Thursday, June 16, 2011

LA IMPORTANCIA DE SER BUEN PADRE.

NOTA INTRODUCTORIA.-
En medio del desmedido afán comercial del mundo moderno, la importancia de poder ubicarnos al margen de cualquier desenfreno material potencia el espíritu y complace los sentimientos. Nos ponemos, de esa manera, a tono con la vida y sus circunstancias verdaderas y válidas, únicas.
El contenido del trabajo a continuación fue en su momento, un particular homenaje a mi padre y es mi contribución al aliento para los que hemos aspirado a encarar esa función –la de ser padres- con éxito.
Según queda mencionado, no fue una nota escrita con motivo del día que se nos avecina y la forma espontánea de su necesidad me compele hoy el sugerir a otros padres,  emitir su juicio. Feliz día a todos los padres y un buen recuerdo para quienes tengan la dicha de verse reflejados. Muchas gracias.
José A. Arias.

LA IMPORTANCIA DE SER UN BUEN PADRE.
Hace sólo unos días recordaba con desusada vehemencia a mi padre. No era el  doloroso duelo de su partida de este mundo, ni el día de su nacimiento; pero por alguna misteriosa razón estaba en mi pensamiento y se me hacía fácil recordar detalles de mi infancia y adolescencia vividos junto a él. Le vi de nuevo enfrente con su impresionante anatomía de un hombre de más de seis pies de estatura y ataviado de pulcra e impecable indumentaria que no discriminaba entre las horas del día para mostrarse a los demás como ejemplo de buen gusto al vestir y en ejercicio de  los ademanes delicados, pero seguros, que adornaban la parsimoniosa cadencia de su expresión oral que lo ató eternamente a su tierra de origen. Cuando aún tenía que mirar al cielo para verle, en medio tropezaba con su rostro en el que relucían sus escrutadores ojos azules empequeñecidos por el uso de unas gafas de prescripción que trataban de paliar la miopía que padecía; al darse cuenta de mi esfuerzo, se sentaba y cuando casi me tenía a su altura  ponía su mano sobre mi hombro creando de antemano la comunicación entre ambos; nunca le escuché decir nada inapropiado, y aún si me debía reprender por alguna travesura, su palabra entrañaba un consejo que siempre fue inteligible y a tono en las diversas etapas de mi vida. No era un hombre de títulos, pero si fue un hombre de éxito; su sabiduría la adquirió en su tránsito por la vida y su infinita capacidad de trasmitir su experiencia, una de sus principales virtudes. No hay mejor lección que la que se aprende por imitación voluntaria y por intermedio de un ejemplo que te llega de tan cerca y con tanta fuerza. Aprendí con él mi avidez por los libros, la palabra bien dicha, y la cultura de los hombres; en la escuela me enseñaron a leer, él me enseñó a encontrar respuestas en la lectura. En muchas ocasiones sus regalos fueron libros que nunca me parecían aburridos y de los que me hablaba con desenvoltura y profusión, fue una gran suerte que no sólo fuera mi padre, sino uno de mis mejores maestros. Era un hombre visionario y aún, al recordarla, me sigue impresionando su capacidad de reconocer escollos por anticipado, su habilidad para avizorar los problemas lo ponía en ventaja, y era muy raro encontrarlo confuso en sus juicios sobre aspectos importantes o situaciones aún por ocurrir. Cuando le fueron llegando los tiempos más difíciles no le sorprendieron, ya estaba preparado y su condición mental lo ubicó de nuevo a la ofensiva; era casi infalible en esas circunstancias. Llegado el momento me recordó los comentarios sobre lo que estaba sucediendo en nuestras vidas y sus vaticinios anteriores, a la vez me argumentó sobre la importancia de ser libre y lamentó que por razones muy ajenas a ambos, no lo fuéramos en ese momento y como parte de las tantas cosas que genética y espiritualmente me heredó, dijo: mi tiempo acabará pronto, pero el tuyo aún está por comenzar, no lo desperdicies; si decides enfrentar estos caminos del mundo como lo hice yo alguna vez, encuentra tus raíces, crece sobre ellas y llévame contigo en tú pensamiento y empezaras a comprender porque te pido éste favor, recuerda que tú patria comienza con tú familia, cuídala siempre y, junto a la otra, la grande, la que te vio nacer; respétala y hónrala, es el único modo de saberse recompensado. Hace ya muchos años que partió pero frente a una foto suya que es mi objeto de confidencialidad cotidiana seguirá siendo mi mejor consejero, porque si algo he alcanzado, y mucho, se lo debo ante todo al hecho de haber tenido un padre como él. En ocasiones el expresar sentimientos íntimos constituye una necesidad, estoy seguro de que como en esta ocasión ha sido así; he querido explicar, no obstante,  a los que no hacen el merecido juicio de valor sobre el particular, la  importancia de ser buen padre; la esperanza que me alienta: contribuir a conseguirlo.
José A. Arias
Febrero 27, 2008.





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