pueda suceder dependerá, en cualquier caso, de su interpretación acerca de los antecedentes, plenamente documentados y bajo disímiles circunstancias. Los límites han sido transgredidos, eso significa que no existe posibilidad alguna de enmendar errores y ni siquiera los pacifistas por antonomasia, la iglesia y la curia que la conforma, alientan la idea de la rectificación atenida a cualquier dudosa componenda.

José A. Arias-Frá.