Friday, April 3, 2020

EL RESULTADO DE UN BUEN DEBATE



A manera de introducción al tema:

Lo que sigue forma parte de un intercambio sostenido con un amigo a raiz de su manifiesto apoyo al criterio de establecer diferencias entre los "internacionalistas" cubanos (médicos y especialistas del ramo, en las actuales circunstancias de la pandemia que afecta al Planeta)  enviados a desempeñar funciones a diferentes paises, sus propósitos y perspectivas en lo personal y lo que como "gobierno" el estado cubano pretende conseguir con la decisión que suele tomar en estos casos.

Ciertamente hablamos de un tema que ha prevalecido entre expertos y neófitos durante mucho tiempo y, solo acudiendo a una combinación elemental de factores vinculados al elemental raciocinio, pueden encontrarse respuestas: honestidad (para aceptar de buen grado los errores cometidos) y conocimiento de las circunstancias en que se han producido los hechos (algo más difícil porque, precisamente, el tiempo transcurrido ha ido debilitando el efecto de la memoria histórica)

En acuerdo contigo acerca de que el problema sugiere un análisis más extenso aunque no necesariamente profundo ― me atrevo a decirlo, por ser más conocido ―; son dos los principales argumentos (asideros) que tendría en cuenta para referirme al tema sin excederme en lo que tanto tú, como yo, conocemos bien (la historia, minúscula, en el contexto de la propia Historia): a) la concomitante falta de visión manifiesta en abordar el problema cubano siempre desde el antagonismo ubicado en las antípodas, b) la idea de equiparar educación y adoctrinamiento (1) que siempre ha estado, y está, presente como parte del esquema de dominio a nivel de “masas” (2)  a lo largo de todo el tiempo que nos trae al presente.

Como bien sabes la pasión deja ciega a la razón, pero a su vez es parte del comportamiento humano con el añadido que los componentes culturales y de origen proveen a las circunstancias; eso que llamamos idiosincrasia. No somos anglos o teutones y la nuestra, si tuviera cabida la clasificación psicológica del carácter, sería sin dudas colérica, folklórica y benevolentemente, afro – caribeña. Según un guerrero (Gómez), “cuando llegamos, nos pasamos” y según un filósofo (Mañach); la aféresis de nuestra etnia incluye el choteo como componente; para rematar, esa ineludible caracterización hecha por Cabrera Infante: (…) no es nada fuera de lo común que los cubanos sufran de delirio de persecución, venimos de una Isla, donde la persecución es un delirio.

Hasta aquí basta para fijar límites macro - establecidos y evitar que la disquisición sea extensa e innecesariamente pormenorizada. Tales elementos circunstanciales abrieron la puerta al infausto ― e inmerecido ― destino de la nación cubana a partir de 1959, dejando su huella en cada uno de los afanes y acometimientos de tirios y troyanos. La, hasta ahora, insuperable incapacidad de comprendernos para superar nuestras limitaciones es resultado de aupar el discurso de barricada, caudillista, populista y la falta de visión para poder descubrir a tiempo el hálito fascistoide que ese discurso alentó intrínsicamente desde siempre (3)

En mi opinión, Cuba no necesitaba una revolución para retomar el camino de la democracia en el momento en que se produjo la segunda intentona desarrollada a partir del triunfo de Castro en el 59, y aunque tal planteamiento pueda ser discutible, me baso en dos aspectos: a) la falta de conciencia política del cubano fue abusada por las intenciones de un “líder” que si bien poseía un gran carisma (4) no era, ni con mucho, un individuo conocido fuera de determinado ambiente universitario (no el más puro y auténtico, por cierto) y solo en círculos de agitadores profesionales cuya plataforma de actuación también fue, en su momento, discutible. Es bueno recordar aquí que todo lo que se ha escrito desde la perspectiva del poder en Cuba después de 1959, ha tenido como objetivo reelaborar la historia en virtud de crear una nueva percepción sobre la realidad de los hechos, “líder” incluido. Por cierto, no son pocos que, ocupados en el empeño, han carecido de brillo intelectual concomitante a pesar de su integrismo oportunista y, en la actual fase de “desmerengamiento”, esas ausencias se hacen cada vez más notables en lo que se ha venido observando una vulgarización conceptual coincidente.

Eso último que apunto no es otra cosa que el resultado de una evolución dialéctica que en el concepto del minimalismo castrista adquiere un carácter contradictorio y se convierte en involución, su contrario, en contraposición a los más puros y ortodoxos paradigmas del marxismo ― sobre todo en lo económico ― y del socialismo científico, de él ― y solo de él ― entendido como meta y destino de la sociedad (comunismo)

Como librepensador que soy, estaré siempre bajo la mira de quienes les atribuyen a las ideologías una importancia medular, lo cual se presta para aupar la confusión entre “las masas” haciéndoles creer que entre democracia e ideología existe identidad, siendo esto absolutamente falso. Cada vez que toco el tema recuerdo una sencilla caracterización de O. Paz en que define la ideología como un “corsé a la libertad de pensamiento” (5) en lo que la democracia, como instancia e institución, es integrativamente representativa en cuanto política y voluntariamente aceptada como manifestación del carácter de una sociedad. Lo fue la democracia ateniense en su original manifestación bajo Pericles, hasta que fue sometida a la dictadura de Solón, primer tirano de Atenas tras la victoria del militarismo espartano ¿hay aquí casualidad o causalidad?, por demás, reiterada a lo largo de la Historia.

De manera que remontarnos a los orígenes más lejanos nos abre la posibilidad de entender el tamaño y la negativa influencia de las limitaciones interpretativas que hemos venido padeciendo: fascismo, nazismo, falangismo, marxismo – leninismo (estalinismo) y maoísmo, son ejemplos de ideologías que, aunque con diferente origen, poseen más factores integrativos de identificación que diferencias y por ello, conducen a la misma encrucijada bien descrita bajo una categoría más incluyente: el totalitarismo (6)

Todo lo anterior estuvo y ha estado presente en el proceso de origen, desarrollo y desenvolvimiento de la revolución castrista, antes, pero sobre todo a partir de la toma del poder en 1959. Valdría la pena intentar a este punto, al menos, una mención de la relación entre comunistas y revolucionarios en el proceso de marras; porque lo que se le ha vendido a la opinión pública (incluida la internacional, no versada, que es absolutamente mayoritaria) es que siempre existió una comunidad de pensamiento entre los preceptos ideológicos (marxistas y leninistas) y los diferentes grupos de revolucionarios que llegaron al poder por la vía insurreccional en 1959. Nada más lejos de la verdad porque el conocimiento teórico del grupo revolucionario era muy limitado, aún en el caso de quienes dentro de ese grupo y formando parte activa del mismo, solo tenían algunos rudimentos fundados en lecturas sectarias y parcializadas. Los más avisados en tal sentido, viejos socialistas y comunistas de formación, estuvieron a distancia de los “revolucionarios” de oficio inclusive y en muchos casos, hasta después del triunfo en que las condiciones empezaron a cambiar y el cuasi tácito pacto entre Castro y los viejos comunistas insulares comenzó a cuajar bajo el efecto de los primeros regodeos entre la URSS y Cuba y sintomáticamente, como mismo habían hecho con Batista en 1940, los comunistas comenzaron a tener un papel importante en la definición ideológica de la revolución castrista (7)

MI JUSTIFICACIÓN AL HABLAR DE LO ANTERIOR EN EL CONTEXTO DEL TEMA QUE NOS OCUPA.

