Saturday, March 18, 2017

IDIOSINCRASIA E INADAPTACIÓN SOCIAL.

El criterio generalizado para definir la idiosincrasia establece que es el patrón de conducta, desarrollado o implantado, que se presenta en los individuos pertenecientes a un grupo social, aunque puede encontrarse en un solo sujeto, definiendo su personalidad, carácter y temperamento.

De lo anterior se infiere que, entre el comportamiento de un grupo y su desarrollo psicosocial la relación es muy estrecha, en consecuencia, la línea que separa la influencia de lo psicológico y lo ideosincrático se vuelve muy fina en ocasiones, aunque mantiene el deslinde necesario en campos conceptuales que se complementan sin excluirse ni perder su definición.

Para el propósito que nos ocupa, una definición genérica de idiosincrasia como la mencionada, no satisface la argumentación que necesariamente hay entre una visión más pormenorizada del asunto y la influencia de los condicionamientos psicológicos sobre el mismo.

La idiosincrasia posee un marcado componente social porque identifica las similitudes de comportamiento en diversos ámbitos como las costumbres, el desempeño profesional y los aspectos culturales; pero el término en su polivalente significado (polisemia) nos ofrece un diapasón más amplio, fuertemente vinculado, y de manera esencial, con los condicionamientos impuestos por circunstancias que no son, precisamente, tradicionales.

En el sentido anterior nos encontramos con una definición más específica y cuya interpretación nos acerca al objetivo que se pretende demostrar. La idiosincrasia se debe a los comportamientos que se pueden observar en una colectividad y que están siendo persuadidos constantemente por una ideología desarrollada por un sujeto o un ente externo considerado importante a su criterio, y cuya filosofía es trasmitida y aceptada a través del conjunto por un integrante con una posición jerárquica en el mismo.

El trasmisor (aquí la comunicación desempeña un papel importante) deberá gozar de una alta credibilidad dentro del grupo, es decir, asumir la posición de “jefe”, pues, es una de las pocas opciones creíbles con las que se puede lograr un impacto a nivel psicológico importante logrando que las personas restantes se sientan cómodas de su imbricación con respecto al colectivo. Si tal condición se manifiesta, el instinto social innato en los humanos se presenta en función de la integración para que nadie (o ninguno) se sienta excluido o marginado.

Al seguir un movimiento, la mayoría de los individuos no toma en cuenta si, como consecuencia, sus actos podrían dañar su ser o destruir su reputación, sólo siguen lo que los otros indican. He aquí la relación entre idiosincrasia y psicología y en la cual, ni se desmerita la primera, ni queda fuera de contexto o desvirtuada la segunda. Todo lo contrario; una evaluación justa no es excluyente ni se contrapone al contenido socio-histórico tradicionalmente reservado para definir idiosincrasia.

Desde el punto de vista de la psicología social son los procesos de índole psicológica los que determinan el funcionamiento de una sociedad y la interacción entre sus diferentes componentes. Debemos entonces entender que son los procesos sociales los que modulan la personalidad y las características de cada individuo, porque son los fenómenos sociales y el entendimiento de las leyes que los rigen los que determinan los principios por los que se produce la convivencia entre los seres humanos.

Está científicamente demostrado que en las manifestaciones personales: lenguaje, gestos y conducta se manifiestan los patrones de conducta ― no necesariamente determinados desde el punto de vista de la idiosincrasia ― adquiridos mediante influencia del entorno generado en el ámbito familiar, influyente e influenciado a la vez, por el entorno socio-económico prevaleciente.

En ese sentido el sociólogo de origen polaco naturalizado norteamericano Kurt Lewin explica que “el comportamiento humano solo puede ser cognoscible dentro de su propio entorno, en su ambiente. La conducta, entonces, debe comprenderse como una mirada de variables independientes (Lewin)… las variaciones individuales de la conducta en relación a la norma están fuertemente condicionadas por la pugna entre las percepciones subjetivas del individuo y el ambiente psicológico en que se encuentra” (1)

De lo anterior se infiere la importancia que ha de atribuírsele a la psicología social (sobre todo) para entender la psicología de los grupos, en tanto todo colectivo tiende a conformar una unidad de análisis con su propia idiosincrasia particular que, además, lo antecede por ser anterior a su propia existencia. En consecuencia, la psicología social trata de llevar a cabo un estudio ponderado entre lo social y despersonalizado y entre lo subjetivo y particular.

INADAPTACIÓN SOCIAL Y ACTITUDES MARGINALES

La inadaptación social se define como la incapacidad manifiesta de una persona a la hora de adaptarse a una situación determinada dentro del entorno en el cual vive y se desarrolla. Los desajustes de la personalidad, los conflictos con el medio, el fracaso ante los estímulos sociales suelen ser fuertes evidencias de inadaptación social. Todo individuo enfrentado a tales situaciones estará al margen de la normalidad social manifestando un comportamiento que discrepa con las pautas sociales imperantes.

Todo individuo que discrepa con su entorno social se identifica como un inadaptado social y regularmente, su comportamiento discrepante y desafiante con relación a las reglas sociales convenidas lo conducirán a una situación de marginación.

Tradicionalmente, quien no se encuentre adaptado a la sociedad en la que vive lo estará por determinadas circunstancias que acaecieron en su vida como el hecho de provenir de una familia desestructurada y disfuncional, malas compañías o porque la misma sociedad lo rechaza como consecuencia de la preferencia sexual, la religión y/o la cultura con la cual se identifica. En contraposición, el concepto opuesto, el de “socialmente adaptado” identifica a las personas que aceptan y cumplen todas las condiciones y las conductas que estipula la sociedad en la que participa. Aquí, hay un problema en tanto nos volvemos a encontrar con la influencia que sobre la idiosincrasia ejercen situaciones coyunturales provenientes y relacionadas con los argumentos socio-políticos prevalecientes. El concepto de libertad así lo determina en sociedades contrapuestas y basadas en presupuestos ideológicamente no conciliables.

En su teoría del “Determinismo Recíproco” el psicólogo canadiense Albert Bandura (1925) introduce un argumento importante en la evaluación de la conducta social del individuo y, alejándose de las propuestas más tradicionales del conductismo, enfatiza en el aspecto cognoscitivo para abordar el complejo problema de la formación de la personalidad.

Bandura afianza su teoría en la interrelación de factores como el ambiente, el comportamiento y los procesos psicológicos individuales. Por esa vía Bandura interpreta aspectos cruciales de la psiquis humana y los define utilizando el aprendizaje por observación (a lo que llama “modelado”) y la auto-regulación. Pero, agrega, además que, si no se es capaz de vivir de acuerdo a nuestros valores y estándares, es probable que tengamos un pobre auto concepto y una baja autoestima.

