MADURO: ¿VENCEDOR O VENCIDO?

Se llevaron a cabo las elecciones del día 14 de abril –ayer domingo- y con pena, debo reconocer que no me equivoqué. Lo que nunca me pude imaginar fue que la urdimbre alevosamente tramposa de los herederos del poder fuera tan débil y pecaminosa, aún, ridículamente estructurada.
Primero, si estaban decididos a robarse la elección a como diera lugar debieron haber manejado datos algo más prolijos a su favor, pero de seguro no lo hicieron porque pensaban que, al menos, el margen de ventaja obtenido frente a Capriles en las elecciones del pasado 7 de octubre se iba a mantener e incluso podía ser superado teniendo en cuenta el abusivo uso hecho de la imagen del difunto Chávez que presidió la escenografía de estos acelerados comicios.
Pero lo que los chavistas no parecen haber tenido en cuenta –al menos los más crédulos- es que Nicolás Maduro es quien es: persona de poca monta, pocos recursos como político y absolutamente ninguno como tecnócrata, de esos que suelen erigirse de vez en vez en chupópteros del poder en los llamados procesos socialistas marxistas y revolucionarios. Maduro no puede aspirar siquiera, a brindar la imagen del aparachitk dispuesto a medrar a la sombra de un caudillo y, abandonado a su soledad, es como un libro usado, cerrado y cuyo contenido poco o nada dice.
Lo primero que genera certeza –no duda- en el acto de alevosía antidemocrática cometido ayer es la dilación en el ofrecimiento de los resultados; ya es sabido que la demora crea la posibilidad de cometer entuertos contra la realidad y no es más que una forma de ganar tiempo. Lo segundo, la manera en que son presentados,  sólo después de que se da la autorización para hacerlo, lo cual desdice de la supuesta autonomía del CNE. Una combinación de chantaje y llamado a la ecuanimidad: “…pedimos cordura y que todo el mundo vaya a sus hogares pero, advertimos; el CNE tiene por política no someter a revisión sus dictámenes, emanados de uno de los más puros y precisos sistemas eleccionarios del mundo...” Dicho en términos más precisos: en una mano el libro y en la otra el jan.
Es obvio que se entendiera que ante resultados tan parejos (según se presentaron) era lógico que el supuesto perdedor iba a pedir –como lo ha hecho- una revisión minuciosa de las boletas voto a voto; pero lo que deja perplejo a cualquier observador medianamente avisado y sagaz, es que al día siguiente y como quien lleva a cabo una carrera contra el reloj, el supuesto presidente electo se apresurara a ser nombrado y reconocido por la presidenta del CNE como el ocupante de la primera magistratura. Después de todo es éste el trámite que homologa y oficializa su posición, lo demás son procedimientos de rigor que en algún momento deberán tener lugar: imposición de la banda, juramento del cargo y presentación oficial ante la Asamblea Nacional y otros dignatarios e invitados extranjeros; todo lo cual y desde la mentalidad de un alevoso y mitómano, no tiene mayor importancia que la de satisfacer su malhadado ego.
Lo más importante, sin embargo, es tratar de explicar y hacerlo inteligible, digerible a los demás –dentro y fuera- es que estas personas dicen ser unos excelsos representantes en el ejercicio del poder de las mayorías (en Cuba –el paradigma- se ha llegado al descoque de afirmar que la perpetuidad en el ejercicio de los cargos de quienes ejecutan el poder del estado, único y unipartidista, se eligen y reeligen con porcentajes que oscilan entre el 95 y el 98, pero allí no hay competencia), ¿de qué hablan, cuando ellos mismos reconocen que el margen que separó al candidato supuestamente ganador del que ellos dicen derrotado es de 1.59%. ¿Cómo se puede explicar que desde hace mucho tiempo los supuestos poderes del estado (Asamblea Nacional, Poder Judicial y CNE) estén bajo el control mayoritario y absoluto del poder ejecutivo y no exista la más mínima voluntad de que ello pueda cambiar? La artificial separación de poderes no es más que una entelequia y está demostrado.
Ya sabemos, los que hemos sido testigos del “legado” del extinto precursor y mecenas de Maduro, que su “diplomática” e “inteligente” gestión al frente del país estaba pautada por la emisión de una serie de bravatas y argumentos ofensivos e irreproducibles, para después hacer caso omiso de cualquier contravención a sus intereses personales; como sucedió con el referéndum del año 2007 acerca de dar a la constitución carácter socialista en el que perdió y cuyos resultados no sólo desconoció dándoles además una connotación escatológica (en el sentido más fétido y terrible del término)
Ahora, entre muchos, el gran problema de Maduro es tener que aceptar que en el país, la mitad de los electores no apoyan al gobierno, desdicen de él públicamente y consideran la gestión llevada a cabo durante 14 años como lo que realmente es desde el punto de vista político: un soberano y rotundo fracaso y, si se pudiera decir que la mitad que le apoya lo hace por plena convicción y conciencia de lo que aprueba con su voto –lo que no es real- en el mejor de los casos habría que gobernar con un criterio inclusivo capaz de poner límite y freno al despeñadero por el que se desliza el país. Sería además interesante poder imaginar la posición del resto de los cuatro millones de abstinentes, del total de votantes inscriptos y poseedores de células.
Una vez más, como ya he advertido, la matemática tampoco es el fuerte de los revolucionarios; suele ser muy exacta y poco dúctil, menos aún maleable y, en consecuencia, lo aconsejable es desconocerla. He aquí que la única ventaja que proporciona el hecho de que anti-demócratas se hagan con el poder por la vía electoral es el hecho de no poder ocultar, menospreciar o hacer delusiva, como en otros casos conocidos, la acción de los opositores y, cualquier trámite tendiente a conseguirlo usando la fuerza del poder, es inversamente proporcional al efecto que puede tener la acción de más de 7 millones de electores de un total de 14 millones que ejercieron su derecho al voto. En otros términos, los que unilateralmente se aprestan a gobernar no sólo se contradicen desde el poder; también lo seguirán utilizando para seguir mintiendo, en tanto, todo lo alegado  constituye un sofisma sin asidero real.
Es loable e inteligente la manera en que la oposición con Capriles a la cabeza se ha aprestado a encarar el vendaval. No hay que ser estratega de alta política para enfrentar a quienes abusan del poder usando argumentos fútiles y extemporáneos y, si bien existen pocos antecedentes en que basarse para ganar a esta gente la partida, la factualidad de los hechos hasta ahora acontecidos no le acredita mucha ventaja a quien dice ser un seguidor del difunto Sai-Baba y de otro supuesto avatar –también extinto- cuya influencia parece haberse disuelto en un plazo menor del que cualquiera pudo imaginar.
José A. Arias.