Ante todo, está dada porque sin poder abordar, solo mínimamente, los antecedentes expuestos; es imposible entender la extensión del efecto ideológico en la actualidad que es, más que nada, la evidencia de la relación causa – efecto. Digamos que, pensando en lo negativo del efecto en función de las causas originales, es donde se verifica el problema de la interpretación que se hace sobre la idea subyacente en el asunto del internacionalismo (proletario), entendido como gesto de “solidaridad” y “acto de humanidad”

Personalmente no creo que en la medida del alcance de la interpretación personal de Fidel Castro haya existido la necesidad de la solidaridad y de la humanidad misma; psicológicamente, ningún sujeto afectado por la presencia de rasgos tan negativos de su personalidad como el egocentrismo, la megalomanía, la autosuficiencia, la homofobia (misoginia) como él (sin diferencias en tal sentido con respecto, por ejemplo a Donald Trump) puede reconvertir tales afectaciones circunstancialmente más allá de una pretensión personal definida en el plano de sus intereses inmediatos. Eso fue, y es lo que se pretende hacer prevalecer, a través de la idea de la “continuidad”, en la actualidad y, en cualquier caso.

En mi análisis de la situación que nos ocupa, mis consideraciones no son solo históricas y/o políticas por una razón muy elemental: la formación de todos esos profesionales no ha tenido lugar en condiciones de prevalencia de la libertad democrática (elección personal en primera instancia) y si del adoctrinamiento ideológico ¿Acaso quienes nos “formamos” en Cuba bajo la prevalencia de esas circunstancias sabemos muy bien de que se trata? Llegar a comprender, como en nuestro caso particular, lo erróneo de la imposición ideológica en el plano de la formación científica y cultural nos ha hecho pagar un precio demasiado caro: el de la desvinculación forzosa con respecto a nuestro origen y las secuelas a resulta de ello.

No discuto la calidad, el nivel científico o técnico que, aún a pesar de las dificultades materiales producto de inapropiadas e insuperadas situaciones, poseen los profesionales cubanos. Pero lo que si puedo asegurarte que ninguno de esos médicos ha conocido, como parte de su formación, sobre todo, cultural y general, la influencia de la libertad de cátedra; no es algo que los que lo sabemos criticamos por insensato, lo dicen ellos mismos, los que tienen a su cargo el control de las principales instituciones educacionales a nivel superior: (…) no puede ser capacidad manifiesta, ni bagaje, ni contexto de un profesor universitario en Cuba (la libre cátedra), e implícitamente descaracterizada por quien no comparta las ideas de Fidel y nuestra Revolución (…) De tal suerte, e ahí por qué ante cualquier otro presupuesto, un cuadro con la imagen de F.Castro debe sustentar el indigno propósito demagógico que empaña cualquier virtud de un potencial gesto humano y solidario. Es como tocar a degüello sobre la aporreada sensibilidad de propios y extraños. Un acto de hipocresía, donde personas son manejadas por intereses que, a fuerza, se hacen prevalecer sobre los sentimientos personales. Si de alguna manera pudiera estar de acuerdo, sería tras escuchar a esos médicos manifestar su pensamiento sin afeites, encubrimientos o justificaciones baladíes; algo que muchos han hecho, solo un día después de desertar.

Pensarás que exijo demasiado, pero lo cierto es que no hay correspondencia entre lo que se manifiesta y lo que se pretende; es lo mismo que sucede con artistas, deportistas, intelectuales. Ejemplos sobran; el asunto está en que no todos están dispuestos a asumir las consecuencias y otros son, verdaderamente, portadores de un ADN demasiado rojo. Hay quien se muere de viejo y termina por matarlo alguna enfermedad de la que nunca tuvo conciencia o percibió los síntomas, otros hacen de la doble moral un standard (conozco a varios en tal caso) y los menos, optamos por marcharnos o aceptar el ostracismo como parte del duro sacrificio del insilio (al interior)

¿De qué vale entonces, la humanidad, la capacidad de raciocinio y de discernimiento? Si la manipulación se impone para garantizar la expansión de la ideología contra los derechos individuales ― y humanos ― el resultado final, buenas intenciones incluidas, se cancela, queda invalidado; se trata de una manifestación de la usura que no solo cobra sus réditos en metálico (lo que también hace, y por cierto, de una forma leonina) sino a cualquier plazo posible y mediante el establecimiento de su dominio de “las masas” a través de una discursiva escudada en la parafernalia ideológica.

ASPECTOS INMEDIATOS QUE SUGIEREN ALGUNA CONSIDERACIÓN

Deseo recordarte la importancia de poner en relieve algo de lo que te comenté sobre otros profesionales de la salud que se han establecido en diferentes países y que ante una situación de urgencia como la actual han solicitado se les permita poner en práctica su voluntad de ayudar, voluntariamente, sin costo para los beneficiados (a ningún nivel) y con conocimiento del idioma en cada caso ¿Cómo entender que Cuba ofrezca sus médicos a cuanto lugar lo solicite y en el caso de Italia, documentado, se le haya negado la colaboración a médicos y enfermeros venezolanos (más de 200) que residen permanentemente en el país y mal que bien hablan italiano? El motivo expuesto ha sido la falta de homologación; luego, cabe preguntarse, ¿lo están los galenos cubanos y/o auxiliares? ¿No hay una evidencia en esa actitud de politización de las circunstancias?, ¿por qué tiene que reconocerse como erróneo el resultado de una evaluación que, nosotros mismos entendemos y aceptamos, que implica el hecho de hacer prevalecer el aspecto propagandístico (refiriéndome benignamente al “corsé ideológico” como una categoría genéricamente inclusiva)?

La inmediatez de algunas circunstancias que, además, siempre han estado presentes, como la insensatez de la política norteamericana hacia Cuba que cuando mejor manejada ha estado, también se ha estrellado contra el valladar de la intransigencia en ambos lados, la falta de información (aspecto que a pesar de acusar algunos avances sigue estando bajo control) y la relativa y justificada interpretación de las circunstancias a nivel de la población en consonancia con la gravitación de factores voluntarios y aleatorios sobre su percepción, empero; no justifica el vicio reiterado de un régimen amoral e insolente que entronizó en la conciencia popular la mentira como parapeto de sus inmundicias; al fin, como es característico del fascismo y del marxismo – leninismo que bajo la influencia de determinadas circunstancias se acercan más de lo que muchos creen.

Creo que, al menos en mi caso, la factualidad de las circunstancias determina mi interpretación de los hechos.

Notas. -

(1). Educación y Adoctrinamiento. En: http://collagecubano.blogspot.com/ Perdona que me cite, pero se trata de una digresión conceptual que me parece oportuno traer a colación en el contexto.

(2). Muy conocida, así como también oportuna la conceptualización que hace Ortega y Gasset en La Rebelión de las Masas, su más conocido ensayo (1929) y que de alguna manera enfrenta en la inmediata primera post guerra su interpretación  a la de clases, desde la óptica del marxismo:
“Este hombre masa es el hombre previamente vaciado de su propia historia, sin entrañas de pasado y, por lo mismo, dócil a todas las disciplinas llamadas internacionales
“Más que un hombre, es solo un caparazón de hombre…”

(3). Es conocido el vínculo entre algunas frases y enfoques de la Historia me Absolverá y Mi Lucha (Mein Kampf) de A. Hitler; sobre todo el final del Manifiesto Castrista, luego conocido como Programa del Moncada y donde se expresa la frase que da título al texto: “…condenadme, no importa, la Historia me absolverá. Curiosamente, no fue la única vez en que reminiscencias fascistoides se manifestaron en frases trascendentes de Castro; la otra, bien conocida es la pronunciada en el contexto de Palabras a los Intelectuales (1961): “…dentro de la Revolución todo, fuera de la Revolución nada…”
Es una alegoría directa a la frase del ideólogo del fascismo italiano Giovanni Gentile, uno de los paradigmas de Benito Mussolini: “…todo con el estado, fuera de éste nada…”

(4). Hay muy buenas caracterizaciones en el libro Redentores de Enrique Krauze, entre ellas las de Castro, Ernesto Ché Guevara y Hugo Chávez.

