Monday, August 25, 2025

CUBA: DESVENTURA DE LA DEMOCRACIA

 

CUBA. DESVENTURAS DE LA DEMOCRACIA

A instancias de una amiga que me ha solicitado opinar al respecto he leído una interpretación del tema, por supuesto, mucho más breve. Hay material para una hipótesis y aunque ello pudiera sugerir otro ensayo, seguidamente intento una respuesta. He aquí un enlace a la publicación que motivó el texto: https://www.facebook.com/share/p/1CT9cJA15/

 

                                                     I

Desde el punto de vista histórico lo sugerido no tiene, a pesar de su sucinto carácter, ningún error; cuantificar la casi inexistente democracia en 123 años de existencia de la nación cubana durante la etapa republicana tiene, sin embargo, otras connotaciones de índole social, cultural y psicológico. Es ese análisis multifactorial el que algunos evaden mediante la caracterización histórica y la evaluación económica del período republicano 1902 – 1958

El trasunto social es mucho más importante para el análisis en Cuba que en otras de las posesiones españolas que quedaron bajo control norteamericano tras la derrota frente a Estados Unidos de un desgastado imperio (que debe ser conceptualizado, ya para ese entonces, como de vieja hechura: el español) frente a los norteamericanos cuyo potencial militar, en específico, aunque no únicamente, era muy superior.

El caso más parecido, el de Puerto Rico, no es tampoco uno que se ciña a un patrón común y de ahí las ulteriores diferencias. Sin embargo, ese es otro tema (1)

Se repite la versión de que Cuba para 1898 no era visualizada por la corona española como una colonia más, y sí, como una provincia, y sus habitantes, como súbditos con ciertos derechos (la contextualización de lo que era lo que antes fue la cabeza de un gran imperio había venido a menos para dejar de serlo); en tal medida y con anterioridad, territorios mucho más extensos, importantes, de cuantiosos recursos naturales como los virreinatos de La Plata, Nueva España y El Perú y en los  que la corona española también invirtió numerosos recursos, creando instituciones culturales, universidades, y sentado las bases del desarrollo de ciudades vitales que crecieron y prosperaron, nada de ello fue en ningún caso óbice para que se dejara de pelear por la independencia consumada en lo que hoy conforma centro y Suramérica, tan temprano como en 1821, 67 años antes.

El caso de la colonia cubana es de otra naturaleza: se trata de la isla de mayor territorio en el área del Caribe y el Golfo de México en general, son dos vertientes costeras territoriales de influencias y confluencias diferenciadas, no exactamente asomadas a un mismo horizonte geográfico por la simple razón de la insularidad; el norte, de frente a las costas del sur norteamericano y el sur, abocado a la influencia de una relación añadida a Colombia, Venezuela, México y República Dominicana; además, basada en una identidad lingüística y el antecedente de un mismo origen colonial.

Solo que, en una gran parte del territorio insular, toda la región occidental y con cierta atipicidad la región de Pinar del Río (2), se desarrolló una economía de plantación basada en el crecimiento de una burguesía agraria que se convirtió en sacarocracia fundamentando su poder y desarrollo en el cultivo de la caña de azúcar y la explotación en gran escala de mano de obra esclava. Los que favorecen la hipótesis del provincianismo suelen alegar que la esclavitud en Cuba fue diferente porque el esclavo era considerado por sus amos como un valioso objeto (3) y en consecuencia preservados mediante consideraciones que no eran dadas al esclavo de plantaciones en posesiones inglesas, francesas, holandesas o norteamericanas (dentro de su propio territorio) hasta los tiempos de la Guerra de Secesión (1861 – 1865); colijamos que es así, pero la esclavitud en Cuba fue abolida por decreto en 1882, bien entrado el siglo XIX, cuando sus últimos vestigios en otros territorios habían desaparecido mucho antes; consecuencias, es un tema muy puntual y necesario en su abordaje y las hay en ambos casos.