  

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CASTRO Y SU "REFLEXIÓN" SOBRE LA CRISIS NORCOREANA.

Al socaire de este nuevo episodio de “avivamiento” de la crisis propiciada por Corea del Norte, ahora bajo el tercero en línea sucesoria de la misma familia, Kim Yong Un, me interesó –evito decir motivó- leer la “reflexión” de Fidel Castro bajo el título que sugiere evitar una guerra nuclear en esa parte del mundo  (quien, como en mi caso, le interese saber hasta donde llega el cinismo de este personaje, puede hacer lo propio, sobre todo si no forma parte de los ciegos como aquellos del famoso “Ensayo Sobre la Ceguera” escrito por el difunto nobel portugués José Saramago, quien en su tiempo no fue precisamente un “reaccionario” ni un “derechista”)
Lo que más concita mi preocupación –confieso que por las dudas y no por temores que parecen, una vez más, exagerados- es leer las unánimes opiniones, alrededor de 174 en el momento en que entré en el sitio donde aparecen vertidas, sobre las palabras expresadas y la insensatez, la falta de coherencia –sobre todo histórica- y de consecuencia en poco más de una cuartilla en que de la misma manera se trata de verter una opinión por parte del autor.
No me sorprende que, haciendo gala en los referidos comentarios de una profusa ignorancia histórica, sino también genéricamente cultural (ortografía y sintaxis incluidas) los seguidores de Castro alaben su “sapiencia” como hálito de esperanza. Quizás no se equivoquen del todo, porque cuando el comandante ya no esté, dudo que alguien pueda gozar de “autoridad” para expresar barbaridades y denuestos sin pudor, de la forma en que lo ha hecho siempre y aún continúa haciéndolo a pesar de sus achaques. Desde otra dimensión, veremos otras aves diminutas revolotear sobre cabezas confundidas –posiblemente tocororos o zun-zunes, aves oriundas de la ínsula caribeña- como sucede ahora en Venezuela en donde el ego sobredimensionado de otro personaje desaparecido no dejó espacio a la “inteligencia carismática” de otro caudillo.
Pero lo que me interesa puntualizar ahora, son algunas de las contradicciones subyacentes en la citada reflexión de Castro. Alude el autor a la peligrosidad del momento en que durante la Crisis de Octubre de 1962, se encontró a Cuba siendo el epicentro durante algo más de una semana, de una posible confrontación entre la URSS y los Estados Unidos con uso de armas atómicas letales. Según se ha repetido y muchos han creído –como ahora creen en el caso Coreano- los inveterados culpables de cualquier catástrofe son los “ambiciosos y hegemónicos” imperialistas yanquis.
Nada más lejos de la verdad. ¿Quién tuvo la total responsabilidad de que aquella crisis se desatara y pusiera al mundo al borde de una Tercera Guerra con el uso de armas atómicas incluidas? Parece que al propio Castro se le han olvidado sus bravuconadas de aquellos tiempos en que con el pretexto de la amenaza norteamericana, le abrió la puerta a los soviéticos para conjurar la que ya se perfilaba como una proyección “marxista-leninista” del proceso revolucionario por él encabezado y sin dudas, traicionado. Durante la crispante y decisiva semana del 20 al 28 de octubre de 1962 Castro apostó al ataque nuclear sin miramientos desde Cuba, apuntando a los centros vitales del poder de la nación norteamericana en Washington y de importantes ciudades como Nueva York, sin descartar a Miami, en Florida,  a la que consideraba -aún lo cree así- la “inmunda guarida de sus enemigos”
Aunque ya la presencia soviética era notoria en la Isla desde 1960 (recordar la inusitada visita de Anastas Mikoyán y el traslado de la exposición “Avances de la Técnica y la Ciencia Soviéticas” en propagandística tournée latinoamericana y que de manera subrepticia fue trasladada de Ciudad Méjico a La Habana –que no estaba en el programa de presentación-como parte de los cuantiosos –públicos y secretos- e innumerables contactos de La Habana con Moscú en aquel entonces). Los efectivos militares soviéticos se vieron acrecentados de manera anormal desde junio-julio de 1962 en que entraron a la Isla elementos de tropas y sus altos mandos bajo el disfraz de ayuda técnica, industrial y comercial, al recién adquirido aliado caribeño. Llegó el momento –alrededor del mes de septiembre- en que las plataformas de lanzamiento de misiles balísticos se hicieron inocultables a los organismos de inteligencia norteamericanos y su ubicación por toda la geografía isleña fue más que evidente e irrefutable.
Innumerables versiones sobre la actividad desplegada por Castro, éste mismo anciano que ahora recomienda cordura para dejar a un lado la animadversión en aras del beneplácito de la humanidad, han demostrado que fue el fogoso instigador de la tesis de tierra arrasada que no se ha cansado de venderle a sus seguidores, nacionales y extranjeros, en aras de un chauvinismo nacionalista que no existía, tal y como vino a quedar demostrado cuando soviéticos y norteamericanos dilucidaron el problema de acuerdo a sus intereses nacionales respectivos y se procedió al establecimiento del pacto Kennedy-Krushcev. Los rusos permitieron el desmantelamiento de las plataformas de lanzamiento y la verificación (no in situ) desde el aire, de los barcos que trasladaron de regreso los dispositivos; de hecho dejaron una brigada de combate en el territorio cubano hasta época relativamente reciente y aún después de la caída del régimen comunista en la Unión Soviética; los norteamericanos levantaron la cuarentena naval que habían establecido y se comprometieron a no permitir el uso de su territorio ni el de ningún otro país del continente para preparar u organizar ataques o incursiones armadas al territorio insular.
