Tuesday, April 19, 2011

ALGUNAS  CONSIDERACIONES SOBRE EL INFORME DE   RAUL CASTRO AL VI CONGRESO DEL PARTIDO COMUNISTA  CELEBRADO EN  CUBA.
El primer argumento que vicia el contenido de este informe es el resultado de la vigencia que no cesa y que no se pretende concluir, de un sistema –régimen- totalitario que parte del criterio incierto de que la sociedad a la que pretende imponerse y gobernar carece de criterios diferentes fuera del marco de la ideología que lo preside y en la que basa sus argumentos.
El otro elemento estructural es el de continuar dando pábulo a la vigencia del socialismo marxista de viejo estilo. Es sintomática una mención a Lenin que sin aparecer en pancartas o telones de fondo, sigue presidiendo, no obstante, el trasunto mental y la conciencia política de los principales gobernantes.
Con certeza es posible afirmar que en la redacción de este documento ha intervenido un equipo de personas capaces de interpretar a pie juntillas los deseos, dictámenes y perspectivas de quienes ejercen el poder. No creo en milagros y menos en el ámbito del intelecto, y aunque es práctica común que los dados a enfrentar  tareas como esta lean discursos preparados por equipos de asesores; de no referirme a ello se corre el riesgo de hacer válida la intención de un personaje de mohína y sobreseída actividad como el supuesto autor de éste informe.
Creo por último, que la desesperanza entre la gente de a pié en Cuba tiene poderosas y justificadas razones. La teorización desde una óptica totalmente falible a la que no se renuncia, no deja asideros posibles. Dicho de otro modo: es como si se quisiera encontrar soluciones a culpas que no se reconocen verdaderamente y encima eximir a los culpables para entonces culpar a los que no lo son y permanecer y continuar en el camino de doctrinas equivocadas.
Parece un galimatías que viene a ser el resultado de una espectacular tomadura de pelo. Para todos –incluidos algunos de ellos- está claro que los errores de 52 años del experimento socialista a la cubana tienen nombre y apellido; lo que parece inexplicable es que, anclados en ese propio sustantivo, se trate de proponer y encontrar alguna solución.
Dejo de lado las primeras partes del documento porque tienen la misma intrascendente validez argumental de siempre. Referidas a los supuestos procedimientos sujetos a normas basadas en la “democracia socialista” a la cubana. Las estadísticas, frías en estos casos, nada tienen que ver aquí con la realidad y eso lo sabemos.
Ahora el análisis:
Se dice en el informe: “Como se aprecia en los lineamientos, estas ideas tampoco serán reñidas con la importancia que otorgamos a la separación precisa del papel que corresponde jugar  en la economía a los organismos estatales, por una parte, y a las empresas por la otra, asunto que por décadas se ha visto plagado de confusiones e improvisaciones y que estamos obligados a solucionar a mediano plazo en el marco de perfeccionamiento y fortalecimiento de la institucionalidad”. Aquí eso significa tratar de auto concederse un tiempo que no tienen ni pueden conseguir con respecto a su propia gente por razones obvias y naturales. Más adelante se menciona la “empresa estatal socialista” y no se reconoce que esa empresa está desde hace tiempo vinculada y convive con las empresas que representan capitales extranjeros. Pudiera articularse una larga lista al respecto pero no viene al caso. Lo reconocible del hecho es la real relatividad del concepto de soberanía e independencia económica que siempre es posible manejar a conveniencia, cuando su validez no es ni plena, ni honestamente aplicable. Quizás aquí se vea reflejada la invalidez de los contratos a los que más adelante se alude y cuyo primer incumplidor ha sido y es el gobierno cubano que siempre tiende a reclamar para sí la mejor parte.
Más adelante se agrega:
“Esta mentalidad de la inercia debe ser desterrada definitivamente para desatar los nudos que atenazan el desarrollo de las fuerzas productivas”. Este concepto: “fuerzas productivas” está vinculado a otro del mismo origen: “relaciones de producción” y mientras las prevalecientes sean las que han sido y se siguen promoviendo, los nudos se refuerzan casi automáticamente.
