Sunday, April 10, 2011

Silvioi rodriguez: el diletante



Silvio Rodríguez: Tenemos que estar agradecidos de la Revolución

Creo que la Revolución Cubana dignificó a nuestro país y a los cubanos. Y que el Gobierno Revolucionario ha sido el mejor gobierno de nuestra Historia.
Sí: antes de la Revolución La Habana estaba mucho más pintada, los baches eran raros y uno caminaba calles y calles de tiendas llenas e iluminadas. Pero ¿quiénes compraban en aquellas tiendas? ¿Quiénes podían caminar con verdadera libertad por aquellas calles? Por supuesto, los que “tenían con qué” en sus bolsillos. Los demás, a ver vidrieras y a soñar, como mi madre, como nuestra familia, como la mayoría de las familias cubanas. Por aquellas avenidas fabulosas sólo se paseaban los “ciudadanos respetables”, bien considerados en primer lugar por su aspecto. Los harapientos, los mendigos, casi todos negros, tenían que hacer rodeos, porque cuando un policía los veía en alguna calle “decente”, a palos los sacaban de allí.
Esto lo vi con mis propios ojos de niño de 7 u 8 años y lo estuve viendo hasta que cumplí 12, cuando triunfó la Revolución.
En la esquina de mi casa había dos bares, en uno de ellos, a veces, en vez de cenar, nos tomábamos un batido. En varias ocasiones pasaron marines, cayéndose de borrachos, buscando prostitutas y metiéndose con las mujeres del barrio. A un joven vecino nuestro, que salió a defender a su hermana, lo tiraron al suelo, y cuando llegó la policía ¿con quién creen que cargaron? ¿Con los abusadores? Pues no. A patadas por los fondillos se llevaron a aquel joven universitario que, lógicamente, después se destacaba en las tánganas estudiantiles.
Ahí están las fotos de un marine meando, sentado en la cabeza de la estatua de Martí, en el Parque Central de nuestra Capital.
Eso era Cuba, antes del 59. Al menos así eran las calles de la Centrohabana que yo viví a diario, las del barrio de San Leopoldo, colindante con Dragones y Cayo Hueso. Ahora están destruidas, me desgarra pasar por allí porque es como ver las ruinas de mi propia infancia. Lo canto en “Trovador antiguo”. ¿Cómo pudimos llegar a semejante deterioro? Por muchas razones. Mucha culpa nuestra por no haber visto los árboles, embelesados con el bosque, pero culpa también de los que quieren que regresen los marines a vejar la cabeza de Martí.
Estoy de acuerdo en revertir los errores, en desterrar el autoritarismo y en construir una democracia socialista sólida, eficiente, con un funcionamiento siempre perfectible, que se garantice a sí misma. Me niego a renunciar a los derechos fundamentales que la Revolución conquistó para el pueblo. Antes que nada, dignidad y soberanía, y asimismo salud, educación, cultura y una vejez honorable para todos. Quisiera no tener que enterarme de lo que pasa en mi país por la prensa de afuera, cuyos enfoques aportan no poca confusión. Quisiera que mejoraran muchas cosas que he dicho y otras que no.
Pero, por encima de todo, no quiero que regrese aquella ignominia, aquella miseria, aquella falsedad de partidos políticos que cuando tomaban el poder le entregaban el país al mejor postor. Todo aquello sucedía al tibio amparo de la Declaración de los Derechos Humanos y de la Constitución de 1940. La experiencia pre-revolucionaria cubana y la de muchos otros países demuestra lo que importan los derechos humanos en las democracias representativas.
Muchos de los que hoy atacan la Revolución, fueron educados por ella. Profesionales emigrados, que comparan forzadamente las condiciones ideales de “la culta Europa”, con la hostigada Cuba. Otros, más viejos, quizá algúna vez llegaron a “ser algo” gracias a la Revolución y hoy se pavonean como ideólogos pro capitalistas, estudiosos de Leyes e Historia, disfrazados de humildes obreros. Personalmente, no soporto a los “cambiacasacas” fervorosos; esos arrepentidos, con sus cursitos de marxismo y todo, que eran más papistas que el Papa y ahora son su propio reverso. No les deseo mal, a nadie se lo deseo, pero tanta inconsistencia me revuelve.
La Revolución, como Prometeo (le debo una canción con ese nombre), iluminó a los olvidados. Porque en vez de decirle al pueblo: cree, le dijo: lee. Por eso, como al héroe mitológico, quieren hacerle pagar su osadía, atándola a una remota cumbre donde un buitre (o un águila imperial) le devore eternamente las entrañas. Yo no niego los errores y los voluntarismos, pero no sé olvidar la vocación de pueblo de la Revolución, frente a agresiones que han usado todas las armas para herir y matar, así como los más poderosos y sofisticados medios de difusión (y distorsión) de ideas.
Jamás he dicho que el bloqueo tiene toda la culpa de nuestras desgracias. Pero la existencia del bloqueo no nos ha dado nunca la oportunidad de medirnos a nosotros mismos.
A mí me gustaría morir con las responsabilidades de nuestras desdichas bien claritas.
Por eso invito a todos los que aman a Cuba y desean la dignidad de los cubanos, a gritar conmigo ahora, mañana, en todas partes: ¡Abajo el bloqueo!


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Silvio Rodríguez: el diletante.


"Silvio en concierto desde el corazón del aborrecido imperio"
A veces me duelen los dedos al escribir cuartillas y me parece que es intrascendente responder a cosas como estas, pero no me puedo quedar callado. Alguna vez pensé que este señor llamado Silvio Rodríguez, era un tipo inteligente y hasta brillante, un gran poeta; que lo es -sólo esto último- pero se ha convertido en uno de los ejemplos más fehacientes de aquella cita leninista que reza: "rasga la piel de un extremista y encontrarás un oportunista" (creo que por ahí iba la cuestión).

La Revolución Cubana (mayúsculas del autor), no ha dignificado a Cuba ni a los cubanos, entre otras cosas por razones muy simples de graficar: Cuba tiene un gobierno, el mismo desde 1959 que se ha perpetuado en el poder para hacer de la nación un predio mal administrado, gobernado por un grupo de individuos de escasa preparación y una supina ignorancia que se refleja en la falta de resultados alcanzados. Pero aquellos que, como Silvio, tratan de defender lo indefendible caen en el mismo error de los que dicen criticar y condenar; se anclan, para quedarse en él, en el pasado: piensan que los cambios que la nación cubana pide a gritos, deben constituir un regreso a ese  pasado y ayudan a vender esa imagen a sus congéneres. Nada de modernidad, ni evolución en el mundo, ni revolución de las comunicaciones, ni una dialéctica apropiada de las ideas políticas y mucho menos, mirarse en el espejo de países en otras latitudes porque Cuba, a la sombra de Fidel, Raúl y compañía es lo máximo.

