Wednesday, June 15, 2016

"EXPERTOS": UNA MIRADA AL ESTABLO.

Vivimos rodeados de “expertos” y en un país donde la experticia va de la mano de la realización y de una apreciación que se asume, la mayor de las veces, a priori. Es cierto que entre los espacios favorecidos de la cultura debe considerarse la posibilidad a su acceso y en tanto el desarrollo social lo permita en mayor grado. Para quienes interpretan esa relación con pleno conocimiento de causa, el resultado es, al menos; potencialmente válido. Lo contrario, es como caminar voluntariamente al cadalso tras haber dejado que nos venden los ojos.

Pero en el asunto de la supuesta experticia no siempre se cumple tal relación y, son muchos los casos en que suele ponerse la carreta delante de los bueyes; cualquiera emite opiniones festinadas, echa mano de estadísticas alteradas o crea historias amañadas con el único fin de refrendar una versión, pasto reverdecido entre los ignorantes (utilizo el adjetivo atribuyéndole la benignidad relacionada con el conocimiento, no más)

Por tales razones, cualquiera y por esta vía, puede llegar a parecer un “orientador de opinión” un “profundo conocedor de esto o aquello” y sentar pauta, sin dejar de ser un papanata. Las consecuencias, de la mano de la proliferación de la “experticia”, pueden llegar a ser muy peligrosas y esos a quienes podemos descubrir y catalogar como verdaderos hacedores de la farsa y perennemente a la caza del combustible de su quehacer, van, vienen, se regodean y se realizan conjugando la insensatez no culposa de sus seguidores para hacer de su discurso un medio de vida.

En el asunto de la sobre-dimensión del ego ―un caso de trastorno psicológico―, ni que decir. Tal trastorno, exacerbado en extremo (adopción de un lenguaje gestual para “posar” incluido) nunca deja de ser el denominador común. No importa lo que diga, más bien lo que suele hacer. El “experto” juega a las versiones ―sus versiones― y enajena la realidad confiado en la falta de verificación de las fuentes, del desconocimiento de la Historia, de las verdaderas estadísticas ― que deben ser ante todo originales e imparciales― y le deja el producto a la confiabilidad de sus seguidores. Puede dormir tranquilo, porque hasta la apostasía se vuelve meritoria ante el empuje de su impunidad. No, no… yo tenía entendido tal o cual cosa, pero estaba equivocado; fulano, que es un profundo conocedor del tema, lo “explicó” como realmente es. ¿Y cómo es en realidad?, porque alegato de “expertos”, no deja margen a las dudas.

El otro contrasentido exhibe tal grado de elementalidad, que si no fuera ―por sus resultados― tan trágico, sería cómico. ¿Qué nos dicen los expertos de tribuna que no sepamos? Para responder acertadamente hay que distinguir entre la verdadera experticia, esa que no se pregona, que viene de la mano del verdadero conocimiento y que; ni se compra en boticas o bodegas y es el producto de un verificable conocimiento refrendado por la experiencia intelectual de su poseedor y exponente.

El saber engarzar, más o menos, un discurso salpicado de verborrea incontinente y alguna que otra “cita” traída por los pelos, establece la diferencia entre quien en verdad sabe de lo que habla (experticia, entre otras cosas) y el que crea aquel famoso “coro de grillos que cantan a la luna” (“Retrato”.- A. Machado)

A favor de la humanidad; quien no esté preparado, sea incapaz de exhibir un currículo en su respaldo que garantice  la eficacia de su juicio, es mejor que calle, estudie y no suelte el libro ni para ir al baño. Wikipedia; un magnífico instrumento, pero se sabe que no puede ser citado, no precisamente por derechos de autoría; hay allí también, datos erróneos, sujetos a modificación. ¿Y cuántos “expertos” de “Wiki” no nos encontramos a diario?

Pensaba en estas cosas y arribé a conclusiones elementales. Resulta que en los montones de versiones que suelo escuchar y leer sobre otros tantos temas, el resultado era el indicado de antemano en consecuencia del desenvolvimiento de los acontecimientos; no había que ser ni adivino, estratega (político, militar… ― ésta, la de “estratega”, es otra “etiqueta” que se las trae) Tampoco hacedor de conclusiones, de eso que en ciencia pedagógica se conoce como “recurso nemotécnico” hilvanando experiencias o graficando explicaciones a partir de entuertos cuando no han lugar y la información tiene una verificación teórica y práctica que hace evidente el análisis.

Por eso he aprendido a desconfiar de ciertos “entendidos”, generalmente afincados en una polivalencia abarcadora que los convierte en “capitanes de todo y soldados de nada” Prefiero hacerme al propósito de empacar mis dudas ―que siempre existen― en la envoltura del conocimiento convincente, el que está refrendado en los originales, en los textos, los libros (ficción y no ficción) en el estudio afín a mis intereses y mis propósitos. Luego, me convenzo o no; es, después de todo, algo más sencillo y menos arriesgado que montarse en el tren de los “seguidores”


José A. Arias-Frá

Friday, June 3, 2016

FACEBOOK Y LA PROLIFERACIÓN DE SU USO COMO "RED SOCIAL"

Me picotea en la mollera un tema que se desgaja de las “redes sociales” y a su vez, suele diluirse en ellas. A más de un año de por medio (1-3-15) y en este mismo blog, publiqué un trabajo bajo el título: “¿Tecnología y globalización o egocentrismo mediático?” en él, abordaba el asunto en el marco de la comunicación y que suele definirse bajo los enunciados teóricos que le son inherentes, a través de los medios de comunicación social (MCS) Dentro de tal categorización, la información se suscribe entre emisores y “masas” En tal caso, el proceso de decodificación está sujeto a un destino en que la retroalimentación no puede ser verificable y el mensaje, generalmente tiende a diluirse, es; potencialmente imperfecto, sin dejar de ser válido.