Para Cuba fue un freno y de ahí que sea innegable el hecho de que las condiciones para el nacimiento de la República no fueran las mejores para engranar en un mundo en que la pujanza norteamericana alcanzaba su apogeo en ese entonces (4) De cómo se nos ha visto — y se nos sigue viendo — por cronistas, historiadores, economistas, sociólogos y otros entendidos, no sin cierta inclinación a la apología en algunos casos, a lo que realmente éramos y representábamos, hay diferencias notables que acotar que no son erradicables por orgullo de descendencia, preeminencias o pretensiones aristocráticas fuera de contexto y a destiempo.

Solo a manera de ejemplo: en 1897 el Capitán General Ramón Blanco, sustituto de Valeriano Weyler, por orden de la corona y a través del primer ministro español Práxedes Mateo Sagasta, concede la autonomía a la isla de Cuba; había, por tradición y desde finales del XVIII personalidades en diferentes aspectos de la vida colonial que, como Francisco Arango Y Parreño al frente de la Sociedad Económica de Amigos del País o el doctor Tomás Romay con sus notables investigaciones en el ámbito de la medicina y la farmacopea; luego, Varela, Saco, del Monte, Luz Caballero y antes José Agustín, representaron diversos posicionamientos políticos, también, hombres cultos y capaces que nunca dejaron de proponer la autonomía (de hecho el primer partido autonomista se funda en 1870, solo dos años después de iniciada la guerra de 1868) y que probablemente, sí le hubiera dado a la isla la posibilidad de alcanzar un mayor desarrollo ulterior en cualquier sentido incluidas ciertas consideraciones políticas y de representatividad (Montoro Gálvez, Giberga) pero la autonomía llegó tarde y en momento de tal debilidad para España frente a los Estados Unidos que fue solo un destello insignificante que no sirvió de nada.

¿Qué nos quedó?, pues lo peor del independentismo socavado por sucesivas guerras internas de desgaste cuyo resultado no fue el objetivo que se manejó como principio supuestamente inalienable: la independencia para abrirle el camino a la fundación de una república, la martiana, con todos y para el bien de todos, quimera inalcanzable hasta hoy.

El meollo de la coyuntura de 1898 – 1902, período en que se produce la primera intervención norteamericana, nos presenta al mundo como un territorio atrasado, desgastado por la guerra y socioculturalmente estigmatizado por una mezcla de extranjeros (europeos, mayoritariamente españoles), burgueses ex esclavistas que conformaban la aristocracia citadina y que de manera ausente explotaban a las huestes de campesinos productores bajo diferentes mecanismos que, en su evolución y tiempo después, dieron lugar a variantes disímiles; obreros agropecuarios, colonos, aparceros y precaristas y era, a pesar de habitar en las ciudades, una burguesía agropecuaria por origen y definición, con una enraizada visión de economía de plantación y el miedo al negro — incubado desde los tiempos de la esclavitud — como freno a cualquier otra idea que pudiera contribuir a su total independencia de actuación en medio de una sociedad liberal; criollos, el primer tipo de representante de la etnia que consiguió completar la integración del conglomerado humano, el cubano original por nacimiento, y a instancias de la formación de un carácter de pertenencia territorial representado en la defensa de su territorio ante la breve ocupación inglesa en 1762

Pero en esa amalgama, el componente negro y mestizo genera dos catalizadores de una sociedad lacerada por el racismo del que aún no se desprende, aunque se pretenda entender en evolución positiva para tratar de contrarrestar su influencia. Es ese, en gran medida, el escenario de contradicciones de carácter social.

El otro problema es cultural y en la República inaugurada en 1902 se manifiesta muy marcadamente mediante la brecha que se produce entre intelecto y capacidad para integrar una población numéricamente dispersa y limitada, con un elevado índice de analfabetismo, con grupos de élite que anteceden la representación del intelecto en las dos primeras décadas de la república: generales y doctores que luego, tras la asonada revolucionaria de 1930 queda representada por una naciente y pujante intelectualidad que a pesar de determinados esfuerzos individuales de algunos de sus representantes, nunca perdió su carácter elitista. Lo que debió corresponder al proceso de politización que sobrevino, quedó diluido por el clientelismo político (Batista poder tras el trono entre 1933 y 1944) y aplastado por las botas de los militares, disrupción y dilución de la antigua oficialidad heredera de las tradiciones del mambisado por un movimiento de clases y oficiales jóvenes de menor rango que tuvo su clímax con el movimiento del 4 de Septiembre de 1933 (5)