(5) En una recopilación de artículos realizada por el propio Krauze y Octavio paz: América Latina: Desventuras de la Democracia, hay un artículo (un mini ensayo, más bien) de Octavio Paz bajo el título de: La Democracia en América Latina y en el que Paz hace juicios muy acertados acerca del argumento ideológico, su perniciosa influencia y se refiere, explícitamente, al caso cubano y la revolución castrista. De allí, esa caracterización por él hecha de “corsé” al referirse a la ideología como limitación del pensamiento.

(6). La caracterización, clásica, de H. Arendt en la percepción de humanismo vs. Totalitarismo y su influencia en el mundo posmoderno.

(7). De las inconsistencias en las relaciones habidas entre comunistas ("pesepesistas"a quienes propiamente les gustaba llamarse y ser llamados de ese modo ― comunistas) y revolucionarios, hasta el hecho concreto de la fundación del INRA y el nombramiento como su presidente de Carlos Rafael Rodríguez en que ya se perfila un derrotero castrista al ámbito de la influencia comunista más tradicional ― PSP; se conoce bastante entre historiadores e investigadores de oficio. Luego vienen las EBIR y las ESBIR ― estadío superior, solo superado a posteriori por las “comisiones de orientación revolucionaria” y las Escuelas del Partido Comunista desde los niveles de base a la Nacional (Ñico López) donde elementos como Fabio Grobart, Osvaldo Sánchez y Leonel Soto, entre los más conocidos y notorios, desempeñaron un papel en el diseño del adoctrinamiento a nivel de población en los comienzos.

     
  

Friday, July 6, 2018

EN BUSCA DE UNA INTERPRETACIÓN (sobre el texto publicado por un amigo en FB)



En la interpretación del proceso que afecta a la nación cubana hay que tener en cuenta la poderosa influencia del factor tiempo. En él, dentro de él y como parte de él; se dirime cualquier interpretación vinculada al pasado, al presente y, mucho es de temer, también al futuro inmediato.

¿Qué quiere esto decir?; la respuesta puede buscarse tratando de encontrar explicaciones que se mueven en el contexto de un versátil abanico de elucubraciones, conjugadas todas, en el contenido de lo histórico y como parte de ello, también de las argumentaciones políticas, económicas y culturales, a su vez, cambiantes y condicionantes en su evolución temporal.

Pero el debate que se ha tratado de zanjar entre varias generaciones de cubanos, hoy, es esencialmente un problema cronológico, generacional. Se ha llevado a tal extremo el egoísmo de los participantes en cada una de sus etapas que la querella ha arrojado el peor de todos los resultados posibles: que terminemos por enfrentarnos entre sí, alejándonos del objetivo primordial, a saber: la conjura del castrismo, origen anterior e inmediato del problema.

Frente a tal escenario, de una elemental figuración; la rigidez de un proceso que por su esencia no admite disrupciones, toma ventaja en su terreno del cual, y como primera intención, ha logrado desplazarnos para que nos viésemos obligados a enfrentarlo ―sin apoyo alguno― desde fuera. En los primeros lustros el enfrentamiento (al interior) tuvo el carácter de una represión que invalidó cualquier esfuerzo. Era el resultado de la confusión creada a partir de recursos a la usansa y el reciente y aún vívido final de un hecho “revolucionario”

Volvamos al asunto del peso que tiene el tiempo como factor agravante de las querellas generacionales. Es sencillo y algo demostrado, que el pensamiento y la visión no se renuevan a la misma velocidad, ni en la misma proporción; son en nuestro caso, inversamente proporcionales. El tiempo como dimensión resulta inalterable, en tanto los criterios agazapados y enquistados bajo la perspectiva gloriosa de una época se tratan de superponer en función de la visión cronológica en su peor estilo glorificante y cuando excepcionalmente eso no sucede; totalitarismo e intransigencia se vuelven coincidentes.

El anterior, ciertamente, es un fenómeno de presencia indistintamente manifiesta, pero los escenarios desde los cuales se proyectan las dos partes involucradas en el debate; completamente diferentes. El valor de las ideas, así como de las opiniones expresadas en su interpretación constituye en cualquier caso la evidencia de lo ideológico, frente a la, no siempre idónea y festinada, interpretación de las libertades democráticas y en que suele confundirse democracia con ideología o la peor vulgarización del fenómeno: traspolar la esencia de la discusión y el entendimiento del tema a una simple querella partidista y esencialmente ajena en añadidura.

Del análisis anterior, bien puede inferirse (aún no concluirse) que la evolución del problema medular, a saber; el mantenimiento de un statu quo que por años no parece variar en lo más mínimo, es cuestión de cancelar su principal evidencia de inmovilismo en la dimensión temporal, teniéndola en cuenta y dentro de sus manifestaciones que irremediablemente combinan los efectos de la biología, la influencia de factores exógenos y la actitud de los que directamente involucrados, están obligados a desenvolverse y manifestarse ―algo que no siempre, y solo en casos excepcionales, sugiere el asumir una postura política determinada. Tanto así, que la abulia y la desidia son parte de una manifestación social que tiene una marcada implicación en la política.

Ese fenómeno que algunos visualizan como un temerario apoliticismo, resulta en ambos aspectos conformantes de la problemática algo preocupante, solo que en función de una disímil interpretación. Bajo el totalitarismo ideológico es el origen de las actitudes disidentes y que en condiciones similares, no importa dónde, ni cuando, han sido conformadas de la misma manera; luego la diferencia es sustancialmente cultural debido a la influencia del fenómeno nacional, aunque no lo sea en el sentido de lo que la disidencia representa ante la visión, perturbada en su esencia, del régimen totalitario. El radicalismo desde el poder genera entonces otro fenómeno: el de la oposición concomitante con su precedente, aunque no siempre en alianza.

Si este proceso se entiende como parte de una evolución consustancial al tiempo transcurrido debe colegirse que quienes representan y utilizan el poder y viven aferrados a él como parte de una actitud ortodoxa en lo doctrinal, no darán su brazo a torcer y enfrentarán, a su común decir, la “violencia contrarrevolucionaria con la violencia revolucionaria”, algo que en el contexto funcional del totalitarismo (también en lo teórico) resulta justificado desde su punto de vista.

En la horizontalidad de la dimensión temporal, disidencia y oposición aparecen invariablemente como manifestaciones elitistas de grupos cultural y políticamente más avezados; minoritarios y con muy poca capacidad de difusión y crecimiento en medios donde la legalidad se representa desde el poder como la defensa de un sistema establecido para el beneficio popular. De ahí sus dificultades para conectar con la población, aunque ésta y para desaliento de los que ejercen el poder, no se muestre interesada en otras cosas que la satisfacción de sus necesidades perentorias no cubiertas. Algo que en el caso cubano y a consecuencia de la manifiesta incapacidad productiva del régimen, se vuelve mucho más grave y no se observe, desde la perspectiva del común, como algo tangible.

En, y desde el otro extremo de la problemática; nos enfrentamos al uso y abuso de los argumentos democráticos bajo una interpretación disoluta ―cuando menos― y en la que se confunden argumentos que son intrínsecamente contraproducentes; desde un exagerado plattismo a destiempo, hasta la pueril manifestación de la ignorancia política complaciente de egos voluntariosos que no dan frutos, ni procrean réditos.