Todo lo que se apunta es historia perfectamente verificable aunque las fábulas en torno a la realidad se empeñen y traten de disfrazarla. Castro se tuvo que conformar con el papel de obediente súbdito soviético e insignificante enemigo del poderío militar norteamericano, más, necio y malsanamente contumaz como siempre ha sido, trató de sacar partido a la situación y comenzó a elaborar, ahora en concomitancia absoluta con sus aliados soviéticos, sus futuros planes de mesianismo continental y de traspaso de su "acción revolucionaria" a otros territorios del orbe (los Andes debían convertirse en la Sierra Maestra de Latinoamérica –frase que espetó al mundo en fecha tan temprana y anterior a todo lo narrado como en ocasión de pronunciar el discurso de celebración del 26 de Julio en 1960), tiempo después y tras la realización de un sinnúmero de aventuras guerreristas que le costaron muy caras a la nación cubana –en recursos materiales y humanos- y ya bien entrada la década de 1970, intervino en África donde evidentemente se desvanecieron sus sueños napoleónicos (muy a contrapelo, siempre recuerdo la ocasión en que Castro citó como uno de sus libros de cabecera el Manual sobre Táctica y Estrategia escrito por el Mariscal Von Clausewitz, -era preferible presentarse a sí mismo al lado de los victoriosos y no de de los derrotados); desde entonces comenzó el “otoño” de su patriarcado para, insulsa e inexplicablemente convertirse en consejero de la humanidad desde la inconcebible y fanatizada óptica de sus seguidores.
Como quiera que éste trabajo ya es extenso en virtud de los temas abordados, debe ser complementado con la alusión al tema coreano que da lugar a la “reflexión” de Castro y aunque es evidente que Castro –debe entenderse que se trata de él, ya que las calza con su rúbrica- escribe para sus neófitos y pueriles seguidores fuera de Cuba y para quienes considera sus súbditos al interior del país; los argumentos que utiliza son distorsionados y lo peor es que él lo sabe; forman parte de la colección de imágenes –no de hechos verosímiles- que engordan versiones pseudohistóricas de la realidad contemporánea como la de atribuir a Erich Honneker la más perínclita honestidad de cualquier alemán por él conocido (Castro escribió una “reflexión” al respecto)
La guerra de Corea (1952-53) que terminó con la firma de un armisticio que dividió la península en dos territorios al norte y al sur del paralelo 38 constituyó el primer acto de “calentamiento” de la correlación de fuerzas entre sino-soviéticos de una parte y norteamericanos de la otra. Sólo habría que recordar lo que el balance de esta correlación representaba en medio de un ambiente reciente de post-guerra y dentro del sinuoso período de “guerra fría” que prevaleció en los años subsiguientes. Hoy que la URSS desapareció y que China hace mucho que dejó de ser un feudo socialista al estilo de las extintas “democracias” mal llamadas populares euro-orientales, algo que los neófitos desconocen, pero que Castro, no sin amargura y frustración, oculta; dice creer que la estratagema coreana –que ya hemos visto antes- tendiente a concitar el apaciguamiento por la vía del rescate indirecto de occidente con relación a norcorea, puede ser peligrosa y catastrófica para la humanidad.
Si las amenazas del aprendiz de brujo de King Yong Un, pudieran tener un ápice de credibilidad y en el supuesto caso de que no se trate de un desajustado mental en usufructo del poder y la fuerza, habría que preguntarse: ¿en qué lógica puede basarse una evidencia tan gráfica de la realidad como la que ofrece la disparidad entre las dos Coreas? El norte un país empobrecido y militarizado, el sur la economía que ocupa el doceavo lugar a nivel mundial. ¿Tendrá el mundo libre el obtuso interés de desatar un conflicto de incalculables proporciones para dominar un país empobrecido y económicamente arruinado como la “República Popular y Democrática de Corea del Norte”? Más allá de las amenazas que ya se han visto antes y que llevaron a los feudos de la familia de Kim Il Sung numerosas misiones de apaciguamiento, todas, sin excepción; respaldadas por la misma escenografía, me parece exagerado y oportunista pensar en otro desenlace.
Los norcoreanos ganan tiempo y ejercen el chantaje –no hay otra manera de calificarlo- mientras, el principal producto nacional continuará siendo la militarización de la vida en el pais y el establecimiento de un control irrestricto sobre la acción y desempeño de los pobladores de una nación que tiene a unas cuantas millas la certeza de que en un mismo territorio de la geografía peninsular existe otro mundo muy diferente al que se les obliga padecer y, si no tienen una conciencia más clara de esa realidad, es culpa de individuos que, como Castro, endulza su propio ego ante sus seguidores con esa obstinada vocación senil de emborronar cuartillas o se placen en convertir el territorio que gobiernan en un polígono militar gigantesco cuyo trasfondo es el hambre y el atraso de las multitudes a las que imponen su mandato.
Para los norcoreanos lo peor es que su “líder heredero” acaba de cumplir 29 años de edad. ¿Quién sabe cuantos estará en el poder?
José A. Arias.  