Cuando por otra parte se habla de mecanismos regulatorios: “desde la nación a la base” se pone en evidencia la estructura piramidal del sistema. Más adelante se dice: “Para comenzar a descentralizar las facultades, deberá rescatarse por parte de los cuadros estatales y empresariales, el notorio papel que corresponde jugar al contrato en la economía, tal y como se expresa en el lineamiento número 10. Ello también contribuirá a restablecer la disciplina y el orden en los cobros y pagos, asignaturas con calificaciones insatisfactorias en buena parte de nuestra economía “.
El argumento de contrato como relación contractual que se propone entra en flagrante contradicción con la gestión económica socialista basada en el marxismo-leninismo. Como es conocido, Lenin también se refirió a ello y obviamente se equivocó. El argumento contractual suele ser un “quid pro quo” entre partes poseedoras del derecho y aquí una de las partes es el estado que no admite vinculaciones de terceros con derecho “per se” porque no existen; a diferencia de economías basadas en otro tipo de relación económica, incluida la contractual.
En otro argumento se plantea: “…el contrato como herramienta reguladora de las interrelaciones entre los diferentes actores económicos, devendrá un efectivo antídoto contra el extendido hábito del “reunionismo” –entrecomillado en el documento original- o lo que es lo mismo, el exceso de reuniones, chequeos y otras actividades colectivas, frecuentemente presididas por un nivel superior y con la asistencia improductiva de numerosos participantes, para hacer cumplir lo que las dos partes de un contrato han firmado como deberes y derechos y que por la falta de exigencia nunca han reclamado su cumplimiento ante las instancias que el propio documento contractual estableció”
Creo que allí está la repuesta al elemento anteriormente argumentado. No es posible negociar lo que no se puede definir como propio y una alternativa de propiedad se presenta como un argumento etéreo e histórico que en la base no tiene relación con nadie en particular. El margen solutorio que se esboza es irrealizable a partir del socialismo tradicional y es una de las causas probadas de su estridente fracaso, de lo que Raúl y su auditorio no parecen haberse enterado.
Más adelante se agrega: “…por ello sabemos  que no es una cuestión a resolver en un día, ni siquiera en un año y que demandará por lo menos un quinquenio desplegar su implementación con la armonía  en integralidad requeridas y cuando esto se logre, es necesario no detenernos jamás y trabajar en su perfeccionamiento de manera permanente para estar en condiciones de superar los nuevos retos que el desarrollo nos vaya dictando”
Una vez más queda evidenciado el conflicto que en psicología se define como aproximación-evitación; no puede haber espacio entre premura y dilación cuando el tiempo de solución para problemas –reconocidos y confesos- resulta apremiante.
Y dice Raúl Castro: “Se podría afirmar, haciendo un símil, que cada cierto tiempo, en la medida que se modifique el escenario, el país debe confeccionarse un traje a su medida”; al respecto sería bueno agregar que para cambiar de casaca, lo que me parece recordar que a un militante de nombre Silvio Rodríguez no le resulta muy feliz, sería bueno buscar un sastre que no tuviera el apellido Castro.
Otra argumentación: “Se requerirá a la par elevar a planos superiores la sensibilidad política, el sentido común, la intransigencia ante las violaciones y la disciplina  de todos, en primer lugar de los cuadros de dirección”. Esto me recuerda aquella campaña desenvuelta en los 80 sobre el aumento del nivel de exigencia, lo que no significa ahora otra cosa que descongelar la idea de que de los Castro hacia abajo, todo el mundo debe poner las bardas en remojo.
Y refiriéndose a las leyes, se alega: “Recuérdese que no hay peor ley que aquella que no se cumple o no se hace cumplir”. El problema es que la ley en Cuba es bastarda y no incluye el concepto colegiado en su elaboración aunque se aparente, su vicio original estriba en ser una ley impuesta desde arriba por quienes desde la base representan el poder del estado. Aquí Raúl –que da todo el crédito a su hermano mayor- parece olvidar aquel lapidario planteamiento: dentro de la revolución todo, fuera de la revolución nada. ¿Cuál es la ley vigente en Cuba que pueda ser considerada como el argumento de consuno entre una oposición que no se reconoce y el estado, único creador de leyes?