Hay que insistir, no obstante, que en esa barahúnda en la que se mezcla la confusión con la necesidad (sobre todo de encontrar patrocinios) y entre personas que alegadamente conforman grupos de vanguardia, se pierde a veces el esfuerzo y la oportunidad de conjurar el objetivo. Si bien eso que llaman “unidad” es quimera, las diferencias de enfoque no deben permitir que se confunda o enturbie la razón del quehacer en lo cotidiano y la horizontalidad de la dimensión temporal. Cuando acudimos a la confrontación, mediante la descalificación y el descrédito moral de las personas, el beneficio, a la larga lo obtiene el represor, que inclusive; se permite la libertad de mostrar a quienes tiene frente a sí, como una cuerda de aspirantes a políticos que, abanderados con el pluripartidismo, solo habrían de contribuir al establecimiento de una sociedad marcada por el desorden y la promiscua huella de una propaganda insensata  bajo la óptica de que las alternativas son contraproducentes. Nada más lejos de la verdad, pero, ¿entendible para quienes no conocen la democracia?

Dejemos de lado las muy valiosas interpretaciones académicas que de seguro tendrán en cuenta la multiplicidad de factores que pueden actuar como vectores del tan necesario cambio (palabra sin mucho potencial semántico y bastante rígida en su significado literal ― semiótico) pero cuya influencia puede estar precedida de un habitual y, contextual estado de inercia donde tales cambios suelen producirse para que todo permanezca igual. Eso, en la premisa de la relación entre temporalidad y lo generacional, ha sido y es en Cuba y desde el usufructo del poder, un único propósito invariable y que en el momento actual, se pretende transferible.

Para concluir; los argumentos hasta aquí referidos no dejan otra opción que la de entender el asunto de la problemática cubana actual como un asunto de evolución en el tiempo que ira haciendo desaparecer, me temo que lentamente, a las generaciones que han conocido el problema desde otra perspectiva. Nunca la Historia ha dado testimonio de que el regreso al pasado puede garantizar el advenimiento del futuro y si bien el problema sigue siendo el mismo, el contexto es diferente; no entenderlo es una de las razones de la inercia.

Ello quedó demostrado mediante el derrumbe del comunismo en Europa Oriental, y sobre todo en la caída de la URSS donde tras una sucesiva sucesión de “líderes” que llevaron al último en la lista a una encrucijada ante la cual ya no quedaban opciones, se produjeron resultados inéditos. ¿Es posible concluir que todo eso representó una experiencia que en el logro de los resultados estableció una relación lógica entre lo diacrónico y lo acrónico ―el pasado a superar solo que y a cuyo destino, deberá encaminarse nuestro propósito?

Es inevitable, cuestión de tiempo, que sin embargo y para nosotros, aún no llega. Hay que evitar obnubilarse y todo lo hecho o por hacer es bueno si es noble e inteligente; la solución se cuece al interior donde el calor insoportable de las circunstancias tiene a la gente como en la imagen de aquella canción “…la boca abierta al calor/ como lagartos…”

José A. Arias-Frá                                                  

Tuesday, April 24, 2018

LAS APARIENCIAS DEL CAMBIO Y OTRAS RAZONES (argumentos para tratar de explicar una longevidad que no se justifica)


La confrontación exilio-régimen originada en 1959 sigue siendo vista como distintiva en el enfrentamiento de dos grupos irreconciliables que no deja margen a interpretaciones colaterales y ha marcado el desenvolvimiento de la política y sus, hasta ahora, inevitables consecuencias en Cuba.

La Habana, siempre ha entendido que tal contradicción es vital para el afianzamiento de sus intereses y en añadido, para concitar y mantener entre sus seguidores al interior el permanente estado de rebeldía en contra de quienes ellos consideran un enemigo que no desaparece, sobre todo, porque de él depende la supervivencia de lo establecido. Es, en tal sentido, su complemento.

Tal propósito ha sido reivindicado inalterablemente y para su consecución, no se han establecido límites. No es, como se afirma, el resultado de una “voluntad irreductible”, más bien, de la falta de ella al otro lado para entender el fenómeno en su evolución y actuar en consecuencia. Esa visión no ha llegado a ser lo suficientemente clara como para que haya sido efectiva; ha quedado minimizada entre la violencia extrema y una crítica basada en la reiteración y la falta de alcance entre terceros a quienes termina por ganarles la inhibición.

En escalas variadas, tal “enemigo” se repite y aparece bajo la sustantivación diversa de categorías indistintamente deleznables y prejuiciosamente abarcadoras, políticamente matizadas con el sustrato de una influencia económica y que, conceptualmente, solo han servido para producir la supervivencia de la entelequia en el caso que nos ocupa. Todo, aunque sea cierto que para bien o mal, el enfrentamiento ha tomado cuerpo en varias ocasiones y determinado consecuencias históricamente ineludibles.

Entender lo anterior no sugiere complicarse en abstracciones, elucubraciones relacionadas con la influencia de motivaciones de carácter histórico, o las variantes ocurridas en la correlación de fuerzas, la política de los estados en función de sus intereses, sobre todo, desde sus visiones particulares y geoestratégicas. Algo que, en el mundo de hoy, y bajo los efectos de la supuesta unipolaridad o la pretendida multeratilidad de polarizaciones que no coinciden y esconden sus propósitos bajo la influencia de la globalización, el neoliberalismo y otros objetivos estratégicos amenazan con reavivar lo que en la segunda post-guerra se conoció como Guerra Fría y, en medio de la que, queramos o no, se mueven nuestros particulares intereses en discordia, como ya sucedió en el pasado.

El análisis para el caso, y lo que se trata de entender y explicar, no entraña otros argumentos más allá de los que han determinado la inercia en que nos encontramos y a la que hemos contribuido con mayor o menor conciencia y/o reconocimiento de culpabilidad y que debe romperse a fin de no perpetuar el inmovilismo; único resultado de lo sucedido hasta el presente y al parecer, mediante la adopción de los mismos mecanismos con vistas al futuro inmediato. Mencionado el hecho, hay que colegir que la coincidencia en la inercia ha sido mutua, aunque por obvias y diferentes razones, y en ese sentido el elemento de la creatividad no debe descartarse, o estar sometido a veleidades políticas de ningún origen, menos en función de lo que públicamente haga o diga La Habana o pueda prometer Washington.

No es nuevo, y muchos analistas así lo han entendido y expuesto, que, a más de esa irreconciliable postura entre enemigos, en la práctica, hemos coincidido (desde las antípodas) con los intereses de quienes consideramos ― con razón ― defensores del equivoco que criticamos y asumen, al convertirlo en trampa ideológica para que les sirva de bandera, inmovilice la acción de opositores manifiestos y potenciales y neutralice cualquier intento de contrarrestar la influencia que ejercen desde el poder.

Todo ello, a consecuencia de esa torpe, reiterada e inexplicable coincidencia. Eso que se defiende bajo los argumentos de teorías políticas que, para el caso, nada tienen que ver con la realidad; es el meollo de lo que ha sido pretendido en Cuba por sus gobernantes en este último período de su historia “revolucionaria” y, cuando la percepción de que "el enemigo" no existe más allá de la trinchera en que se racionaliza la vida del ciudadano y se acantona el poder del estado, habrá que recrear al enemigo una y otra vez, porque ello permite ganar tiempo, ajustar los mecanismos para el ejercicio de la represión y encontrar salidas ante la potencial agudización de la crisis en que permanentemente viven envueltos estos regímenes.