Qué clase de conspicuo diletante éste señor, coetáneo mío y que me habla de un barrio que conocí tanto o mejor que él. ¿En que moderno vehículo recorrerá las calles llenas de baches que según alega le inspiran  pena y malestar? ¿A qué velocidad pasará al lado de los carretones y las bicicletas, las chivichanas o los desvencijados y malolientes contenedores desbordados de basura que el flamante poder popular administra y las ruinas de esos edificios que él mismo reconoce que antes estaban pintados? Por supuesto, la pintura -a Silvio se le olvida incluir estos detalles por pura inconveniencia- se compraba en cualquier ferretería y si no había para la Glidden o la Sherwin Williams, se compraba polvo de lechada o cal viva para hacer pintura blanca. La pulcritud característica de los cubanos no era un "delito contra la propiedad del estado", ni la "bolsa negra" una manera de paliar la escasez y "resolver"

Yo también tomé batidos, por cierto de todos los sabores y muy buenos. Quizás Silvio recuerde que en ese barrio de San Leopoldo -en el que yo viví y crecí- en la esquina de Concordia y Lealtad, había un bar que se llamaba "Los Tres Feos", era de tres hermanos, gente que habían venido de Pinar del Río para poner su negocito en La Habana y que podían prosperar. Ahora después del "mejor gobierno que ha tenido Cuba" los buhoneros medievales quizás puedan vender guachipupa para que el gobierno actual los pele como un plátano después que le paguen todas las gabelas que les cobran. Ah, en los Tres feos te tomabas un batido de trigo y te comías dos mantecadas de la marca Llave por 0.25, las gaseosas de la infinita variedad que había valían 0.05 centavos y, que no me venga a decir Silvio que la gente no tenía un medio para comprarse un refresco. El papel lo aguanta todo pero la gente supervive entre intrigas, envidias y remesas para "resolver" el diario. ¿Acaso el que vive de la magra cuota de la "libreta de abastecimiento" puede comprar en donde de seguro hacen Silvio y su familia, la factura del mes?

Alrededor de mi casa habían tres solares, El Chivo, El Reverbero y La Palangana, no sé si Silvio los recuerde, digo esto porque muchas veces vi a Juan de Dios, a Pisapapel al Ñaña y otros personajes vecinos de estos solares, comprando picadillo de tercera en la carnicería de Ángel el Isleño -esquina de Perseverancia y Concordia- para darle a sus hijos, que si bien no podían comer pan con mantequilla holandesa, lo comían con manteca de las que venían en las latas de chorizos El Miño y que la gente más pudiente desdeñaba después de comerse los chorizos. Estos personajes a que me refiero -que no son de ficción- eran estibadores de los muelles, los mismos a los que Aracelio Iglesias les defendía sus derechos al frente de un sindicato libre y no gubernamental, y no según el actual concepto del "mejor gobierno que ha dignificado a Cuba y a los cubanos" Vaya que manera tan gráfica de ser estos sindicaleros los representantes de los trabajadores que ahora en la Cuba de Silvio, despiden por montones.

Que lástima que desde hace muchos años ya no se puedan mirar vidrieras en Cuba en esas tiendas de las que La Habana estaba llena y que hoy dan la apariencia de una ciudad secuestrada. La gestión improductiva de él "generoso" gobierno se encargo de establecer un régimen de "distribución igualitaria", eso sí, a nivel de la más absoluta pobreza. Hace mucho rato que entendí porque muchos cubanos desperdigados por el mundo que otrora se conformaban con ver vidrieras se han montado hasta en una balsa de "foam" para ir a ver las vidrieras a otras latitudes. Se supone que todo tiene un límite, pero esta gente trasciende todo lo imaginable cuando de versiones amañadas y demagogia se trata.

¿Qué son hoy los niños y adolescentes que piden dinero en la calle o se conforman con un bombón o un chicle que persiguen cuando se escurre de las manos de un turista o un visitante que viene de Miami? Silvio no puede ver nada de esto porque defiende la revolución que lo ha hecho millonario, que le permite vivir como vive, viajar al extranjero, hacer negocios y embolsillarse buenas tajadas; en fin, estar a la par de esos "señorones" a los que se refiere despectivamente y en uno de los cuales se ha convertido, poniéndose una máscara que a mis ojos, al menos, lo convierte en un gran farsante. Y lo peor es que de esos, aún sin su talento musical y poético, hay muchos en Cuba.

También se pregunta cómo se ha podido llegar al "deterioro" actual, a la vez que se duele de que cegados por la "grandeza del bosque" dejaron de ver los árboles. Esa pregunta habría que hacérsela al "compañero" Fidel, para que explique en que se gastaron los 77 000 millones de dólares del subsidio soviético en los tiempos de la "ayuda solidaria y desinteresada de los hermanos soviéticos", que -dicho sea de paso- nunca pudieron ser fotografiados cometiendo desmanes porque no habían cámaras fotográficas, ni rollos de `películas, ni estudios de revelado y lo peor, no había prensa libre y sólo un periódico dedicado, como hasta hoy, a esconder toda la porquería debajo de la alfombra. Esa foto famosa del marine meándose en la cabeza de Martí trascendió, al extremo de que aún hoy se pueda utilizar como argumento, porque a pesar de todo el desparpajo había un movimiento cívico y estudiantil que puso en vilo a la embajada americana al extremo de que el embajador tuvo que pedir disculpas y en acto de desagravio, llevar una ofrenda floral al monumento.