En una “red” como Facebook, por ejemplo, sucede algo distinto porque a pesar de las opiniones en que se implica el desconocimiento (físico, aunque hay excepciones) entre emisor y receptor, no parece ser así. La concepción práctica del instrumento incluye la identificación personal y, aún en caso de que no medie una relación exhaustiva de conocimiento –físico- los que se lanzan “al ruedo” (“foros”, “foristas”) se apropian del contenido al suscribirlo o comentarlo; sobre todo, al hacerlo “público

En sus frecuentes críticas a las redes sociales Umberto Eco (1), quien alegaba utilizarlas por constituir un argumento ineludible y garantía de un mejor uso del limitado tiempo de que hoy se dispone, argüía a contrapelo cosas ciertas e interesantes. ¿Ejercicio justiciero, denuesto, egolatría? Quizás, un poco de todo. He aquí algunos juicios de Eco:

-Sobre el sujeto.- “Las redes sociales son un instrumento peligroso porque no permiten conocer quién está hablando”

“Las redes sociales le dan el derecho a hablar a legiones de idiotas que primero hablan sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio nobel. Es la invasión de los idiotas (Eco, “La Stampa”, junio de 2015)

-Sobre el emisor (transmisor) “Pero Internet es como el automóvil: uno no se puede pasar la vida en Internet como no se puede pasar la vida en un automóvil” y agrega; “…si acudimos a una determinada página web podemos saber que está escrita por un loco, pero un chico no sabe si dice la verdad o si es mentira. Es un problema muy grave, que aún no está solucionado”

El desarrollo tecnológico implica riesgos y conforma –sobre todo en el caso que nos ocupa- una especie de canon vulgarizado de alternativas ineludibles. Lo mismo sucedió cuando apareció la imprenta, se imprimió el papel –que ya tenía casi un milenio de existir- mediante tipos; proliferaron los libros y, sorteando valladares a través del tiempo –siglos- las fuentes de información le permitieron al hombre el conocimiento ordinal capaz de garantizar estadios superiores en el ámbito del conocimiento.

También, y por esos tiempos, existió una fuerte oposición; pero frente a los códices, se escribieron grimorios y para conjurarlos, tratados secretos y sinuosos, “martillos de brujas”, enciclopedias, crónicas, volúmenes sobre alquimia y esoterismo, magia (negra y blanca), así como manifiestos seglares y narraciones bíblicas –de hecho, la primera impresión de Gutenberg mediante el uso de tipos de madera, fue una versión de la Biblia de 1450 folios escritos en cuarenta y dos renglones por folio; el incunable más atesorado hasta hoy y del que se conservan más de veinte ejemplares originales. Al cabo, y de otro modo, la diseminación de la literatura impresa condujo a muchos a morir de forma atroz mediante el desafío del “statu quo” No nos olvidemos. El propio Eco, medievalista contumaz (aquí, obstinado en la defensa de valores) y entre muchas otras virtudes personales, lo sabía.

Si entendemos el dilatado proceso evolutivo de los retos como lo que siempre ha sido, un desafío, no se me hace válido minimizar la luz del Sol poniendo en evidencia sólo sus manchas. O, haciendo honor al precedente de “Trattato di Semiotica Generale” y la interpretación de los “signos” a través del lenguaje –palabras- “la zorra ataca el gallinero, con instintiva alevosía mientras devora los polluelos y las gallinas duermen”

EL PRECIO DE LOS RIESGOS

Equivocarse, de hecho muchas veces, es parte de la visión a futuro que suele ser el preludio de acontecimientos trascendentales. “Lo que es, es; y la realidad no es como a mí me convendría que fuera, no es como debería ser, no es como me dijeron que iba a ser, no es como fue, no es como será mañana. La realidad de mi afuera es como es” (2) No hay en ello, ni resignación, ni la asunción de una postura lapidaria, porque para enfrentar los riesgos hace falta valor, pero sobre todo, el de entender la relación entre el peligro y la ganancia. Todos estamos en acuerdo sobre eso de que pueden haber “…páginas web escritas por un loco” ¿pero acaso el instrumento no provee una fácil manera de identificarlas? Lo que nos queda es la ganancia que se traduce en información válida y que a través de un ejercicio intelectual mínimo e idóneo, no deberá conducirnos a la hoguera aunque haya alguien dispuesto a juntar la leña, prender el fuego y atizar la llama.

El asumir la interpretación como parte de la libertad individual y no como un acto de libertinaje egoísta y egocéntrico es un derecho que cada ser humano posee y debe ejercitar. “Tú no eres quien yo necesito que seas, tú no eres el que fuiste, tú no eres como a mí me conviene, tú no eres como yo quiero, tú eres como eres. Aceptar eso es respetarte y no pedirte que cambies” (3)

Si nos hacemos a la idea, exacta por demás, de que la información es alternativa biunívoca, tendremos que concluir que el hecho de la discrepancia es también parte del proceso de retroalimentación enmarcado en ella y no, el desconocimiento a priori tras el que muchos se escudan para minimizar el criterio ajeno. Es evidente que lo anterior suele suceder con frecuencia inusitada y, si llegara a medirse el efecto de tal circunstancia estadísticamente, habríamos de encontrarnos frente a una actitud que asumida por muchos, se hace deleznable. ¿Dónde queda entonces, el respeto por la opinión ajena? La respuesta puede ser fácil, en tanto se tengan en cuenta algunos criterios que rebasan el ámbito de la simpleza y la superficialidad.

Primero, el promover una opinión, tratar de exponer una idea o abordar un tema, independientemente de cuál sea su contenido, constituyen acciones, determinaciones; que deben estar avaladas por la percepción del respeto a sí mismo.

Segundo, nada de lo que se diga o pueda inferirse de la intención debe constituir un ejercicio lacerante para los receptores potenciales. En éste sentido hay, con frecuencia, un acto de violación sistemática de la sensibilidad ajena en virtud de la consecución de un objetivo espurio (videos de contenido inapropiado, pornografía, etc.) que persigue convertir al mensajero en agente del terror o de una vulgaridad banal. Quizás fuera a esos “locos” a los que Eco quería referirse, pero nuevamente: las partes asumibles como riesgos en el todo, no permiten su descalificación como instrumento, ni la minimización de su potencial.