Hace muy poco, alguien resumió el asunto al cerrar un artículo mediante una explicación irrefutable. Según el expositor, la cuestión para el caso cubano va del siguiente modo: en La Habana ― decía el autor ― saben muy bien cual es el secreto para mantenerse en el poder indefinidamente; inventarse un enemigo que piense igual que tú.

Las cosas han cambiado y ciertamente, la situación que encaran los países del ALBA, no les favorece; ello quedó manifiesto en el poco, casi inexistente, eco que encontró la delegación cubana enviada a la VIII Cumbre de Las Américas en Perú. Hubo, por parte del régimen una subvaloración del ambiente y el entorno; algo en que no reparan, al pensar que el inmovilismo que propugnan y defienden se mantiene inalterable y puede atravesar fronteras mediante el desempeño compulsivo de un populismo marginal.

La oposición se movió allí con acierto y en un contexto pocas veces accesible, proyectó sus argumentos haciéndose entender por los representantes de gobiernos e instituciones que escucharon el mensaje y reaccionaron a él públicamente y a favor. Ello, estuvo por encima de cualquier interpretación sesgada y unilateral, sobre todo, frente a la banalidad e insolencia de la frase reiterada por el embajador cubano en Lima: “con Cuba, no se metan”, un sin sentido que se explica por sí solo, acuñado mediante un torvo giro idiomático de quienes defienden ― mediante extrema unilateralidad ― el concepto de autodeterminación, entendido bajo la jerga estalinista del centralismo democrático.

La Historia no es para vivir a su sombra; algo así solo es posible cuando se reescribe e interpreta en función de intereses parciales para servir minúsculos propósitos. El problema, sin embargo, es que el riesgo de cualquier otra interpretación inexacta y bajo determinadas circunstancias, nos haga perder el rumbo indefinidamente.

   

Sunday, January 7, 2018

CUBA Y LA UE. EL PATROCINIO EN ALQUILER

Desde el punto de vista de una perspectiva global a la que la Unión Europea (UE) se encamina en razón de su interpretación de los principales acontecimientos en su contexto inmediato ― también fuera de él ―, el caso de Cuba parece interesante, tiene aristas que, cuando menos, tienden a ser contradictorias. Nunca, sin embargo, deberán ser analizadas fuera de contexto, ni de una lógica razonable y desapasionada; algo que debe suceder desde cualquier perspectiva.

Es visible que, al interior insular, el reclamo de derechos elementales conculcados por décadas y que no se circunscriben solamente a derechos políticos que, además, conforman la amplia gama de voluntades reprimidas y a consecuencia, precisamente, de la gestión política; esa, la interpretación del   concepto de derechos humanos haya sido y continúe siendo el vórtice de la tormenta. En teoría, desplaza el argumento pragmático que, contra la más racional ética evolutiva, demuestran en cuanto a la economía una absoluta incapacidad operativa.

Entre la voluntad visible y manifiesta de entidades representativas de una gestión alternativa y paralela a la gubernamental, se nota una estructuración en activa y lógica correspondencia con una visión mucho más estructurada ― científicamente ― que no sería inteligente desconocer: ese es un fenómeno que, de nueva cuenta, ha puesto en vilo a las autoridades que se empeñan en mantener el poder aferrados a viejas estructuras totalitarias ancladas en el modelo superado del sovietismo a ultranza.

En éste, su último viaje de comienzos de año, el tercero de Federica Mogherini a Cuba, hay evidencias de que todo no parece ser como muchos creen. Es lógico que si la representante y encargada de las relaciones internacionales del SEAE (Servicio Europeo de Acción Exterior) regrese al país, se reúna con funcionarios de alto nivel, firme acuerdos, cartas de intención y cooperación y oficialice de esa manera, lo que ya se venía adelantando; produzca una oleada de interpretaciones en función del efecto inmediato. Pero en lo esencial, hay que tener en cuenta los resultados basados en: a) la coyuntura internacional y la peculiar visión territorial (geopolítica) diferenciada de la UE, b) la reiterada práctica elusiva del gobierno cubano de interpretar cualquier posibilidad como una coyuntura que se traduzca en garantía de mantener el poder político in extensus.

En cuanto al primer enunciado Mogherini dejó clara la posición de UE en el interdicto cubano; habría que recordar que circunstancialmente la posición de UE ha devenido diferente desde que se establecieron las relaciones en 1988, sólo ocho años después esas relaciones se congelaron y en 2008 se anunció la Posición Común de los 28 estados miembros reforzando el aislamiento y condicionando su desaparición a un cambio de interpretación en el tema de los derechos humanos; en 2016 se reanudaron las negociaciones y se les dio cuerpo en este tratado, funcional desde el 1 de noviembre pasado y oficialmente reconocido ahora en enero 2018 pero que deberá ser ratificado en febrero 28, algo que se da por hecho.

La evidencia correlativa y coyuntural queda manifiesta al decir de Mogherini, cuando expresa: “…frente a los que levantan muros y cierran puertas, nosotros los europeos queremos tender puentes y abrir puertas mediante la cooperación y el diálogo” (1)

Luego agrega: “…igualmente rechazamos las acciones norteamericanas sobre ciudadanos, empresas e intereses cubanos. No podemos aceptar que medidas unilaterales impidan las relaciones económicas y comerciales con Cuba”

Con acierto se dice que, el momentun y la secuencia entrañan una interpretación sesgada y carente de observancia en el detalle. Con respecto al régimen cubano el diálogo se produce con los personeros de su tradicional desenfado argumental y los que observan desde fuera van a tenerlo en cuenta; no importa desde que atalaya presencien el devenir de los acontecimientos. Si en Cuba la sociedad civil ha dado muestras del incremento de su actividad; a contrapelo, y en función de la respuesta de las autoridades, no es posible pensar en lo que se ve como una actitud de inmovilidad que se traduce en una ostensible falta de declive (todo lo contrario) de la represión concebida como un todo excluyente de excepciones, porque en la práctica es "frente a la contrarrevolución y el entreguismo"; términos aún vigentes en el discurso cotidiano de la dirigencia que se define a sí misma como revolucionaria.

Precisamente en ese último argumento se entroniza la veleidad coyuntural de UE si recordamos que con respecto a Bielorrusia el Consejo de la UE (que Mogherini preside ― también en el momento referido) ha decidido, fundamentalmente, en función del irrespeto a los derechos humanos en ese país y bajo el régimen de Alexander Lukashenko (94), mantener activas las medidas dictadas en su contra por violaciones que, exactamente se corresponden con el régimen de detenciones arbitrarias, desapariciones forzosas, persecución de individuos por su integración personal a diferentes organizaciones, reclamos de libertad sindical y derecho a huelga; aún más en el caso cubano; importantes funcionarios considerados en la línea de sucesión al poder, que públicamente manifiestan su voluntad de limitar la participación ciudadana en una perspectiva y entorno verdaderamente democráticos. Parece razonable la pregunta: ¿cuál es la diferencia?

Para algunos la diferencia puede constituir un acto de nihilismo geopolítico y circunstancial. Las relaciones entre la Rusia de Putin y la UE no son las mejores y las reiteradas amenazas a los estados orientales miembros, el conflicto de Ucrania y la ocupación de Crimea son espina clavada en el costado de UE. En ese sentido y en varias ocasiones, la más reciente en visita de un alto funcionario de UE a Bielorrusia, Lukashenko ha manifestado su intención de fungir como mediador entre Rusia y UE, a su decir, sin ningún interés personal de su parte. Lo cierto es que desde 2016 se han apreciado ciertos cambios ―elementales y someros ― en las relaciones Bielorrusia - UE. Ello sin dejar de tener en cuenta el desinterés de Bielorrusia en solicitar su integración a la Unión (ni ésta habérselo ofrecido) porque prefiere seguir representando su papel de estado colchón de Rusia en el anillo periférico del  ring land del proyectado entramado neo-imperial de Putin y que UE la inserte como estado en medio de una relación de favorecimiento que data de 1989, antes de la desaparición de la URSS.