En el modelo psicosocial, Bandura afirma que el intermediario es la comunidad, o un sistema social en cuanto productores de bienestar y de recursos, o, bien al contrario, causante de la situación de estrés social en que viven sus miembros. Así lo demostró con experimentos de campo sencillos y convincentes y mediante los cuales arribó a conclusiones capaces de evidenciar la influencia inmediata de los estímulos visuales sin que deba mediar otra influencia que no sea la del modelo.

En cuanto al objetivo inicial, a saber, demostrar la relación entre idiosincrasia y psicología (social) debemos concluir que, aunque no excluyentes, son evidencia de una situación diferente que no procede amalgamar bajo una apariencia homogénea en las manifestaciones de grupos o de un grupo específico. En ese particular la idiosincrasia es precedente y el juicio individual y de grupo bajo condiciones de inadaptación social y marginación algo muy diferente.

Es evidente que el complemento de este trabajo, sobre todo en lo inherente a la motivación personal, es materia y objeto de otros análisis (entendidos al pie del significado en cuanto a descomposición del todo) que no constituyen, ahora, el propósito. Sirva sólo para evidenciar las sutiles diferencias que se esconden cuando no se tienen, como aquí se incluyen, los argumentos para interpretar un tema mucho más complicado de lo que puede parecer (ver nota no. 2)

José A. Arias-Frá

(1)    Lewin, Kurt.- Teoría de la personalidad en la Psicología Social. En: http://psicologiaymente.net

(2)    Escribí este trabajo motivado por un excelente post en la red social Facebook escrito por mi amigo el Dr. Ramón Colás bajo el título: “Los Guapos del Carnaval” A raíz de su lectura, y algunos comentarios en los que pretendí aclarar, grosso modo, lo que aquí he ampliado, sentí una inmediata necesidad de una más amplia explicación. También, por todos los que tuvieron a bien su lectura y el consiguiente ofrecimiento de sus puntos de vista. 




Wednesday, February 22, 2017

PROPÓSITOS, EXPECTATIVAS Y REALIDAD EN LAS RELACIONES CHINA-CUBA

UN POCO DE HISTORIA

Hasta septiembre de 1960 Cuba, ya bajo el gobierno revolucionario de Fidel Castro y su revolución, mantenía el reconocimiento de la República de Taiwán como la única China. Fue en septiembre de ese mismo año que Cuba cambió su posición ― a propuesta del propio Castro en uno de sus frecuentes discursos de aquellos tiempos ― y se convirtió en el primer territorio de Latinoamérica en otorgarle pleno reconocimiento diplomático a la República Popular China.

China, desde el triunfo revolucionario de 1949, estableció un modelo de administración central bajo la tutela de Mao Zedong líder absoluto del partido comunista en el poder. Es de notar que aún no se había producido la declaración del carácter socialista de la revolución cubana, hecho que vino a suceder en abril de 1961.

Hacia finales de 1959 y principios de 1960 Ernesto Guevara realizó sucesivos viajes a Marruecos, Egipto e Indonesia y por último, visitó China con el propósito de conseguir un contrato para la adquisición de azúcar cubano por ese país. Su gestión en China tuvo éxito y Guevara negocio un acuerdo para la compra de unas 400 000 mil toneladas del dulce que el propio Mao autorizó.

Para 1963 las relaciones entre chinos y soviéticos entraron en franco deterioro. Mientras, en Cuba una facción se decantaba por los chinos (representada por Guevara) y otra era abiertamente pro-soviética apoyada por Raúl Castro.

Entre 1960 y 1967, las relaciones bilaterales entre China y Cuba se desenvolvieron satisfactoriamente, sobre todo, en el ámbito comercial; aunque para nada comparables con los vínculos que Cuba mantenía con la URSS ― en lo que tenía lugar lo que algunos historiadores coinciden en llamar la guerra fría entre los dos colosos comunistas y a la vez, dentro de la mantenida con Occidente a partir de 1947.

En proporción al enquistamiento de las relaciones entre chinos y soviéticos, la posición cubana fue abiertamente manifiesta al lado de la URSS, al extremo de que Fidel Castro en su discurso del 13 de marzo de 1966 criticó abiertamente a Mao al expresar: “…cuando obedeciendo a las leyes biológicas nos volvemos incapaces de gobernar el país, tenemos que saber dejar nuestro lugar a otros capaces de hacerlo mejor” (1)

Luego, el restablecimiento de relaciones de China con Estados Unidos en diciembre de 1978, a la par que Cuba se comprometía cada vez más con la URSS y los países del bloque comunista euro-oriental, determinaron que la relación de Cuba con China fuera poco significativa.

Todavía en 1977 (tras la muerte de Mao en 1976), Castro volvió a la carga al responder a Bárbara Walters “…creo que Mao destruyó con los pies lo que hizo con la cabeza durante muchos años. Estoy convencido de eso. Y algún día la gente de China y el partido comunista de China tendrán que reconocer eso”

Y, refiriéndose al liderazgo de Mao y el poder que representaba, agregó:

“Yo también adquirí ese poder, pero nunca abusé de él, ni lo retuve en mis manos…” (2)

Al producirse la caída del bloque soviético y la desaparición de la URSS (1989-1992) las relaciones entre China y Cuba tomaron nuevo impulso y se reactivaron al punto de que China se convirtió a partir de entonces en el segundo socio comercial de Cuba después de la Venezuela de Chávez, dejando atrás a países como Canadá y España. En 2008 el presidente chino Hu Jintao visitó Cuba y numerosas delegaciones de alto nivel se han hecho presentes en los dos países manteniendo inalterable el lugar de China en las relaciones de Cuba con el extranjero hasta hoy.

En 2010, China exportó a Cuba bienes por un monto cercano a los 1000 millones de dólares, mientras importó de la Isla unos 800 millones fundamentalmente en níquel y azúcar.

MIGUEL DÍAZ CANEL: LAS RELACIONES ENTRE CUBA Y CHINA SON PARADIGMÁTICAS.