Tercero, el debate para que resulte atractivo y en consecuencia educativo, tiene que incluir una mínima dosis que lo enlace con el carácter didáctico y psicopedagógico que siempre habrá de estar implícito y, aunque se desconozca el alcance de tales ciencias; en el argumento tácito de lo expresado, la palabra escrita es lo perdurable y, bien escrita, siempre es educativa. Lo contrario es desbarrar y hacerse víctima del auto-engaño. Para mentir a otros empezando por mentirnos a nosotros mismos no hay que saber de nada; fomentar la discusión en torno a la mentira (bombazos, palos periodísticos, tubazos) es sólo una manera, muy dañina, de perder el tiempo y hacérselo perder a los demás. En el mejor de los casos, “propaganda tendenciosa” que la realidad termina por descalificar.

CONCLUSIÓN.

El avance y la constante renovación de las tecnologías que las ponen a disposición de grupos cada vez más numerosos de personas, el uso de los instrumentos que tales adelantos implican, no pueden, ni deben ser condenables por los aspectos negativos que puedan entrañar; deben ser loables por todo lo positivo que pueden aportar.

En consecuencia, enfrentar los “riesgos” es necesario, constituye el desafío de las actuales generaciones, artífices y protagonistas de los cambios que acercan a los humanos al ejercicio de una actividad que cada vez en mayor medida, traspasa los límites de lo pensado y aún, de lo creíble. El solo hecho de la diseminación en el ámbito de la información, nos educa, nos arma intelectualmente y nos protege.
Lancémonos al ruedo animados por una óptica positiva y aceptemos el reto, cualquier otra alternativa significa vivir en una cueva.

NOTAS.- 
  
(1)  Umberto Eco (Italia,1932- febrero,2016) Semiólogo (autor de “Tratado de Semiótica General” -1974), escritor (El Nombre de la Rosa –novela (1980), El Péndulo de Focault –novela (1988), filósofo, crítico literario y uno de los fundadores de la escuela post-moderna en el ámbito de la teoría comunicacional (La Forma y el Contenido -1968, La Estructura Ausente -1971). Aunque desde 1973, abordó el tema de la comunicación social en su obra “El Super Hombre de Masas” (1976), pocos años antes de su fallecimiento, se convirtió en crítico de los nuevos medios de comunicación y su obra póstuma, la novela “El Número 0” constituye una sátira al respecto, Eco está considerado uno de los principales arquetipos de la semiología moderna por su obra teórica y su interpretación (su obra “El Signo” 1973, es clásica al respecto)

(2)  Bucay, Jorge.-Cuentos para Pensar.-Ediciones Integral, U.S.A. 1999. Pag.15 –introducción.

(3)  Bucay, Jorge.- Ob Cit. Pag. 17 –introducción.

    José A. Arias-Frá





   

Friday, May 13, 2016

INTELECTUALES CUBANOS OFENDIDOS DISPARAN A LA PERIFERIA

¿Alzar la voz?, ¿tratar de rescatar valores?; ¿cuáles?; ¿los que han sufrido la distorsión semisecular entre frívolos desvaríos y desaciertos, o la intención de poner un valladar a la pérdida de ellos en una sociedad carente de estímulos?

Parece que de nuevo, descorazonada y en clave de mensajes cifrados por la frustración, asoma tímida y taimada su pupila la crítica velada; algo tan viejo como la propia revolución cubana. Los que cuentan con algunos años, y algunas experiencias padecidas de primera mano, pueden recordar aquellos tiempos iniciales en que tuvieron lugar encarnizadas polémicas que enfrentaban a personajes importantes asumiendo papeles protagónicos y en los que siempre resultaban triunfantes quienes contaban con la anuencia del ubicuo juez. Lo único real es que, con otro nombre y el mismo apellido, aún sigue siendo así.

No me anima el regate, ni discuto un ápice de la razón que entraña el defender valores inherentes a la cultura y la idiosincrasia siempre que se presenten como universales, no secuestrados por la ideología. Pero esa “defensa” que no va al centro de los problemas, que desconoce el efecto por el cual hay un desajuste manifiesto en la relación causa-efecto a consecuencia de la difusión de estímulos de escaso valor, es hipócrita por incompleta y peca por defecto, al caer en el exceso de identificar patria con partido, símbolos con revolución y a ésta con un nombre. ¿Acaso recuerda la doctora Pogolotti la homilía de monseñor Pedro Meurice Estiú en Santiago durante la visita de San Juan Pablo II a Cuba en 1998?

En “Las Causas de Las Cosas”, Desiderio Navarro, uno de los intelectuales que critican la nimiedad y el superficialismo manifiesto de los más recientes acontecimientos, va más a fondo que en lo ahora expresado, al insistir en la necesidad de que “la crítica” trasponga el ambiente malsano y así evitar cualquier inquina con relación al que la produce (1); pero se deslinda, cuando se propone liberar al sujeto, verdaderamente crítico, del peso de las circunstancias y sus consecuencias. Él, también es una víctima.

Ahora, cuando observo a una figura del talante intelectual de Graziella Pogoloti denunciar la desenfadada y frívola, fútil oferta de cuatro “mamboletas” recibiendo a los turistas de un crucero, tentadoramente fruncidas en los colores de la bandera, mendigando los dólares a los que se refiere Desiderio citando al colofón el poema de Guillén; me gustaría una respuesta clara, concisa, a ciertas e ineludibles preguntas: ¿a qué conclusión puede llegarse?, ¿quiénes han sido y siguen siendo los culpables? Evidentemente, en las causas de las cosas  en que las causas tienen nombre y apellidos y las cosas parecen desembocar en hechos como estos, se despeja la incógnita.

Como ya he dicho en otras ocasiones, siempre es fácil culpar difuntos –carentes de la posibilidad de defenderse- y, sobre todo, teorizar en torno a postulados teóricos, dialécticos y filosóficos, pero del desmadejamiento de tales empeños tampoco se consiguen las respuestas. La doctora Pogolotti, reconoce que “…El sentido común indica la necesidad de abrir vías al comercio, a la inversión y al turismo para afrontar las necesidades económicas que nos afligen” (2) sin embargo, el intelecto fue, y sigue siendo; el oficio de una élite que por su intrínseca naturaleza tiende a desconectarse de la realidad y no suele vincularse a los propósitos de burócratas y funcionarios que crean directrices y cumplen orientaciones. La relevancia –que la propia doctora Pogoloti le atribuye- es interpretada por estos últimos, sin la importancia y el conocimiento de la relación con Guillén y su poesía y a la que Navarro le concede el lírico final de su razonamiento.