Cuba, Isla caribeña, es otra cosa y sería ilusorio pensar y/o creer que en el contexto de la relación bilateral puedan existir todos esos presuntuosos avatares de la diplomacia que no son válidos en ningún contexto, ni más allá del discurso, excepto cuando la fuerza establece la visión inmediata de una amenaza real, como en el caso del conflicto Estados Unidos – Corea del Norte. Allende ese discurso, es necesario adentrarse en su letra sujeta a correcciones que aún aguardan por su realización en lo que atañe a la parte cubana; dicen mucho, y más que una lectura entre líneas, parecen alusiones definitivas y definitorias.

Llama la atención que en el último lustro Cuba ha tenido sucesivamente tres proveedores principales que se han disputado la deshonrosa categoría de ocupar el primer lugar en esa lista: Venezuela, China y ahora UE. Tras la firma del acuerdo definitivo que tendrá lugar en Bruselas en 2018 (entre Mogherini y Bruno Rodríguez) debuta UE como la entidad que ocupará ese nada envidiable sitial. Pero lo hace en una perspectiva muy afín a sus intereses y a un nivel de desbalance comparativo muy inferior a los anteriores proveedores del período postsoviético (catastrófico en resultados) Aquí, el monto de la inversión inicial de UE es de apenas 49 millones de euros; 18 para un programa de conservación de energías renovables, 21 para la agricultura sostenible y un programa de ayuda al sostenimiento de la cultura y la rehabilitación de las zonas afectadas después del paso del huracán Irma de 10 millones de euros. Con pragmatismo económico pleno: más o menos el costo de unos envíos de pollo congelado, arroz y cereales, por los que Cuba debió pagar en cash a los EE. UU. en tiempos recientes.

Sería apropiado referirse a dos aspectos que desde la perspectiva cubana no parecen tener, independientemente de la manifestación labios afuera de una supuesta voluntad política, una solución inmediata y que sin embargo están en el interés de conseguir. Sobre la posibilidad de que UE retire el visado a Cuba de sus nacionales, Mogherini expresó: “…tenemos un diálogo abierto con Cuba para tratar diferentes temas. Esta mañana durante mi reunión con el canciller Bruno Rodríguez, convocamos a nuestros equipos a generar todos los asuntos posibles que se puedan tratar desde este momento hasta febrero, cuando desarrollaremos el primer Consejo. Vamos a explorar los temas de interés común y estamos abiertos al debate” Parece evidente el propósito que entraña la respuesta (dilación-ganar tiempo -disolver argumentos -evitar las contradicciones entre Estados Miembros) O, ¿está UE en disposición de convertirse en receptor de más emigrantes y en medio de los consabidos y enormes problemas que confronta al respecto?

El otro asunto de sensibilidad medular, el de la interpretación sobre la importancia de los derechos humanos quedó definido en los siguientes términos: “…estamos trabajando ―dijo Mogherini ― para formalizar el diálogo de Cuba y Europa sobre los derechos humanos, que comenzó en 2015. Aunque hay algunas diferencias en nuestras posturas respectivas, la apertura y disposición para el diálogo están siempre presentes”

Hasta hoy las evidencias demuestran que, para Cuba, China, Viet Nan y el caso extremo de norcorea, la importancia del vínculo partido-estado cancela cualquier posibilidad de negociación en la práctica y en este sentido; llega a suceder, inclusive, en el caso ruso y bajo una supuesta y actual influencia que tiende a una vinculación del asunto con temas ideológico-religiosos que no vienen al caso. ¿qué esperar de argumentos que desdicen de la lógica política más elemental al escudarse en una interpretación de la soberanía nacional en la que según alegan, los “principios” no están a discusión? Ello equivale a entender los derechos humanos como parte de una interpretación sui generis, deslindada de su esencia genérica y bajo la conceptualización conveniente de una política de estado totalitario. Para quien sabe de lo que se trata, es posible entender que semejante relación no es válida, pero, además; de ser así, las evidencias prácticas lo demuestran en lo que se crea la condición del desmentido.

Como en la concertación entre realidad y fantasía, en la que suele mediar un abismo de circunstancias insalvables, los argumentos ― por momentos intangibles ― ajenos a la realidad, desbordan las posibilidades. Los problemas acuciantes de la Cuba actual no van a encontrar solución fuera de sus límites geográficos. No importa si se mira en dirección a diferentes referencias y/o vectores; mientras los demás se entienden entre sí, los cubanos estamos obligados a mirar hacia adentro. En eso, debemos andar, ¿Aprenderemos a hacerlo?

José A. Arias-Frá
1/07/2018.
  
 (1).- Todas las citas de Mogherini pertenecen a la conferencia de prensa dada tras la presentación de una "conferencia magistral" (Relación UE-América Latina) en el antiguo Seminario de San Carlos y San Ambrosio, ahora Centro de actividades artísticas y culturales para la Juventud; uno de los proyectos de restauración  del Casco Histórico llevados a cabo bajo el auspicio de UE en Cuba por la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana.




Thursday, December 14, 2017

UN RECLAMO DE LOS TIEMPOS QUE SE NOS VIENEN ENCIMA

Hay mucho de novedoso en las propuestas que se ventilan sobre Cuba y el actual estado de la situación política prevaleciente allí. Alternativas esbozadas mediante una argumentación teórica, jurídica y científica, que están seriamente presentadas y, en mi opinión, honestamente concebidas.

Para cualquiera sería entendible que, dirigidas al alcance de un objetivo común, ninguna puede ser festinada y/o deshonesta. Cualquier intento de poner ese enfoque en la palestra, no es premisa de este análisis y una opinión en tal sentido, y tendiente a la descalificación a priori, queda invalidada por su propia e intrínseca esencia.

El proyecto Consulta Popular Cubana, concreta y escueta indagación entre cubanos dentro y fuera del territorio nacional, basado en el derecho al voto de todos y presentado por los juristas Horacio Espino y Santiago Alpízar en Miami, parece una forma viable de sortear las argucias anticonstitucionales que emplean los representantes del régimen cuya actitud de inconsecuencia es evidente (1)

Siempre se ha sabido de la actitud ubicua de los funcionarios al interior; algo menos, de lo que caracteriza el fracaso de asumir una postura similar o muy parecida desde la antípoda al pretender pensar que el NO como respuesta ha de ser siempre la alternativa viable. Debe notarse que tal posicionamiento aferrado a la inercia política ha dejado de ser efectivo en cualquier sentido y, en consecuencia, vinculante a un pasado superado al que, precisamente, se relaciona el soporte de la ideología contrapuesta; totalitaria y excluyente.

Son muchos los cubanos (10% del total) los que desde fuera debemos: a) demostrar el interés manifiesto por contribuir a la solución de los problemas de nuestro país de origen; b) constituir un bloque lo suficientemente sólido y uniforme, capaz de impulsar la toma de conciencia y el interés en la participación al interior de la Isla.

Mediante quejas reiteradas que nosotros mismos nos cansamos de escuchar, repitiendo afirmaciones discordantes y manidas entre el mismo tiempo que llevamos padeciendo a la cuerda de ineptos que desgobiernan la nación con el único objetivo de garantizar su beneficio personal y el de sus familias, la efectividad de los resultados queda en entredicho y no se traduce en medida tangible del alcance de ningún objetivo concreto hasta hoy.