Durante la visita del primer vicepresidente del Consejo de Estado cubano a China en ocasión del 70 aniversario de la victoria sobre Japón y el 55 de las relaciones entre  Cuba y China, Díaz Canel, en entrevista para el semanario Pueblo en Línea, expresó lo siguiente:

“Yo…diría que son paradigmáticas (relación Cuba-China ―n. de a.), que un país grande y con un desarrollo como el que tiene China y un país pequeño como Cuba mantengan una relación de respeto mutuo, de hermandad, de amistad (…) que seamos capaces de compartir con honestidad y transparencia lo que vamos haciendo cada una en nuestros respectivos procesos, sin pretender para nada que nuestros procesos sean iguales, pues comprendemos que cada uno lo tiene que hacer según sus peculiaridades. En este medio de hoy, no sólo son paradigmáticas, son relaciones ejemplares” (3)

Los tiempos han cambiado, pero; ¿paradigmáticas las relaciones? Parece que se obvia el largo y ríspido desencuentro de otros tiempos y si nos atenemos a lo que la historia evidencia, habría que hablar más bien de paralelismo (en el sentido tácito) o de la propiedad paradiastólica que consiste en poner en contraste palabras de significado semejante.

Ante otra pregunta relacionada con el tema de ¿cuáles han sido los principales logros tras el inicio de de la actualización del modelo cubano?, Díaz Canel respondió:

“Poder desatar fuerzas productivas y abrir el sector no estatal de la economía. Entender, sin prejuicio alguno, que necesitábamos un sector no estatal de la economía como un complemento de la economía estatal. De alguna manera, ya es una realidad en Cuba. Ahora avanzamos hacia otras formas de ese sector no estatal como es el sector cooperativo, entendiendo que no es el sector no estatal de un país neoliberal sin compromiso ninguno con la sociedad” (4)

Más adelante y al responder la pregunta acerca de ¿qué nuevas iniciativas emprende Cuba para potencializar (sic) su papel de importante socio comercial de China en Latinoamérica?, Díaz Canel dijo:

“Cuba fue la primera relación de China con un país de Latinoamérica y se ha ido construyendo con un beneficio para ambos, con respeto. Como te decía, son relaciones paradigmáticas. Hoy también América Latina es otra. Tiene un grupo de gobiernos progresistas, revolucionarios, orientados a solucionar los problemas sociales de envergadura. Hay otro tipo de integración: la CELAC es un baluarte para la región.

“…por otra parte, Cuba ha planteado que con todo este esfuerzo China-CELAC, estaría ― como uno más ― participando en los proyectos que China dirige hacia el área latinoamericana y caribeña, por lo tanto también esta participación de Cuba ayudará a promover la interrelación de China con América Latina y el Caribe” (5)

Es ostensible que tanto en lo evidenciado en la intención de las preguntas como en la respuestas del funcionario cubano, aquello de paradigmático se aviene mejor a una interpretación diplomática que a los intereses geopolíticos de China o los de Cuba, en que a pesar de cambios coyunturales que se han producido después de las declaraciones de Díaz Canel, se sigue sin evidenciar algo más allá del paralelismo entre países que políticamente fundamentan su gestión en el poder totalitario del partido comunista. Paralelismo que sustancialmente hace imposible para Cuba ir más allá de las coincidencias y aunque los chinos lo entiendan de otro modo; por cierto,  fuera del paradigma. Yuwen Wu, periodista china al servicio de la BBC, ha dicho al respecto: “se admira a sus médicos y sus servicios de salud, pero no creo que el modelo chino haya aprendido algo del cubano” (6)

LA DEBATIDA CUESTIÓN DE LOS MODELOS.

En un artículo de Eulimar Núñez para BBC Mundo: “Nueve diferencias entre comunismo de China y Cuba” (7) quedan establecidas las razones por las cuales es muy debatible la clonación del modelo chino.

A la muerte de Mao, y tras el periodo de ajustes que sobrevino hasta la llegada al poder de Deng Xiaoping, artífice real de los cambios que promovieron la peculiar combinación de un funcionamiento económico de mercado con la prevalencia de un régimen político de un solo partido, el comunista, sólo el Doi Moi (movimiento de renovación) vietnamita ha sido capaz de inspirarse con éxito en algunas de las características del reformismo chino que arranca a finales de la década de los 70.

Ciertamente, de los tiempos del Gran Salto Adelante (1958) propuesto bajo Mao y que comprometió al país en proyectos faraónicos como la campaña por el record de producción de acero a nivel mundial, que luego se demostró haber sido sólo chatarra o, el crecimiento de la producción arrocera que terminó por matar de hambre a miles de chinos en contraposición; en los treinta años posteriores a la política de Deng del Gaige Kaifang (política de puertas abiertas y liberalización) el PBI creció 100 veces, aunque ello también fue el inicio de  la gran desigualdad entre campo y ciudad, fundamentalmente entre zonas costeras (concentración del desarrollo) y las zonas rurales del interior (mayor atraso y menos acceso al consumo)

Pero el modelo propuesto por Deng, cada vez más articulado en el sentido de impulsar los mecanismos de economía de mercado no puede ser clonable. China es un país con características muy peculiares. En su libro “From the Great Wall to the New World, China and Latin America in the XXI Century”,  el profesor de la Universidad de Miami Daniel Armony afirma: “…en el proceso de reformas que se llevó a cabo en China, la transformación del Estado y la descentralización del proceso de toma de decisiones hacia las autoridades locales, China descolectivizó la agricultura, abrió el país a la inversión extranjera y dio permiso a emprendedores a iniciar empresas” (8)

En la comparación que nos ocupa, las reformas propuestas a partir del VI Congreso del Partido Comunista Cubano (16-19 de abril 2011) y el establecimiento de 171 lineamientos y 303 objetivos, cuyo cumplimiento hasta el VII Congreso (15-19 de abril 2016) y según informes oficiales, solo alcanzó un 21 % de cumplimiento, muy poco de lo anterior ha tenido lugar, al menos, en la mayoría de aspectos que puedan ser notables como el incremento en el desarrollo de las fuerzas productivas, o el desarrollo de la iniciativa privada. En los cambios relacionados con el desarrollo de la agricultura no se ha visto otra cosa que un mínimo impulso al cooperativismo.

En el aspecto relacionado con la renovación de la burocracia estatal Armony apunta: “…entre 1982 y 1987, en que Deng Xiaoping lideró el comunismo chino (…) se renovaron todos los cuadros tradicionales del Estado y el Partido Comunista. Esto, es muy importante. Si se quiere implementar una serie de reformas, hay que garantizar que la burocracia estatal va a sumarse a este proceso y no va a oponer obstáculos” (9)

En Cuba, tal proceso de renovación (de cuadros, n. de a.) no ha tenido lugar tras la llegada del menor de los Castro en 2006. Él, más bien se rodeó de viejos compañeros de lucha, adláteres e incondicionales, aún tratándose de aquellos algo más jóvenes y sólo para hablar de ― como se ha hecho ― de cambios porcentuales en la integración cronológica de la dirección partidista.