Hace poco, leía un trabajo de José Luis Rodríguez, ex-ministro de economía cubano y actual asesor del “Centro de Investigaciones de la Economía Mundial –CIEM” (3) donde se pone de manifiesto (al menos es lo que se infiere) la importancia del turismo a cualquier precio. La relación entre intelectuales y burócratas, fruto de una “unidad” impostada sobre argumentaciones ideológicas, no existe; es un sofisma, una entelequia per se y en añadido, fuera hasta del benévolo significado del concepto aristotélico. Es la “definición” inclusiva que trata de solventarse a través del empleo de frases lapidarias que terminan por convertirse en consignas, encabezar mamotretos y tratar de disuadir escépticos.

“Pero el orgullo legítimo emanado de una cultura de resistencia, no puede ser lacerado. Se contrapone al aldeano vanidoso, mimético seguidor de modas ajenas a las demandas de su contexto específico, ciudadano vergonzante de un país que subestima, obsequioso y obsecuente con los prepotentes que lo desprecian” (4)

Lo que aquí expresa la doctora Pogolotti, entraña un juicio demasiado severo, sobre todo, después de tanto tiempo transcurrido en que la cultura ha sido desvirtuada muchas veces al tratar de imponer cánones ajenos a su origen y sus raíces y, llamar al cubano de hoy “aldeano vanidoso”; parece más bien, un ejercicio de excepción que contraviene la realidad, sobre todo, si tenemos en cuenta que ese aldeano vanidoso es un producto de la revolución, la misma que según entiendo, ha contribuido a la pretendida fortaleza de “una cultura de resistencia” Me parece, además, que tal “cultura” se alimenta de un odio infundado al tratar de equiparar e incluir a ciudadanos de cualquier nación, o de un origen específico y, cuando parezca conveniente, entre los avatares de una historia reconstruida en “la resistencia” para adecuarla a necesidades discursivas específicas.

Todos queremos y tenemos el derecho de “morir de cara al sol”; al final, es evidente que hemos vivido en un rincón, no importa dónde, porque siempre habremos sido testigos de la sucesión de los días y las noches, los meses, los años y los siglos y, como en nuestro caso, hasta de los milenios. Entretanto, el tiempo habrá sido el único superviviente de la historia de todos y de todo. Es, el único enemigo que no se puede vencer y que terminará por imponerse sin ofrecernos un solo minuto de clemencia.

¿Volverán las polémicas?, y; ¿cuál será el resultado: la fuerza de la razón o la razón de la fuerza? Creo, al menos, que para que se imponga la razón, deben desaparecer quienes emplean la fuerza.

José Antonio Arias-Frá.

Notas.-

(1).- Ilustrativa al respecto, sobre todo para comprender de lo que se trata; “In Medias Res Publicas” Ponencia presentada por Navarro en la Conferencia Internacional “El papel del Intelectual en la Esfera Pública”, celebrada en Beirut, del 24 al 25 de febrero del 2000. En: Navarro, Desiderio.-“Las Causas de las Cosas”, ensayo; Editorial Letras Cubanas, 2006, pp. 7-21.

(2).-Pogolotti, Graziella.- “Moriré de Cara al Sol” (artículo) citas tomadas de la versión en: Granma (internet@granma.cu) 10 de mayo, 2016.

(3).-Ver el artículo de José Luis Rodríguez “Una mirada a la economía cubana y sus perspectivas para el 2016” En: “Cubadebate” abril 28, 2016.


(4).-Pogolotti, Graziella.- Artículo citado.

Tuesday, May 3, 2016

ENTRE LAS RUINAS Y LAS RUNAS

La compleja relación entre la ruina material y moral puede tener significado cuando al tratarse de la primera, se exhibe con orgullo lo que del pasado se logra rescatar y validar; pero convertir las ruinas morales en morada de un presente oculto e impresentable es un bochorno. Eso, se llama decadencia.

Nadie mejor que Antonio José Ponte, ha descrito esa relación en sus historias (Un Arte de Hacer Ruinas y otros cuentos), basadas en la caracterización de la decadencia, cuya magnitud define en el plano de la dimensión histórica e ineludible; una dimensión atemporal cifrada por el efecto de la descomposición -moral- de todos los imperios.

He ahí, la distinción que escapa a la visión del turista en un caso como el de Cuba. El ente heterodoxo que observa y juzga, arriba a conclusiones y determina su propósito a partir de muestras aleatorias de la verdadera realidad, nunca es una buena referencia y, su única ventaja, los réditos que puede producir. Su curiosidad se engarza en una relación binaria y desproporcionada: paga mucho, por saber muy poco y, dentro de la oferta, el ciclo se convierte en una relación incestuosa en la que se hace vulnerable y fácil víctima del engaño; no de quien lo aborda y le asedia, más bien de quien le vende imágenes amplificadas entre las que permanecerá encerrado en una especie de invisible cerco. Para tales situaciones, no suelen haber excepciones y, regularmente el tiempo disponible, tampoco contribuye.

Cuando se aborda el problema, la razón no estriba en cancelar el fin (cruceros o viajes de placer por cualquier vía) porque es lo más común; lo difícil está en lo que las apariencias ocultan y que en el caso que nos ocupa es demasiado y, está relacionado con el carácter prioritario que se da al tratamiento alienante y demagógico del tema en que el fin, justifica los medios. Puede parecer exagerado, aunque válido; el turista que arriba a Pyongyang se tropieza con el ordenamiento absoluto exhibido entre una pulcritud exagerada que motiva dudas y no es otra cosa que el fraude del colectivismo impuesto desde arriba. ¿Y qué de las estepas desoladas y heladas, escenario de hambrunas colectivas y de una crasa pobreza al interior? En la disparidad que entraña la respuesta, está signada la desmoralización, también normada “desde arriba” y virtualmente infranqueable.