Los primeros — generales — beneficiarios directos del botín de post guerra insular a cuero, palmacristi y plan de machete y que no podían resultarle nada desagradables como recursos ni inconvenientes a los sacarócratas, clase social no solo perfilada, dibujada sobre el escenario nacional como protagonista de nuestro destino; y los segundos — doctores — leguleyos, filósofos, profesores, músicos, artistas, escritores, poetas, gente con mundo y vivencias extraterritoriales que representaban un refinamiento poco entendible y fuera del alcance para lo que se hace moldeable bajo el apelativo de “masas” tan bien caracterizadas por Ortega y Gasset en su ensayo de 1930, La Rebelión de las Masas (6)

Entonces, prevalecieron en el contexto gerifaltes como José Miguel “El Tiburón que se baña pero salpica”, Mario García Menocal “el ,mayoral sonando el cuero” y el exponente más cabal de ese período: Gerardo Machado Morales con sus desmedidas ambiciones reflejadas en sus desafueros electorales a través de la implementación del Cooperativismo y sus intentos de prorrogar el poder (1929) mediante la reforma de la Constitución de 1901, precisamente, coincidiendo con el momento en que se celebraba en Cuba la Conferencia Panamericana y visitaba La Habana el mandatario norteamericano Calvin Coodlidge (por cierto, primero y único en haberlo hecho, hasta Obama en 2016); de los doctores, solo Alfredo “El Chino” Zayas, que entre el ejercicio de su abogacía y su notable fibra poética y literaria  — era escritor y editor — aplicó la austeridad a través de una relación exagerada con el embajador norteamericano Enoch Herbert Crowder por lo que se convirtió en objeto de numerosas críticas.

Del buen hombre de Estrada Palma y a fuero de sus patrióticos antecedentes, parece que, de no haber sido el primer presidente, el iniciador, el amigo de Martí y delegado a la muerte de éste del Partido Revolucionario Cubano (en Washington, muy importante) no hubiese mucho que decir más allá de su proverbial austeridad y honestidad eclipsadas por su tozudez electoral.

La disyuntiva hasta ese momento es concluyente y no implica distorsiones: recibimos lo que nosotros mismos fuimos capaces de conseguir, una especie de tutoría en función de nuestras limitadas capacidades para autogobernarnos; entretanto, los Estados Unidos, potencia imperialista; nada anormal en ello, el imperialismo norteamericano en ese entonces era de nuevo tipo, y en nada comparable a los viejos imperios coloniales y sus métodos de conquista y expansión para conseguir nuevas esferas de influencia, aplicaron un patrón de negociación que en Cuba quedó negociado a través del Tratado de París (donde se nos ignoró al carecer de representación oficial), la inclusión de la Enmienda Platt (aprobada por los constituyentes de 1901 en votación dividida de 16 a favor y 11 en contra) como mecanismo de control a futuro y la firma del Tratado de Reciprocidad Comercial (1902),y también, el Tratado sobre bases navales y carboneras (7)

Muestra evidente de nuestras limitaciones y, en añadidura, fue la segunda intervención norteamericana entre 1906 y 1909 (8) a consecuencia del primer intento republicano de desconocer la democracia; el interés manifiesto de Estrada Palma de querer reelegirse y crear y provocar con su intención el estallido de la Guerrita de Agosto de 1906; el hecho en sí es la evidencia del incumplimiento de la tarea como nación democrática corroborado entre otros por el alevoso crimen cometido contra el general Quintín Banderas, cuyo cuerpo trucidado fue lanzado a una carreta usada para la recogida de desperdicios; además, Quintín era negro.