Para lo relacionado con la importancia que se le concede al desarrollo de las empresas privadas y las estatales en China, la diferencia es aún más notable. Las empresas estatales chinas funcionan como si fueran privadas, tienen acceso directo al financiamiento bancario y ello les permite obtener concesiones de importancia en las ramas de la economía dentro de las que funcionan. En las licitaciones, participan las empresas privadas y su competencia en paridad hace que la gestión estatal quede fuera de influencias burocráticas que traban su funcionamiento. En ese punto las empresas estatales funcionan como si fueran privadas.

Dentro de Cuba, el predominio del sector estatal, todavía atenido a los tiempos del modelo soviético, impide; precisamente, su desarrollo y perfeccionamiento ―tal y como se pretende ― y forma parte de un círculo vicioso donde burócratas y tecnócratas, en ambos casos funcionarios estatales, conforman un numeroso grupo mantenido a expensas de la limitada producción de quienes trabajan para el Estado cubano.

El economista Carmelo Mesa-Lago en “Cuba en la era de Raúl Castro”, apunta lo que de alguna manera se vincula a todo lo anterior y es definible como el énfasis en el factor ideológico: “…los modelos chino y vietnamita resultan atractivos para la dirigencia cubana porque combinan un fuerte dinamismo económico y mejoras en los niveles de vida, manteniendo un partido comunista. No obstante, Fidel rechazó repetidamente la factibilidad de la vía china, por tener condiciones facilitadoras no existentes en Cuba: enorme extensión territorial y poder económico, lejanía de los Estados Unidos y gran inversión extranjera” (10)

Empero, y es muy significativo, el profesor de economía de la Universidad de La Habana Julio Díaz Vázquez ha dicho lo siguiente: “…uno de los problemas que tiene la economía cubana es que tiene un alto nivel educacional de su fuerza de trabajo que no se refleja en la producción. Cuba tiene más de un millón de graduados universitarios, ¿y dónde está el impacto de esa fuerza de trabajo calificada en la producción? El 36% de esos graduados universitarios no trabaja dentro de su especialidad. Si yo fuera Marx, diría que allí, se botó el dinero” (11)

Desde otro punto de vista es, precisamente en el aspecto más negativo de la comparación, donde hay coincidencia: el asunto de la corrupción. A este momento, bajo la presidencia de Xi Jimping y la de R. Castro en Cuba existen sendas campañas para paliar el efecto de su influencia que en China se han visto reflejadas en una disminución de hasta el 0.6% de nuevas inversiones al interior y una congelación de activos en los bancos que ha disparado las tasas de interés interanual hasta un 30% En un estudio de Merrill Lynch, se dice que la campaña anticorrupción pudiera costarle a China unos 100 000 millones de dólares. El presidente chino insiste, no obstante, en lo que ha sido divisa fundamental de su gobierno y a puesto en recuadro la importancia de la campaña al expresar: “…la corrupción y la extravagancia oficiales amenazan la misma supervivencia del Partido Comunista” (12)

Bajo afirmaciones similares, aunque sin que pueda precisarse por falta de información y el secretismo (que en muchos casos se condena o se usa a conveniencia) en Cuba se ha lanzado una campaña anticorrupción por considerar su entronización como un factor en contra del avance de la revolución. Poco tiempo después del VII Congreso, Raúl Castro anunció un decrecimiento del PBI en 0.9% y afirmó que el país entraba en recesión.

En Cuba, otros aspectos como el no desarrollo de una clase media, los bajos niveles del consumo interno, las limitaciones al emprendimiento o del comercio mayorista de un lado, y junto a factores como el incremento de la subsistencia a partir de las remesas provenientes del exterior y el aliento al desarrollo desproporcionado del turismo internacional (bajo costos considerables), del otro, todo se combina negativamente con el único objetivo de garantizar la estabilidad del poder político.

Resulta evidente que la viabilidad de una idea relacionada con la implementación del modelo chino en la economía cubana está descartada en Cuba por el propio gobierno y mediante su proceder.

EL ESTADO ACTUAL DE LAS RELACIONES ENTRE CUBA Y CHINA

El énfasis debe ser puesto necesariamente en el aspecto económico. La visión China es ante todo estratégica e incluye a Cuba como parte de su política hacia América Latina y el Caribe. En ese sentido, no es en lo absoluto excepcional y los propios funcionarios chinos así lo han expresado en varias ocasiones.

Tras la reactivación de las relaciones en 1989, China se situó como el segundo socio comercial de Cuba y en lo que vino a ser la culminación de tal propósito el presidente Hu Jintau visitó la Isla en 2008. Para 2010 China exportó a Cuba bienes por un monto cercano a los 1000 millones de dólares, mientras China compró, fundamentalmente en níquel y azúcar, unos 800 millones.

Algunas empresas chinas hicieron en Cuba una serie de pequeñas inversiones de acción conjunta. Taiji Farms cultiva arroz para el consumo interno. Otras acciones conjuntas fabrican calzado, bicicletas y artículos para el hogar. Las relaciones bilaterales proyectan cierta simetría, en tanto algunas empresas estatales cubanas en China se desenvuelven en áreas como el turismo y la producción farmacéutica (biotecnología) y la medicina (fundamentalmente en la rama de la oftalmología)

Pero los intereses fundamentales de China en Cuba, están relacionados con el petróleo. Aquí, y a pesar de la participación de transnacionales de diversos orígenes (Repsol de España, Hidra de Noruega, OVL de India, PDVSA de Venezuela, PETROBRAS de Brasil, PATRONA de Malasia, Petróleos Vietnam y Melbana Energy de Australia) la competencia por el control se verifica entre rusos y chinos. Ya en los acuerdos establecidos durante la visita de Vladimir Putin a Cuba en julio del 2014 quedó establecida la firma de un acuerdo entre una de las cinco compañías más importantes en explotación de yacimientos petroleros y gasíferos, Rosneft y CUPET (Cuba-petróleo) para la explotación del yacimiento Varadero en su parte centro-occidental. Los ingenieros de Rosneft han dicho que, probablemente, las reservas petroleras de Cuba puedan estimarse en unos 125 millones de barriles, repartidos en 35 campos de hidrocarburos. Potencialmente, las reservas offshore pueden llegar al orden de los 20 000 millones de barriles.