En concomitancia con lo anterior (y en un tono esencialmente positivo) la segunda alternativa de participación en bloque y de oposición al régimen, está fundamentada en la creación de una entidad parlamentaria, según la define Pedro Campos Santos, uno de sus principales proponentes e impulsores.

La potencial efectividad de esa propuesta radica en el hecho de obviar cualquier tipo de liderazgo personal ―sin que sea condición que desaparezcan ―, en función de conseguir representatividad en cualquier ámbito y que sea capaz de aprovechar la situación por la que hoy atraviesa el régimen (2)

Parece apropiado insistir en el hecho de que entre ambas propuestas no hay diferencias de interpretación en lo relacionado con los criterios organizativos. En ambas pervive como referente lo que pudo haber sido en su momento el criterio para la fundación del Comité Cubano Pro Derechos Humanos (CCPDH, en los 80) y el activismo de Oswaldo Payá Sardiñas al frente del MCL (en los 90) Al enfrentar la viabilidad de los procedimientos, se suma ahora un elemento de vital importancia inexistente en los tiempos referidos: el empleo de la tecnología en la diversa gama de recursos que provee y cuya vulnerabilidad, a pesar de los intentos manifiestos, se escurre como arena entre los dedos de los censores y los represores.

Aquí y ahora, no viene al caso discutir elementos aleatorios y superficiales como recursos pertinentes y su procedencia lícita, interpretaciones de carácter filosófico y/o religioso, parcialización o escogencia de sectores de apoyo en el ámbito internacional fuera de vínculos que pueden devenir en compromisos o acarrearlos a futuro; menos, perder tiempo y concitar con ello el desgaste del prestigio exponiendo diatribas contra quienes estén dispuestos como elementos de fila ―siempre y todos ― a participar en lo que se discute con seriedad y en relación a lo que pueda suceder en Cuba después de febrero de 2018.

Puede pensarse que lo que hoy se propone desde el exterior, no es nuevo. Muchas veces se ha hablado de la necesidad de unidad en el exilio y ello pudo lograr la coincidencia de personas conocidas, influyentes e importantes, aún a pesar de manifestarse cierta resistencia y resquemores en lo relacionado con la concesión de jerarquía, en cualquier caso. He aquí el lastre y la limitación derivados de liderazgos mal interpretados. Lo que aún está por conseguirse, y es de lo que se trata, es la unidad vinculante con el cubano de a pie en la Isla. Cualquier intento en tal sentido es loable.

De tal suerte, la crítica recurrente al liderazgo es la de carecer de instrumentos idóneos para conseguir su identificación a nivel popular. Eso, no ha sido bueno ni redituable y debe ser entendido entre opositores y disidentes a fin de concebir la idea de la institucionalidad representativa, que no desvirtúa el carácter democrático, ni la necesaria pluralidad que consistentemente y con razón se reclama. Los hechos que siguieron a la caída del comunismo en los países del bloque euro-oriental fueron y aún son, un buen ejemplo en tal sentido y las referencias al respecto no deben ser superficiales.

El tiempo ha hecho su trabajo en cuanto a la erosión de un régimen que hoy ofrece la única imagen que es capaz de proyectar, la de mantener una entelequia basada en la demagogia (vicio inevitable del totalitarismo) y el ejercicio y empleo de la fuerza de un sistema que se decanta por el empleo de métodos de represión fascistas, al tratar de ocultar, coaccionar y minimizar la acción de quienes se le oponen.

Hay que dejar de mirar los toros desde la barrera, sobre todo si tras de ella se critica lo que no se entiende y se hace imposible explicarlo a quienes necesitan escuchar alternativas.

José A. Arias-Frá
12/14/17

Notas.

(1)  Muy recomendable se hace la lectura del documento: Promoción de iniciativa legislativa de Modificación de la Ley Electoral para el pleno reconocimiento y ejercicio de sufragio de los ciudadanos cubanos residentes en el exterior. En: https://www.change.org/p/cuba-asamblea-nacional-consejo-de-estado-reconocimiento-del-derecho-al-voto-de-los-ciudadanos-cubanos-residentes-en-el-exterior

(2)  Campos Santos, Pedro. - ¿Cómo alcanzar la democracia en Cuba? En: diariodecuba.com  
  



Tuesday, October 31, 2017

A PROPÓSITO DE DEFINICIONES (vinculantes o no)


 Si los procesos políticos se definen por su origen habría que colegir que fue una revolución organizada, desarrollada y triunfante bajo la amalgama de factores en su mayoría de antecedentes e implicaciones inmediatas y menos, ideológicas; a pesar de que entre sus filas y sus dirigentes principales hubiese alguno que otro vinculado a argumentos teóricos e históricos, por citar el caso luego convertido en paradigma, de la revolución bolchevique leninista de octubre en 1917 y  después del intento pequeño-burgués de  Kerenski en febrero. Tal precisión guarda ciertas similitudes a priori con la concepción revolucionaria, agrarista y pequeño burguesa de la idea de revolución nacional en Cuba, mucho antes, inclusive, de la aparición del castrismo en escena. Era evidente que pocos, así lo entendían.

Lo anterior explica la desvinculación entre los representantes del Partido Socialista Popular y la llamada Generación del Centenario, eufemísticamente encabezada por un gánster como Fidel Castro, sólo bastaría con echar una ojeada a su “pedigrí revolucionario” Aún más; sin que mediara mucho tiempo ― históricamente ― los viejos líderes del PSP (comunistas) bajo la férula del Komintern y plenamente identificados con él, habían formado parte de la plataforma de apoyo a Fulgencio Batista en vísperas de las elecciones de 1940 y condonaron su victoria en las urnas en esa ocasión. Batista los premió vinculándolos a su gobierno con varias carteras ministeriales.

Esa parte de la historia (referida al sovietismo a ultranza), muy conocida, se ha de mantener vigente hasta bien entrada la década de los 50 con ineludibles marcadores en 52, después del 56 y el desembarco del Granma y hasta la toma del poder en Enero del 59. Los indicios de que una victoria de las fuerzas rebeldes era posible; EE.UU., al retirarle apoyo a Batista y el avance de las guerrillas rebeldes en sendas columnas encabezadas por C. Cienfuegos y el Ché Guevara de oriente a occidente, parecían confirmarlo; la dirigencia partidista de los comunistas ( de vuelta al clandestinaje) decidió el envío de Carlos Rafael Rodríguez al encuentro de la heterodoxa guerrilla castrista en el verano del 58; en ella se agrupaban integrantes de muy diversos orígenes que transitaban desde la finiquitada Ortodoxia, la juventud socialista y algunas organizaciones de visos fascistoides por sus métodos y vinculadas al quehacer y la violencia de grupo. Todos, en el movimiento guerrillero y desde diferentes áreas, habían bebido del mismo cáliz, cabalgando sobre la saturada idiosincrasia política nacional y bajo el insano ambiente de los alegres gatilleros de la revolución gloriosa y auténtica del caudillo civilista más popular de la historia nacional republicana: Ramón Grau San Martín y después del hiato cronológico entre 1944 y 1952.

Puristas martianos que se decían, imagen con la que el propio Castro se vendía, sobre todo después de la salida en libertad en 1955 y en consecuencia de la amnistía general decretada y el exilio en México, conformaban la mayoría de los integrantes del núcleo, otrora fundacional del 26 de Julio. Tal coincidencia de ideas dispersas entre los seguidores de Castro es el origen de las marcadas diferencias que prosperaron tras el triunfo de enero. Fue entonces, nunca antes, que el marxismo-leninismo, el argumento que como leña atizó el fuego, proporcionó la posibilidad de una estructuración ideológica. Tan pronto como se dictaron las primeras “leyes revolucionarias”, sobre todo la de reforma agraria, fue creado el INRA y se nombró como su director a Carlos Rafael Rodríguez, la fractura se hizo evidente, la reconciliación imposible y la implantación del totalitarismo un hecho. Sólo era necesario declararlo y ello se produjo en abril de 1961.