Luego, el estreno de los liberales con José Miguel y lo ocurrido con el Movimiento de los Independientes de Color de 1912 (9) con un saldo, producto de la represión, de más de 4000 muertos. Tras un interín de 12 años y dos presidentes que a pesar de ser electos no contribuyeron en nada a la democracia (el aporte de Menocal fue el fraude mediante el “cambiazo” de boletas para salir reelecto en 1917 que provocó la sublevación de La Chambelona) Zayas, de su parte, se enfrentó a la crisis económica que agotó el presupuesto gubernamental provocando — de nuevo —  inestabilidad social con consecuencias en lo político y que amenazó con convertirse en otra sublevación protagonizada por el Movimiento de Veteranos y Patriotas (1923); año de vital importancia para la historia del primer período republicano entre 1902 y 1933 (10)

Gerardo Machado asume en 1925 tras derrotar a Menocal en un tercer intento — fallido — por volver a la presidencia; Machado, un autócrata que a pesar de dejar obra material, destruyó con su ambición lo que junto a ella pudo ser un legado entendido como positivo, no solo en lo superestructural, también en materia de interpretación y aplicación de la democracia como sesgo de su gobierno, pero que, por el contrario, terminó creando las condicione que desembocaron en el estallido revolucionario de 1930, como resultado de la efervescencia político – social que venía incubándose desde 1902

No sucedió nada de ello, aun tratándose de un período convulso y de cambios, pero no en el sentido democrático porque el carácter antidemocrático de la vida en la República ya era una enfermedad crónica; Cuba, paría caudillos bajo cualquier circunstancia y los ignaros seguidores de hombres potenciados por la ausencia de cultura política y no de ideas, se vieron (se siguen viendo) realizados en la representación políticamente desvirtuada de la mayor parte de la población.

Como puede apreciarse todo tiene una explicación lógica y la única continuidad a la que es posible referirse es a la del establecimiento de estructuras de poder basadas en el autoritarismo, la autocracia y la consiguiente falta de democracia en consecuencia.

Se dice que el período del Autenticismo  (1944 – 1952) fue democrático porque se llevaron a cabo procesos electorales de notable participación, se implementaron medidas de corte nacionalista y popular y se crearon instituciones financieras y judiciales pero aunque así fue, se trató también de una interpretación sesgada de la democracia caracterizada por la permisibilidad del fraude desde el poder, el pandillerismo, el gansterismo todo lo cual limitó en gran medida el proceso de entendimiento de lo que la democracia es y debe representar. No es dable confundir libertad con libertinaje y, grave pecado, menos, democracia con ideología que fue lo que se produjo tras la fuga de Batista en 1958 y a partir del último día del año de su dictadura.

Y no, no parece  ser como algunos quieren creer al afirmar que los epítetos endilgados a presidentes y golpistas, sean solo obra de amanuenses que han reescrito la historia en tiempos recientes, hay testimonios; muchos, la prensa, las publicaciones de carácter satírico y popular, los personajes de época, todos, evidencias del choteo e inmadurez de las masas que describe Jorge Mañach en su Indagación del Choteo, algo como una exposición epistemológica de la sátira rebajada en su condición a “choteo” como manifestación de la desidia en el carácter nacional.

No es posible hacer aquí la crónica de una república que nunca superó las limitaciones capaces de poder evitar su transición al descalabro representado por la victoria revolucionaria de Fidel Castro y su instalación en el poder en 1959

No hay que creer que no hubo avances antes de 1959, al contrario, el progreso fue inusitado en muchos sectores de la economía, sobre todo mejoraron su crecimiento algunas industrias y el agro nunca dejó de ser productivo como sustento de las necesidades de una población en crecimiento; dar crédito a falsas narrativas tendientes s describir la economía como un caos y generadora sistemática de carencias vitales (como hoy sucede) no fue otra cosa que el intento para inducir falsas visiones mediante el adoctrinamiento sistemático capaz de responder al establecimiento de una sociedad encaminada a hacer gravitar sobre ella la práctica del verticalismo totalitario.