Para Rusia, el predominio adquirido por Venezuela en época de Chávez fue, sin dudas, un obstáculo en sus planes; ahora, con la descomposición política del régimen venezolano bajo Maduro y la disminución del subsidio petrolero venezolano a Cuba que alcanzó un monto de entre 100 000 y 120 000 barriles diarios a la cifra de 56 000 barriles, Rusia se halla ante la oportunidad de concretar sus aspiraciones relacionadas con la primacía en el control de la prospección, exploración y potencial explotación de los hidrocarburos que puedan obtenerse en la zona exclusiva de explotación cubana en el Golfo (ZEE) Pero la piedra en el zapato para los rusos son ahora los chinos.

China y su principal compañía petrolera, China National Petroleum Corporation, está involucrada activamente en la explotación desde el 2011 de pozos terrestres de la costa norte (región central) y su bandera nacional es izada, junto a la de Cuba, en los lugares donde la compañía Gran Muralla (subsidiaria de CNPC) alista sus ingenieros, técnicos y personal de campo especializado en explotación.

En la actualidad, China financia ―con garantías de petróleo venezolano ― una de las inversiones más ambiciosas de la Isla, la rehabilitación de la refinería de Cienfuegos, un proyecto que en sus diversas fases de realización tiene un costo de alrededor de 6000 millones de dólares y que, a su conclusión deberá elevar la capacidad de refinación de esa planta de 65 000 a 150 000 barriles diarios. Otro proyecto, no menos importante y a un costo de unos 5000 millones, es el de renovación y ampliación de la capacidad de producción de la refinería de  Matanzas y la superestructura portuaria de la misma. Aquí, China se ha proyectado como el principal inversor potencial y las labores iniciales llevadas a cabo, también se realizan contra garantías de entrega de petróleo venezolano en especie de mecanismo de triangulación.

Hay más, la compañía china BGP, una de las líderes a nivel mundial en materia de prospección petrolera y CUPET firmaron un contrato (completado hasta el momento en un 70%) para llevar a cabo un estudio sísmico-marítimo que abarca la adquisición, procesamiento e interpretación de datos de 25 000 kilómetros de líneas sísmicas de alta resolución en áreas de la Zona Económica Exclusiva (ZEE) en el Golfo de Méjico calculada en unos 135 000 kilómetros cuadrados.

En Cuba, durante la reciente celebración del evento Cuba Oil & Gas Summit 2017 (enero) Tanto Xing Hongkai, director de BGP, como Peter Strickland, gerente principal de Melbana Energy (Australia) coincidieron en que son muchas las posibilidades de ayudar a Cuba a encontrar petróleo.

LA REALIDAD, HASTA AHORA

Es conocido que algunas de las compañías que originalmente firmaron contratos con CUPET (Repsol, Hidra y OVP) se han retirado de las tareas de prospección por, según se ha declarado, ser demasiado costosas las labores en aguas profundas de los sectores que operaron ― no más de ocho, entre un total de 59 ― y no brindar posibilidades de explotación rentable e inmediata. Además, la comercialización pudiera verse encarecida debido a los costos de un posible traslado del producto obtenido a sus destinos.

La coincidencia con la baja de los precios del crudo, así como las nuevas técnicas de perforación hidráulica horizontal (fracking) desarrollada en el último decenio en gran escala por compañías norteamericanas, así como la reticencia de los productores en el medio oriente a jugar a la baja para conseguir el aumento de los precios, han influido en el desánimo de algunas compañías. No así en el caso de los chinos y los rusos, para los que su presencia en la Isla representa mucho más que una mera inversión. En contexto general hay que tener en cuenta las recientes declaraciones del presidente Xi Jimpig, al anunciar el propósito de su país de invertir unos 250 000 millones de dólares durante los próximos diez años en la economía de América Latina.

Más allá del ámbito económico, en lo político resalta el apoyo de Cuba a los principios y posiciones de China sobre temas como el de los derechos humanos y según su propia interpretación. Taiwán y El Tibet; nada que pueda ser más relevante. Mientras, los chinos afianzan sus propósitos, y tras las limitaciones de Brasil (cambio de perspectiva tras el impeachment de D. Rousseff y el actual escándalo de Odebrecht) en el proyecto cubano de desarrollo de la Zona Franca del Mariel, el asunto pone a los chinos frente a otra importante posibilidad, algo que tras la culminación de las obras de ampliación del Canal de Panamá y los planes chinos (no caducos) de crear su propio canal a través de Nicaragüa, les garantizaría mucho más que una simple participación competitiva en Occidente.

En septiembre 23, 2016, el embajador chino en La Habana Zhang Tuo declaró en una entrevista para Xinhua (agencia nacional china de noticias) lo siguiente: “Los lazos entre China y Cuba encabezan las relaciones de este país con América Latina y ofrecen un modelo de solidaridad y cooperación entre los países en vías de desarrollo” (13)

Es evidente que tal declaración puede estar sujeta a múltiples interpretaciones porque para China, tener cada vez más presencia en Cuba fortalece un régimen amistoso que en ambos casos rige de manera similar un partido comunista y encaja en una estrategia global de expansión de China en el mundo en desarrollo. Los funcionarios chinos aseguran a los diplomáticos estadounidenses no tener intenciones de desafiar los intereses de la seguridad de los Estados Unidos en el mundo occidental, pero el comercio y las relaciones chinas, de facto, reblandecen el impacto del bloqueo/embargo contra Cuba. Al menos, así es hasta hoy. Geopolíticamente Beijing preferiría una menor presencia de Estados Unidos en su vecindario asiático, y puede imaginar que la presencia china en el Caribe constituye un factor de compensación que quizás, algún día, sirva como objeto de negociación en caso de que haya un realineamiento de fuerzas.

Desde el punto de vista de los chinos: “las relaciones con Cuba no están exentas de problemas y tensiones. La lentitud con que Cuba está desmantelando su centralización económica de la era soviética provoca la frustración de China. Los chinos se molestaron cada vez que Cuba suspendió las transferencias de divisas por créditos e inversiones. Según reportes de prensa, la deuda externa de Cuba con China asciende a unos 4000 millones de dólares y alrededor de 41 proyectos conjuntos encontraron serios problemas, mientras otros proyectos de los que se hablaba a menudo, no lograron concretarse como la extracción de níquel en Camarioca o la construcción de un hotel en la Marina Hemingway en La Habana. Los chinos están convencidos que para que la sociedad chino-cubana alcance su plenitud, la reforma económica de Cuba deberá producirse rápidamente. Algo que no sucede.