Silvio sabe perfectamente que nadie quiere regresar  a los tiempos vejaminosos de los "yanquis" o los "bolos" -que además de emborracharse, olían muy mal y fueron a Cuba a descargar todas sus frustraciones por la mala vida que el comunismo les daba en su propio país. Todo eso yo también lo vi, porque si de haber visto se trata, habría que preguntarle a muchos si era mejor mirar lo malo con el estómago a medio llenar que pegado al espinazo. Decía un viejo amigo de Silvio, el inefable Carlos Marx que el hombre antes de hacer política, religión, tomar partido por una u otra tendencia y defenderla, debe tener resueltas sus necesidades elementales (Prólogo a la Contribución de la Crítica a la Economía Política) Es posible que en la Cuba que Silvio pondera y al no tener realmente resueltas muchas de estas cosas sea por ello que no quieran o no puedan pensar en otra forma de gobierno que no sea esa cuerda de intrascendentes amanuenses que conforman la Asamblea del Poder Popular que el integró como delegado, y que dirige un "señor-compañero" que se vende como proletario y siempre ha vivido como el más rancio y aristocrático burgués: Ricardo Alarcón y Quesada (apellido de abolengo, que le hace merecedor de residir en "zonas congeladas" para los "compañeros dirigentes")

Por último habla Silvio de los que se formaron con la Revolución y a ella le deben todo. He de volver de nuevo sobre mi propia experiencia, nadie se debe a nadie y eso lo sabe bien Silvio, que se debe a sí mismo, por su talento, que lo tiene y lo que ha sido para él su principal complemento: la hipócrita actitud que adopta y de la que son ejemplo estas peroratas de muy mal gusto que se gasta de vez en vez. La inteligencia y el desarrollo del intelecto no se compran en la esquina y si no se cultivan con el estudio y el esfuerzo se esfuman. Claro que no se puede comparar a Cuba con Europa y su cultura, hasta los propios Estados Unidos pierden en esa comparación, pero el gran problema es que Cuba hoy después de los primeros 52 años de "su mejor gobierno" no admite comparación con nada. Silvio sabe que la culpa no es del "bloqueo" y casi que tienta la razón cuando habla de "eliminar el autoritarismo" pero una vez más, pretende jugar con la cadena y no con el mono, Dios lo libre, aún no anuncia, como Pablito, su residencia permanente en otras latitudes y parece que definitivamente no lo hará, a menos que pudiera llegar alguien a orinarse en el jardín de su bella mansión de Jibacoa, digo, si antes no lo ve un "palestino" policía y le entra a tablazos como le han hecho a los disidentes o a las Damas de Blanco". No sé, a lo mejor algún día el inefable e impredecible Silvio, les compone una canción de trova a estas señoras; todo dependería de como sople el viento.  