Pero en la conciencia colectiva el hecho de alcanzar cotas de progreso y bienestar, nunca se tradujo en el alcance y la necesaria obtención de la madurez política que hiciera de la democracia el derrotero de la nación. Esa fue la gran oportunidad que se perdió. Baste un ejemplo: fue bajo el gobierno de Batista electo en 1940 que resultó aprobada la Constitución que sentó pauta en su abordaje de vanguardia para su tiempo de las necesidades de la población en cuanto a derechos políticos y ciudadanos; fue el mismo Batista quien después del golpe del 10 de marzo de 1952 abolió esa misma Constitución que había respaldado en su momento y la reemplazó por unos estatutos para gobernar cancelando la actividad legislativa en el país y mutilando el necesario balance de poderes

Aunque en la farsa electoral de 1955 llevada a cabo por el dictador posteriormente para dar imagen de legalidad a su gobierno se restableció nuevamente la Constitución y se restauraron ciertas garantías, los índices de vigencia de la democracia continuaron siendo nulos, algo que no cambió con la huida del dictador y el inicio de la revolución de Castro en el poder. Castro, que había prometido la restauración de la llevada y traída Constitución de 1940, nunca lo hizo, y lo peor, condenó a la nación a un período de 17 años sometida a la arrogancia de un ordeno y mando basado en la hegemonía castrense donde fungió como el personaje insustituible.

Solo en 1976 se aprobó una constitución “socialista” de corte abiertamente estalinista. A partir de entonces y dentro de lo que se definió como institucionalización, el régimen adoptó un sesgo que frente a los intereses de la nación y su gente, representaba, no solo una dictadura, hoy se ha convertido en un estado totalitario fundado en la preponderancia de un partido único: el PCC recreado en 1965, encabezado por una cuerda de burócratas con muy poca capacidad operativa para ejercer el poder en medio de una crisis multifuncional e insoluble y la ausencia de recursos materiales y morales; que solo sobrevive mediante el empleo de la fuerza que implica el ejercicio del terror, la delación y la pérdida del más valioso recurso: el indiscriminado drenaje de su fuerza productiva por intermedio del éxodo cíclicamente repetido mediante un desarrollo in crescendo que no parece tener fin.

                                        II

Es imprescindible abordar el período a continuación (1959 hasta la actualidad), el más difícil de nuestra historia postmoderna, no solo por estar vigente bajo las mismas circunstancias en que se originó, también por ser la evidencia de un mal congénito en procesos — llamados con frecuencia revolucionarios — de características y origen similares. Se trata de un largo paréntesis distendido en el tiempo y en cuanto a su tratamiento debemos cuidarnos de la festinación comúnmente manifiesta en algunos casos.

Una de las críticas (válidas) a historiadores, cronistas, periodistas, en fin, cualquiera que habiendo sido testigo de la historia — o no directamente — se decide a contarla y poner en práctica un proceso analítico y mesurado, es la tentación de caer en la parcialización; pero tal debilidad interpretativa debe superarse partiendo de la exposición fidedigna de los hechos (históricos) asumiéndolos como el relato más cercano a la verdad. Si bien es cierto que la verdad es relativa, no sucede cuando se cita la ocurrencia de un hecho mediante su descripción fundada en pruebas, más, si es el resultado de una vivencia, una experiencia personal. Era lo que M. Bloch, el historiador francés, propugnó como tesis en el tratamiento historiográfico en Anales, la revista cofundada con su colega Lucien Febvré(11) No hay dudas si el hecho constituye una evidencia.

Aunque tampoco se trate de aplicar patrones, hay una base que sustenta la identidad de características que describen a las dictaduras. Ni por sus antecedentes inmediatos y originales, ni por el tipo de argucias puestas en práctica, ni por la falta de legalidad, ni por violación sistemática de los parámetros de la democracia, nuestro personaje protagónico, Fidel Castro, se deslindó, ni pretendió hacerlo, de todos los rasgos de un dictador en lo personal, su régimen no fue una alternancia o una tentativa manifiesta de la democracia en sentido alguno…y ello, aún desde el comienzo.