El Observatorio de la Política China (www.política-china.org)  por intermedio de uno de sus directivos, llegaba a la siguiente conclusión: “En Cuba, en plena transición, las hipótesis de un giro que tenga como referencia la experiencia china, malograrían los planes de Washington. La realidad, no obstante, hoy por hoy, es que las relaciones entre los dos países, con ser buenas, son poco importantes y en lo absoluto basadas en simpatías ideológicas claramente inexistentes… China es, después de Venezuela, el segundo socio comercial de la Isla, pero nada hace pensar que pueda ejercer hoy día una función similar a la desempeñada en tiempos por la extinta URSS” (14)

Es difícil entender cómo se avizora el futuro de Cuba en medio de los efectos de tantos y tan disímiles vectores. El único temor, es que la historia vuelva a repetirse en medio de circunstancias cambiantes, imprevisibles e inesperadas.

José A. Arias Frá.

Notas.-

(1).-Discurso de Fidel Castro pronunciado en la escalinata de la Universidad de La Habana en conmemoración de IX aniversario del Asalto al Palacio Presidencial. En: Departamento de versiones taquigráficas del gobierno revolucionario.

(2).-Fidel Castro en entrevista con la periodista norteamericana Barbara Walters (ABC) en La Habana, mayo 19, 1977.

(3).-spanish.china.org.cn Portal informático de “Diario del Pueblo” Entrevista con Miguel Díaz-Canel, primer vicepresidente de Cuba. En: “Pueblo en Línea”

(4).-Ibdm. Entrevista citada.

(5).-Ibdm. Entrevista citada.

(6).-www.latercera.com/ “Nueve diferencias entre el comunismo de China y Cuba” Yuwen Wu.- referencia a periodista china, al servicio de la BBC, Londres.

(7).-Núñez, Eulimar.-Nueve diferencias entre el comunismo chino y Cuba. En: www.bbc.com/mundo

(8).-Núñez, Eulimar.- artículo citado.

(9).-Núñez, Eulimar.- artículo citado.

(10).- Mesa-Lago, Carmelo.- En: “Cuba en la era de Raúl Castro: reformas económico-sociales y sus efectos. Citado por Eulimar Núñez en “Nueve diferencias entre el comunismo de China y Cuba.

(11).- Interesante cita atribuida al profesor de economía de la Universidad de La Habana Julio Díaz Vázquez. En: Eulimar Núñez, artículo citado.

(12).-Núñez, Eulimar.-Artículo citado anteriormente.

(13).-Entrevista realizada al embajador chino en La Habana, Zhang Tuo, por la agencia internacional china de noticias Xinhua en septiembre 23/2016.

(14).-Ríos, Julio.- En: Observatorio de la Política China (www.politica-china.org)





      

   





Friday, February 10, 2017

EL KITSCH. ¿ARTE O ESTÉTICA DE LO VULGAR?


El origen probable del término.

"El origen de la palabra indica sus características. En algunos dialectos de origen alemán, el verbo kistchen significaba ensuciarse de barro por la calle; además, el verbo verkitshen era equivalente a vender barato. El crítico cultural alemán de origen húngaro Ludwig Gresz señala que la primera aparición del término data del siglo XIX cuando los turistas americanos buscaban comprar un cuadro en Mónaco y pedían un bosquejo (sketch)" (1)

De lo anterior se infiere que en el sentido lingüístico y en consonancia con su representatividad, Kitsch es un vocablo joven, postmoderno y esencialmente vinculado a la contemporaneidad del siglo XX y con absoluta vigencia utilitaria hasta hoy.

Los problemas de la interpretación.

Aquí, repito lo que apunté en un comentario en las redes sociales (facebbook):

El desencuentro con la esencia del Kitsch como arte es el alarde de la incongruencia manifiesta y pretenciosa.

Es precisamente en ese punto que, no sólo Umberto Eco, también Kundera y Croce, ponen el énfasis. Eco, al parecer, el más centrado en la diana; porque apela a la teoría del símbolo (semiótica) en la interpretación de la imagen visual y, sólo excepcionalmente (el criterio de “lo kitsch” es también artísticamente polisemántico)

El Kitsch dentro del Kitsch (según M.Kundera) representa una evolución que no transgrede el concepto postmoderno de una “cultura de masas” al limitarse en sí mismo; de hecho se ha popularizado como recurso (más que como manifestación artística) y como vector de marketing con indiscutible éxito y valederos réditos.

La transgresión, empero, sobreviene a consecuencia de la degeneración estilística, insensible en lo conceptual y en la popularización de un gusto (imagen de una sensibilidad distorsionada para el caso) que pretende imponerse por exceso y en contraposición a lo que representa el concepto más tradicional acerca de las diferentes manifestaciones artísticas.

He aquí una cita de Milán Kundera que enmarca muy gráficamente la propuesta de su idea sobre el Kitsch:

“El Kitsch hace que fluyan dos lágrimas en rápida sucesión. La primera lágrima dice: ¡Qué lindo es ver a unos niños sobre la hierba! La segunda lágrima dice: ¡Qué lindo es ser conmovido, junto con toda la humanidad, por unos niños que corren sobre la hierba! Es la segunda lágrima, la que hace kitsch al kitsch” (Kundera, 1984)

Probablemente la interpretación fidedigna está vinculada al asunto de la relación entre forma y contenido y que en su relación ― populista ― corre el riesgo de generarse a un nivel demasiado básico y, en consecuencia inaceptable. Ello es lo que suele suceder bajo los cánones ideológicos rígidos de tales sociedades e independientemente de su signo político.

“En vez de la educación cultural de los sectores masivos con bajos niveles de cultura artística según la máxima esta obra es buena, por lo tanto debe hacerse comprensible para todo el pueblo, se propugna la nivelación cultural a ras del más bajo escalón según el principio esta obra es comprensible para todo el pueblo, por lo tanto es buena” (Navarro, Las Causas de las Cosas, 2006)

Es evidente que en la última proposición toma cuerpo lo del kitsch dentro del kitsch manifiesto en la cita de Kundera y se impone una estética de la vulgarización ex profeso.

El asunto es, aún, más complejo; veamos. El Kitsch como arte, tiene su estética propia pero, sin embargo, se aleja de la ética.

“La postmodernidad introdujo explícitamente el hipertexto en la obra y ahora el arte se mueve entre el concepto y el tributo. Muchos términos y vanguardias han dado así paso a lo que muchos entienden como Kitsch.

“Durante años, el término Kitsch ha rondado el imaginario del arte, considerado como un tipo de arte que gira en torno a una estética característica, ejecutada por cierto tipo de artistas que apunta a un público específico, y eso es verdadero hasta cierto punto. El arte kitsch surge del refinado arte culto que se contrapone y eleva (según algunas personas) del arte popular o del arte pequeño-burgués, estos últimos denominados como nuevos ricos y (que) buscan escalar estratos sociales al comprar arte por el hecho de poseerlo sin saber qué es lo que adquieren.