Thursday, April 7, 2011

IDEOLOGIA  Y  TOTALITARISMO
José A. Arias
LA NECESIDAD DE ABORDAR EL TEMA.
Hace ya más de tres décadas, cuando abandoné la docencia en las aulas universitarias, el tema de la cuestión de los mecanismos de influencia colectiva entre amplios sectores empezó a motivarme. Muchos, un tanto a priori, hablan de “psicología de las masas “y su influencia en el tratamiento de los problemas que se derivan de su aplicación en el plano sociológico. Pero la cuestión no es tan sencilla, es de  raigambre secular y más allá de las simples apariencias se trata del uso de elementos muy bien estructurados.
En nuestros países, peyorativamente llamados subdesarrollados, el problema tiene también raíces históricas. “El término-en referencia al subdesarrollo, n.de aut.- es equivoco: más que una descripción es un juicio. Dice, pero no explica…es un concepto tecnocrático que desdeña los verdaderos valores de una civilización…Es un concepto etnocentrista. Esto no significa desconocer los problemas de nuestros países: la dependencia económica, política e intelectual del exterior; las inicuas desigualdades sociales, la pobreza extrema al lado de la riqueza y el despilfarro, la ausencia de libertades públicas, la represión, el militarismo, la inestabilidad de las instituciones, el desorden, la demagogia, las mitomanías, la elocuencia hueca, la mentira y sus máscaras, la corrupción, el arcaísmo de las actitudes morales, el machismo, el retardo en las ciencias y en la tecnologías, la intolerancia en materia de opiniones, creencias y costumbres. Los problemas son reales (pero) ¿lo son los remedios?. El más radical después de veinticinco años –ahora ya cincuenta, n. de aut.-de aplicación, ha dado estos resultados: los cubanos son hoy tan pobres o más que antes y son mucho menos libres; la desigualdad no ha desaparecido: las jerarquías son distintas pero no son menos sino más rígidas y férreas; la represión es como el calor: continua, intensa y general; …La Revolución cubana se ha petrificado: es una losa de piedra caída sobre el pueblo…Y lo más grave: han sido y son incapaces de resolver el problema político central de la sociedad: el de la sucesión, es decir, el de la legitimidad del gobierno. Así, lejos de suprimir la inestabilidad, la cultivan.” (1)
Con la materialidad de un escenario como el anterior nos enfrentamos a la necesidad de explicar el por qué de su vigencia en connivencia con una aparente disgregación de carácter gnóstico. Hay, sin dudas, una estrecha relación entre ideología y gnosticismo y a pesar de la importancia del elemento cronológico, la influencia de esa relación forma parte del estereotipo filosófico en el contenido, sobre todo, de la ideología política.
EL ORIGEN DEL CONCEPTO.
La inclusión original del término data de finales del siglo XVIII -1796- por Destutt de Tracy y se refería a la “ciencia que estudia las ideas, su carácter, su origen y las leyes que las rigen. Medio siglo más tarde, el concepto es dotado de un contenido combativo por Carlos Marx, para quien la ideología es el conjunto de ideas (erróneas en su mayor parte) cuya relación con la realidad es menos importante que su objetivo, que es evitar que los oprimidos perciban su estado de opresión”. (2)
Es curioso, sin embargo, que el marxismo clásico y los practicantes de su ortodoxia; comenzando por el propio Engels, principal colaborador de Marx, produjeran una inversión más cercana al elemento sociológico y le dieran al término la negativa impresión que hasta hoy ostenta. En carta de 14 de julio de 1893 Engels escribió: “La ideología es un proceso que se opera por el llamado pensador conscientemente, en efecto, pero con una conciencia falsa. Las verdaderas fuerzas propulsoras que lo mueven, permanecen ignoradas para él; de otro modo, no sería tal proceso ideológico. Se imaginan, pues, fuerzas propulsoras falsas o aparentes. Como se trata de un proceso discursivo, deduce su contenido y su forma del pensar puro, sea el suyo propio o el de sus predecesores. Trabaja exclusivamente con material discursivo, que acepta sin mirarlo, como creación, sin buscar otra fuente más alejada e independiente del pensamiento; para él, esto es la evidencia misma, puesto que para él todos los actos, en cuanto les sirva de mediador el pensamiento, tienen también en éste su fundamento último” (3)
Para nosotros y de acuerdo a la contemporaneidad del concepto: “La ideología es una construcción de la fantasía que funge de soporte para nuestra realidad: una ilusión que estructura nuestras relaciones sociales efectivas, reales, y por ello encubre un núcleo insoportable, real, imposible. La función de la ideología no es ofrecernos un punto de fuga de nuestra realidad, sino ofrecernos la realidad social misma como una huída de algún núcleo traumático, real…Romper con la ideología no es posible a través de la confrontación de los ideologemas con la realidad perceptible, pues lo que caracteriza a la ideología no es plantear enunciados falsos, sino el modo por el cual pretende invisibilizar la conflictividad generada por lo Real. Como hemos observado anteriormente, la ideología funciona plenamente cuando el sujeto no siente ninguna oposición entre ella y la realidad”. (4)
EL ARGUMENTO Y SUS MANIFESTACIONES HISTORICAS.
Para demostrar la validez del argumento que nos ocupa debemos expresar que”…cada ideología es una cosmovisión que pretende despojar al hombre de su libertad, sumergiéndolo en una mentira, convirtiéndolo en una masa que se pretende manipular y, si triunfa, dominar. Desde ese punto de vista las ideologías son herramientas de control social…la ideología interpreta los actos personales y colectivos de los grupos o clases sociales, a cuyos intereses sirve, y explica la realidad de una forma asumible y tranquilizadora para que pueda mantenerse la justificación previa tal como estaba en el imaginario individual y colectivo, independientemente de la circunstancia real”. (5)
Atenidos a lo anterior el argumento tautológico de la ideología se convierte en uno de los principales; así que el fachismo, el falangismo, el socialismo y el nazismo encuentran su campo de batalla por excelencia en los marcos históricos del pasado siglo y se desgastan entre sí demostrando que el concepto ideológico que en cada caso les sirvió de estructura, hace también aparecer la elusiva imagen de lo que en la antípoda es el reflejo de una realidad diferente a la que se trató de imponer y, como contrario fuera de cualquier esquema ideológico.
En lo personal lo más preocupante, por insensato, es la particular validez que ha tenido el concepto en nuestros países de Hispanoamérica; manejable en los siguientes términos:”…Nuestros intelectuales han abrazado sucesivamente el liberalismo, el positivismo y ahora el marxismo-leninismo; sin embargo, en casi todos ellos, sin distinción de filosofías, no es difícil advertir ocultas pero vivas, las actitudes psicológicas y morales de los antiguos campeones de la neoescolástica. Paradójica modernidad: las ideas son de hoy, las actitudes de ayer. Sus Abuelos juraban en nombre de Santo Tomás, ellos en el de Marx, pero para unos y otros la razón es un arma al servicio de la verdad con mayúscula. La misión del intelectual es defenderla. Tienen una idea polémica de la cultura y del pensamiento: son cruzados. Así se ha perpetuado en nuestras tierras una tradición intelectual poco respetuosa de la opinión ajena, que prefiere las ideas a la realidad y los sistemas intelectuales a la crítica de los sistemas”. (6)
Para nuestro caso –el cubano- el dogma es posiblemente el componente más a tono del pseudodiscurso ideológico:”…Ninguno de nuestros dictadores, ni los más osados, han negado la legitimidad histórica de la democracia. El primer régimen que se ha atrevido a proclamar una legitimidad distinta ha sido el de Castro. El fundamento de su poder no es la voluntad de la mayoría expresada en el voto libre y secreto sino una concepción que, a pesar de sus pretensiones científicas, tiene cierta analogía con el Mandato del Cielo de la antigua China. Esta concepción hecha de retazos del marxismo (del verdadero y de los apócrifos), es el credo oficial…se repite la archisabida fórmula: el movimiento general y ascendente de la historia encarna en una clase, el proletariado, que lo entrega a un Partido que lo delega a un comité que lo confía a un jefe. Ese jefe (cualquiera de los Castro) gobierna en nombre de la historia. Como la voluntad divina, la historia es una instancia superior inmune a las erráticas y contradictorias opiniones de las masas. Sería inútil tratar de refutar esta concepción: no es una doctrina, sino una creencia. Y una creencia encarnada en un partido cuya naturaleza es doble: es una iglesia y es un ejército”. (7)
Tampoco en lo económico es diferente y aunque la ideología forme parte del aspecto superestructural; Joseph Shumpeter el economista de origen alemán autor de “Diez Grandes Economistas: de Marx a Keynes” anatematiza en su obra la parte del argumento socioeconómico de “Das Kapital” relacionado con el inmovilismo social vinculado a la teoría de la plusvalía, al que califica como “religión” y a sus seguidores como ortodoxos partidarios de una “gran secta”.
Hoy el dogma ideológico que se esparce por Latinoamérica debe ser preocupante porque:”…tanto la pretensión pseudocientífica de esta concepción es inquietante su carácter antidemocrático. No solo los actos y la política del régimen castrista son la negación de la democracia: también lo son de los principios mismos en que se funda. En este sentido la dictadura burocrática cubana es una verdadera novedad histórica en nuestro continente: con ella comienza, no el socialismo sino una “legitimidad revolucionaria” que se propone desplazar a la legitimidad histórica de la democracia. Así se ha roto la tradición que fundó a la América Latina”. (8)
LA IDEOLOGIA Y SU PERNICIOSO DESEMPEÑO SOCIAL.
No es casual que hoy veamos la proliferación del efecto ideológico debido a que:”…la organización y la disciplina de los partidos comunistas impresionan casi siempre al aprendiz de revolucionario: son cuerpos que combinan dos formas de asociación de probada cohesión interna y capacidad proselitista y combativa: el ejército y la orden religiosa. En uno y otra la ideología une a las voluntades y justifica la división del trabajo y las distintas jerarquías. Ambos son escuelas de acción y obediencia. El partido es, además, la personificación colectiva de la ideología…ella nos aligera de escrúpulos, pues introduce en las relaciones políticas, por naturaleza relativas, un absoluto en cuyo nombre todo, o casi todo, está permitido…las ideas tienen una función de máscaras; así se convierten en ideología, en el sentido negativo de esta palabra, es decir, en velos que interceptan y desfiguran la percepción de la realidad. La ideología convierte a las ideas en máscaras: ocultan al sujeto y, al mismo tiempo, no lo dejan ver la realidad. Engañan a los otros y nos engañan a nosotros mismos”. (9)
La no existencia de una alternativa viable que la ignorancia secular ha negado a los pueblos trae como resultado visible e inmediato el ofrecimiento de la panacea populista en elemental y aparentemente expedita versión de quienes se arman con el dogma ideológico para: “…alentar el cambio de las estructuras económicas y sociales desmantelando al mismo tiempo las estructuras democráticas, (a contrapelo) lo único que se ha conseguido es fortificar la injusticia, la opresión y la desigualdad. La causa de los obreros requiere, ante todo, libertad de asociación y derecho de huelga: esto es lo primero que le arrebatan sus liberadores. Sin democracia los cambios son contraproducentes; mejor dicho: no son cambios. En esto la intransigencia es de rigor y hay que repetirlo: los cambios son inseparables de la democracia. Defenderla es defender la posibilidad del cambio; una vez más, solo los cambios podrán fortalecer a la democracia y lograr que al fin encarne en la vida social”(10)
CONCLUSIONES.
1.-La ideología ve el mundo como algo estático. Es por ello que cualquier ideología se ve a sí misma como la depositaria de las ideas que pueden resolver cualquier problema de la sociedad, ya sea presente o futuro.
2.-El aspecto anterior, convierte a la ideología en un dogma, pues se cierra a las ideas de los demás como posible fuente de soluciones a los problemas que se plantean en el día a día, siendo ella la explicación total y última.
3.-En casos extremos, puede llevar a negar la posibilidad de disentir, dando por verdad irrefutable sus postulados. Aquí está presente el argumento tautológico en la ideología.
4.-Llegado al caso de considerar la ideología como verdad irrefutable, se abre el camino al totalitarismo.
5.-En el contexto ideológico cualquiera que disienta pasa a ser un problema para la sociedad, o el grupo, pues va contra la verdad dogmática que proclama la ideología. Tal es el gravísimo problema que se les plantea a los disidentes, las facciones y  a las sectas en las sociedades ideologizadas.
NOTAS Y CITAS BIBLIOGRAFICAS.
(1).-Paz, Octavio: La Democracia en América Latina; en: América Latina: Desventuras de la Democracia. Prólogo y recopilación de Enrique Krauze. Pag. 17.
(2).-Capdevila, Néstor. El Concepto de Ideología. Buenos Aires: Nueva Visión, 2006.
(3).-Carta de Engels a Mehring, citada en: Horkheimer,Max. La Función de las Ideologías.Taurus.
(4).-Zisek, Slavoj.-Ideología: Un Mapa de la Cuestión. 1992. Pag. 76.
(5).-Zisek, Slavoj.-Ob. Cit. 1992. Pag. 42.
(6).-Paz, Octavio.-Ob. Cit. Pag. 31.
(7).-Paz, Octavio.-Ob. Cit. Pag. 17.
(8).-Paz, Octavio.- Ob. Cit. Pags. 23-24.
(9).-Paz , Octavio.-Ob. Cit. Pags. 26-27.
(10).-Paz, Octavio.-Ob. Cit. Pags. 31-32.
 José A. Arias. Miami, Florida Mayo 25-2009
 Publicado originalmente en: www.lavisitamiami.com . Año 2009.



