Saturday, September 13, 2014

LOS NEOMARXISTAS CUBANOS Y EL FIN DE LOS ASCETAS. (*)



Regularmente los que se consideran a sí mismos enemigos políticos y de “clase”, experimentan una mayor curiosidad por acercarse al contenido expuesto. De tal suerte, debo escribir pensando en ellos y no sólo para quienes, según leen, van asintiendo. En fin, ellos son los primeros que suelen entender la interrelación del pensamiento en términos de “batallas” y acuden a ellas teórica y científicamente pertrechados de todo su arsenal ideológico y, como buenos soldados del intelecto, asumiendo la derrota de sus enemigos – su contraparte- porque la Historia está de su lado y les permite conseguir victorias rotundas y aplastantes.

No soy partidario de la especulación y entiendo que en la confrontación con los de armas tomar ha de conocerse bien el terreno por el que se transita; es por ello que me he dedicado a estudiar (enfatizo: estudiar, no sólo leer) la producción reciente ( y en ocasiones no tanto) de algunos que en Cuba y no pocas veces en el exterior, gozan del reconocimiento y la categorización de “intelectuales revolucionarios” Tras haber encarado la tarea con paciencia y despojado en la mayor medida posible de criterios y formulaciones pre-establecidas he decidido  encarar mi propio reto. El juicio, y eso que algunos suelen incluir al final como hitos concluyentes y de los que prescindiré, lo dejo a la consideración del lector.

Ante todo, muy brevemente, me parece necesario establecer una consideración importante. Mi motivación personal y el tiempo que le dedico es el resultado de: (a).-comunicar mi experiencia adquirida con el decurso del tiempo y después de haber dejado muchas páginas atrás de una bibliografía heterodoxa por su contenido y para nada partidista, doctrinaria o de pretensiones ideológicas en algún sentido y exclusivamente, (b).-considerar que mi pensamiento no está ceñido, ni se abandera festinadamente, con teorías políticas de ningún signo o tendencia –ello puede resultar criticable, pero es así, y (c).-saber que es el resultado de una labor enteramente voluntaria. Lo último tiene el valor de la dedicación y el interés, sobre todo, para no hacer dudar a los que estiman y piensan en términos equívocos y, paradójicamente, han hecho de su filiación político-partidista un medio de vida.

Lo anterior no es rebatible si se tiene en cuenta que, por convicción o conveniencia (o ambas) son exponentes de una postura, actitud ante la sociedad  (“orgullo de clase”), en la que el Estado revolucionario no admite disensos y es, a su vez, empleador y usufructuario, quien les paga el salario que devengan y del que se sostienen. No me parece criticable; pero lo que sí lo es, es endilgar, a los que no piensan del mismo modo y sin contemplaciones, una andanada de adjetivos peyorativos que convierten en el matiz sustantivo de su “guerra ideológica” sin parar mientes en utilizar sofismas, adulterar la realidad y empeñarse en la condena a priori de cualquier argumento. Sobre aquel planteamiento de 1961 en “palabras a los intelectuales” de Fidel Castro y cuya originalidad, por añadidura, culposa; está probada como ajena: “dentro de la revolución todo, fuera de la revolución nada…” alguna vez leí el criterio de un reconocido intelectual revolucionario cubano –Lisandro Otero- que en su defensa argüía: “Fidel veía con claridad los peligros que acechaban en el futuro inmediato. Cualquier posibilidad de infiltrarse por un resquebrajamiento en la unidad necesaria sería aprovechada por nuestros antagonistas. Ante todo la Revolución debía sobrevivir porque el gran movimiento social era la base de todo, de la cultura, del derecho a una vida mejor de nuestro pueblo” (1)

Lo primero que debo explicar es por qué, al referirme a una buena parte de los que dicen aceptar y abrazar la idea de la rectificación, utilizo el término “neo-marxistas” Estos intelectuales que han descubierto a destiempo las razones de todos los males y que se han dado a la tarea de respaldar mediante su obra y su  participación en la vida cultural cubana aquello que es, en la práctica, una campaña gubernamental originada en el poder del Estado; todo lo que hacen es tratar de paliar, disminuir y –en los casos más ambiciosos-tratar de demostrar que no es real lo que las evidencias han ido poniendo en relieve: racismo, marginalidad, deterioro de la enseñanza a todos los niveles, ejercicio de la represión –no solo a nivel político-, problemas desgajados de la diversidad monetaria, falta de correlación entre precios y salarios, deterioro habitacional y su concomitante efecto en la infraestructura y el nunca superado déficit alimentario, "aunque nadie se muera de hambre a pesar de no poder degustar los alimentos que merecen” (2) para de ese modo justificar la menguada “canasta básica” que evita -según se argumenta- las hambrunas que matan millones de seres humanos indefensos en otras latitudes. Ese concepto de igualitarismo abstracto (que por demás no existe, algo que puede demostrarse) y se menciona como paradigmático, me hace pensar en un grupo de “conformistas” que se atienen a la idea de que “en el país de los ciegos, el tuerto es rey”

En todos los casos el punto de partida, sin excepciones, es similar: “La Campaña de Rectificación de Errores”, la “Batalla de Ideas” y una ostensible y automática propuesta consecuente: “…el fortalecimiento del socialismo como única alternativa de socialidad entre los cubanos” y agrego: desde una “nueva perspectiva” originada en la dialéctica del pensamiento de muchos ortodoxos de antaño convertidos en neo-marxistas capaces de producir una edición corregida de sus antiguas propuestas. Pero no sólo se trata de identificar las plataformas del cambio por su origen, al fin, “rectificar es de sabios” aunque parece ser que, en el caso que me ocupa, ni el tiempo, ni las circunstancias lograron vincularse acertadamente en el entendimiento de la “intelligentsia” insular. El marxismo fue mal interpretado, ¿por quién?, -cabría preguntarse- fue sectario y en sumo, vinculado a la macropolítica internacional de la URSS bajo el estalinismo, donde un caudillo que llegan a conceptualizar de tirano –Stalin-, echó por tierra la buena voluntad del leninismo al desconocerlo y llevar el orden de cosas –el socialismo real- a un callejón sin salida, creando las condiciones para que un grupo de “oportunistas, bandoleros y lacayos” le arrebataran a la clase obrera y el campesinado sus conquistas. Aparentemente se trata del reverdecer de la "Teoría Crítica" y ello, es otro tema.

Hay, a simple vista, un grave problema que origina, a su vez, una gran contradicción: el comunismo en Cuba, así como sus principales figuras a partir de 1936 (inicio de la política de “frente único”) y hasta 1958 (febrero) y después a partir de 1961 (declaración del carácter socialista de la revolución) y hasta hoy, se apropió de la idea revolucionaria convirtiéndola en sinónimo de una ideología que ahora parece ser criticable sólo a la sombra del poder y a conveniencia del Estado. ¿No fueron estos períodos demasiado prolongados para entender la negatividad de lo que hoy se pretende exponer como argumentos deleznables –al menos en el plano de la vinculación con la extinta URSS? Desde luego, en la fabulación de la historia nacional post-revolucionaria, sobre todo en la que Fidel Castro ha contado recientemente y que, certeramente, a interpretado y definido Rafael Rojas (3), se centra la respuesta de los neomarxistas.