“En el libro Historia de la Fealdad, Eco resume el término de la siguiente manera: Kitsch es la obra que, para lograr que se justifique su función estimuladora de efectos, se pavonea con los despojos de otras experiencias, y se vende como arte sin reservas…” (2)

Otra evaluación, diferencial y no menos importante.

Sobre el arte kitsch el esteta y crítico Clement Greensberg apunta lo siguiente:
“…mientras la vanguardia (entendiéndola en general como el arte en su función de descubrimiento e invención) imita el acto de imitar, lo kitsch imita el efecto de la imitación: cuando la vanguardia crea una obra artística pone en evidencia los procedimientos que conducen a ella, y los elige como objetivo de su propio discurso, mientras que lo kitsch pone en evidencia las reacciones que la obra ha de provocar, y elige como objetivo de su propia operación la reacción emotiva del consumidor” (3)

En tal sentido se puede validar la afirmación de que en el arte Kitsch el deslinde entre estética y ética prevalece, sin que se pueda excluir el concepto estético como algo inherente a cualquier manifestación artística, inclusive, para el Kitsch.

Eco introduce, además, un argumento para valorar el Kitsch basado en la interpretación simbólica y la teoría comunicacional. Le atribuye un papel significativo a la relación sujeto-objeto, refrendado por esta última y concluye que, a pesar de sus limitaciones, el verdadero valor del Kitsch (argumento para la discusión sin consenso) radica en la influencia que ejerce a través de la repetición y la reiteración del propio simbolismo de su estética. Sin asumir posturas a favor o en contra, la idea es innegable y válida a pesar de la abigarrada fealdad de los argumentos visuales, literarios o musicales.

El efecto perecedero (no paradigmático)

En el Kitsch, cultura de masas y consumo van de mano. Ello, parece alentar una dinámica contradictoria y controversial. Las propuestas innovadoras originan homólogos que desdicen del carácter creativo de aquellas, pero de esa manera, se vinculan a él.

Hoy, lo kitsch es un medio deliberado de entablar comunicación con una audiencia.

Notas.-

(1).- Múñoz González, Rodrigo. En: Semanario Universidad (junio 16, 2013) tomado de: semanariouniversidad.urc.cr

(2).- Arte Kitsch: Más allá del mal gusto. En: culturacolectiva.com (sept. 24, 2015)

(3).- Kitsch y cultura de masas: homenaje a Umberto Eco. En: https://revistabonaria.com/2016/

José A. Arias-Frá.

  



Wednesday, November 30, 2016

EL "LEGADO" DE FIDEL CASTRO.

Si nos atenemos a los hechos y sus evidencias actuales, es decir, a los resultados; la desaparición física de Fidel Castro no representa legado alguno. Muchos se empeñaran en afincar sus opiniones en tiempos en que la revolución que lo condujo al poder en 1959 podía parecer un acto de desafío matizado de esperanzas y catapultado luego, coyunturalmente, a una dimensión universal. Tendrán que mencionar su nombre; ¿para bien o para mal? A lo primero, es a lo que personalmente apostó cuando pensó que la Historia lo absolvería. La Historia, sin embargo, cuenta con el tiempo para concretar juicios que deben ser mesurados y eso, a largo plazo, debe incluir muchas definiciones inconvenientes.

Aunque forme parte de una especulación, habría que decir que si en 1952 la Isla de Cuba hubiera seguido un derrotero verdaderamente democrático tras el período de los gobiernos sucesivos del autenticismo (1944-1952) y sobre todo, tras la aprobación de la Constitución de 1940 y su aplicación, nada de lo que sucedió después del golpe de estado protagonizado por Fulgencio Batista, hubiera tenido lugar. El hecho revolucionario protagonizado por Fidel y su guerrilla, no hubiera ocurrido y menos, nada de lo que vino después.

No se trata de contar la historia una vez más, tampoco de tratar de encausarla de manera que se le haga coincidir con presupuestos inexistentes o personales. El fenómeno del castrismo en Cuba ocurre, sin embargo, a consecuencia de la transgresión de la democracia de la misma forma que sucedió en 1930 cuando Gerardo Machado se convirtió en dictador tras maniobrar para hacerlo, mediante la reforma constitucional de 1929.

La toma del poder por la guerrilla fidelista en el 59 es, más bien, consecuencia directa de la ruptura de un proceso democrático con errores superables aun dentro del contexto político vigente en aquel momento y, en muy poca medida según suele argumentarse, de un sentimiento antimperialista enraizado entre la población. De haber sido así, y según los que defienden la chouvinista hipótesis de “la continuidad histórica” el proceso que estalla en los treinta debió producir otras consecuencias. Lo que me parece cierto es que dadas las circunstancias que coincidieron en el 59 en torno a la figura de Fidel y lo que él representó para la opinión pública nacional  ― por cierto de variopintos colores políticos ―, le conjuntaron un diapasón amplio y perfecto para poner en práctica sus ideas personales.

Es, precisamente ahí, donde comienza la traición de Fidel a los ideales de libertad bajo democracia a los que el pueblo cubano apostó con él al frente. Tempranamente Castro se convirtió en un antagonista inclemente y desafiante de Estados Unidos― “imperialismo yanqui”, como lo llamó desde el principio ― y con el que pudo haber interactuado de forma mucho más conveniente evitando la confrontación y sin mella para la soberanía nacional (en las innumerables versiones que se dan hay mucho de fabulación) Eso, aunque algunos discrepen y no lo vean así, pudo ser posible. Pero no eran sus propósitos. Su plan, estaba en su concepción personal que el imaginaba como la gran obra revolucionaria que lo convertiría en caudillo de un antagonismo que hasta hoy se mantiene vigente.

Desde su punto de vista, muy afín con su carácter y temperamento, Cuba le quedaba chiquita a Fidel y, sin parar en las consecuencias, decidió que todo podía ser justificable en aras del alcance de sus propósitos personales. En medio de la guerra fría, la respuesta de su anunciado enemigo fue la de oponer la fuerza de la contención ante la “acción revolucionaria” de Fidel: el choque, pareció entonces inevitable y la primera gran consecuencia, la frustrada intentona de Girón; otro argumento que puso el viento soplando a su favor.

Luego, Fidel entendió que su inserción como participante activo y vociferante en la correlación de fuerzas internacional, necesitaba de una alianza con el poder en la antípoda de su retórica inflamada y lo demostró durante la crisis de octubre en 1962 convirtiéndose en protagonista de una alianza que frustró la soberanía nacional desde entonces y hasta la desaparición de la URSS en 1992, poniendo aquella vez a la pequeña Isla de Cuba en el epicentro de una posible confrontación nuclear. Sólo el papel que pretendió jugar, lo hace responsable de poseer una conciencia enajenada.