De lo anterior es fácil inferir que la revolución de Castro no tuvo nada que ver con los conceptos de socialismo, socialismo marxista, leninismo y ―originalmente ― inclusive, con el concepto estalinista de marxismo-leninismo. Evaluar los hechos bajo la perspectiva de la influencia aislada de algunos protagonistas es, sin duda, erróneo. Si seguimos el patrón de los hechos acaecidos entre 1960 y 1968 y la manera en que se van vinculando e integrándose como manifestaciones argumentales a través de la discursiva del líder, queda claro que la integración al esquema ideológico estalinista se produce por dos razones concomitantes: 1) el temprano enfrentamiento con los EE.UU. 2) la decantación ideológica a la órbita soviética en el escenario de la guerra fría como único recurso de alianza política posible, pero a la vez erróneamente calculada.

Ni Castro era un teórico marxista (ni siquiera era un líder como muchos de los dirigentes euro-orientales en sus momentos respectivos, con una formación en los ámbitos del sovietismo después de la muerte de Lenin y el arribo al poder de Stalin con posterioridad, o herederos de esa tradición) De seguro, los soviéticos se percataron tan pronto como en octubre del 62 (por sus acciones durante la Crisis de los misiles), de la vocación de poder absolutista y totalitaria de Fidel Castro y entendieron que estaba llamado (entre potenciales virtudes y manifiestos defectos) a ser su hombre en Occidente. Para ello, contarían con el entourage de viejos comunistas (marxistas-leninistas ortodoxos) capaces de someterse a la voluntad del máximo líder y servirle a la vez de contrapeso. Excepción a la regla, los que en teoría habían estado vinculados a la idea trotskista de la revolución permanente y se decantaban del absurdo socialismo, no proletario, ni vinculado al paradigma de la lucha de clases del estatismo totalitario estalinista. A la mayoría, Castro terminó por meterlos en un saco y colgarles la etiqueta de micro fracción (1968) para inhabilitarlos políticamente y seguir el camino de la estatización calcada del modelo soviético, eufemísticamente matizada por la designación de un término genérico, “despegue” que en el argot nacional adquiría, sin embargo, una connotación gloriosamente sustancial…a la larga, intrascendente. El despegue se vio convertido en atasco.

Pero los encontronazos con la realidad y en consecuencia con la falta de previsión que se fueron sucediendo uno tras otro, la estatización casi absoluta de la industria agropecuaria después de la segunda ley de reforma agraria, la eliminación de la pequeña y mediana propiedad mediante la ofensiva revolucionaria del 68 y la eslabonada cadena de errores antes y después del fracaso de la zafra de los diez millones en 1970, lejos de servir como experiencias técnicamente redituables en lo económico, dieron pie a slogans absurdos como eso de “convertir reveses en victorias” algo que suena a tautología o cuando menos a una alienación polisémica.

De manera que el tiempo tampoco se convirtió en aliado de Cuba y los cubanos y el resultado en lo político no tiene otras manifestaciones que esas que acercan los mecanismos puestos en práctica por el régimen al fascismo. Sí, si se mira desde el punto de vista conceptual, hay más de fascismo en la represión ejercida por el poder de los totalitarismos de izquierda que de socialismo democrático, marxismo e inclusive comunismo según la teoría filosófica esbozada en la interpretación hegeliana de Marx, Engels y hasta el propio Lenin.

Definir la estrategia económica del fascismo resulta, hasta hoy, cuesta arriba; primero porque si bien el fascismo es un producto del capitalismo monopolista de estado, nada tiene que ver con la concepción liberal (o neo) del capitalismo más o menos clásico y hasta hoy, segundo, porque en la Italia de los años 20 y en medio de una aparente contradicción, es un movimiento que crece entre sectores productivos que se identificaban más con el proletariado que con la burguesía urbana y menos, rural. Mussolini y su mentor ideológico Geovanni Gentile, no se cansaban de reiterar el carácter popular del movimiento que terminó con la Marcha sobre Roma bajo la ¿casual? distinción de una frase que en términos y circunstancias muy parecidas hubo de parafrasear Fidel Castro. Según Gentile: “…dentro del estado todo, fuera de él nada” Es además sintomático, que Castro advirtiera tempranamente a los intelectuales (ese grupo tan incómodo a los revolucionarios profesionales) que: “dentro de la revolución todo, fuera de la revolución nada” (junio, 1961)

Luego en la elaboración y aplicación de mecanismos represivos el Fascio de Combattimento, el nazi-fascismo y el estalinismo configuran y manifiestan una estrecha relación. “Yo creo que Stalin es peor que Hitler. Este era un asesino frío, pero aquel se recreaba en la crueldad”, ha dicho Esteban Volkov Bronstein (92), único nieto vivo de León Trostki, guardián y custodio de la herencia y museo del líder bolchevique, asesinado en 1940 por orden de Stalin en su refugio de la colonia Coyoacán en Ciudad México por el sicario Ramón Mercader (comunista español) De tal suerte, ¿qué separa al Gulag y los campos de exterminio nazi-fascistas desperdigados en la geografía europea antes y durante la Guerra?, ¿qué a las víctimas del exterminio de millones de campesinos georgianos, mediante el mortal efecto de la combinación hambre-frío en los tiempos de la colectivización impuesta a ultranza por el “padrecito” Iosef y los crímenes de millones de judíos después de ser utilizados en experimentos de eugenesia para luego ser exterminados?

De las jerarquías del estado totalitario y amén de su comportamiento ideológico, donde los extremos se tocan y hay evidencias que se inscriben claramente en la indagación y recomendación de académicos y teóricos, tampoco se desprenden diferencias muy notorias. En eso de sometimiento a la voluntad ―centralismo democrático según el marxismo-leninismo ― y el culto irrestricto a la personalidad del líder hay, casi, una tradición común.  Ciertamente, bastaría con desempolvar a H. Arendt, K. Schmitt, también digo, reencontrarse con lo que nos cuentan, desde ópticas disímiles, Paz, Russel y hasta el mismo S. Zizek sobre la ideología y su influencia.

De tal suerte, y si pretendemos llegar a un destino transitorio aún, pero que nos permita arribar a conclusiones, por la misma razón ― temporalmente indefinida―, hay que decir que el estadío real de la situación política y social del Estado cubano de hoy, no responde a ninguna definición teórica conocida. Quizás sea por eso que los que allí gobiernan y sus adláteres, hallan creado esa categoría de Socialismo del Siglo XXI (*), capaz de complacer el ego en extinción de un “líder” y satisfacer, a la vez, la egolatría de otros cuya perspectiva y sin denuestos mediante, se ajusta a una muy limitada argumentación incapaz de enfrentar otros retos más allá del pulso de la fuerza. Parece que el destino de hoy, venía ya en andas de la improvisación conveniente; es el plausible argumento para cualquier interpretación torcida de la Historia.

(*).- El término, de la autoría del sociólogo alemán Heinz Dieterich fue asumido por el principal inspirador de la tendencia en latinoamérica, Hugo Chávez, de quien Dieterich fue uno de sus mentores y asesores; luego, entre ellos sobrevino la ruptura al considerar Dieterich que nada de lo que hasta hoy prevalece en Venezuela tiene vínculos sustanciales con lo que expone y esboza su teoría

José A. Arias-Frá.
Octubre 31/17