Mi experiencia personal, a la que me referí y está acreditada con una buena cantidad de años dedicado a tratar de encontrar una vertebración lógica a los temas acotados, me permite recordar vivencias ajenas e interesantes. Es sintomático que algunos de los que se proyectan hoy por la necesidad de la crítica (siempre constructiva, revolucionaria y socialista) fueron víctimas de la política del Estado bajo la acusación de “revisionistas” y “sancionados” a desempeñar “tareas” que debían cumplir el doble objetivo de: a.-impedir la influencia de sus criterios y b.-“ayudarles” a entender la virtud y la claridad ideológica (trato de recordar y reproducir los términos que se usaban) de quienes se erigieron en defensores del sovietismo –estalinismo incluido- a ultranza; al convertir en pecado de lesa política lo que catalogaban como una “ruptura” con la línea político-partidista de la revolución. Los que se consideraron a sí mismos y en su momento, puros defensores del "verdadero socialismo leninista", llegaron a ser equiparados con los enemigos "foráneos y pro-imperialistas" de la revolución y en consecuencia evaluados como muy peligrosos. Muchos fueron purgados, otros que no alcanzaron a entender el por qué se les ponía en evidencia, no resistieron lo que consideraban una humillación a su pasado revolucionario y prefirieron acogerse a una especie de exilio interno, otros, los más recalcitrantes, fueron a dar a la prisión y no pocos devinieron en disidentes y opositores (dentro y fuera de Cuba). La gran mayoría de los que ocupan mi atención (los neomarxistas) se han hecho a la idea de que es bajo la permisibilidad del Estado y en concomitancia con sus presupuestos que se hace posible rectificar errores. Se trata aquí del esquema, tantas veces repetido, de las ideas socialistas y comunistas en Cuba desde 1902. Me excuso por la aparente simpleza de la afirmación a continuidad, pero no creo en semejantes artilugios y más bien parece que lo único probable es similar a aquello de “meter la zorra en el gallinero”

El capitalismo imperialista, alegan, cambio sus estrategias de dominación e influencia en los territorios tercermundistas tras finalizar la II Guerra Mundial y durante la Guerra Fría; luego, el neoliberalismo y la globalización vinculados al desarrollo tecnológico durante los primeros años del presente siglo, sugieren una nueva actitud (táctica y estratégica) capaz de generar la conservación del socialismo comunista, único destino viable para aquella misma humanidad que según se afirmó dijo “basta y echó a andar”; puede parecer una ironía pero, ¿acaso el movimiento les ha conducido a una coyuntura de inercia sostenida amparada bajo una supuesta política de “rectificación de errores” y tras largos años de espera? Como puede apreciarse, trato de ceñirme al discurso político-ideológico de los revolucionarios de hoy que se dicen marxistas al interior y que sí son capaces de mentir, (es parte de la condición humana y por añadidura, fácilmente demostrable) además, respaldan sus inexactitudes haciendo uso del formidable aparato propagandístico con que cuentan para exponer medias verdades y manejar las estadísticas a fin de violentar la buena voluntad de las numerosas entidades internacionales que, financiadas en buena parte con fondos "del imperio", llegan a convertir solapadamente en sus aliados.

En el gran matraz en el que se articulan y en el laboratorio socializador en que teóricamente se pretenden ventilar las críticas del neomarxismo, se halla, en la médula del nuevo homúnculo, la rectificación de errores, la batalla de ideas y cuanto añadido pueda parecer incluible y resultar de utilidad. Pero la solución del problema no está, y ellos lo saben, lo dejan entrever como parte de su preocupación al referirse al hecho del peligro de hacer mutis que corren hoy sus ideas (por razones intrínsecas y no las que festinadamente alegan), en proponer remedios temporales e inviables a largo plazo; está en la falibilidad e inconsistencia de las fuentes originales (algo que los chinos parecen haber entendido mejor que sus enemigos de antaño al desentenderse, en la práctica, de las enseñanzas del “gran timonel”, lo que quizás pudiera convertirse en un buen referente para los cubanos que también han tenido y tienen, sus “timoneles”) Ante tal coyuntura me parece válido plantear algunos cuestionamientos:

1.- ¿Es posible que por las causas atribuidas a los errores cometidos (inexperiencia, excesivo partidismo pro-soviético, etc.) quienes los cometieron, puedan producir la eliminación de sus consecuencias?

2.-Asumiendo que lo anterior fuera dable ¿desparecerían los límites cuando de encarar las cuotas de responsabilidad se trate y se convierta en necesidad impostergable hacerlo?

3.- ¿Están los neomarxistas en capacidad, primero de resistirse y luego de enfrentar de nueva cuenta, no solo el ostracismo intelectual – a lo que temen en tanto el intelecto es razón de su quehacer y condición de su existencia-, sino en sentido absoluto? (saben muy bien de qué se trata)

4.- ¿Qué resultado tangible se evidencia tras el propósito de los “cambios” en los que según alegan, la crítica socialista y revolucionaria ha influido?

5.- ¿No existe acaso, una evidente contradicción entre lo que la “crítica representa o al menos, debe representar, frente a la omnipresencia de la entelequia axiológica conformada por la relación ad infinitum “revolución-partido-pueblo” categorizada ideológicamente como inamovible?

Es muy posible que tratando de hallar respuestas a semejantes o muy parecidos cuestionamientos, el comunismo sucumbiera en la URSS y los países de Europa del Este. Razón evidente: las respuestas existen, pero no son verificables mediante su enunciado en el contexto ideológico en el cual se pretende encontrarlas. Sería bueno (aunque improbable, al menos por el momento) dejar de lado el argumento “patriótico-revolucionario” de exponer a Cuba como una nación de pretendida magnitud ejemplar sin ir al centro de los problemas que la aquejan y seguir culpando a “enemigos” que cada vez se hacen menos visibles. El cuento es demasiado viejo, se agotan las versiones; pero el efecto de esa paranoia colectiva enquistada en la conciencia nacional, puede ser muy peligroso. Mientras tanto, los ascetas de la vieja ortodoxia están quemando sus últimos cartuchos y si me quieren acusar de no entenderles, al menos en algo, estaríamos de acuerdo.

NOTAS.-

(1).- Otero, Lisandro.-“La Jiribilla” En: “Rebelión”, cultura. Agosto 21, 2011 (http://www.rebelion.org)

(2).-“No degustamos todos los platos que quisiéramos y nos merecemos, y los alimentos son caros para el bolsillo del cubano - el tema alimentario como se conoce es asunto de fuertes debates e inconformidades-, pero nadie “muere” en Cuba de hambre…” Afirmación del Dr. Felipe de Jesús Pérez Cruz en su artículo: “Sebastián, El Canal y el Nuncio” Ver: en INTERNET, por el nombre del autor, en el mismo sitio Web de la cita anterior.

(3).-Ver: Rojas, Rafael.- “La Máquina del Olvido”, Méjico, 2011. En: Diario de Cuba. (http://www. diariodecuba.com/)

(*).-Asceta. Definición: Persona que practica el ascetismo. 2. Persona que lleva una vida austera.

Ascetismo. Definición: Conjunto de prácticas de penitencia con fines espirituales o religiosos. 2. Vida austera.

En el caso, doy al sustantivo una connotación polisémica.


José A. Arias Frá.

Miami, septiembre 13, 2014.

Friday, August 1, 2014

SANTOS Y EL FUTURO DE LAS CONVERSACIONES DE PAZ PARA COLOMBIA.


El proceso de paz en Colombia inaugurado en noviembre de 2012 en La Habana, viene resultando en una negociación en extremo difícil y, como tal, incluye aspectos básicos que no resulta posible solventar; al menos en el corto plazo.

Durante los cuatro últimos períodos presidenciales –incluido el de Álvaro Uribe- se han producido intentos de negociación cuyos resultados no exhibieron logros. Aún sigue siendo improbable que el actual esfuerzo bajo la presidencia de Juan Manuel Santos, pueda acarrear resultados diferentes y definitivos y la razón está en el enfoque que las dos partes envueltas en el proceso le dan al asunto. En el “arte” de enfrentar los presupuestos del adversario, más que en la sapiencia, suele estar la clave del éxito en muchos de estos casos.

Las guerrillas de las FARC y el ELN han operado en el país, al menos, durante los últimos 50 años y aunque las condiciones han cambiado, ninguno de los protagonistas del conflicto, a saber, gobierno y guerrilla, ha podido capitalizar resultados a su favor. Preguntarse las razones convertiría el propósito en un intento demasiado extenso. Baste saber que el aparente punto de confluencia de ambos es, precisamente, este nuevo intento.