No es menester hacer la biografía del joven Castro y sus vínculos turbios con un pasado poco edificante para su persona y su pretendido liderazgo a posteriori, algo que a la larga consiguió. Es historia más o menos conocida cuando se trata de evidenciar una opinión lógica; solo hay que buscar, investigar, leer la voluminosa bibliografía de los llamados tiempos del “gatillo alegre” y aparecerá su nombre en repetidas ocasiones vinculado a diversos grupos como El Bonche, el terrorismo político y otras organizaciones en que se vio involucrado el personaje de marras.

En el propósito medular de la revolución castrista que llega al poder mediante la violencia representada por la lucha armada, estuvo un documento programático (por cierto, se dice que no enteramente de la autoría de Castro porque fue revisado y en parte escrito por Jorge Mañach y que, en su retórica incendiaria, afín a la intempestiva personalidad de Castro, incluye frases que parecen tomadas del Mein Kampf) se trata de La Historia me Absolverá. Nada de lo que allí apareció escrito podía ser calificado de totalmente incierto o rebatible, pero lo que también es real y puede ser rotundamente demostrado es que no han sido reales la implementación de lo postulado ni el cumplimiento bajo el resultado del juicio del tiempo y la propia Historia, emisora de una respuesta hoy por hoy negativa.

El personalismo en alguien que asalta el poder por cualquier vía — incluida la electoral — es un rasgo definitorio de los propósitos de un dictador; la exclusión de la colegiatura como parte del mandato, la devaluación del otro por el yo, el establecimiento de la voluntad personal como norma, la reiteración discursiva, la imposición de criterios basados en una supuesta justicia de dedo (arriba o abajo, muerte o vida como en la época de los césares), el hacer desaparecer cualquier mecanismo de información o propaganda que el dictador en ciernes pueda considerar opuesto a sus propósitos, son rasgos definitorios que no faltan en dictadores de uno u otro signo político. Batista fue un dictador. Castro, una vez que se hizo con el poder también comenzó su larga carrera por esos mismos derroteros.

Para algunos aún puede ser hipótesis hasta que sea posible demostrar lo contrario, algo que la práctica como criterio de la verdad no permite elucidar evitando el tema o la mención de algunos nombres, por cierto, algo que cada vez menos, quienes se interesan en el tema evitan, pero que sigue siendo imprescindible. Verdad incontrastable, no capricho de alguien, o algunos, que por demás iban a ser catalogados como “gusanos”; gusanos les llamaban los nazis a los judíos, ¿aliento de marca, analogía o transmutación?

Entonces viene todo el proceso de establecimiento de leyes, regulaciones, estatutos, órdenes, decretos que el propio dictador elabora o su correspondiente equipo de amanuenses o, lanza al aire poseído de una impresionante verborrea. Comienza el adoctrinamiento a nivel de masas (el pueblo) ese ente intangible que todo lo justifica porque en su haber solo hay entrega; y es ahí donde se entroniza, se fundamenta, el otro elemento argumental: la demagogia. No se trata de contar una historia larga y para muchos conocida pero junto a desmanes de proporciones extremas hay detalles (no siempre mencionados) que grafican el adoctrinamiento en función de la excepcionalidad del dictador y su grupo de acólitos siempre en una escala de notables diferencias en cuanto a sus niveles de intelecto; se inserta aquí otro presupuesto: la meritocracia desaparece ante la conveniente mediocridad y el nepotismo para conformar una cohorte de incondicionales.

Recordando un poco e insistiendo en el detalle habría que observar que una de las cosas que desaparece en los niveles de enseñanza superior es la libertad de cátedra (12), si alguien se atrevía a profesar fuera de los parámetros estrictos de la bibliografía de manuales era un contrarrevolucionario, si decidía, además, abrir a sus educandos el diapasón del intelecto exponiendo una visión diferente de lo pre establecido era un diversificador de ideas, merecedor del ostracismo, el fusilamiento intelectual, moral y académico y solo porque en virtud de que un día, a un tipo de muy pocas luces se le ocurrió hablar ante un grupo de militares de su entorno cuartelario de “diversionismo ideológico” (13)

El último valladar a la democracia es como la Hidra de Lerna de la mitología: un régimen que habla de soberanía y autodeterminación, pero se somete al leninismo marxista, interpretación sui generis desde 1917 en la nueva metrópoli soviética que pretende y consigue encasquetar el corsé ideológico del socialismo duro y sus secuelas con la anuencia del personaje cuya trayectoria, absoluto némesis de la democracia, se evidencia a pesar del presupuesto demagógico en que se fundamenta.