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MADURO: POR QUÉ Y PARA QUÉ.



Siempre es necesario establecer la relación entre los sectores que representan un interés político y sus auto titulados líderes; es casi un presupuesto que desde el punto de vista sociológico tiene un gran peso. Sin excepciones se observa una correspondencia directa y unívoca entre quienes dictan la pauta y aquellos a quienes demagógicamente se les caracteriza como “fuente del poder” En ejercicio históricamente repetido se combinan factores psicológicos y doctrinales que en ocasiones tienen un bajo perfil de notoriedad a pesar de desempeñar un rol definitivo y definitorio entre sus víctimas. Se trata, en la práctica, de lo que se conoce como “adoctrinamiento”

El actual caso venezolano es un ejemplo muy diáfano de lo anterior y no es precisamente ahora, cuando el “presidente encargado” Nicolás Maduro está al frente de un gobierno establecido por su antecesor hace catorce años, cuando se pueden apreciar los fueros de la insensatez disfrazados de una política en defensa de los intereses de los desposeídos. Lo que ahora se puede observar, es lo mismo que se entronizó antes por intermedio de la mal intencionada gestión de un caudillo populista, de esos que tanto agradan a los que por variadas razones –no siempre injustificadas- desconocen las consecuencias de sus actos.

Bastaría solamente con manejar simples datos que reflejan una incontrastable, pero diáfana y terrible verdad. A la llegada del difunto Chávez a la presidencia, ni el índice de pobreza era tan elevado como ahora (27% contra 42%), ni la inflación era exorbitante como lo es hoy, ni el índice de criminalidad era un fenómeno rampante que conduce a repletar las morgues, ni el desabastecimiento un fenómeno con el que muchos se ven obligados a lidiar cotidianamente. Pero, aunque sin interés de participar en la actividad  política halla quienes lleven a cabo la denuncia; esa tenaz labor de zapa casi pavloviana que se lleva a efecto, cumple su función.

Lo anterior explica porque pueden asaltar el poder –y esto en medio de cualquier circunstancia- personas sin preparación, sin la más mínima capacidad administrativa, con un discurso rudimentario y elemental que se mueve entre la fábula de la idiotez y el odio flamígero que la “lucha de clases” alimenta. Por eso quien no comparte la “tierna y justa” versión de un ignorante es, en la antípoda, un burgués, un desgraciado y un lacayo del imperialismo (conste que uso las propias palabras de los fabuladores)

Para quienes estamos de vuelta de todas estas cosas y aún seguimos siendo sus víctimas, amén del punto de la geografía planetaria en que nos encontremos, nada de esto es sorprendente. Siempre, y por reiterativa que parezca, lo de la mentira repetida que llega a ser –o parecer- una verdad, adquiere un matiz francamente fascistoide en absoluta y concomitante relación con sus orígenes.

En la mecánica social de los operadores del acomodo socialista lo que siempre se nota es el adelanto de la acusación de los pecados propios a los que se consideren enemigos reales y potenciales. Habrá, como el propio Lenin orientaba, que estar siempre delante de ellos y la mejor manera de hacerlo es produciendo cualquier acusación en tanto que habiendo  emanado del poder que cancela como condición de su ejercicio, el derecho ajeno, siempre es válida y en última instancia, cierta.

Pero lo que no se puede evitar es el resultado, considerado por algunos de manera muy benévola, como “poco alentador” y que conduce a la inercia, la improductividad, el clientelismo y todas las secuelas que va dejando el chavismo –al que Chávez, dígase lo que se diga, parece haberse llevado con él a la dimensión representada en ese pueril animado que se proyecta en medios televisivos venezolanos- y que atornillan el desastre y agravan la enfermedad de la nación que no parece tener cura o aún paliativo inmediato y que merecería, por su propia historia, un mejor destino.

Como siempre es válido aquello de que: a buen entendedor, pocas palabras bastan; no es difícil ni complicado hacer un vaticinio. Probablemente Venezuela caerá en manos del sucesor que en herencia recibió el mandato de su antecesor y su gestión, sumada a la del grupito al que muchos venezolanos aluden como “su combo” seguirá horadando la nación, condenada a consumirse  entre odios y diatribas aupadas desde el poder. A los cubanos nos consta que esta gente no sabe hacer otra cosa. Ojalá me equivoque.

José A. Arias.

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EL CHAVISMO, LOS CREYENTES Y LA MITOMANÍA.