El punto de vista de ambos extremos en la antípoda, acusa causas y en algunos casos, como en el de la guerrilla, está matizado de un contenido ideológico que en la post modernidad, resulta obsoleto: no se puede hablar, como hacen los líderes guerrilleros Timochenko y Gabino de justicia social encaramándose en una estrategia sistemática e inocultable de terror y victimización puesta en práctica en defensa de una ideología a destiempo. Para el gobierno, la defensa de intereses político-económicos y en medio de ese largo período, también ha tenido fluctuaciones que han determinado la crítica sana y cívica desde adentro y, como es normal y debe ser, en situación de competencia democrática.

Pero el criterio ideológico (es necesario insistir en ello) que la guerrilla dice defender y en efecto defiende, aferrándose a él, produce la existencia de una zona vaga de definiciones y crea, a más de menoscabar la posibilidad de un entendimiento, las condiciones para la propia incongruencia de sus argumentos. ¿Quiere esto decir que la paz no puede resultar posible? Desde luego que sí.

De hecho, en tres de los cinco aspectos que se trazaron desde el inicio como caminos de amplia y doble vía (en eso consiste el hecho de negociar) y a pesar del sinnúmero de bifurcaciones que puedan acusar, ha habido acuerdo en los tres primeros y las “conversaciones” se aproximan a entrar en su fase más crítica y potencialmente disruptiva: la reparación a las víctimas del conflicto y el desarme y posterior implementación de los “acuerdos”

Pedirle a los representantes de la guerrilla que, como ideólogos, gozan de menor autonomía y aunque supuestamente estén investidos de ella, que se conviertan en actores de una vida en paz después de haber vivido en la violencia; sus lacras y sus secuelas durante medio siglo, es casi como pedir peras al olmo y el gobierno, en tanto, tendrá –aunque esta vez lo ha venido haciendo desde el principio- que ser muy cuidadoso en manejar desde su óptica la consecución de sus objetivos: 1.-demostrándole a todos la ausencia de argumentos impuros, amañados y tendenciosos en sus posiciones, y 2.-presentar los mecanismos de concertación existentes entre los grupos de diferentes tendencias políticas a favor del proceso de paz, como un importante logro más allá de los criterios de la guerrilla.

Es precisamente lo anterior, lo que ha convertido la actuación de Santos en una propuesta de nueva cuenta que lo diferencia de intentonas anteriores. En ese argumento puede reposar la posibilidad de seguir avanzando, porque mientras los ideólogos del movimiento guerrillero se aferran a la inercia de sus presupuestos superados por su propia actuación y la temporalidad de las circunstancias; la movilidad que puede caracterizar la presentación de los objetivos del gobierno, puede muy bien poner la pelota en el terreno de la guerrilla.

Veamos un ejemplo: “no hay en el discurso del presidente Santos ninguna evidencia de cambios estructurales, el problema no es acabar con la guerra, se trata de garantizar una paz que se convierta en algo peor que la guerra misma. Se trata de remover las estructuras que han convertido al pueblo en objeto de abuso permanente y en sus víctimas…” (1) Esto es lo que ha dicho Rodrigo Londoño (Timochenko) y ha sido avalado por Nicolás Rodríguez (Gabino) a nombre de las FARC y el ELN, respectivamente. Creo que los planteamientos se explican por sí mismos, graficados en su intención y a la luz del análisis.

Marta Lucía Ramírez, ex -candidata presidencial y líder conservadora, casi al socaire de tales argumentos, ha expuesto: “…con la justicia que garantice el imperio de la ley, el desarrollo del campo, el acceso a la educación, la defensa de la familia o la búsqueda de una paz verdadera, con condiciones, con justicia, sin reclutamiento de niños, sin uso de minas, ni atentados terroristas, justificaría el apoyo del partido (conservador, n. de a.) a las iniciativas del gobierno” (2)

Si realmente entendemos la democracia y cómo funciona, debemos dar crédito a los resultados de un proceso electoral que separó al ganador (Santos) del perdedor (Zuluága) por poco menos de un millón de votos (7 816 986 vs 6 905 001) debe concluirse que la intención de generar un gobierno de coalición, sin despropósitos, es justa de ambas partes y de ello puede depender en gran medida el resultado final de las conversaciones. Ya lo he dicho antes, no podemos creer y mucho menos pensar que somos fuertes, si como verdaderos demócratas no somos capaces de demostrarlo. Allá quienes se aferran al pasado que, dicho sea de paso, no son siempre los que viven presos de ideologías incongruentes, armados de fusiles y metidos en la selva.

José Antonio Arias.

Agosto1, 2014.    

 Notas.-

(1).-Rodrigo Londoño Echeverri (alias Timochenko) en comunicado leído y presentado en las “redes sociales” a raíz del discurso de Santos en la presentación del Senado de la República de Colombia para su nuevo mandato.

(2).-Marta Lucía Ramírez en declaraciones a “El Tiempo” sobre la posibilidad de la integración de una coalición partidista en respaldo de Santos durante su nuevo período.

Wednesday, June 11, 2014

LA COPA DE LAS VICISITUDES





En nueve años a partir de 2007, Brasil, ese gigante en crecimiento del continente suramericano, ha organizado tres eventos deportivos internacionales: los Juegos Panamericanos, La Copa Oro y ahora el Mundial de Futbol; pero sus aspiraciones en acaparar glorias trascendentales en el ámbito deportivo no concluyen con la convocatoria del máximo evento del deporte rey, en breve plazo -2016- tiene sobre la testa de sus más de 180 millones de habitantes el peso de organizar una Olimpíada. ¿Está preparado el país para encarar el reto que ello representa? Sin ánimo de  minimizar el esfuerzo creo que no. Veamos.

La acumulación de compromisos a puesto al descubierto la crisis interna de las instituciones brasileñas y las lagunas de una administración que desde los más altos niveles enfrenta la pujanza de una relación fatal entre demagogia política y capitalismo salvaje. Todos conocemos la raíz del Partido en el poder hace ya algunos años,  el PT, con Lula primero y su discípula Dilma ahora, ha tenido como uno de sus pilares a nivel social, la participación popular a través de los sindicatos de grandes sectores de la sociedad productiva; pero la compra de imagen a través de las apariencias que suelen ser traicioneramente engañosas, ha catalizado la debacle política, trastrocando en evidencias contundentes la gran contradicción que éste fenómeno implica. No es posible “agarrar a cuentas” sin saber cómo y cuando se va a pagar.

Recién ahora los Estados Unidos y Europa, han empezado a dar señales de una recuperación económica de la gran debacle que comenzó a gestarse en 2005 y años siguientes hasta el hundimiento casi total a partir de 2010 y hasta fines del 2013. Escuché comentarios muy favorables acerca de que dicha crisis no parecía haber afectado a países como Brasil o China; algunos expertos en relaciones económicas internacionales no podían contradecir con argumentos inmediatos tales alegatos, pero hubo unos pocos que se atrevieron a preconizar lo que en este momento es un hecho basándose en las evidencias; Brasil enfrenta un problema social cuyas raíces se hunden en factores hasta ahora no resueltos, primero: la dispersión sobre su basta superficie territorial de una población que se concentra en emporios costeros con la excepción de Sao Paulo (alrededor de 27 millones de habitantes y constituye la urbe más poblada de América Latina después del área del Distrito Federal en México que por supuesto incluye la ciudad Capital) y Brasilia, la Capital política. Esa diferencia entre nivel social y poder adquisitivo entre zonas rurales y centros urbanos al que tampoco es ajeno el gigante asiático -China- es un problema que ofrece pasto reverdecido a las agitaciones sociales en los conglomerados citadinos más importantes. Del caso Chino no voy a hablar porque a la vista saltan las diferencias y su análisis merece un tratamiento aparte y diferenciado. Siempre en estos casos la migración interna se mueve en la dirección campo-ciudad, creando de inmediato nuevos bolsones de pobreza que se suman a los ya existentes con todas sus secuelas.

