Tuesday, April 12, 2011

ETERNAMENTE   SERRAT.
Cuando se trata de hallar sentido a las cosas, se impone deslindar los términos y no denostar en el ámbito de lo  inmerecido. Creo que es una buena manera de defender mis argumentos con relación al creador que ha vivido y vive en Joan Manuel Serrat. Mi primer contacto con su música sucedió allá por los setenta cuando participó en el Festival de la Canción de Varadero que tuvo lugar ese año en Cuba. Tuve la impresión de que su creatividad y la expresión de su poesía eran una especie de premisa de lo que se encontraban haciendo en el país algunos trovadores de los que fueron y han seguido siendo, críticas aparte.
Sus canciones se apropiaron de mi imaginación y a pesar de los años transcurridos siguen estando en ella. Creo que más que ningún otro ha puesto en la palestra la valía de los grandes poetas españoles,  entre otros uno de sus propios ídolos también mío; Antonio Machado, a mi modo de ver el más grande de los integrantes de la Generación Gloriosa del 98. Su música ha estremecido parciales de diversas latitudes porque con sus letras ha sido capaz de cantar a la vida, a mi juicio, como pocos lo han hecho en la lengua cervantina.
Cada loco con su Tema, otro de sus discos entre muchos, también tema que se incluye en el mismo, puede ser una manera de entender las inquietudes “políticas” que le motivan, el título en sí ha sido y es una frase lapidaría. Serrat ha vivido en la España del siglo XX y la ha hecho suya desde su óptica con todos los errores y virtudes que se le pueden atribuir a una etnia y que bien deberíamos conocer por estar muy cerca de nosotros  aunque no siempre sea así. El concepto de territorialidad, la apropiación del  regionalismo, la imposición de una unidad falaz y desde arriba por intermedio de la dictadura, han sido fenómenos que como buen catalán no escaparon a su aguzada visión, a su privilegiado arte de crear, ni a la imponente y a la vez delicada musicalidad, telón de fondo de su poesía.
Sé que no soy excepción en mi generación ni entre algunos de  mis coterráneos; muchos quedamos impactados para siempre con la obra musical de Serrat y si hacemos de la justicia un ejercicio humano podemos sí, aceptar críticas, pero no denuestos o diatribas que nada han de tener que ver con el objeto de éste comentario. Lo que me sigue interesando de su obra no es si estuvo más cerca de la izquierda o si alguna vez defendió a los que hacían comulgar a propios y ajenos con ruedas de carreta. Para mí siempre ha estado clara mi posición frente a la ideología –de cualquier naturaleza- y evidentemente Serrat, como otros, no puede ser considerado a priori como un ideólogo, nada más lejos de su mundana realidad.
A veces y desde cualquier medio se hace difícil entender y explicar porque la laxitud mental de algunos termina por imponerse. Razón demás la que subyace en la experiencia de vida de cada cual y que debe ser harto respetada, pero nunca y en ningún sentido deberá ser violada. Esa simple lección a la que me refiero está aún por aprenderse por muchos y en muchas partes, pero la virtud de su aprendizaje radica en que los que la entienden son, sin duda, más humanos.
Recuerdo una canción, bastante conocida, dedicada a los maravillosos “pueblos blancos” colgados de las serranías andaluzas y que precisamente se titula Pueblo Blanco. Para evidenciar lo que puede significar el contenido expresado en su letra, desde el punto de vista de la relatividad de las ideas, cito algunas de sus estrofas que motivó en Cuba la censura de la  misma:
        “Colgado de un barranco,  vive mi pueblo blanco, quien a fuerza de un cielo que no vio nunca el mar se cansó de llorar.  Por sus calles de polvo y  piedra, por no pasar ni pasó la guerra……
Y dice en otra estrofa:
          “Escapa gente tierna, que esta tierra está enferma y no esperes mañana lo que no te dio ayer, toma tu mula, tu hembra y tu arreo. Sigue el camino del pueblo hebreo, busca  otra luna, quizás mañana sonría la fortuna y si te toca llorar es mejor frente al mar…
          “Si yo pudiera unirme a un vuelo de palomas y atravesando lomas, dejar mi pueblo atrás, juro por lo que fui que me iría de aquí…pero los muertos están en cautiverio y no nos dejan salir del cementerio”
En su oficio de juglar y poeta, de hombre que ama la vida y la interpreta ante ese juez que siempre estará presto a opinar, y en el tribunal en el que todos estamos incluidos, bien se ha sabido defender Serrat. 
José A. Arias

    
        



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