           




Wednesday, April 6, 2011

A PROPOSITO DE DERECHOS HUMANOS.

En épocas anteriores al llamado proceso de globalización, en el que mucho ha tenido que ver la revolución en las comunicaciones, era muy dable insistir en un concepto que hoy nos parece algo lejano: el llamado equilibrio en la correlación de fuerzas entre bloques políticos de diferente signo. La persistente querella Estados Unidos versus Unión Soviética, determinaba el curso del mundo lacerado por el resultado más inmediato y concreto de la Segunda Guerra Mundial: la guerra fría.

Con el advenimiento de los años 80 durante el siglo pasado sobrevino el gran cambio que ahora habría de producirse. Las fisuras en el bloque soviético se fueron agrandando y terminaron con la propia existencia de la URSS, nación fundada por decreto y desde sus mismos orígenes preñada de contradicciones manifiestas en todos los órdenes, que no fue otra cosa que un gigante con pies de barro.

Los procesos históricos, no obstante, suelen ser convalecencias de larga duración y el apogeo del socialismo marxista no fue excepción en este sentido. Lenin hizo sus "aportaciones" y trató de adecuar las ideas de Marx mediante su teoría del "eslabón más débil de la cadena imperialista"; teorizó al respecto y sin dudas, se equivocó. Como prometió, la soga que según afirmaba, iban a proporcionar los capitalistas para ser ahorcados por los rebeldes proletarios, se convirtió en la mención del mecate en casa del ahorcado; de esa misma suerte serían inverosímiles un montón de citas que muchos de los "teóricos" actuales repiten citando una bibliografía que hoy, más que nunca, debería ser considerada como de consulta.

Lo que aún me sobrecoge de todo esto, es que el nivel de desinformación prevaleciente en algunos lugares permita creer a algunos en las fatales ideas políticas del socialismo marxista y totalitario que como ideología le sirva de escenografía a la represión del pensamiento por medio del totalitarismo. Habría que comenzar por explicar lo pernicioso de la ideología como término y conceptualizar los resultados en los escenarios donde su efecto desbastador ha convertido en polvo los sueños y anhelos de generaciones pasadas y en algunos casos, aún por venir. Parece trágico afirmarlo pero no tengo dudas que es así.

Para mí la importancia de una gran campaña en pos de la consecución de los derechos humanos amén de las latitudes y las fronteras, estriba precisamente en que ha sido desde sus orígenes la mejor y más firme, además de articulada respuesta de la humanidad a la barbarie y la ignominia. Excepción hecha de circunstancias históricas como el fenómeno del colonialismo que no es justificable bajo ninguna condición y que hoy es agua que corre bajo el puente, los abanderados de esta gran tarea han logrado crear un argumento solucionador. Detractores en disposición de echar leña al fuego siempre van a existir pero todo lo que pueden aludir a contrapelo de las evidencias históricas deberá ser conceptualmente inadmisible.

Es debido a lo anterior que no nos corresponde a nosotros argumentar sobre el valor de nuestras ideas en defensa de los derechos de cualquier ser humano; son los enemigos del humanismo como filosofía y los defensores a ultranza de las ideologías los que dan la respuesta más precisa de su incapacidad para creer en la libertad genéricamente vista y específicamente planteada en cada aspecto de la vida de los hombres. La contraparte de esa libertad es la represión y el desprecio por todo lo que no se adecue a los moldes del empirismo totalitario.