Los observadores versados, adelantaron que la resaca de la crisis vendría de todas maneras y pudieron hacerlo porque tuvieron en cuenta que, al disminuir la capacidad de inversión de EE. UU. y Europa, fijarse tazas de cambio en connivencia con la situación que se produjo y a la vez tratar de poner a buen recaudo los recursos conque se contaba -algo lógico- el efecto inmediato fue la disminución de las importaciones y la consiguiente reducción del crecimiento, mientras; Brasil y su gobierno Socialista (con o sin las salvedades que ello conforma) ya estaba envuelto en los compromisos deportivos magníficos, por demás, con los que se ha visto obligado a cumplir y aún está por producirse la máxima cita olímpica en 2016. Para el común, es evidente que en última instancia, a ellos les tocará pagar la mayor parte y cargar con los resultados de una supuesta cosecha que no existe. Ante los ojos del resto del Planeta se pone de manifiesto y de manera inocultable, el gran problema que todo lo anterior está acarreando.

Como era común escuchar en mi terruño: el gobierno brasileño “compró cabeza y le cogió miedo a los ojos” Si se tiene en cuenta que otro fenómeno de terrible incidencia como la corrupción político-administrativa, el nepotismo y las lacras que de todo ello se desprenden ha sido una constante en la gestión del PT; la taza, simplemente, se desborda. Los eventos deportivos de gran envergadura sugieren el empleo de cuantiosos recursos económicos y una planificación pormenorizada a futuro que evidentemente no ha existido en el caso de la Copa FIFA. Los plazos de las construcciones no fueron cumplidos, o su cumplimiento ha sido cuestionable y el vaticinio de un efecto dominó es visible para la opinión pública en general que ha tenido y tiene puestos los ojos en lo que muchos no logran entender desde una óptica común que tiende a prescindir de los argumentos que aquí se manejan. ¿Cuál es la estrategia inmediata?: el gobierno asume boca afuera, las responsabilidades   a riesgo de un alto costo político y la Presidenta, para paliar los efectos de la huelga de transportistas en Sao Paulo -solo a 48 horas del pitazo inicial para el partido Brasil vs Croacia- pongamos por caso, se compromete a “conversar” con los sindicatos después que termine el clásico. Evidentemente cualquier cosa es preferible -aún  desde el punto de vista del gobierno- antes que permitir que el sinfín de reporteros de todo el Mundo presentes, matice sus crónicas con los efectos de una parálisis casi total de la ciudad donde comenzará a rodar el balón. Aunque en una escala menor, fue lo mismo que hizo cuando se suscitaron las protestas en torno a la celebración de la Copa Oro y la evidencia de que a la larga nada fue resuelto, es esta nueva ola de protestas en torno a una situación mucho más comprometedora por su trascendencia. Me pregunto: ¿qué habrá de suceder en poco más de un año cuando se les vengan arriba las Olimpíadas? Para los brasileños, que a pesar de amanecer con el esférico entre los pies y acostarse con él bajo la almohada, esto puede ser una pesadilla con el estómago vacío.

Si a todo lo anterior sumamos la influencia de la información a la mano  sobre los entretelones de los manejos turbios de las entidades (supuestamente organizaciones “non-profit”) como la FIFA; la gente necesita, reclama, exige; respuestas satisfactorias. A Joseph Blatter -que ahora aspirará a un nuevo período al frente de la entidad, ya a sus 78) nadie le pide responsabilidad por el hecho de que el evento mundialista promete dejar al mínimo ganancias por 4000 millones de dólares -cuatro billones- para FIFA y el equipo que resulte campeón recibirá solamente !alrededor de 37! y ¿qué del resto?. Si se compara el gasto estatal -costo del evento para el país- ni siquiera el precio de una habitación de hotel tres estrellas en Río -por ejemplo- por encima de los $1000.00 -lo cual no deja de ser abusivo- hace que “la lista coincida con el billete” Todo el mundo sabe que es así y que la FIFA desde ya ha vendido los derechos de auspicio y patrocinio del  mundial 2022 a Qatar, rico emirato petrolero del oriente medio, pero país sin tradición futbolística al nivel que se pretende y enclavado en medio de un desierto donde las temperaturas alcanzan niveles por encima de los 50 grados (C) en la temporada de la realización del evento.

Hoy el inefable Dieguito, abrió la boca en una conferencia de prensa para la cadena Telesur y dijo, usando esas frases lapidarias (algunas buenas, otras no tanto) y que matizan la sorna de sus planteamientos, que Blatter y la FIFA se “estaban comiendo la pelota”; tiene razón,  y ¿qué con eso?; a lo mejor se le olvida poner en recuadro el contubernio entre el gobierno socialista del PT -sus amigos- y los corruptos de la FIFA. No voy a esperar que Diego, digno representante de su alcurnia futbolística y su etnia, dé su brazo a torcer, pero cada quien le escucha asimilando la parte de su discurso que se hace manejable sobre todo sacando las cosas fuera de contexto para arrimar la sardina al bracero, asunto en el que ese pulpo que llaman “Media” goza de gran experticia. Pero la Copa añade otros matices que respaldan el título de éste trabajo en lo estrictamente futbolístico; veamos que le añade más leña al fuego.

Confieso que no soy un fanático a tiempo completo del balompié y menos un conocedor profundo de sus interioridades, pero me admira la ortodoxia casi religiosa y militante de los hinchas argentinos, las torcidas brasileiras y los cabezarrapadas ingleses, mácula de la flemática diplomacia social británica y capaces de emular a Jack el Destripador si alguien se les interpone en el camino de sus pasiones por el esférico, rodando entre piernas y patadas en las canchas de sus devaneos. Por dinero, y según coinciden los expertos, los “amistosos” en fechas anteriores a la copa -aún al momento de escribir este trabajo, a Portugal le queda uno por celebrar antes de la gran cita- han sido más frecuentes que en ocasiones anteriores y en cotejos, según agregan, con equipos intrascendentes que, al no tener nada que perder se esfuerzan por conseguir al menos un empate frente a los clasificados, estos han arriesgado a sus jugadores estelares produciéndose lamentables bajas de algunos de ellos y a los que el público esperaba ver en acción. Lo cierto es que aunque no siempre por la causa referida, no estarán en el Mundial Falcao, Ribery y otros jugadores de selecciones nacionales con menores posibilidades como en el caso de Ecuador, Chile e inclusive; Cristiano Ronaldo no llega en plenitud de condiciones producto de algo que definen como “cansancio muscular” en sus piernas y Messi sigue vomitando quizás a consecuencia del estrés que le producen sus desvaríos monetarios en España, ahora incrementados por una acusación de prestarse para lavar fuertes sumas de dinero de dudosa procedencia utilizando el “reality” de ”Messi y sus Amigos” como pantalla, mientras el uruguayo Luis Suárez tiene apenas tres semanas después de haberse operado un menisco en una de sus rodillas.

¿Existe realmente la cortesía necesaria por el gran hacedor del espectáculo? Ese que llaman “el respetable”, compuesto por quienes  malviven y llegan hasta el ayuno ocasional durante cuatro años para tratar de conseguir hospedaje y pasaje y estar allí para vivir la epopeya sin lograr el rédito necesario a su esfuerzo? Baste decir que los propios brasileños serán indirectamente victimizados por el “schedulle” creado por la FIFA, que sólo le concederá el honor a los Cariocas -la gente de Río- de ver en Maracaná a su selección nacional si llega a la final. Todo el país espera que así sea, pero ¿y si no?; muchos habrán enterrado su aspiración de no conformarse con menos que el sexa-campeonato, frente a las pantallas de los televisores. La condición de anfitriones pone una responsabilidad más sobre las ya normales que cualquier equipo enfrenta envuelto en una competencia como esta; para el país sería un paliativo a las heridas abiertas y una especie de necesaria pausa antes de que la sal vuelva a caer sobre ellas en 2016. Parece que nunca antes gobierno alguno hubo de necesitar con tanta vehemencia una victoria de sus jugadores para contrarrestar la presión que resiste por concepto de una imagen deteriorada ante propios y extraños.

José A. Arias.
Junio 10, 2014





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Thursday, February 27, 2014

LA SOLEDAD DE LOS ESTUDIANTES VENEZOLANOS. Enrique Krauze.




