Thursday, August 25, 2011

VENCER EL MIEDO AL TERROR: LA ÚLTIMA BARRERA HACIA LA LIBERTAD


Se impone que abordemos de una manera simple los conceptos de miedo y terror para justificar el contenido de éste trabajo, veamos:

MIEDO: La palabra miedo proviene del término latín metus. Se trata de una perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo real o imaginario. (1)

TERROR: Se conoce como EL TERROR al período de la Revolución Francesa comprendido entre 1793 y 1794, donde los revolucionarios llevaron a cabo una fuerte represión contra los opositores. Maximiliano Robespierre, uno de los líderes revolucionarios, aseguraba que el denominado TERROR era sólo la justicia rápida, severa e inflexible. Cabe destacar que el propio Robespierre fue ejecutado sin proceso ni juicio.

Esta concepción política del terror derivó en el terrorismo de estado, que tiene lugar cuando quienes ocupan el poder estatal utilizan métodos represivos e inconstitucionales para imponer una dictadura y disponer del control absoluto de la sociedad. (2)

Es común establecer gradientes entre los conceptos referidos, y no falta razón para ello. Cuando se aborda el miedo más allá de su significado psicológico y en el referente puramente personal, es posible encontrar justificaciones aceptables. El miedo es una respuesta, la más común ante el estímulo que produce lo desconocido y la alternativa a la supervivencia en las condiciones más difíciles. El terror, argumento a priori y tendencioso, es el complemento de acción social que utiliza el miedo como preámbulo y lo convierte en un instrumento de sometimiento de todos y cada uno en los que el miedo se ha enraizado por intermedio de una dosificación concebida y estructurada de antemano y en virtud de mecanismos tangibles de sistemática aplicación.

De lo anterior se desprende lo difícil que resulta en cada caso –en virtud de que las circunstancias no siempre son similares- vencer el miedo al terror. Cuando el terror es aplicado como política de estado sistemáticamente, llega a ser visto como algo común; pero si además se caracteriza como una respuesta social justiciera y válida, se convierte en un recurso aún más atemorizante. Nadie podrá dudar que el terror se haga presente, pero se llega a justificar por intermedio de la insolencia de la acción de sus promotores.

Descalificar los conceptos relacionados con la manera de ejercer el terror a partir de argumentos preconizados desde el poder, es lo que suele suceder cuando el deterioro provocado por el desgaste de ese poder, se hace patente. No existen excepciones cuando el totalitarismo termina convirtiéndose en representación política de determinada sociedad basándose en la imposición de un subterfugio ideológico que supuestamente le sirve de respaldo teórico. Es visiblemente apreciable que en todos los casos de esa naturaleza, el propósito queda fuera del ámbito democrático y el terror y el miedo se patentizan, y se convierten en una necesidad imperativa desde los atributos del poder.

Es posible identificar en muchos casos cuando el terrorismo de estado se anuncia como recurso de erradicación de supuestos y diversos males anteriores que ciertamente van careando la sociedad en alguna medida, pero sin llegar a dejar de lado el mecanismo democrático como alternativa. El empeño de muchos de los que se valen de semejantes argumentos y arriban al poder por la vía electoral, para ulteriormente desconocerla en la práctica y mediante el terror, eternizarse en su ejercicio, hace válido y a la vez justificado que se produzca una respuesta radical en un plazo razonable. El discurso inflamado y demagógico, va separando la razón de la violencia, haciendo que ésta se haga más patente e injustificada y que a la vez se entronice el terror, basado en el miedo, cuya manifestación sobreviene de muchas maneras.

Para muchos, más o menos avezados, está claro que el terrorismo, ese flagelo de nuestro tiempo que tanto daño nos hace, es también una manifestación del mismo fenómeno desde otro ángulo. No debería verse sólo como un asunto vinculado a determinada ortodoxia filosófica y/o religiosa, ya que también propende a la dominación por la fuerza y de ahí sus artilugios basados en producir el miedo colectivo como carta de presentación. No hay otra diferencia que la pautada por la cuestión cronológica, entre la guillotina de los años del terror durante la Revolución Francesa, los paredones de la Revolución Cubana, los siniestros y sádicos asesinatos ordenados por Trujillo en el Santo Domingo de su dictadura, o las desapariciones en masa de Villela o Pinochet en Argentina y Chile respectivamente. Poner en vilo las sociedades democráticas promoviendo el terror mediante una guerra irregular, cumple los mismos objetivos. De ahí la eterna coincidencia entre los artífices de una u otra variante.

He abordado recientemente el tema de los países norafricanos –excepción hecha en el caso sirio- en medio de lo que ya se conoce como “la primavera árabe”. Tras años en que una lenta pero permanente evolución, muy vinculada a la cuestión generacional, va produciendo la evidencia descarnada del terror, el miedo empieza a desaparecer; este puede ser considerado el factor endógeno, pero sin dudas, factores exógenos de total e impredecible influencia, determinan la aparición de recursos de nueva cuenta ante el miedo y el terror. Empieza a generarse entonces, la posibilidad de conseguir la libertad –especie de presupuesto inmediato, necesario y potencialmente final en su esencia- que ha faltado bajo los efectos de regímenes políticos cuyo vínculo común es el ejercicio del poder mediante el uso de la fuerza basada en el miedo y el terror.

No es fácil determinar los factores de diversa naturaleza que pueden influir en cada caso. Es indiscutible que los relacionados con la historia, la cultura, la religión, la geografía y en consecuencia elementos de carácter geopolítico tienen mucho que ver. El ciclo, sin embargo, siempre tendrá lugar y lo veremos producirse; es una consecuencia de la falta de lógica que intrínsecamente caracteriza los regímenes despóticos que se alejan del carácter democrático que no es posible caracterizar ideológicamente. El terrorismo de estado va cediendo ante el achaque que se patentiza en la debilidad de sus propios argumentos y cuando comienza a dar síntomas de desvanecimiento comienza a desaparecer, dejando un espacio político a la tolerancia que conduce al camino para alcanzar la libertad.

Digamos que la dialéctica del terror se hace insensata y no resulta válida cuando ya no es aplicable ni atemorizante; llegado ese momento las víctimas clamaran por sus derechos y estas ya no podrán ser reprimidas y en consecuencia desconocidas. Las guillotinas, los paredones, las torturas y la horca empezarán a desnudar su verdadero carácter de insolencia represiva para convertir el miedo sólo en azote de los tiranos que lo han utilizado y cuya presencia en este tiempo parece ser, cada vez y sin excepciones, más obsoleta.

José A. Arias.

NOTAS.- (1): Definición tomada de “SIGNIFICADO DE.COM”. Sitio Web correspondiente.
                 (2):  IBDEM.


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