El caso cubano es una clara referencia, allí a diferencia de lo ocurrido en el resto del Planeta se vive de espaldas a la realidad a la vez que se trata de crear la apariencia de una sistémica solidez ideológica que además de fatal es también inexistente. Podrán argumentar los nuevos teóricos de vacía mochila intelectual lo que les venga en gana, el papel lo aguanta todo y potenciales citas extraídas de su natural contexto servirán para argumentar una tautología en boca de personajes convenientes según lo que se quiera afirmar, pero el colofón lo da la represión y su secuela de horrores que siempre terminan tratando de opacar la luz de las ideas en la oscuridad de una mazmorra.

José A. Arias.

Tuesday, April 5, 2011

AMERCIA LATINA: CRONICA DEL FRACASO.
José A. Arias
En el año 1984, y bajo el título de “América Latina: Desventuras de la Democracia” se publicó una compilación de ensayos breves -17 en total- sobre las vicisitudes de ese sistema político en nuestro continente; era ya la hora de comenzar a evaluar el largo período transcurrido entre 1960 y los primeros años de la década de los 80 en el que algunos denominaron “el continente de la esperanza”. En la grandilocuencia de la denominación hubo factores como el triunfo de la revolución castrista en Cuba, que aportaba un ingrediente novedoso al sustrato sociopolítico latinoamericano; antecedentes algo más lejanos en la cronología, serían evaluados como argumentos no descartables: la sublevación contra el gobierno de Jacobo Arbenz en Guatemala encabezada por Castillo Armas en 1954, el Bogotazo en Colombia y el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, sin dudas secuela del peronismo en ese país donde el justicialismo instaurado por Perón en la Argentina desde 1946 hizo valer una tendencia totalitarista muy cercana a la visión del “fascio di combatimento” de Mussolini décadas atrás.
Con semejantes vagidos el parto democrático en Hispanoamérica, habría de efectuarse en condiciones de alto riesgo para los millones de habitantes en los diferentes países del continente. Una herencia común, nada envidiable desde el punto de vista meramente histórico, debía hacer aún más difícil el alumbramiento. El factor hereditario de la vinculación a España, ex metrópoli de la gran mayoría de las repúblicas latinoamericanas y durante una buena parte del siglo XX gobernada por un caudillo de mano férrea, constituyó un elemento muy a tono con lo que la “madre patria” había dejado como herencia política a sus ex colonias del siglo XIX: la distribución de la propiedad territorial –cuasi feudal- en lo económico, y el más acendrado caudillismo en lo político.
Parece, en ocasiones, que los paréntesis temporales que suelen abrirse dejan vacíos que a la hora de ser evaluados dan la impresión de cierta falta de continuidad histórica y, aunque realmente no es así, no resulta posible emitir un criterio sin tender puentes que como hiatos, nos permitan vincular la causa y el efecto. La década de los sesenta para Latinoamérica es el resultado del vendaval desatado por la influencia ideológica de caudillos de disímiles orígenes, cuyo papel no puede ser otro que el de hacer valer su influencia y personal interpretación con respecto a las masas (eufemísticamente denominadas “sectores populares”) y cuyo sometimiento no representa otra cosa que la imposición de una minoría que se representa a sí misma como iconoclasta, frente a la imberbe magnitud intelectual de las referidas masas.
Lo anterior, a pesar de lo que se ha pretendido argumentar, constituye la tipificación más auténtica del problema. La Revolución Cubana de l959, evidencia aún vigente de un fracasado proyecto político, cuyos devaneos han rebasado los cálculos más conservadores, es además el eslabón de mayor importancia en la historicidad del proceso latinoamericano de la segunda mitad del siglo pasado y constituye un importante argumento de quienes hoy, a principios de la presente centuria; pretenden validar la ineficacia a través del ejercicio de la demagogia. Ya anteriormente había llegado a la conclusión de que la supuesta efectividad del fin puede convertir los medios en idílicos y doctrinales esfuerzos vinculados inclusive con los subjetivos y metafísicos avatares religiosos. La ortodoxia –definida casi siempre como militancia política- es siempre argumento basamental del ejercicio tiránico del poder.
La disección del fenómeno ha conducido al continente por derroteros muy diversos. Primero fueron los tiempos de la guerrilla y la lucha armada. La teoría foquista de Che Guevara, inspirada en la importación de esquemas ajenos como las campañas de Mao Tse Tung en la China pre comunista al socaire de la guerra contra el Kuomintang y Chan Kai-Schek en ese país y la manifiesta idea de Fidel Castro de “convertir la cordillera andina en la Sierra Maestra de América Latina” (sic). Esta estrategia que pasó por la estructuración de focos guerrilleros en Venezuela –dos diferentes intentos, el de fomentar el núcleo de Douglas Bravo y el desembarco de Manchurucutu durante el gobierno de R. Leoni-, el Sendero Luminoso en Perú con Abigael Guzmán, la Teología de la Liberación en su versión de lucha armada representada en la figura del cura guerrillero colombiano Camilo Torres, los intentos de Roque Dalton en El Salvador y el desatamiento de la cruenta guerra civil en ese país por parte del Farabundo Martí con un saldo de 60 000 muertos, el papel de las sempiternas FARC colombianas y su caudillo Manuel Marulanda, la guerrilla del Che en Bolivia y otros tantos esfuerzos que no dieron solución a ningún problema; conforman la espina dorsal del degenerado cuerpo continental durante los supuestos años de esplendor de la llamada lucha antiimperialista en América Latina.
Brecha aparte hubo de abrirse en otros territorios cuyas características, menos afines a la teoría del foco, mutaron hacia la versión menos clásica, aunque no menos mortífera, de la llamada guerrilla urbana: Montoneros en Uruguay, Tupamaros en Argentina, el MIR y la izquierda chilena que luego vinculada al Partido Comunista de Luis Corbalán y Volodia Teitelboin, se convirtieron en el núcleo central de la Unidad Popular que llevó a Salvador Allende a ocupar la  presidencia en ese país andino. Siempre el tratar de encontrar una explicación “sui generis” convirtiendo los argumentos en tesis antidemocráticas, no ha servido otros fines que no fueran la antítesis de lo pretendido, a un costo incalculable que rebasaba con creces cualquier posibilidad; así se hizo retroceder la historia. Sé que un planteamiento como éste puede convertir a su exponente en reo de culpabilidad conservadora y reaccionaria. Atengámonos a los resultados y entonces pudiera discutirse de qué lado está el elemento reaccionario. Solo sería cuestión de posiciones: las izquierdas también son reaccionarias y generalmente inexpugnables en la defensa, siempre a priori, de sus argumentos.
Hoy, para quienes hemos visto con cierta preocupación a nuestros países desandar estos sinuosos caminos referidos; despierta justificada preocupación lo que tenemos ante nuestra vista conformando el futuro de las izquierdas en Latinoamérica. El Socialismo del Siglo XXI, mezcla de Socialismo Marxista –doctrina totalitaria- mesianismo indigenista, demagogia populista y una supuesta dosis de democracia que no es tal, abanderan una intentona bajo las siglas ALBA – Alianza Bolivariana de Las Américas-donde nuevos personeros del “antiyanquismo”, tratan de imponerse como baluartes ideológicos de una tendencia política que siempre encuentra pasto reverdecido por estas latitudes. Por supuesto que hay razones para ello, pero la respuesta no es el atizamiento de la querella para esconder espurios propósitos personales y encontrar culpas propias en latitudes foráneas. En el marco de una relación que geopolíticamente se impone lo inteligente es conseguir una digna parte aleatoria basada en el respeto a la soberanía, sin romper lanzas contra un enemigo inexistente. Ahí está, entre otros, el caso de Costa Rica, excepción en Centro América, que está muy lejos de ser un argumento para la crítica  y mucho más cerca de ser uno ejemplar. Desgraciadamente la tendencia es la de  ver del Sol las manchas y no su luz. El argumento para la tesis del atrincheramiento siempre estará dotado de una fuerte dosis de incompetencia funcional en el meollo de las tesis políticas de los artífices de la defunción latinoamericana.
Atenido a factores de agilidad literaria, no es dable concretar la extensión y el interés, luego se impone arribar cuanto antes a conclusiones inducidas por la lógica. No es posible la búsqueda de estadios superiores de desarrollo económico y social mediante la utilización de esquemas desgastados e ineficientes cuya magnitud ideológica es la evidencia de un fracaso tangible. Confundir a los pueblos con la conciencia puesta en la idea de la perpetuidad y el inmovilismo es óbice de una malsana intención ideológica que no cambiará el destino de nuestros países y  convertirá  a sus integrantes en víctimas de su propia falta de visión e inexperiencia.