Es común y además fácil, entender la fascinación que causan los caudillos en vida y después de su muerte. En estos procesos de raíz popular siempre se conjuntan factores que suelen ser invariables: se atizan las contradicciones entre los diferentes sectores que integran a la sociedad (lucha de clases), se fustiga sin distinciones de origen la riqueza creada comúnmente agrupada bajo el calificativo de “oligarquía opresora y explotadora”, se propugna la ficción de un enemigo en verdad inexistente y, mezclando los ingredientes sin mucha proporción, se crea una necesidad entre “las masas” de ser gobernadas por su jefe máximo.
Posteriormente cuando todo lo anterior es más que un proceso "políticamente lógico" se produce la creación de un hiato donde el caudillo comienza a fortalecer su posición apareciendo como el único capaz de llevar a vías de hecho la propuesta que paradójicamente no viene de “la masa” gobernada, sino de quienes se erigen sin pudor, ni trámites válidos, en sus únicos y posibles representantes.
Se lleva a cabo un proceso de simplificación que casi matemáticamente elimina de la ecuación los factores óbices de cualquier viabilidad a futuro; la simplificación conlleva a que las instituciones marchen al lado y representando los intereses del caudillo. Éste suele entrar en una especie de trance en que su voluntad no sólo lo parece; es omnímoda. Da órdenes, quita y pone funcionarios a su antojo, crea una imagen de institucionalidad que no le interesa en realidad y él es el primero en vulnerarla. El efecto más rotundo entre sus seguidores no es la aparición de un sentimiento de respeto y consideración; el caudillo inspira el miedo, lo sabe y se regodea en ello, es una manifestación del narcicismo político, tan común a todos los de su especie.
¿Quién se atrevería a dudar de que esta historia siempre se repite y que es común a todos los dictadores? Pero en el caso de los socialistas marxistas y comunistas hay más; el misterio, el secretismo, la duda, la confusión, el desasosiego, son parte de la estrategia gubernamental aún cuando se trata de manejar los problemas más acuciantes; el destino impredecible, los pone a prueba y como ahora en el caso de Hugo Chávez, los sitúa en evidencia, y frente a realidades que cotidianamente no les son comunes. Se hace insuperable confrontar la realidad de la debilidad.
No merece la pena entrar en detalles de un proceso cuyo final era de esperar, ahora lo cáustico para quienes se atrevieron a irle dando vida de manera rayana en el ridículo, les obligará a encontrar una respuesta que parece conducirse por el mismo inexplicable e inconcebible derrotero de la mentira. No les será del todo difícil y utilizando los mismos argumentos de siempre volverán a la carga para crear el mismo desaguisado. ¿A quién, con un ápice de sentido común, podrán convencer de los aciertos de una política sin resultados y retrograda en todos los sentidos? Hay una respuesta, pero en cualquier caso es fatalmente deleznable: sólo a los desinformados, aquellos que piensan y actúan motivados por la inmediatez de sus pasiones, son, en fin; los que con orgullo injustificado se auto designan como parte de “las masas” de seguidores del caudillo, vivo o…muerto. Ya lo dijo el señor Cabello “…cuando estemos ante un problema o una dificultad, habrá que preguntarse ¿qué haría Chávez?

Ya en una ocasión me referí al alto costo de la revolución socialista, pero insisto en ello: ninguno de los procesos que se abanderaron con las ideas del socialismo marxista y colectivista resultaron a la larga bendecidos por sus propias propuestas; ni siquiera en el caso de países que gozaban de una larga tradición histórica y cultural o de los “reinos fundacionistas” de la tradición más ortodoxa. ¿Cuál ha sido entonces la realidad? Dictaduras aferradas al poder, hombres que adorados como semi-dioses postulan sus deseos de morir en el ejercicio del mismo, agotamiento de cuantiosos recursos que cuando no se tienen en demasía suelen ser despilfarrados al ser obtenidos sin mucho esfuerzo.
Después de haber conocido la experiencia en primera persona y por víctima más que por usufructuario, las expuestas son las evidencias de que puedo disponer y a su vez exponer a los que dudan y no se explican del todo porque los caudillos no son tan buenos como parecen o como otros alegan; también a ellos la fidelidad a priori les produce dudas  y una repugnancia muy similar al empalagamiento que las edulcoradas teorías han producido en otras ocasiones, otros territorios y con similares resultados.
Hoy se habla de legado en Venezuela y aún fuera de ese país por parte de los que no son, a mi modo de ver, muy capaces de entender lo que ello significa y representa. Si por legado entendemos lo que se ve y no se puede esconder en los predios en que la acción de todos nuestros “buenos señores” ha dejado su huella, solo habría que esperar a que el paso del tiempo diga la última palabra cuando los carcamanes de la inmortalidad política vayan transitando por el camino hacia el ocaso de sus días. Coincidencias del destino, es posible, también un 5 de Marzo, hace 60 años (1953) murió Joseph Stalin otro que se creyó omnímodo e inmortal y al que en poco tiempo después de su muerte, sus ex-camaradas se ocuparon de defenestrar y al que sólo unos locos, defensores de lo indefendible, se atreven a alabar entre descabelladas, infundadas y malintencionadas opiniones expuestas en esas que se han dado en llamar “redes sociales”
José A. Arias
  

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UNA MANO PARA YOANI SÁNCHEZ DESDE MIAMI. Mario Morales.