NOTA: Magnífico análisis de Enrique Krauze, periodista, escritor e intelectual mejicano, publicado en "El Pais" de Méjico -02-27-2014- con el que coincido y cuyo contenido debe ser conocido. Ese es el propósito de que lo reproduzca enteramente a continuación, para que -modestamente- los lectores de éste blog, se acerquen a los sólidos y contundentes argumentos expuestos por  su autor.

José A. Arias.

 
La mayoría de los estudiantes de Venezuela no tienen memoria de otro régimen que no sea el chavista, y no quieren envejecer con él. Sus democráticas voces se escuchan a todo lo largo y ancho de Venezuela. Marchan arriesgando la vida. En 2007, salieron a las calles a protestar contra la confiscación del RCTV, la más antigua estación de televisión independiente en el país. A fines de ese año, fueron la principal fuerza de oposición al proyecto chavista de confederar a Cuba con Venezuela. Y lograron detenerlo, al menos en su aspecto formal. Sus hermanos menores han decidido recoger la antorcha.

En Venezuela hay 2,4 millones de estudiantes de nivel medio y 400.000 de educación superior. Aunque los estudiantes activos en todo el país suman varias decenas de miles, la mayoría simpatiza con el movimiento opositor. Prueba de ello es que, desde hace años y hasta la fecha, la principal universidad pública —Universidad Central de Venezuela— elige sistemáticamente a líderes opositores al chavismo.

No buscan revertir la atención social a los pobres. Critican la ineptitud económica del régimen y —sobre todo— el ocultamiento de la gigantesca corrupción, que alguna vez saldrá a la luz. Saben que Hugo Chávez acaparó uno a uno todos los poderes (legislativo, judicial, fiscal, electoral) y enmascaró, con el velo de su discurso, el dispendio sin precedente de más de 800.000 millones de dólares que durante sus mandatos entraron a las arcas de la empresa estatal de petróleo PDVSA. Saben que los niveles de inflación en Venezuela son los más altos del continente, que la deuda pública se ha vuelto tan inmanejable que hay una carestía crónica de alimentos básicos, electricidad, medicinas, cemento y otros insumos primarios (como producto de las masivas expropiaciones a las empresas privadas y la caída brutal de la inversión). Y saben muy bien que la criminalidad en su país es también la más alta del continente.

Los jóvenes calibran estos problemas, pero su mayor agravio es el ahogo sistemático y creciente de la libertad de expresión, que impide a la gente tomar conciencia y sopesar por sí misma las realidades del país. Chávez voceaba sus logros (algunos reales, la mayoría imaginarios) a toda hora y en especial en su maratónico programa dominical Aló presidente, pero su sucesor Nicolás Maduro (primitivo, proclive a disparates y fantasías) ha recurrido a la represión directa de las voces disidentes. La idea es hacer que prive la verdad única, la verdad oficial. Ya desde 2012, el Gobierno chavista absorbió Globovisión, la última cadena abierta de televisión independiente en el país. También desfallece la radio independiente. Y se ha limitado a tal extremo la venta de papel periódico que la prensa escrita tiene los días contados en Venezuela, es la dramática verdad, se encamina hacia una dictadura y, en varios sentidos, lo es ya.

Sorprende la cantidad de usuarios de Twitter que asumen el libreto del Gobierno de Maduro

Los estudiantes venezolanos cuentan con el apoyo de sus padres y maestros y de al menos la mitad de la población que en 2013 votó contra Maduro (y que si no sale a las calles es por una natural precaución frente a los delatores en los barrios). Pero, en el ámbito latinoamericano, los jóvenes están casi solos. Es sorprendente la cantidad de usuarios de Twitter (jóvenes por añadidura) que en América Latina asumen el libreto del Gobierno venezolano y atribuyen “los disturbios” a las fuerzas “fascistas”, “reaccionarias”, “de derecha” que, aliadas con el “Imperio”, en un oscuro “complot”, traman un “golpe de Estado” para “derrocar al Gobierno”. Ante el alud de vídeos en YouTube que circulan mostrando el asesinato a mansalva de estudiantes por parte de unidades móviles de las milicias formadas en tiempos de Chávez (La Piedrita o los Tupamaros), muchos usuarios comentan que las imágenes están “truqueadas”. Paradójicamente, Maduro ha condenado el uso del Twitter (“esas máquinas imbéciles”, llamó a esa red) y se declaró víctima de una “guerra cibernética”.

En México, la prensa de izquierda —con gran ascendiente entre los jóvenes— apoya sin cortapisas a Maduro. En esos ámbitos, Leopoldo López resulta ser el instigador de la insurrección y no lo que es: un líder desarmado y ahora sometido a un juicio ilegal sobre cargos falsos y fabricados.

El poder de la ideología en Venezuela es explicable: en millones de personas perdura el convencimiento de que la obra social de Chávez fue tangible y de que si no hizo más por ellos fue porque se le atravesó la muerte. Otro factor es la dependencia directa de millones de venezolanos del erario, consecuencia del debilitamiento progresivo de la actividad empresarial y la inversión privada. Las simpatías de los países dependientes del petróleo venezolano tienen la misma raíz. El clientelismo tiene intereses creados en creer en el chavismo. Pero ¿cómo explicar la popularidad de la ideología chavista o sus variantes en países que no pertenecen a su órbita?

Aunque la Revolución cubana ha perdido su aura mítica, la democracia representativa y el liberalismo no han podido arraigar de manera definitiva en la cultura política de América Latina. Por eso el chantaje ideológico de Cuba y Venezuela funciona aún: nadie quiere parecer “de derecha” en un continente enamorado de la Revolución, donde los ídolos políticos no han sido demócratas como Rómulo Betancourt, sino redentores como Eva Perón, Che Guevara, Fidel Castro o Hugo Chávez. Octavio Paz señaló la razón de este anacronismo: tras la caída del muro de Berlín, sectores amplios de la izquierda latinoamericana se negaron a practicar la crítica del totalitarismo cubano. Y si no lo hicieron con Cuba, menos lo hacen con esa versión derivada que es la Revolución Bolivariana.

La relación de Dilma Roussef con La Habana y Caracas es cínica y paradigmática

Debido a esta falta de autocrítica, hoy en México vivimos una paradoja. El movimiento de 1968 fue una hazaña de los estudiantes y de las corrientes políticas e intelectuales de izquierda. Los estudiantes fueron masacrados por el Gobierno de Díaz Ordaz y grandes líderes de izquierda fueron encarcelados. Hoy, no pocos herederos de esa izquierda defienden las acciones represoras del Gobierno venezolano, que son equiparables a las de Díaz Ordaz. Hoy muchos herederos de esa izquierda han volteado la espalda a la democracia.

Pero más importante que la ideología son los fríos intereses materiales. En este sentido, la postura de Brasil es tan paradigmática como cínica: las oportunidades económicas (turísticas, energéticas, sobre todo) que se abren en Cuba después de la eventual muerte de los hermanos Castro son demasiado importantes como para tomar posturas idealistas y arriesgar la estabilidad de la isla. Y esa estabilidad implica mantener intacta la alianza entre Venezuela y Cuba. Solo así se explica que Dilma Rousseff, que en su juventud fue una estudiante torturada por los militares, ahora apoye a un Gobierno cuyas fuerzas policiacas emboscadas reprimen estudiantes.

Esta lógica es ajena a los estudiantes venezolanos. Aquilatan el valor de la libertad porque —a diferencia de sus coetáneos en otros países de la zona— la ven seriamente amenazada. Saben que en el mundo prevalece y avanza la democracia. No tienen pensado emigrar del país. Pero América Latina —sus Gobiernos, sus instituciones, sus congresos, sus intelectuales y aun sus estudiantes— es ingrata con Venezuela. El país que en gran medida la liberó hace 200 años, hoy lucha solo por su libertad.

Enrique Krauze es escritor y director de la revista Letras Libres.

Thursday, February 20, 2014

EL "LEGADO" DE CHÁVEZ Y MADURO, EL ALBACEA.