Y tras citar a Fidel una de tantas veces, agrega: “No me cansaré de repetir que en esta Revolución todo está dicho y la mejor muestra de ello son las ideas de Fidel que ha venido publicando el periódico Granma, Órgano Oficial del Partido, a lo largo de estos últimos años”. Hay, sin la más mínima duda, en éste párrafo una clave evidente de lo que se pretende, desde la Asamblea Nacional del poder Popular (me viene ahora a la mente aquella ridícula escena de Alarcón cruzado de brazos mientras Fidel hablaba y en su alocución se refirió a que nadie debía permanecer cruzado de brazos; ni tardo ni perezoso el presidente de la Asamblea se apresuró a descruzarlos), hasta el cónclave en cualquier centro de trabajo nunca nadie en Cuba ha podido discrepar con éxito de algo propuesto. ¿Se atrevería alguno de los militantes en el marco de éste Congreso a discrepar, atenido al significado real de éste término?
Y nos cuenta Raúl: “Es saludable aclarar, para evitar interpretaciones erróneas, que los acuerdos de los congresos y de otros órganos de dirección partidista no se convierten por sí mismos en leyes, sino que son orientaciones de carácter político y moral, que compete al gobierno, que es quien administra, regular su aplicación”. Me parece oportuno aquello  de que”del dicho al hecho hay un largo trecho” y este es” el parche antes que salga el grano”. Habla además Raúl de “ajustes en la Constitución de la República”, esto puede ser un tema muy delicado ya que por decisión de Fidel se aprobó unánimemente el hecho de que la constitución socialista cubana no puede ser cambiada ni modificada.
Hay más adelante una alusión a los chequeos periódicos de los acuerdos previamente tomados por intermedio de la realización de plenos, etc. Ya podremos atestiguar que el resultado de esos plenos seguirá siendo el mismo; a saber el éxito total de las gestiones propuestas. La redundancia argumental e ideológica del totalitarismo no admite la aceptación de realidades que no sean manejables por quienes las instituyen como válidas, si así no fuera la repetición de semejante argumento no tendría lugar. Es sencillamente un círculo vicioso.
Se habla también de “corregir efectos negativos”. ¿Cuáles serán desde el punto de vista de los asambleístas estos efectos negativos? Dada mi experiencia –como cubano- creo entender de qué se trata: en primer lugar cualquier cosa que propenda a la acción personal del ciudadano fuera del estrecho margen de flexibilidad que las leyes vigentes permiten. Recuérdese que entre la posibilidad de criticar, inclusive públicamente, y crear y promover vigencia, se alza un valladar que no parece posible derribar: el sempiterno e inmutable estado socialista y la retahíla de demagógicos e inexistentes apellidos que le cuelgan
Dice Raúl Castro: “Del mismo modo debemos cultivar y preservar la interrelación incesante con las masas, despojada de todo formalismo, para retroalimentarnos eficazmente de sus preocupaciones e insatisfacciones y que sean precisamente ellas quienes indiquen el ritmo de los cambios que deban introducirse”. Lo expuesto me parece un acto de demagogia que no sugiere comentarios, pero se refiere también a “la confianza del pueblo en sus dirigentes” y esta me parece una frase de implicaciones hiperbólicas. Es una tautología. En algunos casos resulta posible por la falta de opciones y de información en las que se fomenta la idea de la aludida confianza –la proporción ha disminuido sobre todo entre la gente más joven. ¿Cabe hablar de confianza entre los que predican por aquello de haz lo que digo y no lo que hago?; ¿cómo encontrar sentido a la confianza inexistente entre el recluso y el reclusor?, ¿Es posible hablar de confianza entre quienes hablan de sacrificios, largas esperas para corregir lo mal hecho y no actúan en consecuencia? Considero que las respuestas a estas preguntas que nunca se dan, son demasiado evidentes.