Es frustrante tener que concluir este texto mediante la evidencia retórica de la cacofonía (regresando al origen) máxime cuando no solo se trata de uno en que el efecto literal de lo poético para otros casos, se ve alterado por innecesarios pleonasmos, eso, es corregible; empero, cuando se trata de espirales que como bucles repiten un patrón, la enfermedad es grave y la salvación, promesa de una recuperación signada por el porvenir de un tiempo en que no caben de consuno todos los procedimientos necesarios para garantizar el regreso de la democracia a un lugar donde por propia voluntad y determinación de muchos nunca tuvo la mejor acogida. Por momentos, parece que nos empeñamos en dar coces al aguijón.

NOTAS. -

(1)  Para ampliación de la información específica sobre el tema: Guerra, Lilliam, ¿Puerto Rico y Cuba Revolucionaria? Mitos y realidades desde una perspectiva histórica En: https//usergloarboleda.edu.co

 

(2)  La denominada región de Vuelta Abajo no concitó un marcado interés de los diferentes capitanes generales en la isla, al menos, hasta la segunda mitad del XIX lo cual permitió allí el desarrollo de un tipo diferente de campesino agricultor que no sustentaba su estabilidad personal y familiar en el empleo de mano de obra esclava explotada por terratenientes ausentes como en el resto de la región occidental; allí y bajo esa cotidianidad caracterizada por su propia génesis, prosperó la diversidad agropecuaria y sobre todo, el cultivo del tabaco.

PPara detalles al respecto: Costa R., Octavio. - Don Pepe Mora y su Familia, Ediciones Universal, Miami, 1991

 

(3)  Esa es la versión que se repite en estudios e investigaciones importantes — hay muchas de diversos autores — entre los más conocidos: Fernando Ortiz, Ramiro Guerra, Lydia Cabrera, Manuel Moreno Fraginals, Levi Marrero, Herminio Portel Vilá y el británico Lord Hugh Thomas 

 

(4)  El período de expansión imperialista había tenido sus más remotos antecedentes dentro del propio territorio de la Unión; primero, manifiesto en la fiebre del oro y la expansión hacia el oeste, luego como resultado de la guerra con México (1846 - 1848) en la que ese país pierde una buena parte de su territorio, lo que quedó condonado mediante la firma del Tratado Guadalupe - Hidalgo en Ciudad México. Hay que tener en cuenta que ya para finales del XIX Estados Unidos era, industrial y comercialmente, una nación necesitada de expandir sus esferas de influencia y sin dudas, entrar en guerra con España representó una gran oportunidad en tal sentido.

Para ampliar al respecto se puede consultar el ensayo de Carlos Alberto Montaner: 200 Años de Gringos, SEDMAY ediciones, junio/1976

 

(5)  Aunque la bibliografía al respecto, sobre todo incluyendo el tema como parte del tratamiento histórico de una época; el libro de Ricardo Adam Silva, La Gran Mentira: el 4 de Septiembre de 1933, originalmente publicado por Editorial Lex en 1947 es muy importante, documentado e ilustrativo. También una investigación de Antonio de La Cova publicada en Santo Domingo, República Dominicana en 1987, puede verse

en: https://latinamericanstudies.org

 

(6)  Ortega y Gasset, José. La Rebelión de las Masas. Tercera edición (revisada) en: Obras de JOG, 1981

(7)  En la premisa basada en el proyecto original del tratado, se incluían, además de Guantánamo; Bahía Honda, Cienfuegos y Nipe; al momento de su conclusión y firma quedó solo Guantánamo.