 


 
 

Manifestantes de la oposición bloquean la carretera principal de la ciudad durante una protesta contra el gobierno de Nicolás Maduro, en CaracasA menos de un año de la desaparición de Hugo Chávez, todos los que hablaron del “legado” del Comandante son testigos de lo que representa la herencia política de un gran dilapidador cuyo albacea no lo es menos, adicionándose en el caso del designado Maduro las limitaciones que le caracterizan, su falta de visión y la incapacidad para gobernar un país como Venezuela en tiempos donde el discurso empeñado en desconocer la realidad de los avances tecnológicos y lleno de argumentos trillados y falsos, ya no engaña a nadie. 

Tan terrible es la realidad de Venezuela en manos de su actual gobierno; que parece haber sugerido, aún a algunos de sus aliados del ALBA, mantener cierta distancia de su ejecutoria y ha sido sintomático que hayan  mantenido un cierto perfil de discreción a pesar de los graves acontecimientos que se están produciendo. Por supuesto que no hay renuncia a las pretensiones de quienes se han confabulado en aras del logro de objetivos a los que Chávez solía referirse en sus diatribas antimperialistas; sería una especie de suicidio político, pero lo que ciertamente no hay, es voluntad de adherirse al error cotidiano que pudiera meter a todos dentro del mismo saco. Aún en el caso de Ortega y Evo, los más dependientes, se hallan a la espera de lo que sucederá.

El supuesto “legado” de Chávez no ha sido otra cosa que lo que siempre fue desde que se apoderó del poder: un país en quiebra, con una moneda desvalorizada, altos índices de inflación, una elevada corrupción a todos los niveles y una situación sociopolítica –incluidos los altos índices de criminalidad- como argumentos incontrastables, que se hacen inocultables. Ya desde finales del pasado año hubo opiniones acertadas sobre lo que iba a suceder en los meses iniciales del actual 2014, quienes se refirieron a ello no se equivocaron y no era difícil entrever que un gobierno que autoriza el saqueo y lo convierte en bandera de un populismo desenfrenado, no puede sino esperar que el boomerang de la ineficacia, la incapacidad y la falta de recursos, le golpeé la testa tozudamente testaruda a sus representantes, y así está sucediendo.

Aunque nada de lo anterior significa que el gobierno actual va a desaparecer como por arte de magia y que estos señores y sus seguidores que se creen en posesión de una predestinación heredada del difunto caudillo darán su brazo a torcer fácilmente; el derrumbe que el mundo observa hoy del statu quo creado por él, son como un infarto que habrá de dejar una profunda cicatriz en el corazón del chavismo, ahora disminuido a una condición de inoperancia bajo el madurismo, que pierde asideros aceleradamente. Ni los que protestan son políticos de la cuarta república, ni viejos caciques de maculada trayectoria y techo de vidrio según se pretende aseverar, son jóvenes, estudiantes; algunos nacidos en los albores del chavismo, o con él en el poder y, quienes se les enfrentan, son partidarios de una ideología que los convierte en fanáticos más bien por ignorancia que por capacidad de juzgar acertadamente a quienes dicen defender; es a ellos a quienes se les viene el techo encima y esa es la razón de acudir a la toma de medidas que nunca fueron ajenas a sus convicciones aunque adquieran ahora, y al socaire de la actual situación, un radicalismo que su gobernante anuncia con impudicia en aras de seguir anclado a una demagogia imposible. La dilapidación de los recursos es absoluta, la incapacidad en el ejercicio de la gestión política y administrativa ha quedado evidenciada en la escasez de alimentos, la carestía de los pocos que se pueden conseguir y; el que tenga un mínimo de conocimiento y conciencia de lo que representan  los elevados precios que ha tenido el barril de petróleo en los últimos años, deberá llegar a la conclusión de que su país a caído en manos de un grupo que se roba con conciencia o no (ello depende del  nivel en que se encuentren los ladrones) la riqueza de la nación.

El otro grave argumento a tener en cuenta es el de la participación notable y abierta del gobierno cubano en lo que sucede al interior de Venezuela. Para que sea bien entendido; no pueden hablar de autodeterminación, soberanía y aupar la defensa de los intereses nacionales, quienes los irrespetan imitando un supuesto modelo en franca decadencia como el cubano; incapaz de ofrecer a su propio pueblo al cabo de 54 años otra cosa que “palma-cristi y tententiezo” y dejar que ese gobierno, especie de amalgama entre proxeneta y sanguijuela que ya lo ha sido antes de otros estados, aparezca contribuyendo al asesoramiento en diversos aspectos a quienes pretenden imponerse a los deseos de un grupo notable de su población. Si esto es lo que se trata de paliar y ocultar con consignas antimperialistas a destiempo y en una recurrencia que sugiere trasladar el centro de la polémica a una confrontación con los Estados Unidos; el horizonte político del chavismo-madurismo está indefectiblemente aspectado en medio de una bruma que presagia una gran tormenta.

Hagamos una especie de ejercicio hipotético. Si los Estados Unidos, uno de los principales consumidores del petróleo venezolano, dejara de adquirirlo; ¿qué harían los magnánimos hacedores del igualitarismo más caro que la historia ha conocido bajo el socialismo marxista? Alguien responderá con la ocurrencia de que ahí están los chinos, dejando de lado que los “camaradas pekineses” han subsistido con éxito, porque en lo económico fueron capaces de dejar a un lado las fantochadas de perogrullo del comunismo ortodoxo y, con un mercado que tiene como primer demandante a la potencia norteamericana, han aprendido que “bussines is bussines” y moneda de por medio todo está arreglado. ¿Estarán plenamente en conocimiento de estos argumentos Maduro y sus allegados, sin  dudas, no mucho más avezados que él?

Nadie sabe a ciencia cierta que orientaciones recibirá el albacea Maduro de sus asesores cubanos; ergo: Raúl Castro y su flamante grupo de administración de la desconflautada e inoperante economía cubana. Lo que puedo asegurar es que aquello de responder a “la violencia contrarrevolucionaria con más violencia revolucionaria y un mayor radicalismo” es algo a lo que nunca esta especie va a renunciar, como tampoco es de esperar que en ese contexto no le disparen a los manifestantes y los agredan físicamente para conseguir la posposición de su voluntad, ya lo han hecho. Los que no se sometan seguirán poniendo los muertos y los asesinos, en control de la información, seguirán fabulando la verdadera historia para adecuarla a sus intereses aún a pesar de la evidencia provista por los medios bajo la férula de la tecnología. Pregúntense, quienes tengan alguna duda, por qué Castro –el viejo- desbarraba contra la tecnología y llegó a considerarla un arma de los imperialistas en contra de su revolución y por qué, aún hoy, Cuba sigue siendo uno de los territorios con el más bajo índice de acceso a Internet y a las comunicaciones celulares. Con el más mínimo vestigio de apertura forzada por las circunstancias dentro de la Isla, el mundo se entera hoy de las palizas, la represión a los opositores y todo lo que no es nuevo en un régimen que ha tenido como costumbre y a bien para sus intereses, el eliminar, inclusive físicamente; a quienes han pensado o piensan diferente.

Creo que es bueno que los venezolanos que se oponen al régimen que los desgobierna no dejen de inspirarse en la elemental, pero paradigmática recomendación de Leopoldo López: “el que se cansa pierde”…o, agrego, se va al exilio para aprender a vivir en la melancolía de la patria ausente.

José A. Arias
Febrero, 2014.

Thursday, February 13, 2014

EL PENSAMIENTO DE VARELA Y ALGUNAS CLAVES PARA ENTENDER NUESTRA HISTORIA.