Wednesday, March 30, 2011

LA PETULANCIA DE LOS ANCIANOS.

Debe ser porque mi vocación política es democrática por naturaleza y de manera genérica no la circunscribo a un sistema, ni la amparo en ningún argumento ideológico, o la vinculo a una militancia arrellanada en el tiempo y congelada en la historia. Tampoco soy demasiado joven, pero aún no me considero viejo. Peinar canas no es delito cuando se llevan con sobria y parsimoniosa razón y se sabe escuchar a los demás sin la idea de que por ser mayor se tiene siempre la razón. Desgraciadamente esos gerontes políticos que nos gastamos en diferenciadas latitudes, terminan casi siempre haciéndole la vida muy difícil a los demás.

¿Qué puede justificar que una persona permanezca gobernando, y en consecuencia decidiendo sobre la vida de sus conciudadanos, eternamente? Menos aún cuando su gestión no justifica en lo absoluto esa permanencia y se amparan en la vejez para hacerse merecedores del respeto ajeno, lo cual me parece una gran burla que no debe tener que ver en lo absoluto con el concepto de democracia de cualquier apellido, si realmente e ese término pudiera ponérsele más de uno.

La pretensión democrática se vuelve tiranía cuando los que se convierten en sus voceros se eternizan en el poder sucumbiendo a los beneficios de su usufructo. Bien decía Víctor Hugo que hay muy pocos hombres capaces de resistirse a la influencia del poder, frase que pone en boca de su personaje protagónico en la  novela  “Los Miserables”, Jean Valjan. Alguien recientemente, tratando de “reflexionar” hizo mención del carácter corrosivo de “las mieles del poder” y en efecto, esa especie de encantamiento que producen ha hecho del irreflexivo anciano una de sus más connotadas víctimas.
Hay también una especie de venganza y una malsana osadía entre aquellos que visualizan su papel en la historia vinculado a una especie de función mesiánica, cuando la verdadera grandeza radica en entender que la capacidad de los hombres está por encima de cualquier gestión personal. Nadie es eterno, tampoco indispensable y aún menos insustituible. Cuando los que así lo creen hayan desaparecido, la humanidad y quienes la conforman seguirán haciéndose presentes y los hombres alzaran el índice acusador para apuntar hacia quienes trataron de cancelar su gestión e ignorar su valía.

No es casual que entre otras cosas los tiranos, personificación de lo eterno y lo perfecto por mandato divino, no suelan creer en derechos humanos; ellos dan a todos la mejor oportunidad de vivir: la de permanecer en la creencia de que antes de ellos no hubo nada y después de ellos “el diluvio”, como espetó el abate Sieyes en la Convención francesa a la sombra de las polémicas entre Girondinos y Jacobinos en los años candentes de la Guillotina y la Revolución de 1789.

Ahora debemos rendir pleitesía a la gestión de un par de ancianos que se nos presentan hablando de no se sabe exactamente qué, mientras se especula sobre lo que pueden decirse y que en ningún caso y de ninguna manera debe merecer crédito. Estas personas han tenido su tiempo, inclusive históricamente, y mal que bien no lo emplearon de manera muy atinada; creo, en consecuencia, que ya el futuro no está de su parte, por lo cual pensar en la posibilidad de validar su gestión es un grave error.

Consecuentemente tengo que afirmar que, visualizar de manera reiterada y petulante a estos no muy dilectos ancianos creando espacio para su pretendida experiencia me produce una casi automática repulsión y un, al menos para mí, justificado rechazo. Lo siento, pero ninguno de estos señores tiene nada que decirme.


José A. Arias.

Saturday, March 26, 2011

EL RECUERDO DE UNA GRAN AMISTAD.