 

(8)  El llamado Protectorado, en realidad segunda intervención norteamericana en Cuba, se produjo al amparo de la Enmienda Platt y se prolongó entre 1906 y 1909 El gobierno de Theodore Roosevelt ordenó el traslado de Charles Magoon funcionario involucrado en las obras del Canal de Panamá desde ese país a la isla y junto a Frank Steinhart, hombre de negocios y banquero, se hicieron cargo del gobierno. Al término, Steinhart permaneció en Cuba vinculado a los planes de electrificación de la capital y a la American Railway que introdujo el uso de tranvías como medio de transportación.

 

(9)  Es un hecho conocido el estallido del Movimiento de los Independientes de Color  en 1912 y las causas que lo motivaron. Evaristo Estenoz creó el partido del mismo nombre y dirigió la sublevación junto a Pedro Ivonett, ambos, ex oficiales de raza negra del extinto Ejército Libertador. El movimiento fue reprimido por el ejército ocasionando cerca de 4000 muertes (algunos hablan hasta de 7000 en un número que las investigaciones al respecto, incluidas las más recientes, no han podido delimitar con precisión) entre participantes y seguidores. Junto al aplastamiento de la sublevación mediante el uso de la violencia, jugó también un importante papel la promulgación de la Enmienda Morúa, aprobada por el Senado del que Martín Morúa Delgado se convertiría en el primer presidente de raza negra de la institución.

 

(10)              El año 1923 es importante por sucederse durante su decurso eventos como la fundación de la FEU, la creación del Primer Directorio Estudiantil Universitario (DEU), la realización de la Protesta de los 13, la fundación de la Agrupación Comunista de La Habana, de la Universidad Popular José Martí a propuesta de Julio Antonio Mella y la fundación del Movimiento de Veteranos y Patriotas entre otros hechos.

 

(11)              Es importante tener en cuenta los estudios de Bloch y Febvré en relación con la historiografía porque sentaron pauta en cuanto a la diferencia entre la narración de la Historia como crónica y su análisis teniendo en cuenta causas y consecuencias de los hechos.

 

(12)              No fue casual que en 1961 se produjera un primer proceso de “depuración” del claustro universitario. Aparte de que algunos catedráticos habían renunciado, otros, marchado al extranjero, se fue más allá y solo quedaron algunos cuya filiación política los mantuvo vinculados al perfil pretendido por las autoridades. En 1980 se repitió, desde otra perspectiva mucho más radical y excluyente, un nuevo proceso de similares intenciones y que también incluyó al estudiantado, bajo el sugestivo nombre de: proceso de profundización de la conciencia de las masas.

 

(13)              Se ha dicho que el concepto de diversionismo ideológico en Cuba, fue utilizado por primera vez por Raúl Castro en un discurso pronunciado el 6 de junio de 1972 en la clausura de una conferencia entre militares del MININT y el MINFAR; aparece íntegramente en Bohemia (en edición de fecha coincidente) bajo el título de: “El diversionismo ideológico, arma sutil que esgrimen los enemigos contra la Revolución” No obstante, actividades represivas en contra del intelecto y otras manifestaciones consideradas “contrarrevolucionarias” hubo muchas. Todavía hoy el significado de la entelequia constituye un patrón de aplicación para condenar opiniones contrarias y/o inconvenientes.


Suerte de epílogo, muy breve, que solo pretende aclarar algunos detalles.

Este texto es, ante todo, una interpretación — y exposición personal — de las razones por las que creo que la democracia en Cuba no ha encontrado una razón de ser válida en los 123 años de existencia como república y bajo cualquier condición que se le haya pretendido atribuir (independiente, mediatizada, pseudo república o socialista) Para nada constituye un intento de historiar hechos específicos, ni hacer, en tal sentido, una evaluación documental o personal de algunos de sus protagonistas.

Tampoco sentar como premisa los numerosos elementos bibliográficos que si pueden — y deben — ilustrar la narrativa de una historia de hechos y personajes como protagonistas en particular y en espera de una necesaria re escritura por hacer, sin prejuicios y sujeta a la verdad histórica sin compromisos ni parcialidades

 

 

 

     José Antonio Arias-Frá

      Orlando/Florida, 08/20/2025

 

 

 

 

    

 

  

     

 

  

 

 

 

 

 

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