Se refirió Raúl a los periodistas revolucionarios y no los trató muy bien, veamos:
“…nuestros periodistas; si bien es cierto que, a pesar de los acuerdos adoptados por el Partido sobre la política informativa, en la mayoría de las veces ellos no cuentan con el acceso oportuno a la información ni el contacto frecuente con los cuadros y especialistas responsabilizados de las temáticas en cuestión. La suma de todos estos factores explica la difusión, en no pocas ocasiones, de materiales aburridos, improvisados y superficiales”. Creo que la existencia de la Mesa Redonda y sus protagonistas es una buena evidencia; de ser remplazada –algo poco probable por ser una de las tribunas favoritas de Fidel- pudiera serlo por una especie de foro de debates en el que se pudieran escuchar opiniones de personas no vinculadas al oficialismo ni interior, ni exteriormente. Pido excusas a los no cubanos por no entender muy bien lo que dice Raúl sobre acuerdos adoptados por El Partido sobre política informativa –censura, en una palabra- o creer que hablo en “chino” al proponer el “foro” de marras, algo que bajo cualquier circunstancia normal parecería lógico.
Y habla Raúl de la necesidad de una Conferencia General del Partido (¿). Me pregunto si no es suficiente con el Congreso. Y aunque se refiere a la necesidad de deslindar poderes entre Estado y Partido enfatizando la idea en más de una ocasión a lo largo del Informe, tampoco se pavonea para expresar que: ..”La organización partidista es la vanguardia organizada de la nación cubana y FUERZA SUPERIOR Y DIRIGENTE DE LA SOCIEDAD Y DEL ESTADO “-las mayúsculas son mías. Es quizás una versión corregida, aumentada y novedosa de la ya referida frase de Castro en el Congreso de Cultura en 1972: Dentro de la Revolución todo…. Fuera….absolutamente nada, ustedes ya saben, no quiero tener que repetirlo una vez más.
Me parece altamente razonable que Raúl alegue que: “Estamos convencidos de que lo único que puede hacer fracasar a la Revolución y el socialismo en Cuba, poniendo en riesgo el futuro de la nación, es nuestra incapacidad para superar los errores que hemos cometido durante más de 50 años” (bribón este segundo Castro, que no incluye los dos años de su gestión para no responsabilizarse por ellos) –nota del autor.  Creo y en eso estamos de acuerdo que la incapacidad, no sólo de contexto sino puramente intelectual y cognoscitiva de las figuras en la cúpula no sólo es irreversible, también es crónica y se agudiza con la edad y los corrosivos efectos del ejercicio del  poder ininterrumpido a lo que de una manera muy “edulcorada” y afín con la dulzura insular se ha definido como “las mieles del poder”.
Luego Raúl busca nuevamente apoyo en planteamientos de Fidel y hace citas históricas y trascendentales que la única conclusión a la que me obligan es a la de pensar si el propio Fidel estará de acuerdo con que su hermano alegue que fue desconocido por sus subalternos. Hasta ahora Fidel no está en “plan pijama” y sobre lo de que Fidel sugería; discutirlo todo con todo el mundo y que la razón debía haber sido siempre de los administradores, sería bueno y procedente preguntárselo entre otros, al Capitán Borrego, ministro del azúcar abruptamente defenestrado por el propio Castro cuando aquella “genial” iniciativa de los “diez millones de toneladas de azúcar” en la zafra de 1970. Al final y después de pregonar que, de que “van, van”, no fueron;  pero Borrego  después de aquel enfrentamiento no tuvo espacio ni para administrar una bodega.
Dice Raúl que: “Las directivas, resoluciones y métodos que le son propios y que se diferencian de las vías, métodos y recursos de que dispone el Estado para ejercer su autoridad. Las directivas, resoluciones y disposiciones del Partido no poseen directamente carácter jurídico obligatorio para todos los ciudadanos, debiendo ser cumplidas tan solo por sus militantes a conciencia, pues para ello no dispone de un aparato de fuerza y coerción. Esta es una diferencia importante del papel y los métodos del Partido y del Estado”. Esto solo es posible cuando el Estado no es un instrumento del Partido y si el castellano no incluye ambigüedades lingüísticas; no es lo que se propone aunque se exprese dientes afuera. Sobre el asunto de la coerción existen numerosos ejemplos, los más recientes los de Yadira García, Felipe Pérez Roque, Carlos Lage, Carlos Balenciaga, Humberto Remirez de Estenoz  y remontándonos algo más atrás en estas historias de horror político los casos de Roberto Robaina y Carlos Aldana, todos dignos de una crónica que anda por ahí bajo el título de ¿Dónde están y que se hicieron?