Salvando las distancias, sucede lo mismo en otro ambiente –más atractivo, sobre todo en lo folclórico- en que los turistas establecen su comunicación con el medio a través de la curiosidad que motiva en ellos la visión –actual- del pasado representado en imágenes que le son ajenas y, junto a las dosis de caras y tentadoras ofertas, se olvida de las realidades. Realidad y  fantasía, son términos excluyentes y en medio de la distracción, es preferible enajenar la realidad. He aquí, que el precepto de moral social se diluye culposamente entre fortalezas y palacetes –preservados-, espectáculos nocturnos fastuosos y escenarios históricos; pretendida escenografía de la “historia revolucionaria” El turista, va al cepo por propia voluntad, cree que ha conocido la verdad y se vuelve su vocero, pero; ¿sabe realmente que es víctima de la superficialidad, o prefiere engañarse a sí mismo? 

Mientras todo lo que ve –lo que le muestran- es la negación de lo escuchado en otros ambientes y en medio de eso que llaman “la Cuba profunda”, la situación es otra; porque la Cuba profunda no se exhibe en vitrinas y de haberse conocido, forma parte de una campaña malintencionada y orquestada por “enemigos” que "denigran" su historia y sus raíces, pero a cuyas huestes se suman, por razones similares, y cada vez en mayores cantidades los que protagonizan el éxodo, habitantes de un contexto fuera del alcance de la percepción no prevista en la verdadera y profunda realidad de un país ideológicamente, minuciosamente cuadriculado, en que lo cierto tiene menos valor que la mentira oficial.

Ofensivo me parece hablar de una muestra de la “cultura cubana”; sobre todo, si como es el caso; se le reduce a los acápites convenientes de una historia contada por los que se sienten vencedores y donde el final siempre es el mismo: el libreto chauvinista y amañado en que los protagonistas siempre son “los buenos” y “malos” quienes se les oponen, incluidos los que se esconden y malviven, entre las ruinas lacerantes de su propia humanidad; esa que Ponte bien describe como el arte de la decadencia.

Entretanto, una y otra vez, se esparcen las runas sobre el tablero, aunque no dicen mucho; pareciera que usarlas para lograr conjuros a futuro, no es ciertamente su función y, entre ruinas y runas, la gente, devorada por el tiempo, trata de supervivir.


  

Friday, April 15, 2016

ENTRE LA HIPOCRESÍA Y LA SOBERBIA, IMPERA EL CAOS.

En 2013 y mediante la promulgación de un decreto en la Gaceta Oficial, el gobierno cubano trató de encontrar una alternativa a la forma tradicional de utilizar las migraciones masivas que periódicamente se habían venido produciendo: se eliminó la famosa “carta blanca” y todos los que obtuvieran una visa de entrada en los países dispuestos a concederla, pagaran el pasaje y el pasaporte, además de otros trámites de rigor; estarían en condiciones de viajar al destino escogido en una lista bastante exigua de posibles -los menos- y otros lejanos territorios, algo que probablemente fuera un desafío para el conocimiento de la geografía global en relación con éstos últimos y entre una buena parte de la población.

Posiblemente pensaban que la “medida” era doblemente redituable. Por un lado suavizaba la imagen en lo tocante a la intolerancia que impedir la libertad de movimiento representa en cualquier orden (inclusive en el de los derechos humanos) y por el otro, sería una forma de deshacerse de personas que, al menos potencialmente, eran y siguen siendo consideradas como “inadaptados” y capaces de incubar una situación explosiva desde el punto de vista sociopolítico.

Tampoco creo que fuera casual que al socaire de tal cambio, se aprobaran otros como aquello de comercializar “legalmente” propiedades inmuebles, vehículos y otras cosas de valor personal. Al hacer posible todo eso, muchos –como ha sucedido- se apresuraron a vender desde la casa, el vehículo, la motocicleta y hasta las bicicletas para obtener el dinero y poder viajar.

Si Estados Unidos había reiterado que cualquier emigración masiva y desordenada iba a ser considerada como un “acto de guerra” y debía tener consecuencias en ese sentido, parecería que en Cuba encontraron la manera de darle la vuelta al traído asunto de abrir o cerrar la “válvula de escape” según les resulta conveniente.

Pero como suele suceder; cualquier visión, en cualquier sentido, desde una óptica de orientaciones que “bajan desde arriba”; siempre resulta superada por las circunstancias reales e ineludibles de la inmediatez; todo el que no quiere permanecer adentro y sueña, desde la perspectiva de su realización personal en alcanzar la meta (EE.UU.) se amparó en la “legalidad” de los estatutos y puso proa al logro de su más caro objetivo, reforzado además por mecanismos legales de vieja data y origen históricamente no relacionado: la Ley de Ajuste de 1966 y el Decreto Clinton de “pies secos, pies mojados”

Inclusive, en las versiones lanzadas desde Cuba y atizadas en el exterior por extremos que a veces se tocan al hacerse coincidentes, está la intención de empujar a todo el que quiere salir definitivamente de la Isla. Ello tiende a precipitar la actuación, de cualquier manera y por cualquier vía, de aquellos a los que no les interesa otra cosa que largarse y a cuyos oídos se les hacen inaceptables otras alternativas.

Es así que hemos llegado a encontrarnos –en tanto cubanos- frente al actual escenario. La pregunta es reiterada y se escucha por doquier: ¿por qué estos grupos cuya cifra crece y disminuye como por arte de magia entre los confines sur y centro americanos, protesta y exige que “los dejen pasar, continuar el camino a su destino…” y nunca lo hicieron en Cuba contra el gobierno, razón de sus propósitos incluida?, algo, que además, no es inédito. Tanto los sucesos de la Embajada del Perú y su consecuencia, el Mariel; como el 5 de Agosto en el 94, concluyeron con emigraciones masivas, inclusive, el leiv-motiv en ambos casos fue el propósito de abandonar la Isla.

A mí, al menos, la respuesta me parece evidente: porque aunque las cosas cambiaran del día a la noche, estas personas no quieren vivir allí y tampoco les interesa enfrentarse a una disyuntiva que representa una especie de opción perder-perder. La oferta que buscan a corto plazo, en Cuba no existe, ni ahora; ni en la inmediatez del tiempo por venir y pensar que de oponerse públicamente al sistema –como un reducido número lo hace sin la pretensión de irse- les puede granjear la represión, la cárcel –algo que observan en silencio y en aras de conseguir sus propósitos- o en el mejor de los casos basar sus expectativas en plazos dilatados (lo que por experiencia les suena cacofónico), les hace optar por la vía más corta, no importan los riesgos que puedan esperar y si lo que poseen alcanza para armar una precaria embarcación o encarar los trámites de un viaje incierto, ponen los huevos en una sola canasta.