Atacada sin argumentos, con desfachatez y gritos estentóreos  por la ultraizquierda latinoamericana que es instruida por los Castro a través de su oficina de inteligencia llamada Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos,  con la valiosa "ayuda" de aliados ocasionales, los ultraconservadores del viejo exilio cubano que no superan su caduca visión de la Cuba presente, ha comenzado el aventurado periplo de Yoani Sánchez.
Por momentos pensé que el camino de la bloguera iba estar lleno de obstáculos insuperables debido a la terrible alianza que se había conformado ante sí. Pero los acontecimientos marcan una ruta que la va distanciado de los malos augurios.
Tropecé con un inteligente artículo  de Dora Amador aparecido en el Nuevo Herald. Me ha devuelto el alma al cuerpo. Lo he leído y releído, creo que no hay casi nada que agregar, quizás solo comentarlo de manera inspirada.
Ahora los cubanos tenemos una gran oportunidad de consolidar nuestros vasos comunicantes y desterrar todas las suspicacias acerca de la nueva generación (y no me refiero solamente a la Generación Y) de opositores al castrismo.
Estos jóvenes  utilizan un nuevo modo, una innovadora manera de desenmascarar al régimen en el plano internacional, régimen que ha gastado millones y millones en propaganda y captación de voluntades políticas en el hemisferio.  A falta de un reconocimiento interno debido a la censura crónica que padecen los cubanos, los opositores cibernautas han introducido una espina tecnológica entre las costillas de la gerontocracia castrista y han ido captando la atención internacional.
Muchos de ellos han recibido reconocimientos  que han enfadado a los jerarcas de la nomenclatura castrista, pero también ha molestado a no pocos personajes del ámbito del exilio y del autoexilio, los cuales han utilizado el mismo lenguaje de los difamadores profesionales de la dictadura para atacar inexplicablemente los pequeños y dolorosos éxitos de estos jóvenes.
Si queremos a una Cuba libre y democrática al menos debemos despojarnos de muchas taras que han lastrado durante años a la oposición, a los desafectos del régimen, a los problemáticos que eran atendidos por los funcionarios ideológicos del PCC o de las instancias ideológicas de los centros de trabajo y de las instituciones escolares.
Tenemos que entender que la Cuba del 2013 no es ni remotamente la de 1959, o la de 1970, o la de 1980, o la de 1990, ni tan siquiera la de 1998, que fue el año en que yo partí. Han pasado muchísimos años, la sociedad insular se ha moldeado adquiriendo rasgos que son imposibles de entender totalmente desde fuera. Inclusive, añadiría, comprenderla es mas complicado aun para aquellos que han salido de su país en lejana época. Por razones del tiempo y la evolución natural de la vida en la mayoría de estas personas lo que opera en la mente es la nostalgia de una Cuba que jamás será igual a la que ellos abandonaron. Se necesita ahora, más que nunca, mucha comprensión de esta circunstancia.
Pero lo importante en este momento es proyectar una Cuba mejor a la que dejamos, una isla más grande en la que quepan todos los credos, donde el sol  nos queme por igual, donde nadie sea acusado de equivocarse por tener una visión diferente. Tolerancia, respeto, humildad. Por eso mi apoyo y mejores deseos de éxitos para Yoani. Y te esperamos aquí en Miami

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LAS PALABRAS DE LECH WALESA. Mario Morales.