Quizás Raúl atisbe una tímida respuesta cuando dice:
“No pocas lecciones amargas nos han legado los desaciertos sufridos en éste ámbito a causa de la falta de rigor y visión que abrieron brechas a la promoción acelerada de cuadros inexpertos e inmaduros que a golpes de simulación y oportunismo, actitudes alimentadas también por el erróneo concepto de que para ocupar un cargo de dirección se exigía, como requisito tácito, militar en el Partido o la Juventud Comunista”. Hay aquí una referencia directa a los que se emborracharon con las mieles del poder y llegaron a creerse lo que confusamente alega Raúl.  Aquí está la respuesta: puede ser que en lo adelante –algo que dudo- hasta un bavalabo llegue a ser “dirigente”, eso sí tendrá que ser fiel al Partido y su política antes que a los orichas, de lo contrario ira a contar ovejitas al lado de los adictos contumaces a las mieles cuya libación les ha quedado eterna y definitivamente prohibida.
Para continuar inmerso en contradicciones sin cuento: “Asuntos como estos, que definen el futuro, jamás deberán volverse a guiar por la espontaneidad, sino por la previsión y la más firme intencionalidad política de preservar y perfeccionar el socialismo en Cuba. A pesar de que no dejamos de hacer varios intentos para promover jóvenes a cargos principales, la vida demostró que no siempre las selecciones fueron acertadas”. Según parece el voluntarismo ahora se define como “espontaneidad” y es indudable que los “jerarcas” más viejos pretenden ser émulos terrenales de Matusalén. Yo creo inferir que los “más jóvenes” están impedidos de actuar y pensar  y lo peor, exponer ideas cuando deben compartirlas con “ideólogos” de la catadura, por ejemplo, de Machado Ventura o con policías como Ramiro Valdés. Fidel y Raúl, son en este sentido tema aparte, con ellos nada es discutible y lo que aparentemente se discute con ellos está, de seguro, previamente tamizado; siempre ha sido así. Al respecto sería muy bueno recordar lo que sucedió con el CEA, sus integrantes y Machado Ventura y José Ramón Balaguer, los inquisidores. (Al respecto se puede consultar el libro de Mauricio Giuliano: El Caso CEA: Intelectuales e Inquisidores en Cuba ¿Perestroika en la Isla?, publicado por Ediciones Universal, 1998)
Ahora se habla de limitar el mandato a dos períodos consecutivos de cinco años. “Al respecto hemos arribado a la conclusión de que resulta recomendable limitar, a un máximo de dos períodos consecutivos de cinco años, el desempeño de los cargos políticos fundamentales. Ello es posible y necesario en las actuales circunstancias, bien distintas a las de las primeras décadas de la Revolución, aún no consolidada y por demás sometida a constantes amenazas y agresiones” y agrego al respecto: y después de haber metido a Fidel, en vida aún, en un mausoleo que lo haga inaccesible y no controversial, capaz de emitir un magnetismo del que ningún candidato pueda prescindir.
Por último Raúl Castro nos da la razón cuando expresa: “El reforzamiento sistemático de nuestra institucionalidad, será a la vez condición y garantía imprescindible para que esta política de renovación de los cuadros jamás ponga en riesgo la continuidad del socialismo en Cuba”.  La visión de futuro, que no existe entre esta gente, es la del continuismo por la eterna acción de su influencia. Algo que linda con lo ortodoxamente religioso en el ejercicio de un poder cuasi monárquico.
Y refiriéndose a aquello que conocimos como emulación: “Estos criterios son aplicables también a la emulación, movimiento que con los años fue perdiendo su esencia movilizadora de los colectivos obreros, al transformarse en un mecanismo alternativo de distribución de estímulos morales y materiales, no siempre justificados con resultados concretos y que en no pocas ocasiones generó fraudes en la información”. Sería bueno recordar el persistente acento puesto en ese mecanismo cuando fue parte de los afanes más constantes del Ché Guevara en tiempos en que se pretendía llegar a una especie de “nirvana político” mediante la emulación socialista que según se alegaba era uno de los mecanismos más puros y efectivos de la vida en el socialismo. Ahora se pone al descubierto como lo que nunca dejó de ser: una intrigante y desleal competencia que sembraba ideas malsanas entre las personas y se convertía,  a ese nivel, en el azuzador inmediato de las bajas pasiones. Yo personalmente fui testigo de lo que argumento, sólo que no viene al caso, pero lo que afirmo  no es la dorada píldora con que se trata de paliar el error.