EL RECUERDO DE UNA GRAN AMISTAD

Hace ya muchos años que conocí a Julio Antonio Vázquez Socarrás, fue allá por el año de 1965, cuando teníamos menos de veinte, edad en que por naturaleza no solemos dar crédito a la experiencia y esa palabra nos suena siempre como algo ajeno que no suele tocarnos en ninguna medida. En ocasiones parece que el lenguaje se adapta a las circunstancias de la vida y muy temprano en su decurso, hay vocablos que tendemos a desterrar del argot cotidiano. La palabra experiencia que tanto suelen incluir los mayores al ponerla a consideración de los demás, suele sonar hueca y redundante.

Es, por el contrario, interesante que a esa edad nos encarguemos de hacer amistades que perduran y calan, que  van evolucionando con nosotros mismos para constituirse en parte definitiva de nuestra propia historia. En la psicología de los adolescentes no ejercen presión factores de limitación con respecto a quienes se identifican con nosotros y comparten nuestras penas y nuestras alegrías; por ello, estímulos de carácter material son muchas veces los que dan pié al origen de una perdurable amistad, tal y como sucedió en nuestro caso.

Ya las escaseces comenzaban a limitar los gustos y el uso de lo que estábamos obligados a consumir no satisfacía la demanda de quienes nos preocupábamos por lucir y presumir; Julio tenía unos zapatos  color gris y puntera de "estilete", así les llamábamos en aquel tiempo, y que eran una tentación para mí. El carácter afable, desenfadado y cordial de Julio, me hizo acercarme a él para tratar de averiguar cómo los había conseguido. Sin dilación se me ofreció y me puso en contacto con el zapatero que se los había hecho, me dijo lo que le habían costado, que para mí en aquel entonces no era cifra de juego, y gracias a su gestión y mis ahorros terminé calzándome unos similares.

Casualidad aparte, resultó que vivíamos en el mismo barrio y muy cerca; en razón de aquellos zapatos grises y de fina puntera, nació nuestra gran amistad que se mantuvo viva hasta su muerte que le sorprendió aún  joven, porque además, éramos coetáneos. El próximo abril Julio cumpliría 64, se fue de este mundo hace ya como cuatro. No lo puedo asegurar, porque cuando recuerdo amigos como él, siempre pienso que nació algún día, en algún mes, pero trato de evitar ex-profeso el momento en que se marchan, para mí siempre se quedan y de algún modo, seguirán presentes.

Teníamos muchas cosas en común, ambos crecimos casi como hijos únicos, él perdió a su hermana mayor  siendo muy niño, yo; tengo una media hermana algunos años mayor. Éramos más intrépidos y aventureros de lo que todo joven suele ser, aunque reconozco que en gran medida, yo era para él como un "freno de emergencia" Julito, solíamos chiquearle el nombre, no tenía límites y aunque su vida fue un torbellino en que se mezclaron la pasión, el arresto, la inteligencia y la sabiduría, logró conseguir metas que no eran alcanzables para muchos, sobre todo, en medio de las circunstancias en que vivíamos.

Se casó tres veces, pero sólo la última de sus mujeres enviudó de él, con cada una tuvo un hijo, dos varones y una hembra. Hasta donde sé, no hay mucha comunicación entre los medios hermanos, quizás por razones de no mediar relación entre las madres y en gran parte, culpa de mi amigo. Julio se hizo maestro, pero no ejerció el magisterio, quería ser periodista y lo consiguió, luego, quiso ser cineasta y se convirtió en documentalista ganador de premios internacionales. Su obra cimera, bajo el sugerente título de "Colores en el Golfo" y  acerca de la historia de la pintura cubana, le mereció un premio de la crítica que  le entregaron en España, única vez en que viajó fuera del terruño.

Sobrevino entonces una etapa de profunda crisis anímica en su vida. Cuando yo salí de Cuba, durante los días del Mariel, ya estaba trabajando en el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT). Todavía recuerdo nuestra última conversación cuando fue a despedirse de mí. Insistía en que me asegurara de cuál sería mi futuro y el de mi familia en el vilipendiado mundo allende el mar Caribe y que intramuros nos pintaban entre las sombras y el oscurantismo de la desinformación de una manera terrible; sus sentimientos, por demás sinceros, reflejaban su preocupación por mí y los míos que de manera muy concreta éramos como parte de su familia. Nuestra amistad se había convertido en hermandad. Aún le dejé esperanzado, sobre todo, porque creía en sus posibilidades que había evidenciado y le sirvieron para conseguir algunos logros, aunque nunca el reconocimiento que debió merecer. Después, le llegó el derrumbe con la pérdida de toda esperanza.

Conservo varias de sus cartas en las que me hace partícipe de esa desesperanza y en las que agriamente se queja de los desafueros que le afectaban como parte de una sociedad que aún no logra desasirse de la influencia ideológica del totalitarismo aplastante de metas y consignas, desenvueltas a través de una desenfrenada demagogia que él, nunca pudo entender. Humano al fin, encontró la evasión en el alcohol y sus facultades físicas se fueron debilitando. Yo sabía que estaba mal, pero su enfermedad no tenía cura con un paquete de ropa o unos dólares enviados desde otro sitio y que a pesar de todo, le hice llegar. El contenido de sus misivas era la evidencia de que iba a morir físicamente, porque ya había muerto en vida. Su cerebro, entre laberintos inescrutables, no soportó  y se negó a seguir pensando en todo lo malo que le tocaba vivir. Para su desgracia, reventó; no sin antes quedar convertido en un vegetal de cuyo cuerpo había escapado su incomparable vitalidad.

Murió en una buhardilla, la misma en que vivió los últimos y penosos años de su vida, sin que nadie se compadeciera de su situación más allá de su familia y algunos amigos. Cuando la noticia de su muerte trascendió, una escueta nota de prensa reflejó lo acontecido; creo  que, quienes se hallaban cerca de él sintieron su muerte en serio. Los otros, los oficialistas, se encargaron de dorar la píldora, apurar unas cuantas mentiras e hilvanar un improvisado panegírico.

Para los que le conocimos y sabemos quién era verdaderamente, sólo hubo un Julio. Otros amigos lo saben y si ahora leen estas notas, tendrán la certeza de que su intrínseca alegría y su retador y permanente afán de libertad, se desenvuelven en una dimensión de la que no pueden sustraerle. El 29 de abril, día de mi aniversario de bodas, sería su cumpleaños, desearle felicidades tiene que seguir siendo mi deseo, el es mi gran amigo y éste, mi modestísimo homenaje y mi manera de recordarlo entre nosotros.