En una entrevista realizada por Vanessa Ruiz al legendario dirigente del sindicato Solidaridad  de Polonia Lech Walesa, el movimiento que puso en jaque al totalitarismo stalinista y terminó  derruyendo las bases de ese sistema, opina sobre las disyuntivas del movimiento disidente cubano en el presente.
Según él, y cito un fragmento de la versión en español de la entrevista “…en Cuba hay demasiados lideres dentro de la oposición…..por lo que creo que la tragedia cubana recae en que hay demasiados lideres…….”. Es decir, si fuéramos a aclarar el asunto un poco, existen tantos dirigentes como grupos opositores, lo cual explica una atomización significativa y la relativa facilidad con la que son reprimidos por el gobierno de los Castro estos pequeños, pero molestísimos átomos de antagonistas del Régimen. Sin embargo, a pesar del enorme poder del Estado y de sus agentes fragmentadores, la organización Damas de Blanco llegó a alcanzar cierta pujanza y ejerció una gran presión gracias a la complacencia del pueblo y del reconocimiento internacional.
El término de grupúsculo que utilizan continuamente los detractores asalariados no está muy lejos de la realidad, aunque nos duela decirlo. A fin de cuentas el objetivo principal de la maquinaria opresora de los que gobiernan se dirige a evitar la convergencia de todos los grupos anticastristas. Se han valido de todo, desde la desaparición física “accidental”, no hay evidencias hasta ahora que corroboren las sospechas de crímenes de Estado, como en los casos de Laura Poyán y  Osvaldo Payá, la guerra cibernética desatada contra los principales internautas de la oposición, como Yoani Sánchez y Antonio Rodiles o los crímenes mas claramente inducidos contra personas indefensas como el de Zapata y  Wilfredo Soto.
Los opositores, disidentes, luchadores por los derechos civiles, los que están ahí en la Isla, los que no se van, los que han soportado innumerables ataques violentos, de palabra y físicos, sufren una campaña difamatoria cruel y miserable, originada en los mas bajos instintos de los que ha hecho gala el Régimen durante tantos años. Los profesionales de la difamación, que en Cuba son muy abundantes y muy experimentados, utilizan la palabra mercenario para descalificar a los luchadores por los derechos civiles.
El argumento es la consabida ayuda del exterior, necesaria para poder sobrevivir en un medio hostil donde el Estado es el único empleador y proveedor de servicios. Por ese camino habría que acusar de mercenarios también a Martí que fundó el PRC en  USA, y utilizó no poco dinero de extranjeros para armar la guerra de independencia en Cuba, y a todos los movimientos insurreccionales organizados fuera de Cuba, incluyendo las células del M-26-7 que operaron en Miami y compraron armas, o el famoso yate Granma que fue adquirido, con dinero prestado por Carlos Prío Socarrás, de un gringo llamado Robert B. Erickson.
No está escrita la verdadera y triste historia de los auténticos mercenarios cubanos, de aquellos que sin saberlo murieron en tierras africanas por los intereses hegemónicos de una gran potencia que era la que mantenía militarmente a las tropas interventoras y así subsidiaba las poses de “revolucionario internacionalista” de un ególatra. Dónde están aquellos mercenarios que estaban con el Presidente Allende en el Palacio de La Moneda y huyeron despavoridos para evitar ser capturados. Uno de ellos,  fusilado por mandato del dictador 16 años después en la Causa No 1.
El premio Nobel tiene mucha razón, aunque el caso cubano se parece al polaco solo en el origen de la enfermedad, cuando se refiere a la necesidad de unidad entre las fuerzas opositoras pacíficas  como la vía necesaria  para extender un movimiento popular que  arrodille al régimen y lo obligue a pedirle perdón a la Nación por tanto desastre y tantas mentiras. Ese es un consejo que hay que escuchar atentamente sin las consabidas pretensiones de que los problemas nuestros son especiales, “hay que vivir en Cuba para conocer el mambo”, como decimos siempre cuando alguien intenta sermonearnos con buenas intenciones.
Esta necesaria unidad también incluye a los grupos de exiliados de Miami y de otros confines del mundo. En la segunda capital de los cubanos la cosa es complicada porque se mezclan diferentes momentos históricos que origina variadas causas para estar fuera de la Isla. Y nosotros no necesitamos muchas razones para bronquearnos y acusarnos mutuamente de complicidad con el régimen castrista. Así y todo es necesario un entendimiento entre las distintas oleadas de exiliados y emigrantes. Si vale de algo, todos somos originarios de la misma tierra, el que no lo entienda así que se aparte un poquito y deje actuar a los demás, así le hacemos el trabajo menos fácil a la quinta columna que ha encontrado terreno fértil por estas tierras.
La realidad presente está llena de trampas colocadas muy ladinamente por los represores. A mi modo de ver la recién implantada reforma migratoria  despierta muchas sospechas. El gobierno cubano nunca ha hecho nada sin pretender doblegar a sus adversarios.  Ojo, cuidado, los engendradores de tal reforma son fulleros y nunca han actuado de buena fe, ¿acaso no tratan de dividir mas a la oposición cuando a algunos le conceden los pasaportes para viajar y a otros no? ¿No intentan despertar las bajas pasiones entre ellos, la envidia, el rencor, la suspicacia de que el beneficiado con el permiso para respirar aire puro fuera de la Isla pudiera ser un “agente encubierto”? Siempre ha utilizado estos recursos para desmoralizar y construir argumentos con que atacar a esta gente pacifica que piden democracia y libertad económica.
Hagámosle un poquito de caso a Walesa, el hombre que en su época hizo temblar el todopoderoso totalitarismo stalinista con el sindicato Solidaridad. El no disfrutó de la ayuda del internet, ni de facebook, ni de twitter, en realidad pienso que su fuerza fue la fe en la libertad y en la dignidad humana, apoyada en una Iglesia Católica que en aquellas difíciles condiciones se comportó como una autentica representante de sus millones de fieles.




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DE MAL EN PEOR: EL GRAN DILEMA DEL "ALBA"