Y regresando nuevamente a la contradictoria esencia de éste documento se alegan cosas como la siguiente: “Solo así el Partido Comunista de Cuba podrá estar en condiciones de ser, para todos los tiempos, el digno heredero de la autoridad ilimitada del pueblo  en la Revolución y en su único Comandante en Jefe, el compañero Fidel Castro Ruz, cuyo aporte moral y liderazgo indiscutible no dependen de cargo alguno y que desde su condición de soldado de las ideas no ha cesado de luchar y contribuir, con sus esclarecedoras reflexiones y otras acciones, a la causa revolucionaria y a la defensa de la Humanidad frente a los peligros que la amenazan”.
El anterior panegírico en vida es una contundente manera de cerrar la puerta a cualquier entendimiento con los Castro, el que crea algo diferente, no conoce el trasunto mental, exponencialmente desvariado de esta gente, es además, una cacofonía política más y de rigor, para quien verdaderamente sabe de lo que se trata. En ese párrafo se encierra una penosa, pero definitiva conclusión: con estas personas y en contra de su forma de actuar, las ideas pierden su dimensión y el entendimiento es una especie de culpabilidad penosa para quien trata de ejercerlo.
A manera de cierre se aborda en el documento la situación internacional y lo único que me parece válido citar y propiamente analizar es la referencia hecha a: “La salida de la crisis económica global que afecta a todas las naciones no se vislumbra por su carácter sistémico. Los remedios aplicados por los poderosos se han dirigido a proteger a las instituciones y prácticas que le dieron origen y a descargar el terrible peso de las consecuencias sobre los trabajadores en sus propios territorios y en particular en los países subdesarrollados. La espiral de precios de los alimentos y del petróleo empuja a cientos de personas a la pobreza extrema” y me pregunto: ¿No era que Cuba bajo el incomparable genio de Castro y del Socialismo, estaba exenta de todos esos males?, ¿No es que Cuba, donde al decir de Hugo Chávez, se navega en el mar de la felicidad y los felices y complacidos usufructuarios de la Revolución, constituyen un ejemplo para el mundo?, ¿Cómo explicar que ante una situación de esta naturaleza negativamente descrita, el Partido se aferre al único y cacareado argumento del ”bloqueo” como explicación absoluta de los problemas que afectan al país?. ¿Cómo se resolvió en Suráfrica el problema de la integración de una nación próspera como lo es hoy, bajo Mandela, -que gobernó con criterio ampliamente inclusivo- y después de la presión de un verdadero bloqueo sin cuento?.
Utilizando una fuerte dosis de cinismo como es característico en el tratamiento de estos temas se alega que: “Nos alientan esta América Latina y el Caribe, cada vez más unidos e independientes, cuya solidaridad agradecemos. Continuaremos abogando por el Derecho Internacional y respaldamos el principio de igualdad soberana de los Estados y el derecho a la libre determinación de los pueblos. Rechazamos el uso de la fuerza, la agresión, las guerras de conquista, el despojo de los recursos naturales y la explotación del hombre”
Para comentar lo anterior no quiero extenderme demasiado y a la vez habré de dar la palabra a quienes más y mejor que yo conocen el tema: les convido a que se lean el libro de Juan Benemelis “Las Guerras Secretas de Fidel Castro”, en el encontraran sobrados y verídicos testimonios de la repuesta real de nuestros “venerables comunistas” a lo que dicen defender. Por demás la guerra fría es y sigue siendo el referente idóneo de las ideas “internacionalistas”, que, según se sabe hoy, no son óbice de ninguna estrategia dentro de la globalización. En eso también la rueda se detiene y arranca en reversión. Recientemente el periodista español Vicente Botín ha escrito un ilustrativo artículo cuyo tema principal es la infundada reiteración y el regreso de estos personajes a esquemas fracasados; no sólo me pareció ilustrativo, sino también certero.