ALTERNATIVAS PARA JUGAR AL CONFLICTO

Desde la autoridad de un régimen totalitario resulta fácil caminar sobre cáscaras de huevo sin triturarlas y eso es lo que hacen. No importa que se digan falsedades mientras se ofrezca como la imagen de la verdad lo que se ampara bajo  la letra de comunicados oficiales supuestamente avalados por el respeto a la autodeterminación, la democracia socialista y cuanto argumento pone la dermis del totalitarismo a salvo de cualquier conjetura. Al menos, eso es lo que pretenden; que alguien les crea, es otra cosa.

Pero los planes no parecen haberle salido del todo bien a los estrategas del Minrex (Ministerio de Relaciones Exteriores) y a los “compañeros” del Partido que orientan y fiscalizan el control de los vaivenes migratorios. Ecuador, aliado, miembro del Alba, militante del socialismo del siglo XXI y otras causas comunes, era y es, en la lista de países que otorgan visado a nacionales cubanos, el destino más atractivo y, en consecuencia, mayoritariamente elegido. Hacia allí fueron a dar los protagonistas de este nuevo capítulo en la historia -aunque solo de la más convencional- de las oleadas migratorias desde Cuba.

Luego, el periplo conocido y sus secuelas al comenzar a cerrarse fronteras y aparecer las concentraciones de irregulares que, si vamos al caso, tendrían categoría suficiente para recibir de parte de organismos internacionales el mismo tratamiento que se da a refugiados en otros confines y a pesar de que no medie la razón de una guerra o la persecución religiosa. Estos países no están en condiciones de suministrar un mínimo de requerimientos a un grupo de personas atenazadas entre la decisión de huir y tal incapacidad; en razón, se produce el caos que internacionaliza el conflicto, lo dimensiona y lo hace peligroso.

Era lógico y previsible que nada había concluido después que Costa Rica limpió su territorio y cerró la frontera con Panamá, el cuello de botella está en el istmo, e irá retrocediendo hasta regresar al punto de partida que con tan “buena voluntad” ofreció Ecuador (ahora dan marcha atrás aumentando el precio del visado a $400.00 dólares por aquello de que “el banco  pierde y se ríe y el punto gana y se va”) y si algo así llegara a suceder, prescindiendo de la mala suerte de los que queden dispersos en el camino y en manos de coyotes, ya se prepara “la acogida” de regreso en su país de origen para los que quieran regresar, al menos, es lo que leyó el vocero en uno de esos "comunicados" siempre contentivos de una sentencia inexorable.

Pero el gobierno cubano habla desde el que considera su imbatible bastión: un país donde no se dice, ni puede decirse otra cosa que no sea lo que ellos dicen. ¿Por qué no asisten a las convocatorias de los países de la región involucrados en  la crisis? Allí, no dan la cara; evitan ser cuestionados sobre temas que no pueden responder; ¿qué tal si alguien se atreviera a preguntarles por qué hay tanta gente que quiere abandonar el “paraíso”? o les instaran a tratar de evitar que así sea, conminándoles a la aplicación de medidas en ese orden. La soberbia se lo impide.

Se han cansado de repetir que los movimientos migratorios son un signo de los tiempos y que Cuba no es una excepción, pero olvidan que en torno a esas versiones la excepción que Cuba pretendió, e inexplicablemente pretende sostener, es que la revolución eliminó el orden de factores que provocan las causas que, y según ellos, motiva a los emigrantes desde otras latitudes. Aquí; es el ajuste cubano, los pies secos o mojados y el imperialismo que asume una postura preferencial con relación a los migrantes cubanos. ¿Estarían en condiciones de materializar la estafa ante los afectados? Es evidente que prefieren no correr el riesgo, ni siquiera “a puertas cerradas”

Es cierto que desde Méjico, pasando por Centroamérica y más al sur, hasta el mismísimo Ecuador, nadie ve con buenos ojos lo que consideran la ventaja que Estados Unidos se empeña en seguir brindándole a los cubanos, pero para ellos la razón es otra y si pudieran conseguir algo parecido, la gran panacea. Mientras; Cuba habla de “ley asesina”, exige su eliminación, pero atenidos a su letra, bien que han orquestado planes para deshacerse de quien no les conviene.

Tienen que pensar muy bien las cosas, porque de atorarse la válvula sobre la olla el efecto puede convertirse en boomerang y las cáscaras de huevos se pueden tornar en la tabla del fakir. ¿Discutirán estos asuntos en el Congreso del Partido, o se seguirá resolviendo “desde arriba”? Para el caso, es lo mismo; ya, hasta los propios cubanos en la Isla lo comentan.

José A. Arias-Frá

  

   

Monday, April 4, 2016

MERLÍN, LOS HOMÚNCULOS Y LOS CLONES.

Cada vez en mayor medida se demuestra que Cuba es un país gobernado por fantasmas. Fantasmas ideológicos, un modelo económico que no es funcional y un estado que políticamente se aferra a ambas cosas. Como estado, un verdadero fracaso, algo que no es nuevo. El hecho acaecido hace apenas dos semanas, la visita de Obama a Cuba, es el corolario más contundente de tal afirmación.

No se trata de evaluar los resultados, por el contrario, de observar cómo responde, a la evidencia y desde dentro; el gobierno. Primero, los homúnculos creados por el sistema, luego; un señor que está "en retiro" y que sin dejar a un lado la “genialidad” de sus interpretaciones de alquimista de la historia, se atribuye la prerrogativa de hablar de todo y de todos.

¿No parece, acaso, sin precedentes y anormal que algo así pueda suceder? Las respuestas no vienen de voces autorizadas, las producen aquellos cuya definición política es, cuando menos, poco seria. Pero reflejan la verdadera intríngulis del poder en un país que se conduce a la deriva, sobre la improvisación del día a día y en aras de vender una imagen de supuestas realidades basadas en entelequias.