Es algo muy común escuchar analistas de la situación política latinoamericana, algunos de ellos ciertamente reconocidos, pronunciarse en el sentido del establecimiento de una paridad entre dictaduras de derecha y gobiernos encabezados por individuos de abiertas y manifiestas posiciones socialistas-marxistas y comunistas. Equiparar, por ejemplo, longevas dictaduras como lo fueron las de Rafael L. Trujillo en República Dominicana, la dinastía de los Somoza en Nicaragua o los mandatos de Stroessner o Pinochet, en Paraguay y Chile respectivamente, con las ambiciones temporalmente ilimitadas de los nuevos caudillos revolucionarios. Hay en ello un error de apreciación que puede generar graves consecuencias.
Parece elemental establecer las diferencias, pero cuando se trata de caudillos, no representa lo mismo hablar de los “socialistas del siglo XXI” quienes en primera instancia no se reconocen a si mismos como dictadores a pesar de sus comunes aspiraciones de trascendente intemporalidad gubernamental; y contrariamente se ubican  en la antípoda política, no simplemente aupada por un signo (izquierda o derecha) sino atrincherados en una ideología con la que suelen galvanizarse para hacerse irreductibles y lo que es peor, paradigmáticos.
Los matices ideológicos carentes de actualidad y efectividad han servido para concretar, en el caso de los personajes a que nos referimos, un espectro bastante difuso aun tratándose de la aplicación de un trasfondo ideológico común debido a que la improvisación y las raíces de su contenido acusan una extrema precariedad teórica (solo por expresarlo de manera paliativa). Vínculos poco menos que raros o inexistentes otrora, como el de la religión y el marxismo, aparecen como evidencia de una confusión, que sin abandonar la intolerancia y el hecho de no dejar de atribuir al líder magnánima autoridad parecen, en la práctica, un argumento de ridícula operatividad.
Pero lo peligroso en estos casos es la confusión creada, siempre ex profeso, entre los sectores populares. No se trata de discernir cuan profundo puede ser el efecto de la influencia de la “lucha de clases” en la sociedad; el afán inmediato consiste en crear la confusión mediante el uso sistemático de la apostasía y la mentira y en ese sentido siempre se avizora el uso de una tenaz propaganda basada en ambos presupuestos para lograr la confusión.
En los sistemas democráticos, pongamos por caso el norteamericano; la gran prensa no oculta, más bien se hace eco de ello casi a diario, lo que se reconoce como “una evidente polarización de la opinión pública” entre demócratas y republicanos y tras los resultados de la últimas elecciones en Noviembre del 2012, en efecto, la realidad respalda la opinión; estadísticamente el voto popular proyectó una correlación del 47% contra el 53%, la separación de poderes garantiza que las instituciones políticas y judiciales tanto como el ejecutivo no puedan desconocer la influencia del 47% derrotado en las urnas y que consecuentemente deba tenerse en cuenta su opinión.
En las elecciones de Octubre del 2012 en Venezuela, o en el caso de las más recientes en Ecuador y en las que en ambos procesos resultaron vencedores Hugo Chávez y Rafael Correa, respectivamente; los ciudadanos agrupados en los porcentajes que no respaldaron a los re-electos candidatos no solo son ignorados, algo peor; se constituyen automáticamente en blanco de un despiadado ataque que pasa por los epítetos más aberrantes, las más siniestras acusaciones, el endilgamiento de alianzas inexistentes y los pone ante la poco atractiva posibilidad de vivir permanentemente con un pie en la cárcel, dentro de ella, o el ostracismo absoluto. ¿Es esto una manera democrática de gobernar?, ¿Puede realmente desconocerse la opinión manifiesta en las urnas de más del 40% de los votantes en ambos casos?
Si la “democracia” por la que abogan fuera mínimamente real y la acción gubernamental no estuviera precedida de objetivos espurios debiera existir en cualquier caso un balance que evitara calificar desde el poder y por sus ocupantes a sus opositores de neofascistas, sifrinos, pitiyanquis y majunches según se hace en Venezuela por parte de los actuales representantes del gobierno en ese país. Hasta ahí el argumento reviste un carácter de apostasía irremediablemente culposa por parte de sus expositores, pero la mentira se materializa cuando se trata de presentar como una opinión en bloque que concede un mandato unívoco, irreversible y que en consecuencia autoriza a la mayoría a concentrar todo el poder en sus manos. No es muy difícil entender que por ese camino la “democracia socialista” de los marxistas se acerca más a los desmanes de la tiranía que al verdadero consenso democrático.
Si fuéramos a referirnos a los modelos que se siguen en cualquier caso es posible encontrar una respuesta más exacta. El derrumbe del socialismo marxista y ortodoxo euro oriental vigente durante una buena parte del siglo XX y casos como el cubano y el norcoreano, hasta hoy prevalecientes y donde sigue sin ser permitido el más mínimo margen a la oposición allende la demagogia encapsulada en una verborrea sin cuento de quienes detentan el poder, no ayudan a pensar de forma muy alentadora a quienes tratan de apreciar diferencias en la acción de sus ejecutores.
Por eso cuando se trata de explicar similitudes entre dictadores, meros asaltantes del poder e inescrupulosos ejecutores del mismo y advenedizos demagogos que se respaldan con una ideología superada, sí es necesario establecer diferencias: en el primero de los casos las apariencias no engañan en el segundo, el engaño entronizado por intermedio de argumentos falaces logra confundir y desvirtuar la necesaria y justa compensación entre verdad y mentira, equidad y aberraciones chauvinistas, probidad y corrupción y pone a nuestros nuevos tiranos en capacidad de desempeñarse como representantes de la voluntad popular, algo que no es cierto, aunque se interprete aún en círculos verdaderamente democráticos, como una realidad incontrastable. Bastaría con equiparar el común deseo en todos los casos de aspirar a la perpetuidad, sin que se tenga en cuenta la capacidad de propios y ajenos para gobernar. Creo que en ese sentido los nuevos dictadores revolucionarios, socialistas y marxistas –aunque eviten el uso del término- no admiten competencia y discriminan inclusive a sus abyectos seguidores.
Los clásicos, cubanos y norcoreanos, cuya ejecutoria es el espejo en que se miran los bisoños representantes del socialismo del siglo XXI; conforman la evidencia de un pasado que entra en la historia como evidencia de un fracaso que puede ser perfectamente documentado. ¿Cómo puede entenderse la promesa de una solución efectiva a los problemas de un continente que no encuentra el camino, según se alega, por intermedio de quienes miran al pasado como promesa de futuro?
Como he argumentado en otras ocasiones, sólo basta referirse a las pruebas y a pesar de resultados altamente discutibles en algunos casos como los de Venezuela y Ecuador, basados en la bonanza petrolera de los últimos diez años, otros indicadores de la estabilidad sociopolítica e inclusive económica, se hallan en números rojos. El demagógico discurso, canto de sirena para los “sant-cullottes” de nuestros intempestivos tiempos de reavivamiento revolucionario en algunos de nuestros países; hace que todo lo que puedan alegar nuestros “flamantes líderes” se convierta, a la larga, en argumentos en su contra. ¿O es que no existen evidencias palmarias y contundentes al respecto? Habría, de ser posible, que preguntarle a quienes han aprendido a saber de primera mano en 54 años, cúal es el destino de entuertos, desaciertos, frustraciones y promesas incumplidas.

José A. Arias.     

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