Insistiendo en la guerra, la preparación combativa, la técnica de combate y todo lo que tanto complace la sedicia militarista de estos personajes se deja escapar quizás, uno de los más importantes mensajes y que en varias ocasiones personalmente Raúl ha enviado al gobierno de los Estados Unidos: “Reiteramos la disposición al diálogo y asumiremos el desafío de sostener una relación normal con los Estados Unidos, en la que podamos convivir de manera civilizada con nuestras diferencias, sobre la base del respeto mutuo y la no injerencia en los asuntos internos”. Casualmente en el día de hoy escuchaba la certera opinión de un periodista alegando que; si hace algún tiempo, a Cuba le era posible sobrevivir fuera de cualquier relación con Estados Unidos, hoy le es absolutamente imprescindible. Esa y no otra es la razón real del planteamiento y de la “rama de olivo”.
Cuba no está hoy amenazada por nadie, su estabilidad es responsabilidad absoluta de quienes “caminan por el filo del abismo” como el propio Raúl Castro ha dicho. El reciente desfile militar  fue una muestra de insensatez y derroche de recursos que puede ser algo así como un regalo póstumo que los “históricos” decidieron hacerse; cualquier otra versión al respecto no es otra cosa que un intento de paliar la tectónica intranquilidad de las personas que a pesar de todo y a este respecto se niegan a comulgar con ruedas de carreta.
Hay por último en el informe alusiones a la espiritualidad, el sentimiento de justicia y los deseos de los seres humanos, se acude para graficar esta supuesta inquietud a la cita de un intelectual, sin dudas connotado como lo fue Cintio Vitier, a mi me parece sacrílego que en cónclave de esta naturaleza se hable de estas cosas y se pretenda abanderar la impunidad de una dictadura con las ideas de un hombre que a pesar de su militancia de izquierda durante toda su vida, fue un católico convencido y practicante que sin dudas supo de los desafueros cometidos por estos mismos personajes que hoy los usan, al respecto; sucede algo parecido con el Cardenal Ortega, pero creo que graficar esta opinión se impone.
Se trae a colación una cita de Cintio Vitier: “Lo que está en peligro, lo sabemos, es la nación, misma. La nación ya es inseparable de la Revolución que desde el 10 de octubre de 1868 la constituye, y no tiene otra alternativa: o es independiente o deja de ser en lo absoluto.
“Si la Revolución fuera derrotada, caeríamos en el vacío histórico que el enemigo nos desea y nos prepara, que hasta lo más elemental del pueblo olfatea como abismo”.
Traten de recordar los cubanos si estas citas de Cintio eran posibles cuando nuestra soberanía nacional era víctima de nuestra relación con la URSS y el bloque soviético, si a alguno de los Castro o de sus más relevantes acólitos le interesó apoyarse en el intelecto de Vitier. Es como todo lo demás un acto de desembozada hipocresía que me parece traído por los pelos y hasta risible.
Ya en los primeros párrafos de este trabajo dije lo que pensaba. Ahora que ya ha concluido el tan esperado y anunciado VI Congreso de Partido Comunista Cubano y se han hecho las conclusiones y los anuncios de rigor, no queda mucho por agregar. Quizás el único cambio tangible ante la ausencia de otros realmente importantes, sea una cuestión semántica. Ya los “patriotas” no quieren morirse. Es notable que la consigna alentada por Fidel de “Patria o Muerte” carezca de sentido –con la excepción de Chávez que la ha hecho suya- y hayan llegado a la conclusión de que por desgracia y para muchos cubanos después de perder la patria, la única alternativa es vivir esperando irse de éste mundo. Es realmente triste… pero es así.
Hay por último una única conclusión: 
En Cuba hay dos términos que todo lo definen en el plano genérico: absolutismo y pluralidad. El primero es la filosofía del gobierno, el segundo ha sido desterrado del argot porque implica un argumento no deseado que hace a su antípoda de improbable aplicación. Es obvio que entre los cánones rígidos del actual Congreso esa pluralidad no tiene efecto.

José A. Arias.

Nota.- Todas las citas tomadas del documento original aparecen en “negrita” en el análisis.

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