Dejando de lado cualquier afiliación, se trata de un predio en que el “presidente” no contesta, lo hace por él un hermano que ya no tiene vela en el entierro y un grupo de crédulos servidores que constituyen el reflejo del enano de matraz creado en el laboratorio, escenario fallido de la genética social de esa revolución; y si se verifica una abstracción en tiempo, parecería una  historia de leyenda medieval, de dragones que vomitan fuego, versus aguerridos caballeros que rescatan la espada de la piedra. Merlín, enclaustrado en el tronco de un árbol y el alquimista, elaborando pociones para salvar al “hombre nuevo” del fanguero en el que retrogradas concepciones le hicieron nacer.

En medio de la ingeniería social del comunismo o bajo la conceptualización de cualquier totalitarismo todo ello es posible, porque lo primero que se desconoce es la voluntad individual. Elaborar al respecto se hace ya, casi tedioso; la historia del siglo XX nos da ejemplos contundentes y que, por descartables, nadie quiere repetir; sólo los empecinados en que la razón se vista con el ropaje que niegan la dialéctica y los tiempos. Ahora, el único recurso es clonar la historia del pasado sin abandonar los escenarios de las glorias pretendidas.

Los clones del comunismo y su ideología, se proponen perpetuar su imagen en los mismos predios en que el agotamiento los desgastó; al amparo de las mismas consignas, las mismas propuestas y los mismos resultados. Una muy buena fórmula para vivir y hacer vivir a quienes padecen por sus decisiones, entre glaciares antediluvianos; contando fábulas sin moraleja que harían sonrojar a Samaniego. Parece que hoy, los clones no funcionan y los homúnculos se acreditan su intrínseca inexistencia. Su discurso, no es original y su aspiración, la de aprendices de brujo.

Es verdaderamente penoso, algo así como una historia increíble –por desgracia, real- pactos con el diablo y esquivos códigos llenos de fórmulas mágicas y peligrosas invocaciones. Aún el contrato entre Mefisto y Fausto, no llega a su término.

Definiciones mínimas.-

Homúnculo.- Seres pequeños (alrededor de 30 cms.) que los alquimistas pretendían producir en condiciones extra-naturales; metiendo en una bolsa distintos ingredientes y enterrándola en estiércol de caballo. El embrión debía estar formado en cuarenta días…

Clones.- algo mucho más conocido por su actualidad y relevancia en el mundo científico y en el marco de los avances de la genética. Experimento llevado a cabo exitosamente desde el caso de la oveja Dolly -1996- en Gran Bretaña. En materia de agricultura, algo que se practica con profusión desde 1912. ¿Será casual que los clones políticos actúen como las ovejas?, ¿fue escogido este animal por su conocida docilidad? O, ¿se ha concluido que la Moringa es planta de fácil clonación?

Merlín.- El super-mago más conocido de la historia y a quien, según la leyenda, Morgana terminó encerrándolo en el macizo de un gigantesco tronco de árbol.

Alquimistas.- Individuos que tratando de encontrar “la piedra filosofal” se valían de argucias para engañar a los crédulos e imponer su “sabiduría”, mezcla de argumentos esotéricos con la química. Verdaderos portentos de la elucubración pseudo-científica.

Mefisto.- Mefistófeles, agente de Lucifer (Belcebú) que media entre él y el doctor Fausto en la pieza más trascendente de Göethe.

José A. Arias-Frá   


Sunday, March 20, 2016

ALGO MAS SOBRE LA VISITA DE OBAMA A CUBA.

Si hay algo de lo que no se puede dejar de hablar hoy, es del regreso de un presidente norteamericano a Cuba; por cierto, sólo el segundo en esa azarosa historia de enconadas relaciones desde la inauguración de la república. Por razones lógicas y en el contexto, en situación muy diferente.

Para los empecinados amantes de la defensa del “socialismo cubano” y para decirlo según se proponen, lo único que se puede apreciar es la intención de establecer un hito a destiempo entre Calvin Coodlidge en 1928 y Barack Obama en 2016; si como han hecho algunos, se revisa lo publicado en Cuba en las vísperas de la presencia del actual presidente, pronto se descubre la intención de insistir en los propósitos espurios de un “procónsul”, que sigue siendo el principal representante del “imperialismo yanqui” Como si el tiempo no hubiera transcurrido, ni las cosas hubieran cambiado, al menos, en el resto del mundo.

Esa persistente vocación de congelar en el tiempo las circunstancias tiene hoy, sin dudas, su principal representante, no en el gobierno norteamericano, la persona de Obama, su presidente, o la actual correlación a nivel mundial; por el contrario es el estado cubano y su gobierno de más de medio siglo, lo único que no ha cambiado. Un hecho tan simple como la escenografía insular debería darnos la razón. Cuba es hoy un país congelado en el tiempo y según la opinión de los que se empeñan en justificar que así sea, una especie de oxímoron que no se justifica: mientras más se insiste en que 1959 fue un año de ruptura con el pasado y en que todo cambió para, según ellos, ser mejor; la imagen es la misma y en realidad, mucho peor.

En 1928, gobernaba una dictadura, la de Machado; que maniobraba para prorrogar el mandato del tirano valiéndose de aquella argucia anticonstitucional del cooperativismo, hoy, una dictadura de partido único enquistada en el poder desde hace poco más de medio siglo convierte a su máximo representante, también un general, en anfitrión del actual presidente norteamericano y, aunque no vaya en un acorazado de la marina, ellos prefieren insistir en comparaciones fuera de lugar. Así se ha enfatizado en Cubadebate, Granma, Juventud Rebelde, Trabajadores y por boca de periodistas voceros e intelectuales, cuya única función es evitar a toda costa que los hielos se derritan.

Creo que desde el restablecimiento de las relaciones diplomáticas, el gobierno cubano debió pensar que el presidente norteamericano iba a materializar su propósito de ser el primero en pisar suelo cubano después de 1959, para Obama es parte de su pretendido legado que rebasa el hecho de ser el primer presidente negro en la historia de la Unión, pero para Cuba es el tremendo dolor de cabeza con que tienen que lidiar sus gobernantes.