 


Los que han encarado el estudio de la obra vareliana con cierto rigor, e independientemente de que se trate de religiosos, laicos o seglares, coinciden en atribuir al clérigo una capacidad fuera de lo común para un hombre de su tiempo. Formado bajo la influencia de la escolástica en un territorio como el cubano, en medio del vacío que en múltiples sentidos acarreaba la condición colonial de la ínsula; Varela (1788-1853), fiel y enteramente vinculado a sus ideas religiosas, fue capaz de entender la política en su contexto humano y raigal y sobre todo, sus consecuencias. De ahí, la potencialidad de su genio, el reconocimiento de sus coetáneos y la absoluta convicción de lo que debe significar la libertad. Partiendo de tal presupuesto se hace posible entender la incompatibilidad de su pensamiento con quienes pretenden presentarlo de una forma festinada, superficial y amañada. Desde luego, no existe el mismo nivel de responsabilidad al tratar de hacerlo del modo referido, por parte de novicios estudiantes que elaboran una tesis y cuya formación ha tenido lugar bajo los cánones de un curriculum predeterminado y aquellos –religiosos o seglares- que sabiendo de lo que se trata, manejan a su antojo la intención.  Veamos dos opiniones; ambas acertadas, al respecto:

"La vida de Varela como educador, filósofo y patriota es bien conocida y apreciada. Sin embargo, su fascinante personalidad como sacerdote, la santidad de su vida, no ha recibido la debida atención. Esta es una gran laguna en la amplia literatura vareliana" (…) no está fuera de lugar señalar aquí que existe una tendencia a secularizar la figura de Varela, presentándolo como educador, filósofo y patriota, sin referencia a su carácter sacerdotal. Esta tendencia no es nada nueva. Desde el siglo pasado han existido admiradores de Varela que, teniendo una filosofía agnóstica y positivista, han sido incapaces de apreciar debidamente la importancia de su fe religiosa y de sus virtudes sacerdotales. En cierto modo, estos intelectuales no católicos se apropiaron de la figura de Varela, presentándolo como símbolo de nobleza y patriotismo, sin referencia a su fe religiosa y su carácter sacerdotal. Como consecuencia, la figura de Varela como hombre de Dios, como hombre santo, aparece en un plano subalterno en la imaginación popular. Esto ha sido posible, en gran manera, debido al silencio injustificable de la Iglesia de Cuba respecto al más ilustre y santo de sus sacerdotes” (1) 

De otra parte, observemos lo siguiente: 

“Sobre la caricatura de José Martí en la historia oficial cubana se ha escrito mucho y bien, pero sobre la de Félix Varela menos, a pesar de que su importancia es tanta como la del primero ¿Qué tan conocido es el pensamiento de Varela, cuya venerabilidad delibera actualmente la Congregación de la Causa de los Santos en Roma, por la ciudadanía de la isla? Si, como muchos esperan, Benedicto XVI declara Venerable de la Iglesia al padre Varela, durante su próxima visita a La Habana, no estaría de más que el clero cubano o alguno de sus miembros aclaren si la visión de Varela que sostienen los teólogos vaticanos es la misma que defienden Fidel Castro y las instituciones culturales y educativas del Gobierno cubano.

"Filósofo moderno, crítico de la escolástica tomista, primero partidario de Fernando VII, luego liberal gaditano, más tarde republicano anticolonial y abolicionista y, al final de su vida, sacerdote entregado a las penurias de su feligresía en Nueva York y San Agustín, Varela no puede ser considerado precursor intelectual de un régimen de partido único, basado en la ideología marxista-leninista. A lo sumo podría aceptarse que la fuerza que posee la idea de justicia en su obra, como sostuviera Cintio Vitier en su clásico ensayo Ese Sol del Mundo Moral (1974), es un elemento de la tradición republicana del siglo XIX que, en efecto, retoman las ideologías revolucionarias del siglo XX cubano.

"Pero entre esa observación de Vitier y el estatuto de Varela como precursor de Fidel Castro y su marxismo-leninismo en Cuba hay un trecho que no se puede saltar con un mínimo de rigor histórico. No hay manera de conciliar la Constitución liberal de Cádiz de 1812, que tanto admiró, estudió y comentó Varela, con las constituciones comunistas de Cuba de 1976 y 1992, que rigen aún la vida pública de ese país caribeño. Varela fue una buena prueba de que liberalismo y catolicismo, en contra de lo que auguraban las voces más estridentes de ambas tradiciones, eran conciliables. El siglo XX, por su parte, demostró que marxismo y cristianismo tampoco eran corrientes de pensamiento incapaces de dialogar.

Los diálogos entre diversas tradiciones ideológicas han probado ser tan necesarios como fecundos. Con frecuencia, las mezclas doctrinales logran acomodar más eficazmente las ideologías a la realidad que los purismos filosóficos. Pero por mucha flexibilidad que empeñen, las ideas políticas no pueden eludir contradicciones fatales como la del comunismo y la democracia, el partido único y los derechos de asociación y expresión, el totalitarismo y la libertad. Si de ideas políticas se trata Félix Varela y Fidel Castro no están del mismo lado” (2)

Entre el contenido de ambas citas se debate la imposibilidad de presentar a Varela como figura influyente en el “pensamiento revolucionario” en Cuba comunista; su condición de sacerdote lo distancia esencialmente de las políticas partidistas a las que aún los clérigos han debido someterse para supervivir y sus ideas eclécticas relativas a conceptos políticos básicos como el de libertad lo sitúan en la antípoda de los alientos ortodoxamente totalitarios. Lo primero no se puede separar de lo que fue su obra como pensador y lo segundo representa la imposibilidad manifiesta en la voluntad de los manejadores de opinión de reconocer la competencia, y lo que es aún peor, su influencia. Ahí está la respuesta a cualquier cuestionamiento en tanto lo que Varela prescribe, en ocasiones  utilizando un tono admonitorio, no se aviene al interés superfluo de ceñir su voluntad, únicamente, a una actitud independentista y antiesclavista. Todo ello resulta perfectamente demostrable.

En el segundo libro de su conocida obra “Cartas a Elpidio”  publicado en Nueva York en 1838 y en el que trata acerca de "la superstición” enfatiza la relación entre la política, los políticos y la sociedad; poniendo de manifiesto la incapacidad de los primeros de servirla y a la que se deben, a consecuencia de los vicios que le son inherentes al ejercicio del poder, sobre todo, si la conceptualización incluye la idea de la eternidad que siempre e indefectiblemente conduce a la tiranía en contraposición a la organización del estado democrático. Veamos lo que arguye Varela al respecto:

“Sabemos la fuerza de la opinión, y cuando ésta se declara por un plan o partido, aún en el más absurdo, si no hay sabios virtuosos que la rectifiquen, adquiere la sanción del tiempo y en vano se intenta después variarla. Llega la masa popular a corromperse en términos que apenas se encuentra quien quiera emprender su cura. El ejemplo de los que, confundiendo la prudencia con la debilidad, creen poseer aquella en alto grado, mientras más ceden a ésta; el ejemplo, repito, de los que más confianza debieran inspirar por sus años y virtudes, llega a sancionar las prácticas más supersticiosas, o a hacer que se crea imposible destruirlas; y de este modo queda la sociedad semejante a un enfermo, que creyéndose incurable, no quiere que le fatiguen con remedios inoportunos” (3)

Al explicar la exclusión del concepto de libertad por la tiranía, nos dice:

“La política, que jamás se para en los medios si convienen a sus fines, se vale gustosa de la superstición como el mejor apoyo de la tiranía, que es el ídolo de casi todos los gobernantes…


“Por más protestas que hagan los gobernantes, el placer de mandar es una miseria de la naturaleza humana de que no pueden librarse. De aquí la tentación de infringir las leyes y las especiosas razones que encuentran para hacerse superiores a ellas. Fórmase, pues, un ídolo del poder, que como falsa deidad no recibe sino falsos honores y el que lo ejerce es el primer miserable a quien cautiva (…) muy pronto el temor congrega otros muchos sacrificadores, que teniendo parte en la acción gubernativa procuran extender el imperio de la arbitrariedad, cuya consecuencia necesaria es la tiranía” (5)

Damos por sentada la explicación medularmente teológica que Varela atribuye al exponer lo que para él significa “la superstición”, el concepto sin embargo, alcanza a la sombra de situaciones vigentes, un pragmatismo que lo convierte en una proposición genérica e involucra, en consecuencia, la imposibilidad de aceptar su interpretación sin la consiguiente aceptación del error político permeado de una culposa interpretación puramente política e irracional; al respecto, Varela explica el efecto del siguiente modo:

“La generalidad de los mandarines, si no son tiranos desean serlo,  y solo esperan encontrar un pretexto para dar pábulo a su pasión de dominar sin leyes o de frustrarlas si el decoro exige reconocerlas. He aquí porque he dicho que la tiranía es el ídolo de casi todos los gobernantes, y a la verdad que las excepciones son tan pocas, que bien podría yo con muy poca hipérbole omitir el casi dejando la proposición general

“Están por tanto en lucha las leyes con los mandarines (…) He aquí porque la política protege la superstición, he aquí el origen de tanta perfidia y de tanta hipocresía…”

Y dirigiéndose a Elpidio, sujeto de sus cuitas, agrega:

“Dirás acaso que si todos pensasen como yo, quedaría desvirtuado todo gobierno, haciéndose sospechosos todos los gobernantes. ¡Ah, mi Elpidio! Te escribe un hombre que jamás ha desobedecido una autoridad, pero escribe un hombre franco y firme, que no sacrifica la verdad en aras del poder, y que sea cual fuere el resultado de sus esfuerzos los dirige todos a presentar las cosas como son en sí y no como hipócritamente se quiere que aparezcan” (6)

Sobre la censura y el disentimiento, la interpretación de Varela es contundente:

“Permite a un clérigo que use de ejemplos eclesiásticos y que te recuerde que la misma Iglesia sanciona esta doctrina, siendo la de todos los teólogos que una censura injusta debe obedecerse, más el individuo sobre que cae no debe considerarse censurado, sino perseguido” (7)


Lo que ahora sigue es el resultado de una visión certera del medio en que se desenvolvía y para nosotros, debe ser una premonición que escapa a la temporalidad inmediata en que Varela elabora su pensamiento, articula sus ideas y trasciende al tiempo histórico para hacerse válido entre la intemporalidad de las causas de un mal que es capaz de mutar para encajarse como epidemia  y lacra de cualquier sociedad:

“Propónese una reforma. En el momento la aprueban y aun recomiendan a sus autores que den todos los pasos necesarios para plantearla, pero con un fingido sentimiento pronostican que será imposible conseguirlo, teniendo que habérselas con los supersticiosos, cuyo número dicen es casi infinito; y de este modo preparan los ánimos para que no se extrañe mucho un resultado contrario a la esperanza de los buenos y a las fingidas intenciones del gobierno. Pasan después estos pérfidos políticos a engañar a los supersticiosos y para ello dejan, aunque con precaución, traslucir el secreto, indicando que el gobierno nunca ha estado por la reforma propuesta, por considerarla peligrosa y que solo condesciende que se den algunos pasos por vía de tentativa (…) El resultado siempre es favorable para ellos, por más funesto que sea para la patria” (8)

Tan amplio y diáfano resulta el diapasón analítico en Varela, que podemos encontrar una clara referencia a la apostasía –en sus dos conceptos específicos: político y religioso- y cuyas implicaciones, aún hoy refrendan la actitud de los dignatarios, entre ellos algunos purpurados que bien conocemos, y que tratan de encontrar un amparo y una justificación por medio de su gestión desde las posiciones que ocupan.

Citando a su vez al Abate Ducreaux y su “Historia Eclesiástica” Varela nos brinda el argumento para conjurar la apostasía:

“…la conservación de la centralidad a pesar de los celos y desconfianzas perpetuas del sacerdocio y el imperio; a pesar de los golpes dados a la jurisdicción legítima de los Pontífices por príncipes ambiciosos y a pesar del abuso que Pontífices todavía más ambiciosos han hecho muchas veces del poder espiritual, que no puede ser útil y respetado sino conteniéndose en sus justos límites; en fin, la conservación de la verdadera piedad a pesar de los escándalos de todas especies, que han alterado la doctrina, desnaturalizado las reglas antiguas, consagrado, por decirlo así, los vicios nacionales, deshonrando la santidad del sacerdocio mismo y algunas veces llevado la audacia hasta hacer sentar el crimen en la Cátedra Pontifical”

Y con sus conclusiones acerca de la afirmación de Ducreaux, va Varela a fondo en la condena de la apostasía:

 “En tales casos, lo repito (…) la religión es la que más pierde por ser la más perseguida y calumniada, pues se la atribuyen todas las demasías cometidas por estos condecorados y fingidos protectores suyos. ¡Terrible persecución la que tiene por corifeos a los mismos que debieran serlo en las filas de las huestes del Dios vivo! (9)

En el agobiante sustrato de la gestión política aupada por la demagogia prevalece una característica común a las tiranías a las que Varela fustiga aplicándoles el calificativo de infames:

“El pueblo siempre considera sus gobernantes y legisladores como sus agentes, si se trata de un gobierno representativo, o como unas autoridades legales en otra clase de gobierno; pero nunca como sus amos, a menos que no se declaren infames y tiranos” (10)
“¿Cómo (…) una partida de pícaros reformarían a otros semejantes sólo porque es distinta la clase de picardía y diversos los motivos que la causan? (…) suelte usted su dinero; y por cuanto yo veo claro, debo embolsármelo. (…) le privo a usted del empleo que le toca; y por cuanto que yo veo claro, me coloco en el que no me corresponde…” (11)
“Si lo que se pretende es destruir, ningún medio es tan fácil como la injusticia; pero si se quiere edificar, es preciso poner por fundamento el aprecio” (12)

En las citas que siguen queda en evidencia la ineficacia de la demagogia como argumento pernicioso y dúctil socorridamente empleado por los políticos:

“No queremos dejar nada que hacer a nuestros venideros: he aquí el modo de no dejarles nada hecho”
“Los males intelectuales exigen, más que otros, que la cura se deba a la misma naturaleza por reflexión y convencimiento” (12)

La interpretación hecha por Varela, expuesta en los términos que rebasan el marco de una explicación meramente teológica y se adentran en la esencia de su pensamiento político, responden a las inquietudes de quienes han considerado, con absoluta razón, la actitud de soslayar desde cualquier perspectiva, el silencio culpable de quienes no están en capacidad de ahondar en su visión sobre los males que han aquejado a la nación cubana. Ello no debe constituir un pretexto para silenciar y confundir, más bien las ideas de Varela deben servirnos para encontrar claves capaces de hacernos entender nuestra historia. En tanto, no debemos equivocarnos ni permanecer ajenos a sus enseñanzas; ello nos puede convertir en cómplices.

José A. Arias.
Febrero, 2014.

Notas.-
(1).-Cita tomada de la conferencia pronunciada por monseñor Raúl del Valle el 21 de abril de 1988 en el Seminario de San Carlos en La Habana, en ocasión de conmemorarse el bicentenario del natalicio de Félix Varela y Morales.
(2).-Rojas, Rafael.-La Tiranía de la Memoria. Blog de R. Rojas, artículo, febrero 19, 2012.
(3).-Varela y Morales, Félix.-Cartas a Elpidio. Libro segundo sobre “La Superstición”, pág. 30.
(4).-Varela, Ob. Cit. pág. 38.
(5).-Varela, Ob. Cit. pág. 40.
(6).-Varela, Ob. Cit. págs. 42-43.
(7).-Varela, Ob. Cit. pág. 45.
(8).-Varela, Ob. Cit. págs. 48-49.
(9).-Varela, Ob. Cit. pág. 60.
(10).-Varela, Ob. Cit. pág. 83.
(12).-Varela, Ob. Cit. pág. 78.

Todas las citas fueron tomadas de la edición de “Cartas a Elpidio” publicada por la Editorial Cubana en Miami, 1996 y que incluye copias de la edición facsimilar dada a conocer por la Universidad de La Habana en 1944-45, contentiva de los libros sobre “La Impiedad” y la “Superstición” originalmente publicados en 1835 y 1838 respectivamente por el Presbítero D. Félix Varela y Morales (N. del A.)