El anunciado proyecto social de reivindicaciones al interior de la Isla que tantos adeptos le ganó, sobre todo a nivel continental, empezó a desfigurarse poco a poco y se distendió en el tiempo a consecuencia de una relación impostada en la que nunca Cuba, su líder y su revolución dejaron de ser un peón en el difícil ajedrez de la confrontación bipolar para las décadas finales del siglo XX.

Luego Fidel, (él, y nadie más) decidió convertirse en dilapidador a ultranza de cualquier beneficio que en lo económico pudo acarrear la dependencia y la gravitación en la órbita soviética. Montones de ideas, planes, propuestas descabelladas y la configuración de un estado militar capaz de transgredir los límites del territorio insular fueron fin y colofón de su quehacer político. Para él su gloria, la suya y no la de Cuba y los cubanos,  seguía siendo lo más importante. Es, como el caso del mitómano, ― caracterización que se le aviene ― que cree la historia que se inventa y obliga a los demás a que la crean.

Con el desarrollo de un papel tan inadecuado para un país como Cuba, sobre todo por la influencia del factor geopolítico, no hubo otro destino que el deterioro paulatino que primero condenó al país a la dependencia en todos los órdenes, para terminar congelándolo en el tiempo hasta ofrecer la imagen que hoy proyecta más allá de exabruptos, demagogia tendenciosa e interpretaciones cuyo resultado a corto plazo no pueden ni deban conducir a creer que Cuba constituye un modelo. Cabría preguntarse ¿de qué?

No voy a repetir aquí lo que ya es bien conocido; la forma en que un proyecto ―que de haber sido entendido como tal ―, y que pudo ser viable tras siete años de dictadura (1952-1959), se convirtió en  catástrofe. Al parecer, en ese proceso no hubo ni la búsqueda de una oportunidad en términos racionales y no confrontacionales, ni inteligencia, ni buena administración, ni consecuencia, ni honestidad. Sólo prevaleció el ego de un hombre sobre las esperanzas de un pueblo y ahora que ya no está (y por cierto desde mucho antes de morir) lo deja sumido en las consecuencias de su irresponsable actuación.

La Cuba de hoy es el resultado de la guerra de Fidel contra los molinos y que consiguió proyectar mediante la intuición de oportunidad que desde su óptica le hicieron aprovechar cuantos vectores estuvieron a su alcance para materializar sus pensamientos revestidos de una doctrina ideológica ajena a la democracia y a la que festinadamente llamó y, aún sus seguidores insisten en llamar, democracia socialista, marxista y leninista ―sui generis y a la medida de su personal interpretación. De ahí, el afán estalinista de no parar mientes en establecer un poder unipersonal, unipartidista (es esencialmente lo mismo) y, en su caso y por añadidura, nepotista y que lo confirmara ante el pueblo como decidieron llamarle desde siempre: “el máximo líder” el único capaz de entender, interpretar y desarrollar la voluntad de la nación en él encarnada.

¿Cómo lo hizo?; pues de la peor manera: pagando un precio incosteable y sobredimensionado que no iba a afectar a otros que no fueran  los pobladores del territorio del que se convirtió en dueño y señor. Puede parecer pueril e ininteligible para muchos desde una óptica bajo el ingrediente de la propaganda sesgada y tendenciosa del fidelato. Eso, no es nada extraño si se tiene en cuenta que mediante argucias semejantes, la desaparecida URSS y las “democracias socialistas” euro-orientales fueron también fuente de inspiración de la izquierda en tiempos de su radicalización hasta que se produjo el derrumbe y las condiciones les obligaron al repliegue estratégico y factual. ¿Tendríamos que preguntarnos, además, por qué y fuera de la influencia directa de Fidel otros cubanos alcanzan el éxito? No son humanamente diferentes, sólo independientes de la voluntad omnímoda que prefigura y sentencia los destinos de los que no pueden desentenderse y los lacera. Más allá del concepto de libertad y su amañada interpretación, estos últimos sufren del voluntarismo de uno sobre todos (de eso que se define como tiranía)

Cuba, aún bajo Fidel, quedó huérfana y desamparada, sorteando escollos mediante la incongruente estrategia del día a día, el período especial ―reflejo de la inexistencia absoluta de condiciones mínimas para la supervivencia, de 50 años perdidos entre la algazara de la confrontación. Siempre a mano, el asunto del bloqueo/embargo, condimentado con la parafernalia de la batalla de ideas, la guerra de todo el pueblo, la autodeterminación y la no injerencia en los asuntos internos de la nación… de Fidel (¡Pa´lo que sea).

¿Cómo puede prosperar, crecer y desarrollarse una sociedad bajo semejantes condiciones?, viviendo de consigna en consigna, viendo como se marchan del país millones de personas y se deterioran las alternativas de vida de los que se quedan de forma acelerada. La respuesta es evidente: no se puede, faltan los ingredientes y lo peor, la voluntad que padece el deterioro de un imaginario chapuceramente re-elaborado. La Cuba de hoy, que fue la que “construyó” Fidel Castro demonizándolo todo para terminar escribiendo “sus reflexiones” y morirse a los 90 en la cama de un hospital, es la respuesta.

Pero lo peor es lo que deja, una cuerda de insensatos en el poder que apostaron a él, para vivir como él; perpetuándose en su supuesto magisterio y con la fatuidad atemporal de una idolatría cuasi religiosa. Entiendo que muchos se llenen de esperanza, que hablen de la “desaparición del cerebro que engendró el mal” y que crean que con esto, a lo que llaman “fin de una era” el problema empieza a resolverse. No parece ser así, y si de alguna manera la influencia de las condiciones económicas que son infalibles, vuelven a poner la soga al cuello a los cubanos, esta caterva de personajes, con Raúl al frente, encontrarán la forma de hacer valer sus intenciones. Seamos realistas, ¿quién o qué, se lo va a impedir? Es un asunto de Cuba y los cubanos. Sólo nos importa, a los que cargamos con el gentilicio como un pesado fardo al que a nadie le interesa ayudar a compartir la carga.

Mientras, ligeros y caminando como los faquires de marras, sobre cristales rotos, andarán unos de bota para imponer su voluntad, mientras otros, descalza la esperanza, se disponen a encontrar soluciones inmediatas en otras latitudes. Triste, muy triste, “el legado” de Fidel.


José A. Arias-Frá.