Si como se ha dicho, Obama es más popular hoy en Cuba que Raúl Castro –heredero designado por Fidel- ello responde las interrogantes en torno a la manera en que se proponen manejar la visita y lo que pretenda hacer, o no, el visitante. Tratarán de asumir una actitud displicente y diplomática, pero la imagen, aquello que se observa desde adentro y desde afuera, hace aquí más valedera aquella propuesta de que “vale más que las palabras” ¿O es que en la post-modernidad, los “asnos” se liman las “garras”?

Por supuesto que en la integración del quórum del Teatro Nacional los que allí estarán, habrán de aplaudir lo que diga el presidente norteamericano sin la más mínima muestra de entusiasmo; ellos no representan al pueblo, como tampoco el pueblo que llena las gradas del “Latino” para acudir en apoyo de Industriales, estará representado en el icónico estadio del Cerro, remodelado a paso de carga para sentar a Obama en el “palco presidencial” y ver a la selección nacional cubana enfrentar a los Tampa Bays Rays. Para observar con sus propios ojos lo que hace un gobierno de farsantes, cuando quiere y lo necesita, los asiduos miembros de la peña beisbolera capitalina del Parque Central, tendrán que esperar que todo pase. Al cabo, de algo sirvió, dirán.

¿Por qué no se convocó a la población, que sin mucho esfuerzo lo hubiera hecho, a dar al presidente Obama un recibimiento masivo? El observar los resultados hubiera sido algo así como aumentar la dosis de la cicuta. Recuerdo muy bien aquellos tiempos en que la Avenida de Rancho Boyeros se llenaba de gente a quienes se le cancelaban las labores, se cerraban las escuelas y se paralizaba el país para “dar la bienvenida” a los representantes de cuanto territorio se consideraba amigo: desde Brezhniev –un procónsul del comunismo- hasta cualquier dirigente de una entidad comprometida con los intangibles éxitos del socialismo.

Pero los de a pie en Cuba se encargan de manifestarse con esa empecinada admiración por lo que quieren ocultarles y a sus pretendidos dirigentes sólo les queda representar el papel de anfitriones que corroboran con su actitud, que no están dispuestos a cambiar, ya es muy tarde y en fin, lo que piensa y dice el pueblo, no les interesa. Creerán que exagero, pero hasta la escenografía escogida posee un simbolismo que pretende cumplir el objetivo de vincular al pasado y en consecuencia a los hielos del tiempo, al glaciar tropical (otro oxímoron) que los Castro y su gente no quieren derretir. Sin embargo, la bandera ausente por años de las barras y las estrellas no sólo permanece izada en los predios de la embajada, está a la vista, contra cualquier propósito, en las camisetas de los jóvenes, en los balcones remozados del casco histórico y hasta en las voluptuosas nalgas de las jineteras recorriendo La Rampa, el Malecón y el Paseo del Prado.

La gran diferencia es que esto sucede después de nueve presidentes norteamerianos (algunos de ellos ocupando la Casa Blanca en períodos consecutivos) y el mismo gobierno que le ha impuesto a los cubanos la familia Castro. Estoy seguro que si la trinchera no se hubiera convertido con los años en especie de un cráter lunar, carente de agua y muchas otras cosas, los aguerridos representantes del socialismo cubano la hubieran preferido, es más, aún no la abandonan del todo y si salen de ella para vestirse con otros colores, la desean para desempolvar los obsoletos uniformes y volverse a meter, metralleta en mano, en su interior. ¿A quién le cabe duda? Para quien tenga la paciencia de leerse las memorias del viejo Castro, quedará despejada cualquier duda.

Esperemos a que todo pase, que Obama y la primera familia de su paseíto por el casco histórico acompañados por el leal Leal y complete su agenda capitalina por los preconcebidos predios preparados con los vivos colores de la lechada para ocultar la churre y, que después de reunirse con un grupo de disidentes, los “históricos” suelten a alguno de sus perros amaestrados y…”tronados” –entre los cuales los hay de todas las épocas y por variopintas razones- para decir que “el imperio” en la figura de su principal representante, le “paro bola” a un “grupúsculo anodino” que en Cuba nadie conoce –claro, el “WIFI” no es suficiente y la gente en su uso limitado prefiere ver la imagen de sus familiares en el exterior por “IMO”- que son un invento de la prensa norteamericana y que se “dejen de ese cuento” (cita de Alarcón, a la periodista Jackie Nespral y de factura muy reciente)

Ahora, una cucharadita más, el concierto de los Rolling Stones; me imagino que allí estará en primera fila Abel Prieto exhibiendo su melena multiuso, al cabo que se inscribe en el mismo estilo de los chicanos que se amontonan para ver las bandas de la “raza” entonar corridos que glorifican al Chapo y al narcotráfico, pero que en Cuba y en su tiempo, eran motivo suficiente para ir a parar al invento del comandante “educativamente” concebido para corregir a los melenudos y los “traficantes” (UMAP) de todo lo que pudiera representar “diversionismo ideológico”, incluidos los Stones.

No quiero enfatizar en el pasado, pero debo hacer la salvedad de que si lo hago, no me aparto de la Historia, y de la más reciente –aún sus protagonistas detentan el poder. No como en el caso del Dr. Martínez Heredia, que se mandó un largo artículo en Cubadebate que leí hasta el final, para contar la historia del “imperialismo yanqui” en Nicaragua, Sandino y otras “glorias” (por supuesto sin mencionar el “corte chaleco” –averigüen los interesados y sabrán de lo que se trata) 

A mí, lo que me molesta de todo esto no es que Obama llegue a La Habana, eso de que con su presencia condone lo injustificable, me huele a cierto plattismo que aún no nos quitamos de encima en ambos lados del estrecho; lo peor, es que sus anfitriones sean una cuerda de cínicos a quienes todo el mundo conoce y nadie se atreve a denunciar. Sin embargo, tengo la esperanza puesta en que desde una macrovisión del problema, la gente entienda que los papas, los mandatarios de países importantes (ojo, no hay aquí cipayismo, ellos mismos lo reconocen), no son los  arquetipos de los tiempos de “la ayuda solidaria y desinteresada” de la Unión Soviética, el campo socialista y sus seguidores tercermundistas. Pensar de tal manera sería añadirle más hielo a los fantasmas de un período que, precisamente, ha pasado a la Historia como “Guerra Fría”. ¿Casualidad?

José A.Arias-Frá